Observatorio de Bioética, UCV

Archivo documental hasta 2013. Desarrollo embrionario.Estatuto biológico del embrión humano.Ataques a la vida humana naciente.

1. Algunas consideraciones sobre el comienzo de la vida humana.
2. ¿Es el embrion preimplantado un conglomerado de celulas o un individuo vivo?
3. Colaboración. Voluntad de vivir.
4. Estatuto biológico del embrión humano
       
5. Retos éticos alrededor de la vida humana naciente. 
6. El termino preembrion en el nuevo proyecto de ley de reproduccion asistida.
7. Colaboración: Por qué firmé el Manifiesto de Madrid.

1. Algunas consideraciones sobre las etapas iniciales de la vida humana.

Inmunidad materno-fetal. Nuevos datos.

Autor:Julio Tudela.

Introducción

En la gestación, el sistema inmune de la madre se enfrenta a un dilema vital: debe tolerar, alimentar y proteger en su seno a un individuo -en sus fases de zigoto, embrión y feto-, cuya dotación genética es, por proceder al 50 % de la dotación genética paterna, extraña a la de la madre gestante. La reacción inmunológica programada genéticamente en ésta, debería desencadenar un proceso de rechazo hacia el material biológico “no reconocido” anidado en el interior de su organismo, mediante la activación de las células llamadas “asesinas naturales” -los linfocitos T-, y los linfocitos B, responsables de la síntesis de anticuerpos específicos dirigidos a neutralizar lo que resultaría “invasor” para el propio individuo.

Esto provocaría irremediablemente su destrucción y expulsión (aborto).1 Pero un hecho portentoso de la biología, va a evitarlo: desde la misma fecundación del óvulo por el espermatozoide en las trompas de Falopio, madre e hijo establecen un “diálogo molecular”, que les permite identificarse, conocerse y protegerse mutuamente2. Todo un prodigio a favor de la vida, del que analizamos algunos aspectos importantes en este artículo.

El primer diálogo entre madre e hijo

Tras la fecundación, y antes de la llegada del zigoto a la cavidad uterina, éste deberá recorrer el camino de las trompas de Falopio, que constituye un paso decisivo para su viabilidad posterior. El embrión comienza a liberar sustancias químicas -interleukinas- que interaccionan con receptores específicos situados en las trompas, provocando una respuesta bioquímica,3 consistente en la liberación de diversos factores: factores de crecimiento que favorecerán el desarrollo embrionario, factores de supervivencia que ejercerán un efecto inhibidor sobre la apoptosis celular programada (su muerte celular), factor LIF o inhibidor de la leucemia, para el cual existen receptores específicos en las células del trofoblasto (envoltura) del embrión, lo que posibilita que sus células formen parte del sistema inmune en esta etapa del embarazo.4 Parece que es el antígeno de histocompatibilidad HLA-G,567  expresado por el embrión en fase de blastocisto, el que desencadena este “diálogo bioquímico” entre madre e hijo, cuya finalidad es la de proteger y estimular el desarrollo del nuevo ser humano dentro de sí, de identidad única, irrepetible y distinta de la de su madre.

Además de estos factores, la madre sintetiza mucinas, moléculas de superficie que indicarán el camino que debe recorrer a lo largo de las trompas, que le conducirán hasta el lugar del endometrio, entre 2 y 3 días después de la fecundación, donde se producirá la anidación. En este lugar entrarán en acción las integrinas y selectinas, moléculas que interaccionarán con la “piel del embrión” o trofoblasto en su zona dorsal, y provocarán el silenciamiento de la respuesta agresiva de los linfocitos T y B.8.9 Así podrá desarrollarse el proceso implantatorio en la decidua o lecho celular del endometrio en el útero de la mujer,10 a partir del día 6° ó 7° desde la fecundación, que acogerá y nutrirá como propio, de modo extraordinario, lo que es genéticamente diverso. El proceso implantatorio finalizará hacia el día 14° desde la concepción.11 El nuevo estatus inmunológico de tolerancia de la madre hacia su hijo se mantendrá durante toda la gestación.

 Fecundación in vitro: ¿Un obstáculo para el primer diálogo bioquímico materno-fetal?

En un reciente editorial de la prestigiosa revista Fertility and Sterility,12 se recoge el dato del aumento de nacimientos prematuros, neonatos con bajo peso y complicaciones perinatales en los niños nacidos tras una fecundación in vitro, en comparación con los concebidos de modo natural.

Las causas de este fenómeno pueden buscarse en la híper estimulación hormonal que acompaña a los procesos de fecundación, en la manipulación del embrión en el laboratorio, en las técnicas de inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), que podrían favorecer !a aparición de anomalías genéticas, y otras.

Pero habría que considerar también, al hilo del tema que nos ocupa, que los embriones fecundados “in vitro” no han experimentado el viaje a través de las trompas de Falopio, donde como consecuencia de la primera interacción entre madre e hijo, se desencadena la cascada de procesos de tolerancia inmune que protegerán al blastocisto en el proceso de implantación y durante todo el embarazo. Quizá la aparición de procesos de rechazo inmunológico, consecuentes a esta falta de incipiente diálogo bioquímico materno-fetal, esté detrás de algunos abortos, partos prematuros y otras disfunciones.

El aporte del embrión a la salud de su madre

Desde hace unos años, se ha demostrado que el feto aporta células propias al cuerpo de madre: es lo que se ha venido en llamar “microquimerismo maternal”. Han sido hallados en órganos de la madre, como en la piel, tiroides, riñón, hígado, glándula adrenal, pulmón, etc. procedentes de la médula ósea, donde han sido almacenadas.13 Se trata de células madre de la sangre del feto y su placenta, y también de sus células troncales mesenquimales. Se les ha denominado “progenitores celulares asociadas al embarazo” (PAPC) y pueden encontrase en una proporción de 2 a 6 por mililitro.

Lo más llamativo de este fenómeno es que estas células aparecen en los tejidos afectados de la madre en una proporción netamente superior a la de los tejidos normales. Es decir, estarían desempeñando una función regenerativa en el organismo materno, como ya ha sido puesto de manifiesto en el caso de cardiopatías de mujeres en las que han sido identificados cardiomiocitos procedentes de células fetales de su hijo.14

También parecen ejercer un efecto protector en el caso de madres gestantes afectadas por enfermedades de tipo autoinmune, como la artritis reumatoide,15 donde una tolerancia inmunológica asociada al embarazo, desencadenada por estas células, mejoraría su patología autoinmune, por incrementar también la “tolerancia hacia los propios tejidos” que se ve seriamente afectada en estas dolencias.

Pero hay más: Parece que las células pluripotenciales que el feto “regala” a su madre, podrían ejercer un papel protector en el caso de algunos cánceres, como el de tiroides,16 donde han sido localizadas células fetales, que contribuirían a la regeneración de los tejidos afectados.

Parece que la naturaleza se nos había adelantado con la terapia con células madre, de modo que lo que empezó utilizándose como un posible método de diagnóstico prenatal -que podría realizarse sobre células fetales rescatadas del cuerpo de la madre- se plantea como una nueva forma de terapia celular dirigida a la madre.17

La inmunidad materno-fetal y el parto

En un reciente estudio18 ha sido analizada la respuesta inmunotolerante de la madre gestante hacia el feto durante el embarazo y su variación en el momento del parto. El trabajo concluye que se produce una marcada disminución de la actividad supresora por parte de los linfocitos T reguladores en el caso de parto prematuro. Dicha disminución también ha sido observada en los partos a término del embarazo, pero en menor cuantía. Aunque no pueden extraerse conclusiones definitivas al respecto, el descenso de esta actividad inmunosupresora que se ha mantenido durante el embarazo, podría contribuir al desenlace del parto. Quizá si el descenso es anormalmente intenso, podría provocar el parto prematuro.

 La memoria inmunológica: un regalo del primogénito para sus hermanos

La modificación del estado inmunitario de la madre a consecuencia de su embarazo, que le ha permitido seguir protegiéndose frente a agentes infecciosos y otras agresiones, mientras se ha silenciado frente a los antígenos del feto, no desaparece tras el parto. Si bien se modula, como hemos visto, deja una impronta inmunológica que prepara el camino para un nuevo embarazo. El hermano menor se beneficiará de la capacidad aprendida de su madre en el anterior embarazo para ejercer la inmunotolerancia hacia su nuevo hijo, que gozaría de mayor protección desde el comienzo de la gestación. Así, parecen haberlo constatado los autores de un estudio recientemente publicado en Nature.19

Afirman que el embarazo estimula la acumulación de linfocitos T reguladores (FOXPBT CD4) específicos para el feto. Lo novedoso, según este estudio, es que tras el parto, han sido capaces de crear una memoria inmunológica, y persisten en niveles elevados, permitiendo su rápida expansión en siguientes embarazos.

Este hallazgo abre la posibilidad de obtener vacunas cuya diana fueran los linfocitos T supresores, responsables del silenciamiento de las reacciones de rechazo inmunológico, en lugar de lo que sucede habitualmente, donde las dianas de las vacunas son exclusivamente linfocitos T activadores. Esto ayudaría a mantener embarazos comprometidos por esta causa.

Inmunidad, progesterona y contraceptivos

La progesterona, hormona producida en el cuerpo lúteo del ovario de la mujer, experimenta un acusado incremento en su concentración a medida que avanza el embarazo. Posee efectos sobre la ovulación, desarrollo de la glándula mamaria, inhibición de las contracciones uterinas y proliferación y decidualización endometrial, necesarias para la implantación del blastocisto.20 Tras la fecundación posee una función imprescindible en el desencadenamiento de la tolerancia inmune del embarazo. Ejerce sus efectos inmunosupresores favoreciendo la secreción de citosinas de tipo Th2 por parte de los linfocitos T.21

Los efectos inmunomoduladores de la progesterona son mediados por una proteína llamada “factor bloqueante inducido por progesterona (PIBF)22, cuya síntesis estimula en los linfocitos de mujeres gestantes. La biosíntesis de PIBF está facilitada por la superproducción de los receptores específicos de progesterona en los linfocitos activados entre las células del trofoblasto y de la decidua.23

En los últimos años han visto la luz nuevos fármacos indicados en la contracepción de emergencia, pertenecientes a la familia denominada “moduladores selectivos de los receptores de progesterona”(SPRMs). Son sustancias con estructura química similar a la de la progesterona, capaces de estimular o bloquear sus receptores, dependiendo del tejido sobre el que actúan.24 Los más conocidos y actualmente en uso son la píldora abortiva RU-486 (mifepristona) y el ellaOne (ulipristal acetato). Ambos comparten, aunque de modos ligeramente distintos, la capacidad de actuar como antagonistas de la progesterona, bloqueando sus receptores, lo que se traduce en una anulación o merma de su actividad.

