El presidente francés Emmanuel Macron ha concedido una entrevista a los periódicos Libération y La Croix en la que ha comentado que prepara un proyecto de ley para legalizar la eutanasia que se presentará en el mes de abril en el Consejo de ministros.

Aunque Macron pretende que no se le llame ni ley de eutanasia ni ley de suicidio asistido, son éstas las prácticas que se quieren legalizar, aunque utilice el eufemismo “ayuda para morir” para referirse a ellas.

La “ayuda para morir” podrá aplicarse en caso de que la persona cumpla los siguientes requisitos: 1) ser mayor de edad; 2) tener su discernimiento completo, es decir, no padecer Alzheimer u otra enfermedad neurodegenerativa o psiquiátrica; 3) padecer una enfermedad grave incurable; 4) que su sufrimiento físico o psíquico no pueda aliviarse.

Macron también ha prometido invertir 1000 millones de euros a lo largo de 10 años y crear unidades de cuidados paliativos en los 21 departamentos franceses que no las tienen.

Como ya publicamos en el Observatorio de Bioética en 2023, trece organizaciones que representan a 800.000 sanitarios se mostraron contrarias a la promoción de la ley de eutanasia en Francia y publicaron el documento “¿Provocar la muerte puede considerarse cuidado?”, pero su opinión ha sido obviada. Lo que se ha tenido en cuenta es la opinión expresada en una encuesta por 184 ciudadanos escogidos aleatoriamente, que están mayoritariamente a favor de la eutanasia.

En una reciente entrevista retransmitida en el programa Ecclesia de 13 TV, Julio Tudela, director del Observatorio de Bioética de la UCV, ha declarado que cuando en un país se aprueba una ley de eutanasia se proponen numerosas restricciones, pero con el paso del tiempo estas medidas van relajándose, va creándose una pendiente resbaladiza, termina facilitando su aplicación a todo tipo de personas, enfermas o no, o incluso, como ocurre en Bélgica, a ancianos que no la han solicitado.

 

El espíritu que inspira leyes como ésta o la del aborto se fundamenta en considerar determinadas vidas humanas como de segunda clase, devaluadas por ser vulnerables. Esa mentalidad utilitarista determina que hay “vidas indignas de ser vividas”, como la del embrión, la del dependiente o la del que pide morir, utilizando la expresión difundida en la Alemania nazi en vísperas de la aplicación de su “ley final” de exterminio de, en primer lugar, enfermos y discapacitados, y, después, judíos, gitanos, etc.

Tudela también ha comparado la ley de la eutanasia francesa con la española, y ha explicado las diferencias que hay como que en España se puede aplicar la eutanasia en enfermos mentales y en Francia no. En España el plazo de reflexión entre el momento en que el paciente solicita la eutanasia y el momento en que se aprueba la solicitud es más breve que en al caso francés, que será más prolongado.

Además, mientras en España no se hace nada para promover los cuidados paliativos, que son los que verdaderamente dignifican el final de la vida, en Francia, paralelamente a la tramitación de la ley de eutanasia, anuncian iniciativas para su implementación.

Tal y como afirma Tudela, “ayudar a morir es un eufemismo, se trata de matar”, como lo es referirse al aborto como salud sexual y reproductiva.

  

Julio Tudela

Ester Bosch

Observatorio de Bioética

Instituto Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

Comparte en tus redes sociales