La revista científica Science se ha hecho eco de una noticia que alerta sobre el uso en experimentos de cerebros humanos mantenidos con vida fuera del cuerpo humano.
Según esta publicación, la empresa Bexorg mantiene durante horas la actividad metabólica de cerebros procedentes de donantes fallecidos. Su objetivo es estudiar en un órgano humano intacto cómo penetran y actúan los medicamentos destinados a enfermedades neurodegenerativas.
Según los responsables del estudio, los cerebros carecen casi por completo de la actividad neuronal coordinada necesaria para una conciencia mínima, utilizándose el fármaco anestésico “Propofol” para impedir la actividad eléctrica.
Un cerebro metabólicamente activo durante 24 horas
El proceso se inicia horas después del fallecimiento del donante, cuando el órgano se conecta a un sistema de tubos que hace circular un sustituto de la sangre y otros fluidos. La perfusión aporta oxígeno y retira los productos de desecho, lo que permite conservar funciones celulares y metabólicas.
El sistema, denominado “BrainEx”, no devuelve la vida al organismo ni restablece la actividad cerebral propia de una persona consciente. Mientras el órgano metaboliza los fármacos experimentales, distintos sensores registran centenares de datos sobre sus células, proteínas y fisiología. Tras unas 24 horas, el cerebro se divide en centenares de fragmentos para realizar análisis más detallados.
Una alternativa más cercana al cerebro humano
En Bexorg se pretende convertir estos órganos en un banco de pruebas más representativo para el desarrollo de tratamientos neurológicos. Como los mismos investigadores argumentan, los modelos animales no siempre reproducen con fidelidad lo que ocurre en el cerebro humano: una molécula capaz de atravesar la barrera hematoencefálica en un ratón puede comportarse de manera diferente en una persona. La dosis testada en animales también puede resultar ineficaz o tóxica cuando el medicamento avanza hacia los ensayos clínicos en humanos.
La plataforma permite observar si un compuesto llega al tejido cerebral, cuánto tiempo permanece en él, cómo responde el órgano a distintas dosis y si aparecen indicios de toxicidad. También ofrece la posibilidad de medir biomarcadores liberados por el cerebro. Según la información recogida por Science, la farmacéutica Biohaven ya ha utilizado 130 cerebros en sus pruebas, entre ellas las de un posible tratamiento para la enfermedad de Parkinson.
El interés se extiende a patologías como el alzhéimer y otras enfermedades neurodegenerativas. A diferencia de los organoides derivados de células madre o de los dispositivos que imitan la barrera hematoencefálica, BrainEx conserva el órgano completo y su red vascular.
Sin embargo, el modelo también tiene límites: la supresión de la actividad neuronal impide evaluar si un fármaco pudiera provocar convulsiones, y algunos procesos del cerebro aislado pueden no reproducir exactamente lo que sucede dentro de un organismo vivo.
Consentimiento, conciencia y respeto al donante
El uso experimental de un cerebro humano íntegro sitúa en primer plano cuestiones que no aparecen con la misma intensidad en otros modelos de laboratorio. En Bexorg se obtienen los órganos a través de organizaciones que procuran donaciones para trasplantes y desde la compañía aseguran que las familias reciben información sobre el proceso y sus objetivos. La empresa cuenta, además, con un consejo asesor en el que participan seis especialistas en ética.
La primera preocupación es la posibilidad de que el cerebro recupere alguna forma de conciencia o de sensibilidad. Brendan Parent, bioeticista de NYU Langone Health y miembro del consejo asesor de Bexorg, explica que los órganos llegan casi desprovistos de la actividad neuronal coordinada necesaria incluso para una conciencia mínima. Como medida adicional, la perfusión incluye, como se ha indicado, el anestésico propofol para impedir la actividad eléctrica.
La segunda cuestión afecta al consentimiento. El salto desde la donación de órganos o tejidos hacia la experimentación con un cerebro completo exige que el destino de la donación y el tipo de intervención sean comprendidos con claridad. Zvonimir Vrselja, cofundador de Bexorg, afirma que, cuando las familias comprenden el proceso y los objetivos de la empresa, su respuesta es mayoritariamente positiva.
Una tecnología que comienza a escalar
Bexorg prepara una ampliación significativa de su actividad. El nuevo laboratorio incorporará un brazo robótico de 1,2 metros para automatizar el corte de hasta 1.600 cerebros al año y analizar alrededor de 11.000 proteínas en cada uno. La magnitud prevista convierte la supervisión ética, la trazabilidad de las donaciones y la comunicación pública en elementos inseparables del desarrollo científico.
La investigación abre una vía inédita para estudiar directamente la respuesta de un cerebro humano a posibles terapias antes de administrarlas a pacientes. Al mismo tiempo, obliga a distinguir con precisión entre la muerte del organismo, la supervivencia temporal de determinadas funciones celulares y la actividad cerebral necesaria para la conciencia. La utilidad médica potencial no elimina esas preguntas: hace más necesario formularlas y mantenerlas presentes a medida que la técnica avance.
Julio Tudela
Cristina Castillo
Observatorio de Bioética
Universidad Católica de Valencia
