Observatorio de Bioética, UCV

Clonación

3.1.1.- Clonación. Aspectos generales. Situación jurídica y social en distintos países
3.1.2.- Clonación humana 
3.1.3.- Clonación animal e hibridación. Experiencias interespecies 
3.1.4.- Declaraciones personales o institucionales sobre la clonación
3.1.5.- Declaraciones personales o institucionales de la Iglesia Católica sobre la clonación
3.1.6.- Aspectos económicos relacionados con la clonación. Patentes.
3.1.7.- Valoración ética y legal sobre la clonación humana o animal. Donación de óvulos.

3.1.1.- Clonación. Aspectos generales. Situación jurídica y social en distintos países

1. Clonación. Conceptos generales.

Al iniciar una reflexión ética sobre la clonación terapéutica, creo que la primera puntualización que habría que hacer es que, como muy bien indica en una reciente publicación suya, el profesor de Biología Molecular de la Universidad de Murcia, LM Pastor, no se debería hablar de clonación terapéutica, atribuyéndole una valoración ética aceptable, oponiéndola a clonación reproductiva que sería rechazable. No existe, como algunos autores han subrayado, una clonación éticamente lícita y otra éticamente ilícita. Poner determinados adjetivos a la clonación para tratar de oscurecer su significado, puede que semánticamente responda al objetivo de contraponer el beneficio que los pacientes pueden obtener de ese hecho, en este caso la clonación, frente a una actitud obstaculizadora de la ciencia; pero considerando el hecho científico en si mismo, se aprecia claramente que clonar es siempre una acción reproductiva, independiente del fín que se le de al producto de tal reproducción, sea destruirlo al poco tiempo, como ocurre en la clonación terapéutica, o dejarlo crecer y nacer como sucede en el caso de la clonación reproductora. Es decir, parece que no se deberían marcar diferencias entre ambos tipos de clonaciones, y que lo que hay que hacer es valorar éticamente la clonación como tal, por lo que es muy importante seguir reflexionando sobre la realidad del sujeto clon.

Lo que si parece razonable admitir, es que, además de las incertidumbres de orden filosófico, antropológico y social, relacionadas con la clonación, existen otras de cáracter biológico, que oscuren, si cabe más, el juicio ético sobre la misma. Las recientes noticias sobre el prematuro envejecimiento de la oveja Dolly, manifestado especialmente por una artrosis en una de sus patas, han cubierto a la clonación de una nube de dudas que ha hecho que gran parte de los hombres de ciencia hayan expresado su reticencia sobre la misma. Es indudable, que el desconocimiento de los procesos de reprogramación epigenética, y del papel que estos puedan jugar en la coordinación genética del desarrollo morfológico del nuevo ser, no permite, por el momento, controlar los resortes biológicos necesarios para corregir las dificultades e incertidumbres que sobre la clonación, existen.

La reprogramación epigenética, en la clonación, se realiza en un breve plazo de tiempo, demasiado corto para que los genes contenidos en la célula donante del material genético puedan expresarse adecuadamente. En este sentido, Ian Wilmut, señala que, por el momento, no existe ningún dato científico la sobre la desrregulación de los genes en la clonación humana que nos pueda dar luz sobre cómo estos procesos pueden influir en el desarrollo morfogenético del animal clonado. Por otro lado, las anomalías que se pueden producir en los animales clonados por esta causa, no pueden observarse en el núcleo de la célula donante, ya que no existen, ni parece que vayan a existir en un futuro inmediato, métodos que permitan examinar el estado epigenético completo del genoma. Es decir, se desconoce como puede influir la reprogramación epigenética en el producto de la clonación y también como se pueden detectar estas anomalías en caso de que existan. Muchas dudas, para poder aplicar con seguridad estos procesos al hombre.

Además de ello, según el profesor Peter Millard, del St George`s Hospital Medical School de Londres (BMJ 323, 805, 2001), la idea de que las células madre obtenidas por clonación serán genéticamente similares a las del adulto que ha proporcionado el material genético debe de ser revisada pues, como bien se sabe, los animales nacidos por clonación realizada por trasplante nuclear de material genético, no son exactamente idénticos a los animales de los cuales se ha obtenido el núcleo transplantado. Ellos heredan el DNA mitocondrial del ovocito enucleado, y la implicación que ésto pueda tener en el desarrollo de los embriones creados por este procedimiento no es bien conocida, especialmente si se tiene en cuenta que dentro de esta misma área, tampoco se conoce como pueden influir en el DNA mitocondrial los procedimientos técnicos utilizados en la clonación y, por tanto, no se puede saber en qué medida estos embriones podrán sufrir en su evolución biológica las alteraciones mitocondriales anteriormente comentadas. Es posible que una carga genética mitocondrial alterada pueda estar relacionada con los importantes problemas bioquímicos y morfológicos que se están detectando en los animales obtenidos por clonación (New Scientist 2001 May 19: 14-5), ya que las alteraciones de las mitocondrias podrían explicar algunos de ellos, pues no cabe olvidar que cuatro procesos bioquímicos esenciales para el organismo (el ciclo del ácido nítrico, la cadena respiratoria, la fosforilación oxidativa y la oxidación de los ácidos grasos) tienen lugar en las mitocondrias. Una alteración en cualquiera de estos sistemas podría producir serios problemas bioquímicos en los animales clonados, como pueden ser ceguera, defectos musculares, diabetes y sordera. También los componentes mitocondriales pueden mediar la apoptosis, lo que podría repercutir en procesos neurodegenerativos e incluso en desarrollos tumorales. Por otro lado, como la expresión fenotípica de estas alteraciones puede estar condicionada por factores ambientales, las enfermedades mitocondriales pueden permanecer ocultas en el recién nacido y no manifestarse hasta la edad adulta.

Por otro lado, tampoco el procedimiento técnico de la clonación, cuando se ha aplicado a humanos, no parece estar bien dominado, pues no hay que olvidar que para obtener los tres embriones que se consiguieron, en las experiencias, se utilizaron 71 óvulos, donado por 7 mujeres. Para el material genético se utilizaron fibroblastos dérmicos. La transferencia nuclear se aplicó a 19 óvulos, de los que se lograron más de 10 embriones, de los que tres se desarrollaron hasta un estadio de 6 células, muriendo, por tanto, los tres embriones antes de que se pudieran desarrollar en los mismas células madre útiles para la regeneración de tejidos.

