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El sexo salvaje y el género quieren destruir la familia y crear un nuevo orden mundial

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El sexo salvaje y el género quieren destruir la familia y crear un nuevo orden mundial
12 marzo
13:05 2016

Gabriele Kuby, antigua militante de la ideología del 68, hoy denuncia las estrategias anti-familia del poder político y económico

Nacida en Constanza en 1944, es por formación socióloga y autora de ensayos dedicados a la educación y a la sexualidad. Madre de tres chicos, se dedicó durante más de 20 años a traducir desde el inglés en el ámbito del esoterismo y de la psicología.

Comprometida durante mucho tiempo con los movimientos estudiantiles alemanes que surgieron en el 68, Gabriele Kuby se convirtió a la fe católica y entró en la Iglesia recibiendo el sacramento del bautismo el 12 de enero de 1997, fiesta del Bautismo de Jesús [tenía 53 años].

Su primer libro (Mein Weg zu Maria – Von der Kraft lebendigen Glaubens, Mi camino hacia María – Sobre la fuerza de la fe viva) ha sido un éxito de ventas. Como publicista concentra su interés en los callejones ciegos que ha emprendido la sociedad moderna, indicando que la vía de salida se halla en una nueva conciencia de la experiencia cristiana.

Su único libro publicado en Italia es “Gender Revolution. Relativismo en acción” (Cantagalli 2008) y representa un grito de alarma dirigido a todos los Estados miembros de la Unión Europea: en cada ámbito del vivir público hay que reconocer como fundamento de la familia la diferencia sexual entre hombre y mujer. Su último libro publicado en Alemania es de hace un año: “La revolución sexual global. Destrucción de la libertad en nombre de la libertad”.

“Era el 31 de septiembre de 2012 – recuerda Gabriele Kuby – cuando tuve el privilegio de entregar personalmente una copia del libro a Benedicto XVI, y para mí fue un gran estímulo oírle decir “Damos gracias a Dios por lo que dice y escribe””.

-Señora Kuby, partamos de su último libro denuncia: ¿cuál es el motivo que la impulsó a escribirlo?

-La constatación de que la liberalización de las normas sexuales representa la línea del frente de la hodierna batalla cultural.

Yo pertenezco a la generación del 68 y participé activamente en ese movimiento. Después de mi conversión se me cayeron las vendas de los ojos.

Y después del libro de 2006, dedicado a la revolución del “gender”, continué recogiendo material; seguidamente sentí la necesidad de presentar la evolución de esta ideología, porque todos perciben los efectos del vuelco de los valores, como la destrucción de la familia, pero son pocos los que son conscientes que detrás de este vuelco se cela una estrategia de las élites de poder, desde la ONU a la Unión Europea, pasando por la alta finanza.

-Por tanto, ¿cuál es el mensaje que quiere transmitir?

-La desregulación de las normas sexuales conduce a la destrucción de la cultura. La Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948 establece que la familia es el núcleo de la sociedad y que necesita una reglamentación moral para existir.

Con todo lo que agrede a los niños mediante los medios de comunicación social, internet y la educación sexual obligatoria que es impartida en los colegios, es difícil para los niños convertirse en adultos maduros, es decir, en grado de asumir la responsabilidad de ser madres y padres.

-¿Por qué en el subtítulo del libro ha elegido poner el acento sobre la libertad, o mejor, sobre la obra destructiva que se está realizando en su nombre?

-La exaltación filosófica del individualismo que tuvo lugar en el tiempo de la Ilustración y las dictaduras que se impusieron en el siglo XX han llevado a considerar como valor más importante la libertad o, mejor, la libertad absoluta, que sin embargo en nuestro mundo, tan condicionado como está por los límites, no existe. La desregulación de las normas sexuales se transmite hoy al ser humano como parte de esa libertad.

Pero, ¿qué sucede en realidad cuando el impulso sexual ya no se controla? Que el otro es considerado simplemente como objeto de la propia satisfacción sexual. El dato según el cual en nuestra sociedad una chica sobre cuatro y un chico sobre diez sufre de abusos sexuales muestra lo que ocurre como consecuencia del hecho de que ya no se enseñe el autocontrol.

El caos social que se deriva de ello precisa un siempre mayor control por parte del Estado; y una situación de este tipo lleva a la tiranía, algo que ya había indicado Platón en su República hace 2.400 años.

-¿Por qué en su libro cita a menudo la novela de Aldous Huxley, “Un mundo feliz”, publicado en 1930?

-Es fascinante leer hoy esa obra profética, en la cual los hombres son producidos en laboratorio y formados mediante los medios de comunicación y los psicofármacos para ser felices, los niños se divierten con el sexo como los adultos y todo es controlado por “Ford”, “nuestro Señor.

