¿Por qué las leyes y constantes fundamentales del universo poseen precisamente los valores que permiten la existencia de estrellas, planetas, química compleja y, finalmente, vida? El llamado «ajuste fino del universo» constituye uno de los grandes interrogantes que la cosmología contemporánea deja abiertos: pequeñas variaciones en determinados parámetros físicos habrían dado lugar a un cosmos radicalmente distinto e incompatible con la vida. Desde la sorprendente predicción de Fred Hoyle sobre la formación del carbono hasta las actuales hipótesis del multiverso, la ciencia ha tratado de explicar esta extraordinaria precisión. Pero la cuestión trasciende los límites de la física y abre una pregunta inevitablemente metafísica: ¿es el ajuste fino fruto del azar, consecuencia de leyes todavía desconocidas o indicio de propósito e inteligencia?

La sorpresa de Fred Hoyle

En 1953, el astrofísico Fred Hoyle se enfrentaba a un desafío crucial. La ciencia de la época era incapaz de explicar la gran abundancia de carbono en el universo, un elemento imprescindible para la existencia de la vida. La ruta más plausible para su formación implicaba la fusión de dos núcleos de helio para producir berilio-8 y, antes de que este se desintegrara, la captura de un tercer núcleo de helio; sin embargo, se sabía que este isótopo del berilio era tan inestable que se descomponía en apenas una diezmilésima de billonésima de segundo, lo que volvía inviable el proceso. La única alternativa teórica era que el núcleo del carbono-12 poseyera un nivel de energía específico, una resonancia, de 7,65 MeV, lo que incrementaría la eficiencia de la reacción en mil millones de veces. Poco después, el experimento demostró que esa resonancia existía exactamente donde Hoyle había predicho.

La existencia del carbono, de la vida y de nuestra propia especie es posible gracias a una serie de propiedades astronómicamente ajustadas en los componentes fundamentales de la naturaleza. Este hallazgo causó una profunda impresión en el propio Hoyle, quien años más tarde afirmó: “Una interpretación de sentido común de los hechos sugiere que una inteligencia superior ha manipulado la física, así como la química y la biología, y que no existen fuerzas ciegas en la naturaleza de las que valga la pena hablar. Las cifras que se derivan de los hechos me parecen tan abrumadoras que hacen que esta conclusión sea prácticamente incuestionable.”[1] De hecho, el astrofísico llegó a reconocer tiempo después: “Nada ha sacudido tanto mi ateísmo como este descubrimiento”[2].

La ciencia avanza y nos sorprende a todos

En las décadas siguientes se fueron conociendo con gran precisión las leyes que describen el universo, recogidas fundamentalmente en dos grandes marcos teóricos: la teoría de la Relatividad y el Modelo Estándar de la física de partículas, cuya culminación experimental llegó en 2012 con la confirmación de la existencia del bosón de Higgs.

La mayoría de las leyes físicas contienen al menos una constante física, es decir, una magnitud cuyo valor permanece invariable a lo largo del tiempo y es el mismo en todo el universo. Entre ellas se encuentran las constantes adimensionales, cuyos valores no dependen del sistema de unidades utilizado: son, en esencia, números puros. En la descripción actual de la naturaleza aparecen 26 constantes adimensionales.

Partiendo de las leyes físicas conocidas, de los valores de estas constantes y de las condiciones iniciales del universo, la física moderna permite realizar simulaciones y efectuar predicciones precisas sobre prácticamente cualquier aspecto del cosmos, dentro de los límites probabilísticos de la mecánica cuántica.

Es cierto que permanecen preguntas importantes sin respuesta: no comprendemos del todo la asimetría entre materia y antimateria, el mecanismo preciso que conecta la inflación cósmica con el universo caliente del Big Bang, ni la naturaleza fundamental de la materia oscura. Aun así, nuestra descripción del universo puede considerarse bastante completa en numerosos aspectos. Estas 26 constantes son determinantes para la forma en que el universo funciona, interactúa y se organiza. Lo verdaderamente sorprendente es que todas ellas poseen valores extremadamente específicos: la más mínima desviación en cualquiera de ellos habría impedido el desarrollo de la complejidad necesaria para la vida (estrellas, planetas, química, biología…). El hecho de que los valores reales se sitúen en un rango tan estrecho y preciso es lo que se conoce como el ajuste fino del universo para la vida

La evidencia del ajuste fino es ampliamente reconocida en la comunidad científica. El premio Nobel de Física Steven Weinberg escribió “… qué sorprendente es que las leyes de la naturaleza y las condiciones iniciales del universo permitan la existencia de seres que pudieran observarlo. La vida tal como la conocemos sería imposible si cualquiera de las diversas cantidades físicas tuviera valores ligeramente diferentes.”[3]

Esta conexión entre nuestra existencia y la física fundamental fue inesperada, lo que llevó al físico teórico Freeman Dyson a manifestar, en 1971: “Cuando observamos el universo e identificamos los numerosos accidentes de la física y la astronomía que han trabajado juntos para nuestro beneficio, casi parece como si el universo, en cierto sentido, supiera que íbamos a venir”[4].