Todo lo anterior apunta a la falta de rigurosidad científica del trabajo en el que se comunicó, la clonación de los tres embriones humanos ya citados, lo que ha propiciado que John Gearhart y Marc Peschansky, miembros del Consejo Científico del Journal of Regenerative Medicine, revista que publicó esta clonación de humanos, hayan dimitido del Consejo Editor, al estar en completo desacuerdo con la publicación de esas experiencias en una revista científica que se tilda de seria. En este sentido, John Gearhart, en una entrevista realizada estos días en la BBC, afirmaba que el trabajo habia fallado y que por tanto las experiencias no se debían haber publicado. Esta visión científica es también compartida por el editor de Science y antiguo presidente de la Universidad Stanford, Donald Kenedy, quien en una entrevista en Newsday (5 XII-2001), afirmaba, que de la lectura de ese artículo había aprendido que sus resultados no constituyen ningún avance que pueda interesarnos. Igualmente Harold Varmus, anterior director de los Institutos Nacionales de la Salud de EEUU, escribió en esas mismas fechas, en el New York Times; que el estudio había supuesto un escaso progreso experimental y no aportaba ninguna idea nueva. Más aún, una investigadora de la propia firma farmacéutica (ACT) en donde se clonaron los tres embriones humanos, Tanja Diminko, en una entrevista realizada en Washington, con motivo de un Congreso sobre Medicina Regenerativa (Reuters, 3-XII-2001), afirmaba que sus colegas no habian tenido éxito en el intento de clonar un embrión humano. Se podría pensar, dice Diminko, que con el sistema experimental utilizado se podrían fabricar seres humanos, pero esta metodología solo parece servir para primates. Además añadía, “que los experimentos de clonación de embriones de primates comenzaron bien pero al final también fueron un desastre”.

Todo parece movido más por intereses comerciales que científicos. En este sentido, Robert Goldsten, responsable científico de la Diabetes Research Foundation, concreta en una entrevista en el Boston Global (5-XII-2001) “si yo fuera responsable de una compañía farmaceútica, normalmente haría aquello que pudiera producirme beneficios. Y ésto es lo que, al parecer, se propusieron los responsables de la ACT al publicar la noticia.

Extrapolando estos razonamientos, es decir las incertidumbres biológicas que existen en relación al desarrollo de animales o humanos clonados, a los tejidos obtenidos a partir de células madre embrionarias, nos podemos preguntar ¿quién nos puede asegurar que no existirán las mismas incertidumbres cuando lo que se quiere obtener sean tejidos procedentes de células madre embrionarias? Como indica Masdeu, antes de poder utilizar células madre embrionarias para intentar tratar enfermedades humanas deberíamos conocer los factores que regulan su reproducción, causan su diferenciación hacia el tipo de células deseadas y les permiten establecer conexiones fisiológicas con otras células, de modo que su crecimiento y actividad puedan ser regulados convenientemente. Sin tener este conocimiento la utilización de células madre de embriones humanos para tratar enfermedades es incierto. Por ello, estimo que no hay que olvidar que aunque estudios recientes han mostrado el potencial de diferenciación de las células madre embrionarias, las señales intracelulares que controlan la proliferación, diferenciación y supervivencia de las células madre no han sido todavía bien identificadas. Los mecanismos intracelulares que regulan el destino de las células madre están también emergiendo; muchos de ellos incluyen segundos mensajeros, factores de transcripción nuevos y nuevas funciones de las telomerasas. La posibilidad de que una alteración en el número o plasticidad de las células madre pueda contribuir al envejecimiento y/o al desarrollo de enfermedades relacionadas con el envejecimiento, sugerido por los recientes hallazgos en Dolly y otros animales, está por determinar, todo lo cual hace que se deba ser muy prudente con el manejo de células madre embrionarias como fuente de tejidos u órganos, con vista a la medicina reparadora.

Pero a nuestro juicio, cuando específicamente nos referimos a la clonación terapéutica, la intención de crear embriones humanos para después destruirlos agrava, si cabe aún más, la valoración ética negativa que merece la clonación sin ningún adjetivo, al convertirla en un medio por el que unos seres humanos son creados exclusivamente para provecho de otros. Un abuso de los más fuertes sobre los más débiles, una disposición de unos por otros, contraria a la igualdad ontológica y de derechos de todos los seres humanos. Así pues, destruir a unos seres humanos para salvar a otros parece algo contradictorio y opuesto a la pretendida finalidad humanitaria con que se quiere justificar la clonación terapéutica. Además, incrementaría el grado de desprotección en que poco a poco se ve envuelto el embrión humano, por lo que éste adquiriría un grado más de cosificación. Simplemente se le consideraría como un material biológico sujeto a las leyes del mercado o a intereses sanitarios personales o sociales. Como recientemente afirmaba, el profesor Herranz, director del Departamento de Bioética de la Universidad de Navarra y catedrático de Anatomía Patológica de ese centro educativo, ningún científico se atreve a negar hoy día que el zigoto humano sea un ser humano. El problema no está en el dato científico. Está en el rango ético que uno le asigne al embrión humano, en la política moral que se le aplique. Según la política de respeto, todo ser humano ha de ser reconocido y tratado como tal, por su dignidad humana intrínseca, que lo hace intangible, aunque sea diminuto y débil. Según una política de poder y utilidad, el ser humano tiene la dignidad que otros le conceden y nada más; son los parlamentos, los padres, los médicos, los investigadores, los filósofos, la sociedad en general, quienes le conceden o no dignidad y derechos humanos, quienes determinan desde cuando y hasta cuando es sujeto de esa dignidad. En este contexto de dignidad concedida por otros se negocia la dignidad del embrión humano, y se le desprové de ella cuando objetivos científicos, comerciales, o incluso de un pretendido humanitarismo, lo aconsejan. Como afirmaba Kant, el hombre es un fin absoluto, que nunca puede utilizarse como medio, por muy excelentes que parezcan los fines. Principio que mutatis mutandi puede ser aplicado al embrión humano.

Pero, ¿se podría decir que esta consideración ética negativa para utilizar células embrionarias humanas para el tratamiento de diversos e importantes enfermedades degenerativas y metabólicas, dentro del contexto de la medicina reparadora, supone frenar la investigación médica en este terreno? ¿Se podría decir que los que se oponen a la clonación terapéutica, entre los que me encuentro, están frenando el desarrollo científico, cómo frecuentemente suele manifestarse en algunos medios de comunicación social? De ninguna manera. Cuando se planteó hace unos años la conveniencia, de construir la autovía de Valencia a Madrid, no se puso por nadie en duda su necesidad para el desarrollo de esta Comunidad, lo único que a algunos les parecía conveniente era que su trazado tratara de preservar la Hoces del Cabriel, que respetara la naturaleza; de ninguna manera nadie se opuso a su construcción, sabiendo el impacto que ello podía tener en el desarrollo económico-social de esta parte del país. No se trataba de no construir la autovía, sino de encontrar un trazado alternativo adecuado. Pues, con la utilización de células madre ocurre otro tanto. No se busca en ningún caso frenar el desarrollo de la medicina reparadora, no se trata de privar a los pacientes del indudable bien que supone el poder encontrar un remedio eficaz para sus dolencias, lo que se quiere encontrar es una alternativa a la utilización de células madre embrionarias, y ésto es lo que brevemente vamos a repasar ahora.