Originariamente Huxley había pensado que su “fantasía” se realizaría en unos 600 años, pero ya en 1949 ese futuro se había reducido en un centenar de años. Entonces no era posible todo lo que está permitido hoy (selección prenatal, úteros de alquiler, manipulación genética, progenitor 1 y progenitor 2), pero Huxley era muy consciente de que la verdadera revolución sucede en el corazón y en la mente de la persona.

-¿Cuáles son, en su opinión, los motivos de la crisis de nuestra civilización?

-El salto definitivo fue la revolución cultural del 68. Promovida por estudiantes aburridos e hijos de la burguesía, esa revolución se fundaba en tres impulsos: esos jóvenes se hicieron seducir por las teorías marxistas (a pesar del Muro de Berlín y de los tanques soviéticos en Praga contra la democracia); en segundo lugar, el feminismo radical, que tenía que liberar a la mujer de la «esclavitud de la maternidad» (son palabras usadas por Simone de Beauvoir); el tercer impulso era el de la “liberación sexual.

Las palabras de orden a este propósito eran: cuando tu sexualidad sea “liberada”, es decir, cuando hayas abatido cualquier tipo de condicionamiento moral, entonces podrás construir una sociedad libre de la opresión.

Esa generación, la mía, al ver fracasado el intento de implicar al “proletariado”, llevó a cabo una verdadera y propia “marcha dentro de las instituciones”, tanto que, lo que ayer era un movimiento de oposición, hoy representa la política oficial de las grandes organizaciones internacionales, de muchos gobiernos nacionales, no solo de izquierdas. Y los medios de comunicación que determinan la cultura dominante siguen esta “agenda”.

-Otra referencia interesante para sus valoraciones ha sido el libro de la estudiosa belga Marguerite A. Peeters, La globalización de la revolución cultural occidental

– No solo interesante, sino fundamental, porque me ha abierto los ojos. Por mi parte me he concentrado en el nudo de la cuestión: la desregulación de las normas morales que regulan la sexualidad. La revolución sexual global es promovida por las élites en el poder. Ya he nombrado a la ONU y a la Unión Europea, pero con ellas se debe entender toda la red de impenetrables suborganizaciones: de éstas forman parte grupos industriales globalizados, grandes fundaciones como Rockefeller y Guggenheim, personas muy ricas como Bill y Melinda Gates, Ted Turner y Warren Buffett, o grandes ONG como la International Planned Parenthood Federation y la Unión Internacional de Lesbianas y Homosexuales (ILGA). Todos estos sujetos trabajan en los niveles superiores de la sociedad y tienen a su disposición enormes recursos económicos.

Y todos tienen un interés común: reducir el crecimiento de la población en este planeta. El aborto, el control de la natalidad mediante los anticonceptivos, la destrucción de la familia: todo esto sirve a su objetivo, que es la creación de un nuevo orden mundial.

-¿Cuál es, por tanto, el papel del “Gender Mainstreaming” en este contexto “revolucionario” globalizado?

-El concepto de “Gender” presupone que cualquier orientación sexual – heterosexual, homosexual, bisexual y transexual – es equivalente y debe ser aceptada por la sociedad. El objetivo es la superación de la “heterosexualidad forzada” y la creación de un hombre nuevo, al cual dejar la libertad de elección y gozar de la propia identidad sexual independientemente de su sexo biológico.

Quien se contraponga a esto, ya sean personas individualmente o estados, es discriminado como “homófobo”. Se trata de un ataque mundial al orden de la creación y, por ende, a toda la humanidad. Esto destruye el fundamento de la familia y, de este modo, entrega a los déspotas de turno la persona, que ya no consigue reconocerse hombre o mujer.

-En su último libro ataca duramente la pornografía y a quien la tolera.

-Sí, porque la pornografía es una droga y como tal crea dependencia. Una droga que destruye la capacidad de amar y de asumir la responsabilidad de ser padre y madre.

Además, constituye un plano inclinado en el cual es fácil resbalar hacia ese abismo de la criminalidad sexual que acaba implicando también a los niños y a los muy jóvenes. En el caso de Alemania, existen datos alarmantes: el 20 por ciento de los jóvenes entre los 12 y los 17 años “consumen” diariamente pornografía, el 42 por ciento al menos una vez a la semana. ¿Qué personas podrán formarse en estas condiciones? Y es difícil entender el motivo por el cual la Unión Europea se demuestra tan agresiva contra el tabaco y no hace nada para impedir el embrutecimiento provocado por la pornografía.

-En esta situación de “revolución sexual global”, ¿cuál es la tarea de los cristianos?

-Se trata, obviamente, de un tema que concierne a cada uno de nosotros. Nos guste o no, debemos ante todo poner orden en nuestra vida sexual, para que así la vocación humana esté a la altura del verdadero amor, el amor que da la felicidad. Si no es así, no será posible ni tan siquiera encontrar las motivaciones para enfrentarse a una batalla de este tipo, que es por la dignidad del hombre, por la familia, por nuestros hijos, por el futuro.

(Traduccción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

Art. publicado en Religión en Libertad, (2.02.2014)

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