La mifepristona posee la capacidad de bloquear los receptores de progesterona y, además, de glucocortocoides. Actúa impidiendo la implantación del blastocisto y también provocando la eliminación de un embrión ya implantado, efecto que parece relacionado con su actividad antagonista glucocortocoide25. Dosis bajas de este fármaco se han mostrado capaces de alterar la maduración de células dendríticas en cultivos in vitro, lo cual facilita el rechazo inmune del embrión durante el proceso implantatorio.26

El ulipristal acetato actúa exclusivamente como antagonista de los receptores de progesterona, lo que le confiere la capacidad de retrasar la ovulación -si es administrado hasta 24 horas antes de que ésta se produzca- o de impedir la implantación del blastocisto -en el caso de que se haya producido la fecundación- si es administrado desde las 24 horas previas a la ovulación en adelante, durante la etapa implantatoria.27

Los efectos que se derivan del bloqueo de los receptores de la progesterona en el útero y el cuerpo lúteo provocarán un efecto abortifaciente por cuatro mecanismos distintos:28   l) dificulta el desarrollo de la decidua del endometrio comprometiendo su receptividad para el blastocisto; 2) altera las secreciones de las glándulas uterinas en la decidua, necesarias para consolidar la implantación del embrión; 3) promueve el retorno de las contracciones uterinas espontáneas y 4) favorece el rechazo inmunológico hacia las células del trofoblasto en el blastocisto, por bloquear la cascada de reacciones promovidas por la progesterona durante los primeros 5-10 días tras la concepción, dirigidas a conferir la inmunotolerancia de la madre hacia su hijo, y evitar el rechazo,29 como hemos visto en este artículo.

Debe subrayarse que muchas publicaciones científicas, laboratorios fabricantes y organismos internacionales, como la Agencia Europea de Medicamentos, se resisten a reconocer este efecto abortifaciente del ulipristal acetato, limitándose a señalar que el único mecanismo de acción es el de retrasar la ovulación impidiendo así la fecundación (efecto anticonceptivo).

Parece claro que cualquier interferencia, y estos fármacos la ejercen sobre el complejo y asombroso mecanismo por el cual el sistema inmune de la madre acepta y protege a su hijo, evitando todo rechazo, supone un atentado contra el equilibrio biológico que hace posible el milagro de la vida, provocando el rechazo del embrión y su muerte.

JULIO TUDELA CUENCA

Miembro del Observatorio de Bioética

 Referencias

1 Erlebacher A, Zhang D, Parlow AF, Glimcher LH. Ovarían insufficiency and early pregnancy loss induced by activation of the innate immune system. J Clin Invest. 2004;114(1):39-10.

2 Huppertz B. The feto-maternal interface: setting the stage for potential immune interactions». Semin. immunopathol. 2007;29:83-12

Van Mourik MS, Macklon NS, Heijnen CJ. Embryonic implantation:cytokines, adhesión molecules, and immune cells in establishing an implantation environment. J Leukoc Biol. 2009;85(1):4-19.

4 López Moratalla N. Comunicación materno-filial en el embarazo. Cuad.. Bioét. 2009;XX:303-13

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7 Alegre E., Díaz-Lagares A., LeMaoultJ., López-Moratalla N., Carosella E.D., González A. Maternal antigen presentin cells are a asosuce of plasmatic HLA-G during pregnancy: Longitudinal study during pregnancy. Hum. Immunol. 2007;68:661-7.

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9 Mueller MD, Vigne JL, Vaisse C, Taylor RN. Glycodelin: a pane in the implantation window. Semin Reprod Med. 2000;18(3):289-10.

10 Piccinni MP. Role of T-cell cytokines in decidua and in cumulus oophorus during pregnancy. Gynecol Obstet Invest. 2007;64(3):144-5

 n Norwitz ER, Schust DJ, Fisher SJ. Impiantation and the survival of early pregnancy. N EnglJ Metí.2001;345(19):1400-8

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13 Bianchi DW. (2007), «Fetomaternal cell trafficking: a story that begins with prenatal diagnosis and may end with stem cell therapy». J Pediatr Surg. 2007;42:12-18.

14 Bayes-Genis A, Bellosillo B, De La Calle O, Salido M, Roura S, et al. identification of Male Cardiomyocytes of Extracardiac Origin in the Hearts of Women with Male Progeny: Male Fetal Cell Microchimerism of the Heart. J Heart Lung Transplant. 2055;24:2179-5.

15 Waldorf KMA, Nelson JL. Autoimmune Disease During Pregnancy and the Microchimerism Legacy of Pregnancy» Immunological lnvestigations.2008;37:631-4

16 Cirello V, Recalcati MP, Muzza M, Rossi S, Perrino M, Vicentini L, Beck-Peccoz P, Finelli P, Fugáosla L. Fetal Cell Microchimerism in Papillary Thyroid Cáncer: A Possible Role in Tumor Damage and Tissue Repair» Cáncer Res..2008;68:8482-7.

17 Bianchi DW. Fetomaternal cell trafficking: a story that begins with prenatal diagnosis and may end with stem cell therapy. Journal of Pediatríc Surgery.2007;42:12-7.

18 Schober L, Radnai D, Schmitt E, Mahnke H, Sohn C, Steinborn A. Term and preterm labor: decreased suppressive activity and changes in composition of the regulatory T-cell pool. Immunology and Cell Biology.2012;00:l-10

19 Rowe JH, Ertelt Jm, Xin L, Sing S. Way Pregnancy imprints regulatory memory that sustains anergy to fetal antigen Nature.2012;doi:10.1038/naturell462

20 King AE, Critchley HO. Oestrogen and progesterone regulation of inflammatory processes in the human endometrium. Steroid Biochem Mol Biol. 2010;31;120(2-3):116-11.

21 Piccini MP. T cells in normal pregnancy and recurrent pregnancy loss. Reprod Biomed Oniine.2006;13:840-4

22 Szekeres-Bartho J, Polga B, Kozma N, Miko E, Par G, Szereday L, et al. Progesterone- dependent inmunomodulation.Chem Inmunol Allergy. 2005;89:118-25

23 Druckmann R, Druckmann MA. Progesterone and the inmunology of pregnancy.J Steroid Biochem Mol Biiol. 2005; 97:389-96

24 Chabbert-Buffet N, Meduri G, Bouchard P, Spitz IM. Selective progesterone receptor modulators and progesterone antagonists: mechanisms of action and clinical applications. Hum Reprod Update. 2005;11(3):293-307.

25 Chen Y, Wang Y, Zhuang Y, Zhou F, Huang L (2012) Mifepristone Increases the Cytotoxicity of Uterine Natural Killer Cells by Acting as a Glucocorticoid Antagonist via ERK Activation. PLoS ONE 7(5): e36413. doi:10.1371/journal.pone.0036413

26 Mifeprisone induces maturation of monocyte-derived dendritic ceils. http://www.china-papers.com/?p=3888. Accessed September 1, 2011.

27 AznarJ, Tudela J. Ulipristal acétate ¿An emergency contraceptive? Medicina e Morale.2011;2:233-13

28 Miech RP. Immunopharmacology of ulipristal as an emergency contraceptive. International Journal of Women’s Health. 2011:3 391-397

29 Sacks G, Sargent I, Redman C. An innate view of human pregnancy. Immunol Today. 1999;2012


 

LO QUE OPINAN LOS GINECÓLOGOS ESTADOUNIDENSES SOBRE CUANDO EMPIEZA LA VIDA HUMANA.

Un hecho biológico de gran repercusión bioética es determinar cuándo empieza la vida humana, pues si ésta comienza con la fecundación, cualquier acción que conlleve una destrucción de esa vida tras la fertilización del ovocito será un acto abortivo, y esto en el campo de la valoración ética de muchas prácticas relacionadas con la reproducción humana y su regulación, el diagnóstico genético preimplantacional, la fecundación in vitro, la producción de niños de diseño la obtención de células madre embrionarias , la clonación y otras, es de importancia capital.

Una opinión sobre cuando se inicia la vida humanan ya fue emitida en 1965 por el American College of Obstetricians ad Gynecologists que definió que el embarazo se inicia con la implantación del embrión en la pared uterina de la madre, definición que fue aceptada aceptada por muchos especialistas y por determinadas instituciones partidarias del aborto, principalmente la Institución Guttmacher y “Planned Patrenthood”. Sin embargo, son otros muchos los que defienden que el embarazo comienza con la fertilización del óvulo por los espermatozoides.

Parar tratar de profundizar en este tema, creemos de gran interés un artículo recientemente publicado en el American Journal Obstetrics and Gynechology (206; 132, e1-7, 2012) en el que se recoge la opinión de un amplio grupo de obstetras y ginecólogos de Estados Unidos sobre cuándo comienza el embarazo, pues cuando éste empiece también se habrá iniciado una nueva vida humana.

Para realizar el trabajo se envía un cuestionario a 1800 ginecólogos estadounidenses en el que se pregunta cuando creen que se inicia el embarazo, ofreciéndoles tres posibles respuestas: a) con la fecundación, b) con la implantación del embrión en el útero materno y c) que no lo saben. También en dicha encuesta se incluyen aspectos sobre su afiliación religiosa y la importancia que ellos dan a la religión como base para objetar contra el aborto.