2.- Posición socialista ante el debate sobre las células madre embrionarias.

No cabe duda que es grande el interés que suscita la posible utilización, con fines de investigación y clínica, de células madre embrionarias. En este sentido, tras la publicación del informe de la Comisión de Ética en la Investigación Científica y Tecnológica, sobre la utilización de células madre, han sido cuatro las “Tribunas” que Diario Médico ha dedicado a este tema, suscritos por Mónica López de Barahona, miembro de la citada Comisión, Luis Miguel Pastor y por mí mismo, además de un cuarto por Matilde Valentín, portavoz de Sanidad del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados. Y, a este último quiero referirme. En oposición a los tres primeros autores, Matilde Valentín se muestra partidaria de la utilización de células madre embrionarias. En primer lugar quiero comentar algún error biológico, que su artículo contiene, como es afirmar como aspecto negativo de las células de tejidos adultos, “su rechazo inmunológico”, cuando es sabido que precisamente la ausencia del mismo, es una de las características de este tipo de células, que avalan la conveniencia de utilizarlas. Por otro lago, defienden la utilización de células madre embrionarias afirmando que: “en teoría (son) las que tienen mayores posibilidades, las que tienen mejor perfil, las que tienen mayor índice terapéutico”. No voy aquí a entrar en polémica con la Portavoz de Sanidad del Grupo Socialista, sobre las ventajas que tienen las células madre embrionarias con respecto a las células madre adultas de cara a la medicina regenerativa y reparadora, solamente voy a transcribir algunos comentarios sobre este tema aparecidos en el último número de Circulation, que, como seguramente conoce Matilde Valentín, es la revista de Cardiología con mayor factor de impacto. Dice Circulation (107; 935, 2003) “aunque las células troncales embrionarias han mostrado tener mayor potencia para proliferar y diferenciarse que las células troncales adultas, su escasa disponibilidad y problemas éticos dificulta su aplicación clínica”. En otro artículo (Circulatión 107; 939, 2003) se afirma: “aunque las células madre embrionarias tienen una excepcional capacidad de proliferar y diferenciarse, su potencial inmunológico, arritmogénico y especialmente las dificultades éticas, limitan su utilización actual”. Finalmente, en otro artículo (Circulatión 107; 929, 2003)) se comenta: “aunque recientemente se ha mostrado que las células troncales embrionarias humanas pueden diferenciarse a cardiomiocitos, a causa de su inmunogenicidad y posibilidad de ser rechazadas, así como también por consideraciones éticas, estas células deben ser restringidas para estudios experimentales in vitro y su potencial aplicación terapéutica debe ser aún determinada” y continúa: “por el contrario, las células troncales adultas (hematopoyéticas, mesenchimales), que se encuentran en los tejidos maduros, por ejemplo, la médula ósea, por su plasticidad pueden probablemente generar líneas celulares diferentes a su órgano de origen. Así pues, estas células pueden ser utilizadas para la regeneración de órganos y para la reparación celular en varias especies, así como en humanos. No existen problemas éticos para la utilización de células madre adultas autólogas, y, aunque debe ser todavía hecho mucho trabajo experimental, su relevancia clínica y beneficio terapéutico en la enfermedad cardíaca ha sido mostrado recientemente por primera vez”. En el mismo artículo los autores incluyen un cuadro sobre las ventajas y desventajas de utilizar células madre embrionarias o adultas, que por su extensión no voy a transcribir, aunque no me resisto a referirme a las desventajas que apuntan con respecto a las células madre embrionarias: “Objeciones éticas; dificultad para aislarlas; riesgos de rechazo; necesidad de utilizar terapia inmunosupresora; potencial peligro de desencadenar arritmias; alto riesgo de teratocarcinomas; aplicación clínica no previsible antes de 10 a 20 años; carencia de marcadores específicos que los identifiquen”. Creo señora Valentín que son suficientes argumentos como para que usted y su partido reflexionen sobre la campaña mediática que están promoviendo para que sea legalizada en nuestro país la utilización clínica y experimental de células madre embrionarias.

índice

3.1.2.- Clonación humana

1. Clonación de embriones humanos.

El pasado jueves día 12 se conoció que un equipo de investigadores surcoreanos habían clonado los primeros embriones humanos. Sin duda, es éste un hecho científico importante, que suscita de inmediato la necesidad de una profunda reflexión. Dos son los principales aspectos sobre los que hay que incidir. Sus connotaciones éticas y los problemas científicos inherentes a ese evento experimental. De entrada hay que dejar bien establecido que para poder utilizar las células madre de los embriones clonados hay que destruirlos. Esta es una circunstancia que no se puede eludir al realizar un juicio sobre el descubrimiento que se comenta. Cualquier investigación que se pudiera iniciar con el material biológico obtenido de esos embriones, ineludiblemente requeriría la destrucción de una vida humana. Por lo que al realizar una valoración global sobre la creación de los primeros embriones humanos para ser utilizados con fines de investigación, no se puede obviar esta realidad.

Otro aspecto del problema que hay que tener en cuenta, y que rara vez se comenta, es la inadecuación de denominar terapéutica a este tipo de clonación. Con las células madre que hipotéticamente se pudieran obtener de esos embriones clonados no se va a iniciar ningún procedimiento terapéutico. Con ellos se van a realizar investigaciones biomédicas, posiblemente importantes, pero no orientadas a curar directamente enfermos. Pero ello, para acercarnos al hecho biomédico que se comenta, habría que denominarlo clonación investigadora o experimental, pero nunca terapéutica, término que sin duda se ha acuñado y se mantiene, para tratar de avalar por su fin, la posible curación de pacientes, lo inadecuado del medio utilizado, la clonación de embriones humanos que tienen que ser destruidos.

En el campo de lo estrictamente científico hay que señalar que ya en noviembre de 2001 se público un trabajo en el que un grupo de investigadores de la firma Advanced Cell Technology, afirmaba haber clonado un embrión humano, aunque según ellos, detuvieron su desarrollo en el estadio de seis células. Sin embargo, la experiencia de los investigadores norteamericanos suscito importantes reservas en la comunidad científica, por lo que en realidad no ha llegado a computarse como verdadera clonación de un embrión humano. Ahora parece ser que el equipo surcoreano si que lo ha conseguido.

Sin embargo, creo que, además de las enormes dificultades éticas inherentes a la clonación terapéutica, también existen grandes incertidumbres biológicas sobre la posible utilización de células madre obtenidas de esos embriones clonados para fines médicos. No es posible aquí realizar una valoración técnica exhaustiva, pero si esbozar algunas de estas dificultades.