De hecho, el ajuste fino es tan pronunciado y las coincidencias tan numerosas que muchos científicos han llegado a considerar que el universo fue intencionadamente configurado para permitir la aparición de la vida inteligente.

Otros científicos no se sienten cómodos con esta interpretación

Numerosos científicos no se han sentido cómodos con esta interpretación teleológica y han propuesto diversas explicaciones naturalistas para el ajuste fino. Este debate que se originó en los años 60 del siglo pasado, sigue plenamente activo. En la actualidad los naturalistas se apoyan principalmente en dos líneas de pensamiento: la posibilidad de que estas constantes emerjan de leyes naturales más profundas, o la hipótesis del multiverso, según la cual, entre un número inmenso (quizá infinito) de universos con constantes diferentes, alguno resultará inevitablemente como el nuestro.

Sean Carroll es un firme defensor de esta perspectiva y lo sintetiza de la siguiente manera: El ajuste fino no es evidencia de un diseñador. Es, o bien un reflejo de nuestra ignorancia sobre el espacio de posibilidades físicas, una consecuencia natural de modelos cosmológicos como el multiverso, o simplemente una característica del universo que debemos aceptar como un hecho bruto hasta que surja una teoría más profunda. Estos argumentos han sido objeto de importantes críticas científicas.

La negación o minimización del ajuste fino

Aunque Carroll expresa escepticismo sobre si el ajuste fino constituye un verdadero “problema”, argumentando que desconocemos el espacio de parámetros completo o la posibilidad de formas de vida alternativas, la mayoría de los cosmólogos y físicos teóricos aceptan la realidad del ajuste fino como un hecho técnico[5].

El ajuste fino no es una mera intuición, sino que se basa en cálculos cuantitativos concretos (como la constante cosmológica, la densidad inicial, la entropía del Big Bang o la relación de masas de las partículas elementales). Las exploraciones del espacio de parámetros muestran de forma consistente que las variaciones en las constantes conducen abrumadoramente a universos estériles e incapaces de sostener estructuras complejas.

La hipótesis del multiverso

Desde diversos presupuestos físicos se han desarrollado teorías que conducen a la existencia de múltiples universos. En la década de 1980, Alan Guth propuso una versión modificada del Big Bang conocida como inflación cósmica, según la cual una diminuta región del espacio-tiempo experimentó una expansión exponencial extraordinariamente rápida, que duró apenas una fracción ínfima de segundo (del orden de 10-32 segundos). Esta teoría fue ampliamente aceptada porque explica varias características observadas del universo actual. Sin embargo, si la inflación pudo hacer estallar una porción de espacio-tiempo, ¿por qué no muchas? A partir de esta pregunta, Andréi Linde desarrolló la idea de un multiverso inflacionario y Alexander Vilenkin formuló la inflación eterna, según la cual la producción de universos sería un proceso continuo e interminable.

Casi en paralelo surgió la teoría de cuerdas, que parte de la noción de que las partículas fundamentales no son puntos, sino diminutas cuerdas vibrantes. Las ecuaciones de esta teoría admiten un número inmenso de soluciones, cada una de las cuales correspondería a un universo con propiedades físicas distintas, dando lugar a un «paisaje» de posibles universos.

Por otra parte, en la década de 1950 Hugh Everett formuló la interpretación de los muchos mundos de la mecánica cuántica. Partiendo de la superposición de estados cuánticos, Everett propuso que cada vez que se produce una decoherencia, el universo se ramifica en múltiples ramas, generando en cada instante un número enorme de nuevos universos.

Por tanto, el multiverso no constituye una única teoría científica, sino un conjunto de propuestas muy diferentes que surgen de la cosmología inflacionaria, la teoría de cuerdas y determinadas interpretaciones de la mecánica cuántica.

Sin embargo, ninguna de estas ideas logra explicar de manera satisfactoria la aparición del ajuste fino. Se trata de propuestas demasiado vagas para extraer conclusiones firmes. Como afirma el cosmólogo George Ellis: “La argumentación a favor del multiverso es inconclusa. La razón fundamental es la extrema flexibilidad de la propuesta: es más un concepto que una teoría bien definida”[6]. El filósofo de Oxford Richard Swinburne precisa esa falta de definición: para que el multiverso deje de ser una mera especulación amorfa y se convierta en un mecanismo funcional, tendría que adquirir una forma matemática determinada. En sus propias palabras, cualquier mecanismo de multiverso propuesto “necesita tener una forma determinada en lugar de innumerables formas posibles, y probablemente también constantes que requieren un ajuste fino en sentido estricto… para que se produzca esa diversidad de universos”[7].