El porcentaje de respuestas fue del 66%. El 57 % de los ginecólogos opinan que el embarazo comienza con la fecundación, y menos del 28% que se inicia con la implantación del embrión en el útero materno, a la vez que un 16 % manifiestan que no están seguros.

Como anteriormente se ha comentado, en ocasiones, se opina que los que defendemos que la vida humana se inicia con la fertilización del ovocito por el espermatozoide lo hacemos, o al menos estamos influidos, por creencias religiosas. Por ello, parece de especial interés la atención que el artículo que comentamos dedica a este tema, analizando las creencias de los encuestados y otras particularidades sociológicas, evaluando en que medida estas variables pueden influir en su opinión. No podemos entrar aquí en un pormenorizado análisis de los datos, pero si referir que a juicio de los autores, “las respuestas no difieren significativamente en relación con la edad, sexo, religión o nivel académico”, de los ginecólogos encuestados.

Nos parece importante que en un debate tan actual como es establecer cuando se inicia la vida humana, sin duda uno de los más interesantes, si no el más interesante, de la bioética moderna, un amplio grupo de especialistas norteamericanos, al margen de sus creencias religiosas y su estatus social, propugnen que el embarazo y consecuentemente la vida humana, empieza con la fertilización del ovocito por el espermatozoide, por lo que sin duda cualquier interrupción de esa vida desde ese momento inicial será una acción éticamente inaceptable.

                                                                                                                             JUSTO AZNAR

Relación entre el embrión y su madre.

Carlo Alonso Bedate, del Comité de Bioética Español, fue encargado de abrir la segunda mesa de la jornada de Salud Sexual y Reproductiva en España, que se celebró en el salón de actos del Hospital General Gregorio Marañón en Madrid. Ante un nutrido número de asistentes, el bioético realizo un profundo análisis científico medico sobre la relación que existe entre la madre y el embrión en la fase de implantación y durante el desarrollo del feto. El experto en Bioética afirmó que “debemos considerar al embrión y a la madre como dos organismos de simbiosis”.

¿El término preembrión es bilógicamente correcto?

En pasados años ha sido muy viva la polémica que trataba de identificar semánticamente al embrión preimplantado como preembrión. Dicha polémica parece ampliamente superada (Bioethics News, www.observatoriobioetica.com. 10 de marzo 2013). Prueba de ello pueden ser las palabras recogidas de un reciente número de Fertility and Sterility (99; 1054-1061, 2013) en el que hablando del diagnóstico genético preimplantacional se refiere: “This assisted reproductio technology (ART) has incorporate genetics tools for genetic testing of preimplantation embryos, which was…” Embriones implantados y no preembriones.

Éxito y mutis del “preembrión”

Un artículo aparecido en Cuadernos de Bioética (………..) explica la trascendencia histórica del uso del término “preembrión”, que supuso un eufemismo útil al servicio de la investigación con embriones humanos. Aceprensa (………) ofrece una versión en español, condensada, del original inglés.

El Tribunal Supremo de EE.UU., en la sentencia Roe vs. Wade de 1973, no quiso pronunciarse sobre el momento en que comienza la vida humana. Con este antecedente y con el nacimiento en 1978 de Louise Brown, la primera niña probeta, el más antiguo de los comités de bioética –el británico Ethics Advisory Board (EAB)– tuvo que considerar los aspectos éticos de la fecundación in vitro (FIV) y la posibilidad de investigar con embriones para mejorar estas técnicas.

Según el informe del 4-05-1979, el embrión humano, en los primeros días, es solo una forma incipiente de vida humana, con una elevada mortalidad natural, y no un individuo, pues la aparición de la “línea primitiva” es uno de las condiciones fundamentales de la individuación del embrión. Se aceptó fijar un intervalo de 14 días después de la fecundación, durante el cual se consideraba que el embrión humano no tenía estatuto especial y era “éticamente” aceptable usarlo para experimentar. En ningún lugar del informe se usó la palabra “preembrión”.

El EAB, que entre sus miembros no contaba ningún especialista en embriología humana, fue probablemente el primero en proponer la regla del día 14, que vino a decir que el embrión humano en la primera fase de su desarrollo es merecedor de respeto, pero no el mismo que se debe a una persona. Sus recomendaciones no fueron aprobadas por las autoridades en aquel momento. En 1980 el EAB dejó de existir.

En 1979 se publicó el primer artículo en la literatura científica que usó términos como “preembrión” o periodo “preembrionario”. Su autor era el americano Clifford Grobstein. Unos meses antes el EAB había concluido su informe sobre la FIV, y en medio de la polémica suscitada por el informe, el artículo de Grobstein pasó prácticamente desapercibido.

En 1982 se constituyó en Gran Bretaña una comisión de expertos presidida por Mary Warnock para estudiar una posible regulación legal de la FIV. El informe resultante, publicado en julio de 1984, tuvo una gran influencia no solo en la legislación británica, sino también en las de muchos otros países.

El desacuerdo entre los miembros de la Comisión sobre si se debería permitir la experimentación con embriones humanos estuvo a punto de llevarles a desistir sin concluir el informe. Pero finalmente, se aceptó una solución de compromiso propuesta por Warnock: que solo se pudiera experimentar con embriones durante los 14 días siguientes a la fecundación. Ante la división de opiniones en su seno, la Comisión decidió no pronunciarse sobre la cuestión fundamental: cuándo el embrión comienza a ser persona; se limitó a otra más práctica: con qué respeto había que tratarlo.

Fue en Gran Bretaña donde el término “preembrión” realmente hizo fortuna, pues apareció cuando era más necesario. En 1984, cuando comenzaron a debatirse en el Parlamento británico las recomendaciones del informe Warnock, se extendía la oposición a la experimentación con embriones. Una propuesta de prohibirla (el proyecto de Ley de Protección de los Niños no Nacidos, presentado por el diputado Enoch Powell) había obtenido una amplia mayoría a favor en su segunda lectura, en febrero de 1985. Justo en ese momento apareció en escena el término “preembrión”, y cambió el curso de los acontecimientos.

El Medical Research Council (MRC) propuso redefinir el embrión. En marzo de 1985 anunció la creación de un nuevo organismo para supervisar la FIV y la investigación con embriones, la “Voluntary Licensing Authority (VLA)”, hasta que se aprobara la ley al respecto. El término “preembrión” se usó en una de las primeras reuniones del VLA, y se incluyó en unas directrices para el trabajo clínico y de investigación. El pasaje en cuestión decía: “Al conjunto de células que se dividen hasta la constitución de la línea primitiva, proponemos que se le dé el nombre de preembrión”.

El término empezó a ser difundido por científicos partidarios de la experimentación con embriones. Se insistió en que el “preembrión” que se usaría para investigar no era un individuo humano, sino una masa de células indiferenciadas a partir de las cuales se podría desarrollar luego un individuo humano, por lo que debería permitirse hacer experimentos con él, durante los primeros catorce días. En segundo lugar, se subrayó que tales investigaciones podrían reportar enormes ventajas contra la infertilidad y las enfermedades de origen genético. Tercero, se dijo que las objeciones procedían de ignorancia causada por prejuicios religiosos, en contraste con los argumentos racionales basados en datos científicos. En 1990, los partidarios de la investigación acabaron ganando la batalla en el Parlamento con ayuda del término “preembrión”, justo cuando empezaba a caer en desuso.

También en Estados Unidos, una sociedad científica, la “American Fertility Society (AFS)”, organizó un comité ético, para determinar si lo que ellos mismos estaban haciendo con la investigación con embriones humanos en la FIV tenía algún problema ético. Clifford Grobstein pertenecía a ese comité, que en 1986 publicó un informe favorable a la experimentación con embriones hasta los catorce días.

Otro miembro del comité era el teólogo Richard McCormick, que también había formado parte del EAB. En un artículo de 1991, McCormick expuso los motivos científicos a favor de adoptar el término preembrión. Allí se hizo eco de las críticas de un histopatólogo, M. Jarmulowicz, quien afirmaba que el término preembrión era “un ejercicio de ingeniería lingüística para hacer aceptable a la opinión pública la investigación con embriones humanos”.

A pesar del informe favorable a la investigación con embriones del Comité Ético de la AFS, el Gobierno norteamericano daba largas al asunto. Pero en 1993, el presidente Clinton revocó la moratoria sobre el uso de fondos federales para tales experimentos al firmar la “NIH Revitalization Act”. A la vez, se constituyó una comisión, el “Human Embryo Research Panel (HERP)”, dependiente de los NIH (National Institutes of Health), para señalar directrices sobre qué trabajos se podrían financiar en materia de investigación con embriones antes de la implantación.

El presidente del HERP declaró públicamente que solo se debía admitir en la Comisión personas favorables a la investigación con embriones. En su informe de septiembre de 1994, el HERP señaló que en el estudio del asunto había habido considerable confusión sobre cómo designar al embrión en la primera fase de desarrollo (“preembrión”, “embrión preimplantatorio”, “conceptus”, “feto”). Al final, aunque el HERP dio el visto bueno a investigaciones como las ya autorizadas en otros países y mantuvo el criterio de los catorce días, no aceptó el término “preembrión”.

En noviembre de 1998, el presidente Clinton pidió a la “National Bioethics Advisory Commission (NBAC)” un informe sobre la investigación con células madre humanas embrionarias. El estudio, publicado en 1999, llama “cigoto” al organismo que se desarrolla durante la primera semana siguiente a la fecundación; desde la segunda semana hasta la octava, hay un “embrión”, y después, un “feto”. El término “preembrión” no aparece.

La mayoría de los documentos posteriores tampoco lo usan. El informe ético de 2001 de la “European Society for Human Reproduction & Embriology (ESHRE)” lo descarta, porque “a veces se ha entendido como un intento de rebajar el valor simbólico de esta entidad [el embrión]”. El Convenio de Oviedo de 1997 no hace mención de los catorce días ni del “preembrión”. Tampoco lo usan las leyes de Australia sobre la materia: la “Infertility Treatment Act” de 1995 y la “Research Involving Human Embryos Act” de 2002. Y el “American College of Obstetricians and Gynecologists”, que durante muchos años promovió el uso del término “preembrión”, lo abandona en un documento de 2006 [“Using Preimplantation Embryos for Research”].