En primer lugar se conoce bien, que al diferenciarse las células madre embrionarias a células de otros tejidos, un porcentaje importante de ellas derivan hacía células tumorales. Este porcentaje se cree que no es inferior al 30 % de las células generadas. Por ello, no se podría excluir que un porcentaje elevado de las células implantadas a un hipotético paciente (en este caso solo serviría para la mujer que ha donado la célula somática a partir de la cual se han obtenido el embrión clonado) se convirtieran en células tumorales. Algo que parece absolutamente inadmisible desde un punto de vista médico.

La segunda consideración es que, como muy bien se sabe, gran parte de los animales hasta ahora clonados, han padecido importantes problemas médicos. No hay que olvidar que la oveja Dolly sufrió un envejecimiento prematuro. Pero, además, otros animales han presentado otro tipo de enfermedades o malformaciones. Esto hace que difícilmente se puedan utilizar para costosas investigaciones biomédicas unas células que no se conoce a ciencia cierta, y nunca mejor aplicado el termino, en que condiciones se encuentran, pues los resultados que se obtuvieran a partir de ellas siempre podrían estar influidos por la no idoniedad de los células utilizadas para llevarlos a cabo.

Así mismo, es conocido que la información necesaria para el adecuado desarrollo del embrión, no solamente esta localizada en el genoma del óvulo y del espermatozoide, sino también en las membranas embrionarias de ambas células y que, por tanto, el embrión clonado carecería de esta necesaria información, lo que podría alterar gravemente su desarrollo.

Igualmente se sabe que los denominados mecanismos epigenéticos (aquellos que no están regulados por el genoma en sentido estricto) que regulan la desdiferenciación de las células somáticas (proceso importante en la clonación terapéutica) y la ulterior diferenciación de las células embrionarias a células de los diversos tejidos, son procesos biológicos complejos cuyo fundamento está muy lejos de ser conocido, lo que añade una dificultad más para el responsable uso terapéutico de las células madre obtenidas de esos embriones.

Adicionalmente varios mecanismos más influyen en el desarrollo del embrión, entre ellos el punto por donde penetra el espermatozoide, el denominado “homing”, o lugar en donde se van colocando las células que después tienen que diferenciarse a células de los diferentes tejidos, las informaciones intercelulares que se establecen entre las distintas células, o el papel que juega el denominado ADN chatarra (que constituye 90 % del ADN humano), hasta ahora prácticamente desconocido.

Es decir existen tantas incertidumbres biológicas alrededor del desarrollo de esos embriones clonados y de sus células, que pensar en una utilización inmediata de las mismas con fines terapéuticos es algo utópico en el momento actual. La única vía real para poder avanzar por la senda de la medicina regenerativa y reparadora, es la utilización de células madre adultas, y para ello no existe ninguna traba ética (Las Provincias, 17-II-2004).

2. La clonación humana conseguida por los investigadores coreanos. 

Con la perspectiva que dan los casi cuatro meses transcurridos desde que un equipo dirigido por Woo Suk Hwang, en el que intervinieron investigadores de las universidades de Seúl (Corea) y Pittsburg (EEUU), publicó en la edición electrónica de la prestigiosa revista Science (Science 2005; DOI: 10.1126/science 1112286) el 19 de mayo de 2005, sus experiencias sobre la clonación de un embrión humano obtenido por transferencia nuclear somática (clonación terapéutica), a partir de material genético extraído de células de tejidos adultos de varios pacientes, merece la pena realizar una sosegada reflexión sobre lo que, a nuestro juicio, representan para el concierto científico internacional tales experiencias.

En primer lugar creo de justicia resaltar el respeto científico que el equipo dirigido por el doctor Hwang merece. No es inhabitual que a la vista de experiencias tan llamativas y con tan amplia repercusión mediática, la tendencia natural tienda a valorar con excesivas cautelas tales investigaciones, poniendo en tela de juicio la seriedad científica de las mismas, especialmente cuando estas proceden de un país asiático. Pues bien, creo que este temor hay que descartarlo, y que las experiencias coreanas y norteamericanas merecen pleno respeto científico.

En efecto, no fueron estas experiencias la sinfonía casual de una súbita, y probablemente, irrepetible genialidad científica, ya que, el equipo coreano ya consiguió en febrero de 2004 (ver Provida Press nº 155; www.provida.es/valencia) la clonación del primer embrión humano (antes se habían publicado un par de experiencias previas, pero carentes de las cautelas científicas que cualquier investigación seria requiere) obtenido por transferencia nuclear somática. Ya aquel avance experimental despertó un interés inusitado, con amplia repercusión en los medios de comunicación, tanto científicos como de carácter general. En esa ocasión el doctor Hwang y sus colegas consiguieron generar un embrión humano, al que se le permitió desarrollarse hasta la fase de blastocisto (embrión de 64 a 200 células), obteniéndolo tras introducir el núcleo de unas células obtenidas del ovario de una mujer, células de carácter bastante similar al embrionario (el corpus ooforus), en un ovocito de esa misma mujer, al que previamente se le había extraído el núcleo. Posteriormente este ovocito, con el nuevo núcleo injertado, fue activado y se consiguió iniciar el desarrollo de un embrión, al que como se ha comentado, se le permitió desarrollarse hasta blastocisto. De él, de su capa granula interna, se obtuvieron las células madre a partir de las cuales se consiguieron cultivar diversas líneas celulares de las que teóricamente se podían derivar células de varios tejidos que, posteriormente, podrían ser transplantados a la propia mujer.

Pero, a pesar de su interés, estas primeras experiencias, tenían aún grandes limitaciones: a) la primera, su escasa eficiencia, pues para conseguir generar el primer embrión se requirió utilizar 242 óvulos. Esto presuponía la no posibilidad de poder aplicar la técnica en la clínica humana, pues no es factible conseguir 242 óvulos, por el elevado número de mujeres que para ello se requieren, para conseguir un solo embrión del cual se pudieran extraer las células madre, de las que podrían derivarse las células de los distintos tejidos que podrían ser hipotéticamente trasplantados a la mujer que había donado el núcleo necesario para generar el embrión clonado; b) la segunda y más importante dificultad era la naturaleza de las células que donaron el material genético, ya que estas eran células de por sí muy indiferenciadas, es decir, células en las que su genoma se encuentra en un estado de indiferenciación muy parecido al de las células embrionarias, pués fueron obtenidas del corpus ooforus de la propia paciente. El utilizar material genético de células muy indiferenciales se hizo porque para que el embrión pueda desarrollarse se requiere que el núcleo de la célula que proporciona el material genético esté en un estado evolutivo similar al embrionario; c) la tercera dificultad era en esta primera experiencia óvulos y material genético transplantados procedían de la misma persona. Una mujer sana, por lo que ella no requería directamente que se le realizara ningún transplante celular. Por tanto, en este caso, las células conseguidas no se podrían trasplantar a ningún otro enfermo distinto de la mujer que donó el material genético. Es decir, ésta fue una experiencia realizada únicamente para demostrar la posibilidad de generar embriones humanos por transferencia nuclear somática, pero no orientada a producir células útiles para trasplantes celulares a pacientes con algún tipo de enfermedad degenerativa o traumática; d) la cuarta limitación era que las células obtenidas con este método, solo podrían ser utilizadas por mujeres, por lo que en caso de querer aplicarlas clínicamente no servirían para varones.