La controversia se extiende también a la verificabilidad científica. Si los otros universos se encuentran causalmente desconectados del nuestro y no existe ninguna posibilidad de observarlos directa o indirectamente, surge una pregunta inevitable: ¿cómo podemos distinguir la hipótesis del multiverso de una especulación que no puede ser sometida a prueba? La física Sabine Hossenfelder ha expresado una posición especialmente crítica al respecto. Se nos pide aceptar la existencia de universos que “nunca podremos ver ni estudiar de ninguna manera”, y considera que, en esas circunstancias, la propuesta deja de satisfacer un criterio fundamental de la ciencia empírica. Y concluye: “Simplemente digo que ya no es ciencia”[8].

La apelación a una teoría más profunda

Tampoco resulta aceptable el argumento de que debamos confiar en que el futuro desarrollo de la física resolverá automáticamente el problema del ajuste fino. Como argumenta el cosmólogo Luke A. Barnes: “La ciencia progresa al encontrar una mejor concordancia entre la teoría y los datos; el ajuste fino no es ese tipo de problema. Una teoría más profunda y exitosa de la física fundamental y la cosmología podría fácilmente lograr un ajuste más preciso del universo, no menos. Por ejemplo, el descubrimiento del valor distinto de cero de la constante cosmológica por Riess et al. (1998) y Perlmutter et al. (1999) representó, sin duda, un avance en la descripción más precisa de la expansión y la composición de nuestro universo. Además, consolidó el mejor ejemplo de ajuste fino que conocemos.”[9]

El conocimiento actual del universo

Siete décadas después de los cálculos de Fred Hoyle sobre la resonancia del carbono, la física teórica ha refinado de manera extraordinaria la descripción matemática del cosmos, pero la cuestión metafísica de fondo permanece abierta.

Sin embargo, parece razonable pensar que un Fred Hoyle, fallecido hace veinticinco años, con el conocimiento científico actual, se mantendría en su convicción: “Una interpretación de sentido común de los hechos sugiere que una inteligencia superior ha manipulado la física, así como la química y la biología, y que no existen fuerzas ciegas en la naturaleza de las que valga la pena hablar. Las cifras que se derivan de los hechos me parecen tan abrumadoras que hacen que esta conclusión sea prácticamente incuestionable.”[10] La clave está en que el propósito y la inteligencia dan sentido a lo que observamos.

 

  • Artículo generado por IA a partir del artículo original del autor.

 

Manuel Ribes

Instituto Ciencias de la Vida

Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia

 

[1] Hoyle, Fred (1981) The Universe: Past and Present Reflections. Engineering and Science, 45 (2). pp. 8-12. ISSN 0013-7812 https://resolver.caltech.edu/CaltechES:45.2.Hoyle

[2] Peter C. Hägele Das kosmologische anthropische Prinzip Universität Ulm Kolloquium für Physiklehrer am 11. Nov. 2003

[3] BioLogos   What do “fine-tuning” and the “multiverse” say about God? https://biologos.org/common-questions/what-do-fine-tuning-and-the-multiverse-say-about-god

[4]  Lewis G, Barnes L, Goff P. Cosmological fine-tuning: the view from 2025. Religious Studies. 2026;62(S1):S100-S110. doi:10.1017/S0034412525101170

[5]  Luke A. Barnes,en su artículo The Fine-Tuning of the Universe for Intelligent Life de 2011 detalla la siguiente lista de científicos que aceptan que el universo está finamente ajustado para la vida: Barrow, Carr, Carter, Davies, Dawkins, Deutsch, Ellis, Greene, Guth, Harrison, Hawking, Linde, Page, Penrose, Polkinghorne, Rees, Sandage, Smolin, Susskind, Tegmark, Tipler, Vilenkin, Weinberg, Wheeler, Wilczek

[6] George F. R. Ellis, “Does the multiverse really exist?,” Scientific American, 1 Aug 2011

[7] J. Warner Wallace Can Multiverse Theories Explain the Appearance of Fine Tuning in the Universe?  Cold Case Christianity  June 6, 2025

[8] Dan Falk Scientists Attempt to Map the Multiverse  Discover Magazine Feb 10, 2023

[9][9] Barnes, L. A. (2020). A reasonable little question : a formulation of the fine-tuning argument. Ergo, 6(42), 1220-1257. https://doi.org/10.3998/ergo.12405314.0006.042

[10] Hoyle, Fred (1981) The Universe: Past and Present Reflections. Engineering and Science, 45 (2). pp. 8-12. ISSN 0013-7812 https://resolver.caltech.edu/CaltechES:45.2.Hoyle

Comparte en tus redes sociales