La palabra “preembrión” ya casi no aparece en informes recientes. En la literatura científica y bioética ha habido una disminución gradual de la frecuencia con que se utiliza. Fue un nuevo concepto acuñado a partir de datos aparentemente científicos, en un intento de justificar la destrucción y utilización de embriones humanos sin la exigencia de respeto incondicional hacia ellos. Una vez que este objetivo se logró, el término se ha ido abandonando poco a poco (Modesto Ferrer y Luis Miguel Pastor. Departamento de Biología molecular e Histología. Universidad de Murcia).

¿Son los gemelos genéticamente idénticos?.

Se ha especulado sobre cómo en ocasiones los gemelos muestran diferencias después de nacer si tienen genomas idénticos.

Sin embargo, algunos estudios parecen apuntar que no son genéticamente tan idénticos, pues pueden acumular cientos de cambios genéticos en su vida temprana que hacen que puedan evolucionar por caminos diferentes.

En relación con ello en un congreso de la Sociedad Americana de Genética Humana, celebrado el 9 de noviembre de 2012, se ha presentado un trabajo que parcialmente puede explicar porque un “gemelo puede padecer un cáncer y el otro estar sano”. El estudio también sugiere que los cambios genéticos entre los gemelos son sorpresivamente bastante comunes. En el mismo se comprueba que alteraciones epigenéticas (anomalías genéticas, que no modifican la estructura del ADN, ocasionadas por pequeñas modificaciones bioquímicas del mismo) pueden afectar directamente a la expresión de los genes a lo largo de la vida, lo que hace que los gemelos no sean completamente idénticos. Además en otro trabajo se demuestra que además de estas diferencias epigenéticas los gemelos pueden presentar diferentes mutaciones genéticas, que modifican la estructura nucleotídica del ADN.

Es decir, estos trabajos están contribuyendo a que se conozcan mejor las causas que contribuyen a que los gemelos no evolucionen en su vida temprana y adulta de forma completamente igual.

No solo el genoma influye en la personalidad de los gametos genéticamente idénticos.

Se da otro paso más para comprobar como las interacciones con el entorno y las experiencias vitales, y no solo el genoma pueden contribuir a desarrollar la personalidad de los individuos. Es decir, que todo no es genética. Esto se ha comprobado en un trabajo publicado en Science   ( 340;756-759,2013) en el que un grupo de investigadores alemanes comprueban como tras someter a 40 ratones genéticamente idénticos, durante tres meses, a distintos factores externos, evolucionan de forma diferente, lo que conforma que no todo el desarrollo de su personalidad adulta dependa de su componente genético.

Esto mismo se comprueba también en un muy interesante artículo publicado en Genoma Research el pasado 3 de junio (http:// www.genoma.org/cgi/doi/10.1101/gr.136.598.111) en el que se analiza por primera vez la metilación de ADN de gemelos tras el nacimiento y como dicha metilación puede afectar a su desarrollo. Los autores resaltan la influencia que puede tener el entorno intrauterino en la configuración del epigenoma neonatal.

Ambos artículos apoyan el papel que los mecanismos epigenéticos pueden tener en el desarrollo de la personalidad de los individuos.

Se entiende por mecanismos epigeneticos aquellos que afectan al genoma por su interacción con el medio ambiente, pero que no afectan a la estructura nuclotídica de su ADN. La mayoría se deben a metilonios de algunos nucleótidos. En lenguaje más coloquial se podría decir que la epigenética es todo aquello que afecta al desarrollo de la personas y que no es dependiente de su genoma.

Dos personas pueden ser genéticamente idénticas, con genomas iguales , pero pueden tener un desarrollo distinto, por el influjo del medio ambiente que condiciona que sus genomas se expresan de forma diferente y consecuentemente dan lugar a individuos con fenotipos (su personalidad adulta) distintos.

La obesidad dificulta la implantación del embrión en el útero.

En un estudio presentado por el Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) el pasado 9 de julio en reunión anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) se muestra que la obesidad femenina dificulta la implantación del embrión en el útero, así como disminuye el índice de embarazos y el número de nacidos vivos, que se reduce en un 27% en las pacientes obesas.

Se imprimen fetos en 3D.

Una empresa japonesa imprime fetos en 3D. La compañía ofrece una copia del futuro bebé de unos nueve centímetros y una miniatura para colgar en el teléfono. La moda de pasear la ecografía en la cartera y la de publicarla en redes sociales puede tener los días contados. Espoleados por el auge experimentado por las impresoras 3D en la primera mitad de este año, un grupo de empresarios nipones han decidido comercializar copias a todo volumen para vendérselas a las parejas que esperan un bebé, que así podrán tener una réplica de su hijo en sus brazos sin tener que esperar los nueves meses de gestación. «Estar embarazada es un momento único en la vida», cuenta Tomohiro Kinoshita, uno de los «padres» del proyecto. La compañía no se limita únicamente a reproducir las «curvas» del bebé, sino que también respetan la textura. En total, la copia del futuro hijo cuesta cerca de 900 euros y mide casi diez centímetros. Para complementar la compra, Fasotec regala a sus clientes también una pequeña miniatura para colgarla en su teléfono móvil, pues llevar personalmente «copia del feto» no debe ser muy cómodo (las provincias.es, 22-VII-2013).

Nuevas tecnologías permiten conocer cada vez mejor la implantación del embrión en el útero materno.

Conocer mejor los mecanismo que rigen la implantación de los embriones en el útero, además de tener un gran interés biomédico, también tiene indudable interés ético. No hay que olvidar la amplia controversia existente sobre cuando se inicia la vida humana, pues un grupo de expertos en este campo defienden que se inicia cuando se consolida la implantación del embrión, hacia el 14 día de vida, implantación que comienza aproximadamente hacia el séptimo día, mientras otros defienden que se inicia con la fecundación.

Los mecanismos biológicos relacionados con la implantación embrionaria son bastante desconocidos. Ahora se ha dado un importante paso sobre ello a raíz de la publicación de un artículo en Cell (156; 1032-1044,2014) por Ivan Bedzhov y Magdalena Zernicka-Goetz.

Parece de interés recordar que el equipo de Zernicka –Goetz fue el que en 2001 demostró con una sencilla pero clara experiencia, que la vida humana se inicia con la primera división del blastocisto.

Ahora Bedzhov y Zernicka-Goetz aportan nuevos datos sobre la implantación embrionaria, comprobando que el blastocisto (el embrión de 60 a 200 células) que se implanta en el útero se transforma desde una pequeña pelota de células a una estructura más compleja. Las experiencias las han realizado en ratones. Con la técnica usada han podido grabar todo el proceso de implantación, observando como el blastocisto se transforma en una especie de roseta celular inmediatamente antes de implantarse en el útero, lo que ocurre en el cuarto día de vida del embrión murino. Según la propia Zernicka-Goetz “es una estructura preciosa. Es fascinante ver lo hermosos que son los embriones en ese momento y como ese pequeño embrión se organiza para poder seguir desarrollándose.

2. ¿Es el embrión preimplantado un conglomerado de células o un individuo vivo?