Por tanto, en ese momento no se podía aún realizar la clonación de un embrión humano utilizando el genoma de células de tejidos adultos, pues estas están muy diferenciadas, es decir prácticamente sólo tienen capacidad de generar células de su propio tejido. Por ello, los autores coreanos debían intentar reproducir sus experiencias, pero utilizando material genómico extraído de células adultas, ya que éste es el único camino para que la técnica pudiera tener aplicación clínica.

Esto ya se había conseguido anteriormente en mamíferos, distintos de los primates, pues como bien se sabe, el gran avance del equipo de Ian Wilmut, el que consiguió generar la oveja Dolly, fue precisamente que consiguieron desdiferenciar el núcleo de células de la ubre de la oveja, es decir células adultas, hasta un estadio de indeferenciación similar al de las células embrionarias y entonces fue cuando se hizo posible activar el genoma trasplantado y que se iniciara el desarrollo de la oveja Dolly. Esto, que, como se ha referido, se había conseguido en mamíferos, como la oveja Dolly y posteriormente en otros, no se había conseguido en el hombre, y tampoco fueron capaces de conseguirlo Kwang y sus colaboradores en sus experiencias de febrero de 2004. Por eso, en esa fecha, se veía muy lejana, incluso por los propios coreanos, la posibilidad de poder utilizar células somáticas adultas como donantes del material genético a transferir al óvulo enucleado, para generar el embrión clónico, y esto, es lo que en un año escaso ha logrado el mismo equipo coreano, al conseguir desdiferenciar células de tejidos adultos de donantes de ambos sexos, para poder transferir su material nuclear a ovocitos obtenidos de mujeres sanas, lo que ha permitido dar un paso de gigante de cara a la posible aplicación de estas técnicas al campo de la medicina regenerativa y reparadora.

En efecto, este espectacular adelanto es lo que ha permitido al grupo del doctor Hwang, que el material genético necesario para producir los nuevos embriones fuera obtenido de células adultas de 11 pacientes con distintos tipos de enfermedades metabólicas o degenerativas. Un avance científico de gran importancia.

Así pues pasemos a comentar lo que a nuestro juicio han significado estas últimas experiencias.

Un primer aspecto es la gran mejora en la eficacia de la técnica. En efecto, en este trabajo se utilizaron 185 ovocitos procedentes de 18 mujeres distintas y para donar el material genético se utilizaron células de la piel de 11 pacientes (mujeres y hombres, que tenían entre 2 y 56 años). Entre estos 11 pacientes había 9 con trastornos traumáticos de la médula espinal, 1 con diabetes juvenil y otro con una grave enfermedad inmunológica, una hipogamaglobulinemia. A partir de los 185 ovocitos se generaron 31 blastocistos de los que se consiguieron derivar 11 líneas de células madre embrionarias. Es decir, que se requirieron 17 óvulos para cada línea celular conseguida, cuando en las experiencias del año anterior, como ya se ha comentado, fueron necesarios 242 óvulos. Además los autores también pudieron comprobar que cuando los ovocitos procedían de mujeres más jóvenes se conseguía una mayor tasa de éxitos. Así, con mujeres de menos de 30 años se precisó una media de 14 ovocitos para conseguir una línea celular. Esto hace que la posibilidad de su aplicación clínica sea más factible, aunque todavía habrá que mejorar los rendimientos técnicos, para que su uso en el campo de la terapia celular pueda ser factible, aunque como más adelante se comentará siempre existirán para su aplicabilidad clínica las dificultades éticas que estas técnicas conllevan. En efecto, el equipo ha empezado a probar estas líneas celulares en modelos animales con traumas en su médula espinal, pero advierten que harán falta años para que estas experiencias puedan ser aplicables en seres humanos.

Pero el avance fundamental conseguido por el grupo del Dr. Hwang ha sido poder utilizar para la transferencia nuclear material genético de células de tejidos adultos, y en este caso concreto, de 11 pacientes que sufrían distintas enfermedades. Ello les permitió crear 11 embriones clónicos de los 11 pacientes en cuestión, lo que significa que a partir de estos embriones se pueden obtener líneas celulares de los tejidos que estos 11 pacientes tienen lesionados. Esto, desde un punto de vista científico, permitiría empezar a poder pensar en la aplicabilidad de una terapia celular con evidentes objetivos clínicos.

Pero además de la experiencia coreana, también en Europa y en las mismas fechas se ha conseguido la clonación de otro embrión humano (Reproductive Medicine Online, RB 2005/1872, may 05, sent for refereeing 18 may 05, on web 19 may 05) por un equipo de la universidad de Newcastle, dirigido por Mjodrag Stojkovic, a partir de 36 ovocitos donados por 11 mujeres. Tras su enucleación los ovocitos se fusionaron con células madre embrionarias, comprobándose su división y desarrollo hasta la fase de blastocisto. Sin embargo, en estas experiencias, a diferencia de las del equipo coreano, las células donantes del material genético eran embrionarias, es decir, parecidas a las que el propio equipo de Corea del Sur utilizó en sus experiencias de febrero de 2004. En este trabajo, los investigadores ingleses demuestran que el tiempo transcurrido desde la obtención de los ovocitos hasta su enucleación parece ser importante para el éxito de la experiencia, ya que solo consiguieron realizar sus experiencias cuando los ovocitos fueron enucleados 1 hora después de su obtención.

Sin embargo, a pesar de estos avances, la aplicabilidad clínica de estas experiencias parece aún lejana. En este sentido, Peter Braude, Stephen L Minger y Rut Warwick, comentaban en la prestigiosa revista British Medical Journal (21 de mayo de 2005), que las células madre embrionarias obtenidas no tienen las condiciones de seguridad necesarias para poder ser utilizadas en la clínica humana sin el riesgo de trasmitir algunas enfermedades, especialmente priónicas (causa de la enfermedad de las vacas locas). Además de esto, la gran indeferenciación de estas células hace que el riesgo de generar tumores en los pacientes transplantados sea de un 30% aproximadamente, un riesgo que excluye su posible uso clínico. Esto ha hecho que, en recientes declaraciones, el prestigioso científico español Cesar Nombela, haya manifestando que, a su juicio, no se ha conseguido una clonación que permita terapia celular alguna, sino que simplemente se han clonado embriones para investigar (DM, 24-V-2005).

