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“En el feminismo hasta el cerebro era unisex”

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“En el feminismo hasta el cerebro era unisex”
27 enero
14:00 2016

Reproducimos a continuación la entrevista que se le realizó en Julio de 2011 en Diario Médico a Louann Brizendine, Neuropsiquiatra de la Universidad de San Francisco y autora del popular libro traducido a 26 idiomas “El cerebro masculino y el cerebro femenino”. La conocida psiquiatra estadounidense es defensora de las  importantes diferencias genéticas que existen entre los sexos.

– Si hombres y mujeres son diferentes, ¿por qué afirmar que son iguales?
– Las diferencias entre hombres y mujeres se convirtieron en muy impopulares en los primeros días del feminismo. Yo misma participé en el movimiento en la Universidad de Berkeley en los 70, y de lo que se trataba era de igualdad de derechos y que los hombres participaran en las tareas de la casa y en el cuidado de los niños. Era muy importante que todo fuera unisex, incluso el cerebro. En los 90 empezamos a estudiar el cerebro y el cuerpo y descubrimos que cada célula humana tiene, si es masculina, los genes del cromosoma Y; si es femenina, los de la doble X. Unos están activados y otros no, pero cada célula es o bien masculina o bien femenina en ese sentido. Incluso en el trasplante de órganos, si se trasplanta un riñón femenino, por ejemplo, a un receptor femenino, tiene mejores resultados y menos posibilidad de rechazo.

– ¿Entonces la idea es únicamente cultural?
– El sexo -masculino o femenino- es algo que también aprendemos de nuestra cultura, de la sociedad y de nuestros padres. Se aprende a temprana edad y se incorpora rápidamente a los circuitos cerebrales. Es una combinación de biología, genética y cultura la que define a qué sexo pensamos que pertenecemos.

¿En qué momento del desarrollo varía la estructura del cerebro masculino y femenino?
-La testosterona produce que algunas zonas cerebrales en el varón sean mayores; por ejemplo, el área del hipotálamo que se conoce como búsqueda sexual es 2,5 veces más grande. La testosterona es la que produce estos cambios en combinación con el cromosoma Y.

– Se considera que las mujeres son más emotivas, más observadoras…
-Las mujeres tienen más activas las neuronas espejo, el sistema que se encarga de la empatía emocional, que se activa cuando observan las emociones faciales en los demás. Además, es más frecuente que tengan contagio emocional. Evolucionalmente hablando, la naturaleza creó a las mujeres con esta habilidad para cuidar mejor a los niños e interpretar el lenguaje no verbal.

– ¿Así que la testosterona y la empatía son las únicas diferencias?
-Sí, en las relaciones. Creo que el problema de la guerra entre sexos se basa en que cada persona sólo puede imaginar que los demás piensan y se sienten como ellos. Es complicado pensar que otra persona reacciona de otra manera. Eso va cambiando según maduramos.

Mi libro se ha traducido a 26 idiomas y creo que una de las razones por las que es tan popular es porque explica a unos y a otros cómo piensa el otro sexo. Nos ayuda a entender las cosas.

– En España hubo varias campañas para que los juguetes no fueran sexistas. ¿Qué le parecen este tipo de iniciativas?
– Cuando mi hijo tenía 4 años le regalé una muñeca por Navidad. La desenvolvió y se puso a jugar con ella como si fuera una espada. A los niños les gusta ser los héroes y luchar, y las niñas tienen otras fantasías: les gusta jugar a los médicos, a los niños, realizar role-play, y participar en juegos colaborativos. Esto ocurre en todas las culturas y nadie les enseña a hacerlo, sino que lo eligen porque les gusta.

– Si la estructura cerebral se desarrolla de forma diferente, ¿también enfermamos de distinta forma?
– Empecé a interesarme en estos temas en tercero de Medicina, cuando nos enseñaron que la tasa de depresión en mujeres es de dos a uno en relación con los hombres. Durante la infancia es de uno a uno, pero en la pubertad comienza a ser de 2 a 1 hasta que en la menopausia regresa al 1 a 1. No sabemos científicamente por qué se produce, sólo que se produce. Por otro lado, en autismo y asperger la relación es de 8 en los varones respecto a 1 en mujeres.

– ¿Ese es uno de sus campos de estudio actuales?
– Sí, en 1994 creé la clínica Women’s and Teen Girl’s Mood and Hormone Clinic para estudiar y tratar la ansiedad, la depresión y la libido en la mujer durante todas las fases de la edad reproductiva.

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