3. Colaboración. Voluntad de vivir.

4. Estatuto biológico del embrión humano  

ESTATUTO BIOLÓGICO DEL EMBRIÓN HUMANO  

Justo Aznar
Universidad Católica de Valencia


1. Introducción
Para establecer la naturaleza del embrión humano es necesario conocer su
realidad biológica, antropológica, filosófica e incluso jurídica. Pero, a nuestro
juicio, la realidad antropológica, filosófica y jurídica del embrión, base de sus
derechos humanos, hay que construirla sobre su realidad biológica.
Consecuentemente, uno de los temas actualmente más debatidos en el
área de la bioética es determinar cuando se inicia la vida humana, y sobre
todo definir el estatuto biológico del embrión humano, especialmente del
embrión de pocos días de vida, es decir, desde la impregnación del óvulo por
el espermatozoide hasta su implantación en el endometrio materno.
Pero con independencia de ello, esta necesidad es además debida a que
durante las primeras etapas de la vida humana, aproximadamente durante sus
primeros 14 días, este joven embrión es objeto de amplias y diversas amenazas,
que, en muchos casos conllevan su destrucción.
Esta amenaza afecta a los embriones generados por vía natural,
fundamentalmente como consecuencia la utilización de fármacos o
procedimientos técnicos usados en el control de la fertilidad humana, que actúan
por un mecanismo antiimplantatorio y entre ellos, especialmente el dispositivo
intrauterino, e igualmente aquellos otros que se usan en la contracepción de
emergencia, como es la píldora del día después o la de los cinco días después,
pues tanto una como otra aproximadamente en el 50% de los casos, actúan por
un mecanismo antiimplantatorio (1,2,3).
Pero también afecta a los embriones producidos por fecundación in Vitro
(FIV) que son manipulados o incluso eliminados cuando se utilizan técnicas
como el diagnóstico genético preimplantacional para seleccionar embriones
sanos y su posterior gestación, hijos de padres con enfermedades hereditarias
o genéticas o cuando se producen embriones, y posteriormente niños, para
utilizar su material hematopoyético para tratar algún hermano que padezca
algún tipo de enfermedad hereditaria o genética, práctica que se acompaña
de una elevada pérdida de embriones humanos, dada la baja eficiencia de la
técnica, que no supera el 3% (4); pero sobre todo por la manipulación a la
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que pueden ser sometidos los embriones sobrantes de la fecundación in vitro,
por los procesos de congelación y descongelación, para su posible utilización
ulterior con fines reproductivos o experimentales e incluso con pretendidos
fines terapéuticos. En este momento en nuestro país los embriones congelados
superan los 200.000 y en el mundo el millón y medio. Pero además también
por la elevada pérdida de embriones que conlleva el uso de la fecundación
in-vitro (5).
Finalmente, también esta amenaza se extiende a los embriones producidos
por clonación, que posteriormente pueden ser utilizados con fines presuntamente
terapéuticos y sobre todo experimentales, principalmente para obtener
líneas celulares embrionarias que se puedan utilizar para experimentaciones
biomédicas, lo que conlleva la ineludible destrucción de los embriones
producidos.
Por todo ello, un punto crucial en el debate bioético actual es establecer
la naturaleza biológica del embrión humano, pues de la categoría que se le
atribuya dependerá la catalogación ética que su manipulación merezca.
En general se puede decir que existen cuatro posturas sobre su naturaleza
biológica:
1. La primera, es la de aquellos que consideran que el embrión humano, en
sus primeros días de vida, es un conglomerado celular sin estructuración
biológica, es decir, un conglomerado de células sin organizar y por tanto
sin valor biológico ni ontológico alguno. Aunque esta postura parece que
debería ser anacrónica, a la luz de los actuales conocimiento biomédicos,
no es así, como lo refleja por ejemplo en la ley 14/2006, sobre Técnicas
Humanas de Reproducción Asistida, 22 de mayo de 2006, que en su
artículo 1.2 refiere que “se entiende por preembrión el embrión in vitro
constituido por el grupo de células resultantes de la división progresiva
del óvulo desde que es fecundado hasta catorce días más tarde”. Es decir,
que en dicha ley se admite la tesis que identifica al embrión humano
como un conglomerado celular.
2. La segunda, es la de los que opinan que el cigoto humano, obtenido por
trasferencia nuclear somática (clonación) es un ente biológico distinto al
cigoto obtenido por vía natural, al que incluso le dan un nombre propio
y diferente, como puede ser nuclóvulo o clonote, con un valor inferior al
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cigoto obtenido por fusión de los gametos humanos, tanto por vía natural
como por técnicas de reproducción humana asistida.
3. La tercera, es la de los que consideran que el embrión humano, de
una sola célula, polarizada y asimétrica, el cigoto, obtenido natural o
artificialmente, es un ser vivo de nuestra especie, portador, por tanto, de la
dignidad que todo ser humano intrínsicamente posee y consecuentemente
merecedor de ser tratado acordemente con dicha dignidad.
4. Incluso existe un cuarto grupo, que son aquellos investigadores o clínicos,
que circunvalan el problema y que ni afirman ni niegan la identidad
humana del embrión, simplemente manifiestan que a ellos solamente les
incumbe la vertiente científica, y que el discutir la naturaleza humana de
ese ente biológico que utilizan no afecta a su quehacer científico. ¿Pero
puede un científico plantear sus objetivos experimentales sin valorar sus
consecuencias éticas? Considerando la investigación científica como un
acto humano más, no parece ilógico afirmar, que, como en cualquier otra
actividad del hombre, en sus investigaciones, el científico, no puede dejar
de tener en cuenta la vertiente ética de su quehacer, por lo que esta faceta
debe ineludiblemente incluirse en la elaboración y valoración de sus
protocolos experimentales. Un científico nunca puede dejar de responder
éticamente de los actos que lleva a cabo.
Como consecuencia de todo lo anteriormente expuesto, en general, se
puede afirmar, que desde un punto de vista bioético, para los que defienden la
primera posición, es decir, los que sustentan que el embrión temprano es un
conglomerado celular, no habría ninguna dificultad moral para utilizarlo como
fuente de células madre o como material de experimentación, pues aunque esto
conllevara su destrucción, se estaría destruyendo algo sin valor biológico u
ontológico alguno, nunca un ser humano vivo. Sin embargo, para los defensores
de la tercera postura, entre los que me encuentro, cualquier manipulación de
ese ser naciente habría que hacerla teniendo en cuenta su realidad biológica y
ontológica de embrión humano, es decir de ser humano vivo.
Por ello, establecer la naturaleza biológica del embrión humano de pocos
días, es fundamental, para poder profundizar en el debate bioético abierto con
motivo de la utilización de esos embriones tempranos para experimentaciones
biomédicas o con pretendidos fines terapéuticos.
Como es natural, se hace imposible profundizar aquí sobre el estatuto
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biológico del embrión humano. Sólo se pueden dar algunas pinceladas, que es
posible que ayuden a clarificar el tema.
En esta exposición, nuestro objetivo es tratar de establecer que el embrión
humano de pocos días es un ser vivo de nuestra especie, un individuo humano,
y por tanto digno del mayor respecto. Si lo consiguiéramos se podría descartar
la primera de las hipótesis consideradas, la de los que afirman que el embrión
humano es un conglomerado celular no organizado como individuo vivo.
Sobre la segunda postura, la de los que defiende que el embrión de una sola
célula obtenido por transferencia nuclear somática es sustancialmente distinto
del cigoto obtenido por vía natural, lo que permitiría utilizarlo en algunas
circunstancias, volveremos más adelante. Vamos por tanto a detenernos en
valorar si el embrión humano es un ser vivo, de nuestra especie, un ser humano
individual.
Para establecer que el embrión humano temprano es un ser vivo de
nuestra especie y no un conglomerado celular, existen abundantes argumentos
biológicos y genéticos. Nos referimos a algunos de ellos.
2. Identidad genética del embrión
Es un argumento tradicionalmente utilizado en defensa de la naturaleza
humana del embrión de pocos días, afirmar que ya en el genoma del cigoto
está contenida toda la información genética necesaria para que ese nuevo ser se
desarrolle completamente hasta su condición de ser adulto vivo. Es decir, que en
él está determinada la identidad genética del nuevo individuo y la pertenencia
a una especie determinada. Si nada orgánico externo modifica el contenido
genómico de ese individuo biológico naciente, ya que del mundo circundante,
únicamente recibe mensajes que contribuyen a regular su propio desarrollo,
es difícil, por no decir imposible, establecer algún salto en su evolución vital
que pueda suponer el inicio de una realidad genómica distinta a la anterior. La
evolución de ese ser es un proceso biológico continuo que va dando lugar a las
distintas realidades fenotípicas de su desarrollo, dentro de la unidad vital que
lo identifica como un único ser humano vivo desde la impregnación del óvulo
por el espermatozoide hasta su muerte natural.
Sin embargo, identificar la individualidad de ese ser humano naciente
únicamente con su genoma, parece un concepto limitado, si no erróneo.
En efecto, cada día existen más argumentos biológicos para admitir que un
individuo humano es algo más, seguramente bastante más, que su código
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genético. En este sentido, cada vez se tiene más información, sobre mecanismos
no genéticos, epigenéticos, que influyen de forma importante en el desarrollo
del embrión.
En palabras de López Moratalla (6), “la identificación entre genoma e
individuo es un error de concepto biológico; los cromosomas y genes que
determinan las características de un individuo dentro de una especie no le
hacen ser un individuo, no son más –ni tampoco menos- que lo que determina
las características de ese ser y dirige su desarrollo; lo que lo constituye en un
viviente, en un individuo de esa especie”. Esto cada día se conoce mejor. En
efecto, la Biología ha alcanzado una comprensión clara de los procesos vitales,
entendiéndolos como una cooperación dinámica de genes y medio que da
lugar a la expresión regulada de los genes durante la constitución y desarrollo
de un nuevo ser (7).
Por tanto, nos parece que el ADN es necesario, pero no suficiente, para
identificar a un individuo humano. No todo está en el genoma, sino que la
información genética crece con la expresión de los genes en él contenidos,
para lo cual es necesario la activación y emisión de su programa específico
de desarrollo, programa que se va activando a medida que avanza el ciclo
vital de ese individuo y que posibilita que el nuevo ser sea capaz de iniciar la
emisión completa y ordenada de los mensajes genéticos necesarios para que
su desarrollo se realice de forma ordenada y completa. Por ello, cada día se
va dando más importancia a los factores epigenéticos, que determinan ligeras
modificaciones del genoma, pero que no afectan a su secuencia nucleotídica,
como pueden ser la metilación de citosinas de su ADN, la remodelación de su
cromatina por acetilaciones, metilaciones o fosforilaciones o el denominado