Pero con independencia de los avances científicos conseguidos, la valoración ética de estas experiencias sigue teniendo grandes dificultades morales, pues no hay que olvidar que en cada ocasión se crea un embrión humano que hay que destruir para obtener las correspondientes células madre a partir de su masa granulosa interna. Todo ello significa que por el momento el único camino éticamente aceptable para conseguir células que puedan ser usadas en la terapéutica regenerativa o reparadora es el que pasa por el uso de células madre de tejidos adultos. Esto hace que en el momento actual este tipo de experiencias, las que requieren células madre embrionarias, sólo estén legalmente autorizadas en 5 países asiáticos (Corea, India, China, Japón y Singapur), 3 europeos (Reino Unido, Suecia y Bélgica), y en Israel. En nuestro país se piensa que estas prácticas puedan legalizarse a finales de este año 2005 o principios de 2006, ya que para los actuales legisladores, el camino de su legalización no parece que deba pasar por los senderos que las más elementales normas morales exigen.

índice

3.  Trayectoria científica y fraudulenta de Woo Suck Hwang.

De todos es conocida la rocambolesca historia científica y personal de Woo Suck Hwang, el primer investigador en afirmar que había clonado un ser humano.

Ahora la revista Science (3126; 650, 2009) publica un resumen de la trayectoria  científica de este controvertido investigador surcoreano, que por  su interés reproducimos.

Así  fueron los hechos:

12 de febrero 2004: Evidencia la creación de una línea de células madre embrionarias humanas pluripotentes derivada de blastocistos clonados. Publicado en Science.

6 de mayo 2004: Nature alega falta de ética en la donación de ovocitos.

19 de mayo 2005: Descubre la creación de blastocistos generados por  transferencia nuclear somática a partir de células de pacientes con distintos cuadros clínicos. Concretamente obtienen células madre embrionarias de 11 pacientes. Publicado en Science.

4 de agosto de 2005: El equipo de Hwang reporta la primera clonación de un perro, llamado Snuppy.

22 de noviembre 2005: La televisión coreana anuncia la evidencia de la falta de ética en la donación de ovocitos. Dos días después Hwang admite que es verdadero.

Diciembre 2005: Científicos anónimos coreanos comprueban la existencia de imágenes duplicadas y de cuestionables datos del ADN en los artículos.

15 de diciembre 2005: Hwang y su coautor Gerald Schatten piden a la revista Science que se retracte de lo publicado en mayo de 2005 a causa de los problemas derivados de los duplicados de información. Hwang continúa defendiendo la validación de sus hallazgos.

29 de diciembre 2005: La Universidad Nacional de Seúl (SNU) investiga al equipo de Hwang  y anuncia que no hay evidencia de que hayan producido células madre específicas de pacientes, como habían reportado en Mayo  de 2005 en el artículo de Science.

10 de enero de 2006: Un Comité de investigación de la Universidad Nacional de Seúl concluye que ambos artículos de la revista Science son un fraude, pero Snuppy es en verdad un perro clonado.

20 de enero 2006: La revista Science se retracta de ambos artículos.

20 de marzo de 2006: La Universidad Nacional de Seúl despide a Hwang.

12 de mayo de 2006: Hwang es acusado de fraude, desfalco y violación bioética.

26 de octubre 2009: Una corte de Seúl condena a Hwang por desfalco y transgresiones bioéticas y lo sentencia a 2 años de prisión.

índice

3.1.3.- Clonación animal e hibridación. Experiencias interespecies

1. La clonación de cerdos. Un paso decisivo para obtener órganos animales para transplantes a humanos.

La clonación de mamíferos era, y es, un objetivo fundamental para resolver importantes problemas médicos, entre ellos especialmente dos: uno, la obtención de proteínas para sustituir a otras, deficientes o carentes en determinadas enfermedades, por ejemplo un factor de la coagulación (el factor VIII) que falta en los hemofílicos, y otro, la obtención de tejidos y órganos para sustituir a otros humanos dañados; es decir para poder ser utilizados para transplantes (xenotrasplantes). También puede tener otras finalidades ganaderas, a las que aquí no vamos a referimos, como por ejemplo rentabilizar la obtención de carne.

La clonación de mamíferos empezó con la aventura de la oveja Dolly (Nature 380; 64,1996), siguió por la clonación de varias terneras por un equipo japonés, dos años después (Science 282,2095, 1998) y también por cabras (Nature Biotechnol 17; 450,199). En estas tres experiencias se utilizaron como fuente del material genético células somáticas (células de cualquier tejido totalmente desarrolladas) de un individuo adulto, de las que se extrajo su núcleo, que fue transferido a un óvulo enucleado, que tras una estimulación inició el proceso del desarrollo de un embrión. Precisamente, el utilizar material genético procedente de células somáticas fue el gran avance de estas experiencias, pues hasta el momento se habían realizado otras experiencias de clonación de mamíferos, pero utilizando como donante del material genético células embrionarias, realizando después la transferencia de su material genético a un ovocito al que se le habría quitado el núcleo.

La relación entre estas experiencias de clonación y los xenotransplantes, se centra en la posibilidad de clonar cerdos, pues estos animales son los que ofrecen mayores similitudes biológicas con los humanos, y por tanto los más adecuados para crear órganos para xenotransplantes.

En este sentido, recientemente dos equipos investigadores, uno japonés (Science 289,1188, 2000) y otro norteamericano (Nature 406:505, 2000), han publicado, por separado, la obtención por vez primera, de cerdos obtenidos por clonación: el equipo norteamericano, trabajando en una firma comercial (PPL Therapeutics Incorporated), anunció la clonación de una camada de cinco cerdos clónicos. El otro grupo, el japonés, tras transferir a una madre subrogada 110 embriones clonados en el estadio evolutivo de 2 a 8 células, consiguió una cerdita clonada llamada Xena. Esto ocurrió el 2 de julio de 2000.

Ambos equipos usaron para conseguirlo, técnicas diferentes. Plejaeva y colaboradores, del equipo norteamericano, utilizaron el material genético obtenido de células granulosas adultas, que insertaron en un ovocito enucleado; el equipo japonés, introdujo el material genético en el óvulo enucleado por microinyección, utilizando una aguja muy especial, núcleos de fibroblastos de cerdo, obtenidos de fetos de 24 días de vida, e introduciéndolos también en un óvulo maduro enucleado de una cerda donante.