“imprinting”, que se refiere a la capacidad de impedir la expresión de algunos
genes en los momentos tempranos de la vida embrionaria, especialmente a través
de su silenciación selectiva, según procedan del gameto masculino o femenino.
Es decir, durante el desarrollo del ser vivo se va produciendo, por interacción
del genoma con el medio, la emergencia de una nueva información génica,
no expresada directamente en el genoma primigenio. A esta información, es
a lo que se denomina información epigenética. Por tanto, cualquier expresión
fenotípica de un ser viviente es el resultado del contenido génico de su genoma
y de la información epigenética que se va generando a lo largo de su propia
evolución, como consecuencia fundamental de la interacción del genoma con
su medio ambiente.
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3. Ser organizado y vivo
Pero además, existen otras razones que apoyan que el embrión humano de
pocos días no pueda ser considerado como un simple conglomerado celular,
sino un ser humano organizado y vivo.
Entre ellas cabe destacar:
1) el mejor conocimiento de los mecanismos que regulan la emisión del
programa de desarrollo del embrión.
2) todo lo relativo a la denominada información de posición, es decir, la
información necesaria para el desarrollo del embrión dependiente de
las interrelaciones entre sus propias células y las de éstas con el nicho
celular que ocupan.
3) el papel que la fusión de las membranas celulares de ambos gametos,
masculino y femenino, juega en la puesta en marcha del proceso de
desarrollo embrionario y los nuevos conocimientos sobre los mecanismos
que determinan la asimetría y polaridad del cigoto, y como esto influye
en la asignación de funciones para cada una de sus células, así como de
la asimetría espacial de los diversos órganos en el cuerpo del embrión.
4) diversos factores bioquímicos, principalmente los niveles intracelulares y
extracelulares de calcio, que pueden influir directamente en el desarrollo
embrionario.
5) la regulación genética de los mecanismos de diferenciación celular.
6) el control de la función de las telomerasas.
7) el diálogo bioquímico que se establece entre el embrión, durante su
estancia en la trompa de Falopio, y su madre.
8) y finalmente la inhibición de la respuesta inmunológica de la madre, que
permite al embrión implantarse en su útero sin ser rechazado.
Vamos a repasar brevemente cada uno de estos procesos biológicos, que en
conjunto y desde la armónica secuencia de su actuación, parecen claramente
incompatibles con que ese ser embrionario primigenio sea un conglomerado
celular y no un ser vivo organizado.
4. Procesos biológicos
4.1. Programa de desarrollo
Como ya se ha comentado para que la vida humana se inicie no sólo se
requiere la existencia de un genoma humano determinado, sino también que se
active un programa de desarrollo, información contenida en el propio genoma,
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que emita las instrucciones necesarias para que se inicie la vida de ese embrión
(7). En la fecundación sexuada, la activación del programa de desarrollo
empieza en una etapa tan temprana de la vida embrionaria, como puede ser el
momento en que se inicia la fusión de las membranas de los gametos masculino
y femenino. Incluso se ha sugerido que se pueda iniciar con la fusión de sus
pronúcleos, y que ya es completa en la primera división celular. En efecto,
durante las horas que dura la fecundación, el ADN de ambos progenitores se
funde para alcanzar la estructura y patrón propios del nuevo individuo.
Pero a la vez, con la fecundación se produce un “encendido”, una puesta a
punto, de la expresión de la información de los genes. No basta con la nueva
fusión de los gamentos, en cuanto portadores de la mitad del patrimonio
genético, sino que se requiere que este genoma interactúe con su medio
ambiente para que se inicie el denominado proceso epigenético. Con ello se
pone en marcha el motor de desarrollo embrionario con lo que se inicia una
nueva vida humana (7).
¿Pero cómo se activa el programa de desarrollo? Es conocido, que
inmediatamente tras la fecundación se pone en marcha un proceso de
desmetilación de citosinas del ADN, que es el detonante específico para que se
inicie la expresión del programa de desarrollo del genoma. En efecto, se sabe
hoy día que la metilación de las citosinas de determinados genes favorece la
represión de los mismos, es decir, que éstos no puedan expresar su actividad.
Por ello, si como consecuencia de un proceso de desmetilación, regulado
por determinadas desmetilasas, se activan estos genes, consecuentemente se
activa el programa de desarrollo que ellos regulan. Es decir, la metilación y
desmetilación de las citosinas condicionan patrones de metilación que son
diferentes de un tipo celular a otro y de un momento a otro del proceso
vital de un mismo individuo. Este mecanismo, delicadamente regulado, es
el primer y fundamental paso para que se inicie el desarrollo de una nueva
vida humana.
Cuando el cigoto se genera por transferencia nuclear somática (clonación),
para que pueda producirse un embrión es necesario que la información genética
contenida en el núcleo de la célula somática que lo dona se reprograme, es
decir, que la célula se desdiferencie, acción debida a factores reprogramadores
contenidos en el citoplasma del ovocito que recibe el núcleo somático,
volviendo su genoma a una situación genómica similar a la que tiene el de
las células embrionarias. En ese momento, es cuando el núcleo de la célula
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transferida es capaz de expresar las órdenes necesarias para que se inicie la
vida de ese nuevo individuo.
4.2. Mecanismos de regulación y diferenciación celular
Otro aspecto a considerar en el desarrollo del embrión temprano, que hace
que éste no puede ser considerado como un simple conglomerado celular, son
los precisos mecanismos que regulan la multiplicación y diferenciación de sus
células, parte de ellos dependientes de las interacciones que se establecen entre
las propias células embrionarias y de éstas con las de su nicho celular.
En efecto, a medida que avanza el desarrollo celular, y desde la primera
división del cigoto, se establece un activo intercambio de información entre
sus células y entre éstas y su medio, especialmente representado por el nicho
celular en el que cada blastómero (célula de un embrión de menos de 8 a 16
células) está ubicado. Estas órdenes contribuyen a activar los mecanismos de
diferenciación de las propias células embrionarias, mecanismos regulados,
entre otras cosas, por la expresión de nuevos genes, que sólo lo hacen
en determinados momentos de su evolución, como consecuencia de las
interacciones celulares que se están comentando. Es decir, el comportamiento
de una célula, en lo que respecta fundamentalmente a su evolución biológica,
no depende solamente de la información genética contenida en su genoma,
sino también de la información intercambiada a través de su propia superficie
celular, dependiente, en primera instancia de los propios blastómeros con los
que se relaciona, y más adelante del lugar que esa célula ocupa en la unidad
biológica que la incluye. A esto es a lo que se denomina información de
posición. Es decir, el desarrollo de un ser vivo no depende solamente de su
genoma, sino también de otros mecanismos que regulan la expresión funcional
de sus genes, lo que está condicionado, entre otras cosas, por las interacciones
entre sus propias células y por la situación espacial de dichas células, por
el lugar en donde cada una de ellas esté ubicada. Esta regulación determina
donde, cuando y con qué finalidad, tiene que dividirse una célula en función de
un desarrollo unitario y armónico.
Esta diferenciación celular hacia un fenotipo celular específico también se
da en la edad adulta y se hace especialmente visible cuando una célula madre
adulta indiferenciada, por ejemplo una célula mesenquimal de la medida ósea,
llega a un tejido determinado. Allí se incluye en un nicho celular específico
que condiciona que dicha célula indiferenciada se diferencie hacia las células
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específicas de ese tejido concreto. Este mecanismo de diferenciación es
especialmente dependiente de las instrucciones que las células del entorno
celular hacen llegar a la célula indiferenciada que se incorpora a ese nicho
celular, claro ejemplo del papel que juega la información de posición.
4.3. Función de las membranas celulares
Otro aspecto importante para considerar a ese embrión humano unicelular
y a los fenotipos embrionarios subsiguientemente generados, como una unidad
vital organizada, es todo lo relacionado con la función que las membranas
celulares de los gametos juegan y la estructuración asimétrica de ese primer
embrión de dos células, cosa que viene fundamentalmente determinada por
la línea de división (plano de polarización) que se establece entre el punto en
el que el espermatozoide penetra la capa pelúcida del óvulo para fecundarlo
y el núcleo polar del propio óvulo. Esta asimetría celular, determinada por el
plano de polarización del cigoto, es un factor importante para la organización
del embrión en estructuras celulares con funciones distintas, precisas y bien
determinadas. Esta división asimétrica del cigoto, da lugar a dos blastómeros
desiguales y con diferente destino en el embrión. El blastómero con el
material celular que incluye el punto de entrada del espermatozoide, se divide
ecuatorialmente, también de forma asimétrica, antes que el otro blastómero.
Estas dos células asimétricas iniciales del embrión son las que van a dar lugar,
primero a su masa granulosa interna y posteriormente al cuerpo del embrión.
Después, se divide el otro blastómero, en este caso simétricamente, dando
así lugar al embrión de cuatro células. De estas dos últimas células se genera
el trofoblasto y la placenta. Además de la asimetría celular de los primeros
blastómeros, éstos poseen también componentes bioquímicos celulares
diferentes con funciones específicas y distintas, especialmente relacionadas,
con el desarrollo y función biológica específico de cada una de las células.
En efecto, las dos células que resultan de esta primera división celular tienen
diferente concentración de calcio, lo que contribuye a regular la expresión
génica de su genoma y a la cinética de su división celular. La célula con más
concentración de iones calcio se divide antes, generando así el embrión e
tres células. Esta división se realiza en un plano ecuatorial; posteriormente
se divide la otra por un plano meridional (7). Hacia las 24 horas de vida ya
el embrión tiene cuatro células. Como ya se ha comentado, las dos primeras
células ricas en calcio darán lugar a la masa granulosa interna y posteriormente
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al cuerpo del embrión y las dos con menor contenido en iones calcio darán
lugar al trofoectodermo extraembrionario, del que se formará la placenta.
Todo lo anteriormente comentado, encaminado a demostrar la organización
del embrión humano en sus primeras etapas de vida, y a que cada una de las
células tenga una función específica definida, ha sido corroborado por unas
sencillas y demostrativas experiencias del grupo de Zernicka-Goetz (8, 9) , en
las que comprueban que, tras marcar las dos primeras células de un embrión
de rata con distintos colores, una de rojo y otra de azul, a partir de la célula
teñida de rojo se formaba la masa granulosa interna del blastocisto, que, como
ya se ha referido, va a dar lugar al cuerpo del embrión y de la otra, la teñida de
azul, se derivan trofoectodermo extraembrionario del que a su vez se derivará
la placenta y tejidos que la sustentan.
Es decir, desde la primera división celular queda determinada la identidad
funcional de las dos primeras células del embrión, teniendo cada una de ellas
ya un papel concreto en el desarrollo embrionario. Esto hizo comentar a Helen
Pearson, en un artículo publicado en Nature (10), que la identidad biológica del
ser humano se establece a partir del primer día de vida del embrión.
Más recientemente se han descrito nuevos mecanismos que regulan la
diferenciación celular embrionaria hacia distintos linajes. Así, Plachta y colegas
(11), comprueban que la capacidad de diferenciarse de las células del embrión
de 4 a 8 blastómeros no solo depende de la concentración de Oct 4, como más
adelante comentaremos, sino también de la cinética de dicho factor entre las
células embrionarias, apoyando ello la idea de que las células embrionarias,
en sus estadios de desarrollo iniciales presentan diferencias moleculares que
afectan directamente a su destino biológico.
4.4. Influencia de la variación de los iones de calcio
Otro aspecto de interés, que también avala la organización del embrión
humano en estas primeras etapas de su vida, es que pequeñas variaciones de
la concentración y difusión de iones calcio en la zona de la capa pelúcida del
ovocito por donde penetra el espermatozoide, parecen jugar un activo papel en
los procesos de división y organización de sus primeras células.
En efecto, para que el espermatozoide pueda penetrar en el ovocito se
requieren fundamentalmente dos cosas, primero que sea activado por una
glicoproteína de la zona pelúcida del ovocito, la fertilicina, y segundo, la
existencia de señales que determinen el lugar por donde el espermatozoide
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ha de penetrar en el óvulo, lo que parece condicionado por el aumento de los
niveles de calcio iónico en esa zona. Además, parece ser que el incremento
de los iones de calcio en el punto de entrada del espermatozoide también
contribuye a regular los mecanismos responsables de la primera división
celular del cigoto. Igualmente, la concentración de iones calcio parece influir
en la distribución espacial de las células del embrión. En efecto, desde el punto
en el que el espermatozoide penetra al óvulo se produce una liberación de
iones calcio que se difunden como una onda hacia la zona opuesta, y en este
punto queda fijado el eje dorso-ventral del cuerpo embrionario.
Perpendicular a él, se establece el eje cabeza-cola, a falta de determinar
que polo será el cefálico y cual el caudal, lo que sucederá en la segunda
semana del desarrollo embrionario, con lo que queda fijado el eje derechaizquierda
del cuerpo del embrión (7). Además, se sabe que la concentración
del calcio extracelular influye también en la distribución espacial de las
células embrionarias, de forma tal que el que una célula se ubique a izquierda
o derecha del cuerpo embrionario depende de que exprese (izquierda) o no
(derecha) un gen, el denominado gen nodal, y esto depende de los niveles de
calcio existentes en cada una de estas partes.
4.5. Regulación genética de los mecanismos de diferenciación de las células
Otro aspecto a tener en cuenta, que sin duda va en contra de considerar
al embrión temprano como un simple conglomerado celular, es la regulación
genética de los mecanismos de diferenciación de sus células, que apunta hacia
un control epigenético específicamente determinado.
En efecto, se sabe que las células del embrión, a medida que progresa la
división celular, pierden plasticidad, es decir, van perdiendo la posibilidad de dar
origen a distintos tipos celulares. Este mecanismo surge, y en parte está regulado,
por la expresión de distintos genes, especialmente el Oct-4, existente ya en los
primeros blastómeros embrionarios, e incluso en el ovocito, que codifica un factor
de transcripción, necesario para que cada blastómero mantenga su totipotencia,
al frenar los impulsos de diferenciación procedentes de las células de su entorno.
En efecto, cada una de las células de un embrión de 3 a 5 días mantiene su
capacidad de diferenciarse a células de todo tipo de tejidos por la acción del
Oct-4, pero a medida que avanza el desarrollo del embrión sus células van
perdiendo actividad del Oct-4 y consecuentemente el mecanismo que tienen para
mantenerse indiferenciadas. Cuando llegan a células adultas diferenciadas, la
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actividad del Oct-4 prácticamente ha desaparecido, por el contrario, cuando estas
células diferenciadas se desdiferencian para retornar a su estado embrionario,
en los procesos de reprogramación celular se recuperan los niveles de Oct-4.
Existen otros genes que también contribuyen a que las células se mantengan
indiferenciadas, siendo de entre ellos el más significativo el Nanog.
4.6. Telomerasa
También la enzima telomerasa es un factor fundamental en la regulación
del ciclo vital de las células embrionarias. La telomerasa determina que
los telómeros (parte terminal de las cadenas de ADN que protege a los
cromosomas de su degradación) no se reduzcan de tamaño en cada división
celular, lo que prolonga su ciclo vital. El tamaño de los telómeros disminuye
con cada división celular, lo que hace que la célula envejezca. Por ello, en las
células madre embrionarias y en las células tumorales existen elevados niveles
de telomerasa que impiden la reducción de los telómeros, favoreciendo la
proliferación indefinida de estas células. Es decir, parece que los mecanismos
de envejecimiento de las primeras células embrionarias están finamente
regulados, lo que pensamos que solamente puede darse en entes biológicos
bien estructurados y nunca en un conglomerado celular.
4.7. Inmunotolerancia entre la madre y el feto
Todos los sistemas biológicos tienen una finalidad específica, dirigida a
cumplir un fin concreto para facilitar el desarrollo y mantenimiento del ser vivo
que los incluye. En este caso, el sistema inmunológico tiene como finalidad
fundamental luchar contra los elementos extraños que puedan introducirse en
un cuerpo vivo. De acuerdo con ello, cumplen con una finalidad fisiológica
fundamental cual es impedir las infecciones, pero por otro lado también
pueden dar lugar a procesos autoinmunes por los cuales el propio organismo
se autoataca, siendo esto causa de diversas e importantes enfermedades.
Sin embargo, existe una circunstancia, a nuestro juicio única en el sistema
inmunológico de los mamíferos, que es que dicho sistema inmunológico puede
inhibirse en la madre para permitir que un cuerpo extraño como es su hijo,
pueda insertarse en su organismo sin sufrir rechazo alguno. Es lo que ocurre
con la denominada inmunotolerancia entre la madre y el embrión.
Este proceso de inmuno tolerancia se fundamenta en la liberación de
componentes moleculares entre madre e hijo, que actuando localmente inhiben
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al acción de las células maternas responsables de rechazar al elemento extraño
que en ella trata de implantarse, lo que se consigue neutralizando la acción de
los linfocitos T, que producen sustancias tóxicas para las células del embrión
que tratan de implantarse, y los linfocitos B responsables de la producción de
los anticuerpos de rechazo.
4.8. Diálogo bioquímico embrión-madre
Otro hecho biológico que objetivamente sugiere que el embrión humano
es un organismo vivo organizado es el peculiar diálogo bioquímico que se
establece entre el embrión y su madre, que se inicia a partir del embrión y que
de alguna forma contribuye a regular su dinámica evolutiva por la trompa. En
efecto, durante su trayectoria por las trompas de Falopio el embrión de pocos
días de vida envía mensajes moleculares específicos, tanto a la trompa como
a su madre, a los que ambos responden con otros. Como se ha comentado
este diálogo bioquímico entre madre, trompa e hijo permite a éste avanzar
con la adecuada velocidad para poder acceder al útero materno en el momento
preciso para su adecuada implantación.
Como consecuencia de todo lo anteriormente expuesto, nos parece que la
compleja organización de ese ser vivo, que es el embrión humano preimplantado,
responsable de los procesos biológicos comentados, es incompatible con que
pueda ser un conglomerado celular sin organizar. Es decir, que el embrión
humano es un ser vivo de nuestra especie parece fuera de toda duda biológica
razonable.
5. Argumento Socio- Político
Adicionalmente a los argumentos biológicos anteriormente expuestos para
tratar de demostrar que el embrión recién fecundado es un ser vivo de nuestra
especie y que consecuentemente debe ser respetado en cualquier circunstancia,
existe otro recientemente dado a conocer, que es desde un punto de vista sociopolítico
de indudable interés para apoyar, aun más si cabe, que la vida humana
se inicia con la fecundación. Me refiero a la resolución de la Carta del Tribunal
Superior de Justicia Europea, de fecha 8 de octubre de 2011.
En efecto, este alto Tribunal, tras demanda del Tribunal Federal alemán,
que deseaba saber si es o no legal patentar líneas celulares embrionarias con
fines experimentales o clínicos, manifestó que “todo óvulo humano a partir
de la fecundación deberá considerarse un embrión, habida cuenta de que la
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fecundación puede iniciar el proceso de desarrollo de un embrión humano”.
Además, la definición del embrión humano que el Tribunal hace, también
incluye a los obtenidos no por fecundación, sino por transferencia nuclear
somática (clonación) y por partenogénesis.
La razón alegada por el alto Tribunal para definir el respeto que los
embriones humanos generados artificialmente merecen, es que “son aptos para
iniciar el proceso de desarrollo de un ser humano de la misma manera que el
embrión creado por fecundación de un óvulo”.
Es decir, claramente deja establecido el Tribunal Europeo que el cigoto, el
embrión humano de una sola célula, generado natural o artificialmente, debe
ser considerado como un individuo humano y consecuentemente digno del
mismo respeto que los adultos merecemos.
También el Alto Tribunal manifiesta que hay que excluir toda acción
que utilice embriones humanos con fines de investigación científica, salvo
aquellas en las que la finalidad terapéutica o diagnóstica sea útil para el
propio embrión. Es decir, el principio ético que rige las acciones que pueden
o no desarrollarse sobre un embrión humano, es el mismo que preside las
que pueden llevarse a cabo sobre un adulto, a saber, que deben sujetarse al
principio de proporcionalidad entre el riesgo que esa acción concreta merece
para ese individuo en particular y los beneficios que de ella puedan derivarse
directamente para él.
Creo que la resolución del Tribunal Superior de Justicia Europeo proporciona
fundamentación legal, por otra parte no necesaria, pues la biológica nos parece
suficiente, para poder sustentar que el embrión humano temprano es digno de
todo respeto por tratarse de un ser humano vivo, descartando así la posibilidad
de que, por razones investigadoras o terapéuticas, puedan practicarse sobre él
acciones que conlleven su destrucción.
6. Valor ontológico del embrión preimplantado
Siguiendo a Herranz (12), “se puede afirmar que el problema para adjudicar
una determinada categoría ontológica al embrión, no está exclusivamente en
el dato científico, como aquí creo que ha quedado claramente demostrado, está
en el rango ético que se le asigne a ese embrión humano, en la política moral