En ambas técnicas, una vez realizada la transferencia del material genético al óvulo de la donante, hay que activarlo para que se inicie el desarrollo embrionario. El equipo japonés consigue la activación con un impulso eléctrico, como habitualmente se había hecho en todos las experiencias anteriores, empezando por las de la oveja Dolly. El norteamericano, para iniciar la activación del óvulo fecundado utiliza un método distinto y totalmente novedoso. Transcurridas 18 horas después de la transferencia del material genético del donante al óvulo enucleado, este material genético, es decir, el núcleo del donante, se separa del primer óvulo y se transfiere al citoplasma de otro óvulo fertilizado previamente, que es el que se encarga de activarlo; así, no se requiere la estimulación eléctrica que se indicaba en el primer caso. Con esta técnica los norteamericanos creen que se favorece el desarrollo a término del embrión clonado, a la vez que en lugar de obtener un cerdo clonado a partir de 110 embriones implantados, como obtuvieron los japoneses, obtienen 5 cerdos clonados de 74 implantados, aunque es también cierto que estos cinco cerdos pesaron aproximadamente un 25% menos del peso normal que al nacer les correspondía. Según Gerard Schetter, un prestigioso investigador que ha participado en otros experimentos de clonación, como el desarrollo del mono Tetra el pasado año, los trabajos de los equipos japonés y norteamericano anteriormente comentados, constituyen un hito en las experiencias biomédicas sobre reproducción, desarrollo y biología molecular, aunque como también comenta Philip Damiani, otro importante investigador en este campo, aún se requerirá bastante tiempo para que se puedan conseguir cerdos clonados de forma sistemática. Sin embargo, el xenotransplante tiene que vencer aún objetivas dificultades técnicas para poder ser aplicado de forma rutinaria en la clínica médica.

índice

2. HÍBRIDOS HUMANOS                                                                        

a. ¿Qué son los híbridos humanos?
Esencialmente se puede decir que los híbridos de humano y animal son la mezcla de células o material genético de humanos y animales, especialmente vaca y ratón. Pero, aunque hay diversas posibilidades de intercambio de material entre células y/o material genético de hombre y animal, más concretamente se puede afirmar que son cuatro los tipos principales de esta práctica: 1) el que resulta de transferir solamente material genético de humanos a animales. Esto se consigue transfiriendo el núcleo de una célula humana adulta, por ejemplo de la piel, a un óvulo de un animal, especialmente de una vaca o de un ratón, al que previamente se le ha extraído su núcleo, es decir, su contenido genético. El embrión híbrido surgido de esta práctica tendría aproximadamente un 98% de material genético de la persona humana que ha donado la célula de piel y un 2% del material genético del óvulo, el correspondiente al ADN de las mitocondrias. A esta quimera, algunos la llaman cíbrido; 2) también se puede producir una quimera a partir de una célula procedente de un embrión animal que se transfiere a un embrión humano. En este caso, el embrión quimérico resultante tiene una mezcla del ADN del animal y del individuo humano. A este tipo de embrión se le denominaría verdadera quimera; 3) igualmente se puede fertilizar un óvulo humano con esperma de animal o viceversa. A los embriones así generados se les denominaría verdaderos híbridos y, finalmente, 4) se podrían formar embriones humanos transgénicos, es decir, embriones humanos a los que se ha transferido algún gen animal.

b. ¿Qué fines buscan los científicos con su creación?

La razón fundamental que se arguye es que, en la primera de las modalidades que anteriormente se ha comentado, para mezclar material genético de una célula adulta con un ovocito, en caso de que fuera humano, se requeriría un gran número de óvulos de mujer, ya que solamente un 15% de los embriones generados resulta útil y solamente una parte de ellos pueden proporcionar líneas celulares adecuadas, por lo que escasamente un 3% de las quimeras de embriones resultantes serían adecuadas para producir líneas de células embrionarias quiméricas. Esto significa que se necesitarían más de 30 ovocitos para tener la probabilidad razonable de conseguir un material celular útil para el paciente que ha donado la célula adulta y que se supone podría ser el hipotético beneficiario del transplante de cualquier tipo de tejido celular obtenido a partir de las células madre de los embriones quiméricos generados. Por ello, si un gran número de pacientes requirieran un transplante celular, el número de ovocitos que se requeriría sería muy grande, con toda seguridad inasequible.

Pero si además, se piensa que estos embriones quiméricos pueden también servir para muy diversas experiencias biomédicas, fácilmente se puede colegir que el número de ovocitos humanos que se necesitarían de ninguna forma podrían obtenerse de mujeres, por lo que, los científicos que apoyan estas técnicas creen que esto sólo se podría conseguir utilizando óvulos animales. Esta es la razón última de la creación de cíbridos entre material genético humano y animal.

c. Se  dice  que la  creación  de quimeras  embrionarias  podría  ser útil para   encontrar   nuevos   tratamientos    para    enfermedades   hoy incurables, ¿qué hay de cierto en ello?.

Es indudable que si se generan embriones quiméricos a partir del material genético extraído de la piel de un paciente, se podrían obtener líneas celulares que contendrían el genoma del paciente en cuestión, es decir, serían líneas celulares de la enfermedad específica que se quiere estudiar. Esto indudablemente puede ser un instrumento de investigación útil, pero como comentaremos al hablar de la valoración ética de estas técnicas, es absolutamente inadmisible utilizar métodos experimentales que aunque puedan ser útiles para algunas investigaciones científicas, requieran la destrucción de embriones humanos. Por otro lado, gran parte de estas finalidades se pueden conseguir utilizando animales de experimentación, y sobretodo, usando la nueva técnica de reprogramación de células adultas, que permite obtener las deseadas células específicas de una enfermedad, sin tener que destruir embriones. Por ello, la nueva Ley de Fertilización Humana y Embriología, aprobada el pasado 19 de abril por el Parlamento británico, que autoriza la creación de híbridos entre hombre y animal, nace a nuestro juicio ya muerta, pues en ella no se ha tenido en cuenta la posibilidad de utilizar células adultas reprogramadas, con las que se pueden conseguir, sin dificultades éticas, las líneas celulares que se requieren para los fines específicos que se desean llevar a cabo.

d. ¿Qué países experimentan ya con híbridos?

El único país que cuenta con una legislación específica que autoriza la creación de híbridos entre humano  animal, es Gran Bretaña, que en la sesión de su Parlamento del pasado 19 de abril, aprobó por 336 votos a favor y 176 en contra la creación de híbridos de hombre y animal. En España, la Ley de Biomedicina, recientemente aprobada, no autoriza explícitamente la creación de estas quimeras, pero por su Artículo 33, que textualmente refiere que “se permite la utilización de cualquier técnica de obtención de células troncales humanas con fines terapéuticos o de investigación… incluyendo la activación de ovocitos mediante la transferencia nuclear somática” abre una vía para la creación de quimeras de hombre y animal.

e. ¿Cuándo comenzaron los primeros ensayos?