que se le aplique. Según una política de respeto, todo ser humano ha de ser
reconocido y tratado como tal, por su dignidad humana intrínseca, que lo hace
intangible.
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Según una política de poder y utilidad, el ser humano tiene la dignidad que
otros le conceden y nada más. Son los parlamentos, los padres, los medios, los
investigadores, los filósofos, la sociedad en general, quienes le conceden o no
dignidad y derechos, quienes determinan desde cuando y hasta cuando es sujeto
de esa dignidad. En este contexto de dignidad concedida por otros se negocia
la dignidad del embrión humano, y se le desprovee de ella cuando objetivos
científicos, comerciales o incluso de un pretendido humanitarismo lo aconsejan”.
Sin duda, esta última postura es un reflejo del pragmatismo que domina
la bioética europea contemporánea y que no hace sino asumir las corrientes
dominantes del modelo americano, el cual no ofrece otra solución ética a
los problemas biomédicos que no sea la consecuencialista, minimalista y la
pragmática, todo ello adobado por un fondo proporcionalista, que considera
que los beneficios que se derivan de la investigación con embriones superan al
respeto que esos embriones humanos merecen, algo contrario al personalismo
que antepone la dignidad del embrión, a cualquier otro bien que de su
manipulación se pudiera derivar, en consonancia con el imperativo kantiano de
que el hombre es un fin absoluto, que nunca puede utilizarse como medio, por
muy excelentes que parezcan los fines. Principio que mutatis mutandi puede
ser sin duda también aplicado al embrión humano.
7. Naturaleza del embrión humano obtenido por transferencia nuclear
somática
Como anteriormente se ha comentado, entre las distintas posturas sobre la
naturaleza biológica del embrión humano, está la de aquellos que consideran
que el embrión humano obtenido por transferencia nuclear somática
(clonación) es de naturaleza biológica diferente a la del cigoto obtenido por
vía natural, por fusión del óvulo y espermatozoide, incluso lo denominan de
forma diferente, como es nuclóvulo o clonote. Esta diferencia biológica la
basan fundamentalmente en que el clonote carecería de la información que
aporta la fusión de las membranas celulares de óvulo y espermatozoide, así
como del genoma masculino, información para ellos necesaria para que ese
clonote pueda desarrollarse hasta un ser humano adulto sano.
Esta teoría estaría avalada por el hecho biológico de que, hasta ahora, no
se ha podido conseguir la generación de individuos humanos por transferencia
nuclear somática (13) (Tabla 1). Aunque, sin embargo, si que se han conseguido
crear otros tipos de mamíferos, como fue en primer lugar la oveja Dolly.
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Si esta hipótesis fuera cierta, dado que a partir de un clonote no se podría
generar un ser humano adulto vivo, éste, el clonote, podría ser utilizado como
fuente de material biológico, especialmente células madre, para experiencias
biomédicas, sin dificultades éticas adicionales, pues aunque hubiera que
destruirlo para obtener el referido material biológico, se estaría destruyen un
ente biológico que, a su juicio, no puede llegar a desarrollarse nunca hasta
un individuo adulto. Es decir, no se estaría hablando de un embrión humano,
todo lo más de un cuerpo embrioide. Pero si los blastocistos producidos por
clonación pudieran seguir desarrollándose hacia un ser adulto, algo que hasta
el momento se desconoce, sería aventurado afirmar que los clonotes pudieran
ser utilizados para experiencias biomédicas sin dificultades éticas, dado que su
naturaleza no viene determinada por el mecanismo utilizado para su generación,
transferencia nuclear somática, si no por la naturaleza del individuo adulto
producido, naturaleza que a nuestro juicio es difícil afirmar que no sea la de un
ser de nuestra especie.
8. Argumentos contrarios a que el cigoto sea un individuo humano
Sin embargo, para algunos existen argumentos contrarios a la catalogación
del cigoto como un individuo humano biológicamente definido. Entre ellos,
es el problema de la unicidad e indivisibilidad del cigoto, esencialmente
derivada del hecho de su posible gemelación hasta los 14 días de su desarrollo,
el que más polémica suscita. Los que esto defienden argumentan que si el
embrión puede dividirse no sería un individuo. En contra de ello se podría
afirmar que el embrión, en sus primeros días de vida, es único pero divisible,
posteriormente, al avanzar su ciclo vital, se convertiría en un ser, asimismo
único, pero indivisible. Habría que aclarar que individualidad e indivisibilidad
son conceptos distintos.
El que un individuo biológico pueda dividirse no va en contra de su
individualidad, como no va en contra de la unicidad de los animales más simples,
especialmente los unicelulares, el que puedan dividirse. Esto es especialmente
cierto para aquellos animales que se reproducen partenogenéticamente. Creo
que ningún experto biomédico se atrevería a afirmar que estos animales no
son individuos de su especie, antes de dividirse, y que los que emergen de esa
división no son individuos distintos de esa misma especie.
Resumiendo, el concepto biológico de individuo no implica que no
pueda dividirse, sino que en él existe una estructura viviente organizada con
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las características propias de los individuos de su especie. El concepto de
individuo en biología no se refiere tanto a la imposibilidad de división, como a
que exista una verdadera organización que dota a ese ente biológico concreto
de la categoría de viviente.
Otros afirman que la vida humana empieza con el embarazo, es decir, que
ésta se inicia con la consolidación en la implantación del embrión en el útero
materno y que por tanto cualquier manipulación de ese ser biológico antes de
que se inicie el embarazo, es decir, antes de la implantación, es éticamente
admisible, pues no se estaría actuando sobre un ser humano en desarrollo, sino
sobre lo que ellos denominan preembrión.
A nuestro juicio, es un error elemental confundir viabilidad con ser vivo. La
viabilidad exige la existencia previa de un ser vivo que posteriormente puede
ser destruido. Por otro lado, algunos de los defensores de esta teoría, afirman
que para garantizar su viabilidad es requisito indispensable que el embrión
pueda alimentarse, circunstancia que no se cumpliría según ellos, hasta que
éste consolide su implantación en el endometrio materno, pero a éstos habría
que recordarles que el embrión ya se alimenta de material suministrado por su
madre antes de la implantación, pues desde la impregnación del óvulo por el
espermatozoide, hasta su implantación, es decir, durante los días que dura el
trayecto del cigoto/embrión por la trompa de Falopio, aproximadamente cinco,
hasta su definitiva acomodación en el útero materno, el nuevo ser se alimenta
del material contenido en el citoplasma del propio óvulo, que naturalmente ha
sido suministrado por su madre.
La idea de que la vida embrionaria comienza con la implantación, es decir
a partir del día 14 posterior a la fecundación, fue propuesta en 1979 por el
“Ethics Advisory Board”de los Estados Unidos, y posteriormente refrendada,
en 1984, por la Comisión australiana Waller y sobre todo por la Comisión
Warnock (15), que también en 1984, comenzó a utilizar el término preembrión
para designar al embrión preimplantado.
En relación con que la vida humana se inicia con la consolidación de la
implantación, nos parece muy ilustrativo un reciente artículo (14) en el que se
constata que el 57% de los ginecólogos norteamericanos creen que la gestación, y
por tanto la vida humana- pues si no hay un ser vivo difícilmente podrá gestarse-,
comienza con la fecundación, y solamente un 28% creen que ésta se inicia con la
implantación del embrión en su madre, o que sin duda apoya decididamente que
la vida humana no se inicia con la gestación sino con la fecundación.
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9. Consideración final
De todo lo anteriormente expuesto nos parece, sin temor a errar, que
claramente se puede afirmar que la vida de un ser humano se inicia con la
fusión de los pronúcleos, masculino y femenino, es decir con la fecundación,
y que por tanto ese embrión primigenio es merecedor de todo el respeto que a
todo ser humano adulto se le debe, lo que consecuentemente condicionará que
cualquier manipulación del embrión humano temprano no dirigida a su propio
bien, y especialmente su destrucción, sea éticamente inaceptable.
Pero, a nuestro juicio, aun hay otro argumento si cabe más definitivo
para defender la inviolabilidad del embrión humano temprano, cual es que
la vida humana es poseedora de tal dignidad, consecuencia directa de su
propia naturaleza, que bastaría la duda de que ese ente biológico recién
generado, el embrión, pudiera ser un ser humano para que hubiera que
respetarlo incondicionalmente. Es decir, y con ello termino, no sería ni
incluso necesario que los que afirmamos que la vida humana se inicia con la
fecundación pudiéramos demostrarlo, cosa que creo si hemos hecho, sino que
los que defienden que ese embrión puede destruirse impunemente tendrían que
demostrar que esa vida recién generada no es humana y esto, en lo que a mi
conocimiento alcanza, o hay nadie que lo haya conseguido.
Referencias bibliográficas:
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2. Aznar, J. Medicina e Morale 1; 15-21, 2010
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5. Aznar, J, Mínguez JA. Loss of human embryos secondary to in vitro fertilization. Medicina e
Morale 4; 613-616, 2012
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7. López Moratalla, N., Santiago, E., Herranz, G. Cuadernos de Bioética 22;2011/2ª, págs 283-
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8. Gardner, R. et al. Development 128; 839-847, 2011
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11. Plachta, N. et al. Nature Cell Biology 13; 117-123, 2011
12. Herranz, G. Entrevista realizada por Antonio García Prieto con motivo de una conferencia
impartida en Logroño (16-II-2001)
13. Aznar, J. Clonación, células madre y reprogramación celular. www.observatoriobioetica.com.
Apartado de presentaciones. Abril 2010
14. Chung, GS. et al. American Journal of Obstetrics and Gynecology 206;132.e 1-7, 2012   

5. Retos éticos alrededor de la vida humana naciente.

Algunas ventajas del uso de células madre adultas vs células madre embrionarias en medicina regenerativa.

Un importante problema en relación con la utilización de células madre embrionarias en la medicina regenerativa, es que por su gran indiferenciación pueden provocar tumores en el receptor del trasplante. Esto parece no ocurrir cuando se utilizan células adultas. En este sentido, en un reciente estudio que se comenta en JAMA (309; 1458-1459, 2013), los autores comprueban que utilizando células mesenquimales (un tipo de células madre adultas) en el tratamiento del infarto de miocardio, ningún paciente desarrollo ningún tipo de neoplasia.

“One of Us” recoge 1.869.852 firmas en defensa del embrión humano.

En la campaña “On of Us”, con fecha 11 de noviembre se habían recogido 1.896.852 firmas, lo que supera ampliamente el millón de firmas requeridas para que se pueda plantear en Europa la iniciativa legislativa popular en defensa del embrión humano.

6. El termino preembrion en el nuevo proyecto de ley de reproduccion asistida.

7. Colaboración: Por qué firmé el Manifiesto de Madrid.