Antes de que la ley fuera específicamente aprobada por el Parlamento británico, ya dos equipos ingleses, uno de la Universidad de Newcastle, dirigido por Lyle Amstrong y otro del King’s Collage de Londres, dirigido por Stephen Minger, habían iniciado experiencias para la consecución de híbridos humanos, y según comenta Lyle Amstrong, ellos lo han conseguido, aunque los embriones quiméricos generados murieron a los tres días, por lo que no pudieron obtener las deseadas, por ellos, líneas celulares, pues para conseguirlas hubieran necesitado que estos embriones hubieran vivido al menos seis día para llegar a la fase de blastocisto, embrión de entre 60 y 200 células, del cual se obtienen las células madre.

f. ¿Cuál debería ser el límite para la ciencia?

No existe ninguna duda de que no siempre se debe hacer todo lo que desde un punto de vista científico se puede hacer. La investigación científica tiene los límites que la evaluación ética del método experimental conlleva. Es decir, se podría hacer todo aquello que científicamente fuera posible y éticamente fuera admisible.

g. ¿Cuál es la opinión mayoritaria  de la  comunidad  científica internacional?.

Ciertamente me duele reconocer que un gran número de científicos británicos que desarrollan su labor en este campo médico han apoyado la aprobación de la Ley de Fertilización Humana y Embriología que, como antes se ha comentado, ha obtenido el visto bueno del Parlamento británico. Es indudable que para gran parte de estos profesionales, lo fundamental son sus intereses científicos, al margen de la valoración ética de sus experiencias. Son de los que piensan que en la ciencia, las cosas se deben hacer si se pueden hacer. Pero a nivel mundial no tengo datos fidedignos sobre el porcentaje de científicos que aprobarían estas investigaciones.

h. ¿Qué valoración ética merece la creación de híbridos de hombre y animal?

La dificultad ética fundamental es que para obtener las deseadas líneas celulares se requiere la destrucción del embrión quimérico generado. Si como antes se ha comentado, un 98% del genoma de este embrión es humano, no parece razonable admitir destruirlo, aunque no sea totalmente humano.

Otras razones que se pueden argüir son que estas experiencias van contra la integridad de las especies, principio moral biológico que nunca debería ser alterado. Son contrarias a las leyes de la misma naturaleza, fundamento de la biodiversidad animal. Y finalmente, son contrarias a la dignidad humana, que junto con la primera razón argüida, la destrucción de embriones, constituyen la dificultad ética fundamental para desechar la creación de cualquier tipo de híbrido entre hombre y animal.

i. ¿Por dónde van los verdaderos avances de la ciencia?

Como anteriormente se ha comentado, a nuestro juicio los verdaderos avances de la ciencia van por la utilización de las células iPS, es decir de las células madre pluripotenciales inducidas obtenidas a partir de células somáticas adultas. Desde que en noviembre de 2007, los equipos de Yamanaka y Thomson pusieron a punto esta técnica, ofrecieron al mundo científico una metodología experimental par poder investigar sobre todo tipo de enfermedades, pero especialmente sobre alunas degenerativas como el Parkinson o el Alzheimer o traumáticas como la lesión de médula espinal, con mejores perspectivas científicas, sin ninguna dificultad ética, con mayor facilidad técnica y a más bajo costo. No me cabe ninguna duda que la primera utilización de las células iPS será la obtención de líneas celulares de diversas patologías, para investigar sobre ellas, que es lo que se quiere llevar a cabo con las líneas celulares obtenidas de quimeras de hombre y animal. Por ello, como recientemente comentaba en una publicación mía, el propio Thomson, como se sabe el padre de las células madre, refería en una entrevista en el New York Times, que probablemente “dentro de una década la guerra de las células madre será sólo una nota al pie de una página curiosa de la historia de la ciencia”, a lo cual yo añado que lo mismo ocurrirá con las células madre obtenidas de embriones quiméricos. Es ésta una práctica que nace científicamente muerta

(Justo Aznar. Hacer Familia, julio/agosto 2008).

índice

3.1.4.- Declaraciones personales o institucionales sobre la clonación

1. La ONU contra todo tipo de clonación humana.

La posibilidad de que se puedan obtener por técnicas de clonación seres humanos tiene amplia repercusión biomédica ética, social, y por supuesto mediática. Prueba de ello, es que el tema ha llegado a las Naciones Unidas, en donde se ha producido un apasionado debate que, al parecer, ha finalizado el pasado día 8 de marzo.

Antes de entrar específicamente en la resolución de la ONU, conviene hacer una aclaración previa. El documento de las Naciones Unidas se refiere, tanto a la clonación en general, como a la clonación reproductiva y terapéutica. Con respecto a la última, la más polémica, como su propio nombre indica parece que debería tener como fin su aplicación directa a la curación de pacientes. Esto introduce en el debate un componente humano y social que indudablemente favorece el realizar una valoración positiva de la misma. Sin embargo, hay que dejar bien sentado que, hasta el momento, con la clonación de embriones humanos no se ha tratado, ni curado directamente a ningún paciente. Ello, por varias razones, la primera porque hasta la fecha solamente se ha conseguido con cierta garantía científica la clonación de embriones humanos en una sola ocasión, lo realizada por un equipo de Corea del Sur, y en segundo, porque entre otros problemas, la transferencia a animales de células obtenidas a partir de células madre embrionarias, produce, en un 30 % aproximadamente de los casos, tumores, lo que excluye absolutamente su aplicación clínica, al menos hasta que esto se solucione.

En el momento actual, en la Comunidad Europea solamente hay autorizados dos protocolos para clonar embriones humanos en el Reino Unido. Uno en la Universidad de Newcastle y otro para ser desarrollado por el equipo que dirige lan Wilmut, el padre de la oveja Dolly. Ambos con fines de investigación. En el resto del mundo solamente Corea y China permiten estas prácticas.

Sentado esto, volvamos a la ONU. Desde el año 2001, se debate en este organismo internacional la aprobación o no de la clonación denominada terapéutica, pues la clonación reproductiva es rechazada unánimemente en todas las instancias. En relación con ello, desde el inicio de los debates se crearon dos grandes bloques, uno impulsado por Costa Rica, al que también se adhirió Estados Unidos y todos los países islámicos, y que, en principio, incluía igualmente a España, y otro, capitaneado por Bélgica, al que se adhirieron, entre otros países, Gran Bretaña, Francia y China. Al grupo de Costa Rica pertenecen aproximadamente 2/3 de los países de la ONU y 1/3 al de Bélgica.

Hasta ahora se han producido varios debates y sus correspondientes votaciones. En todos ha triunfado por amplia mayoría la tesis propuesta por el grupo costarricense, sin embargo el grupo belga ha ido consiguiendo demora tras demora para impedir que se tomara una resolución definitiva. Ya a fines de octubre de 2004, en la VI Asamblea de la ONU, se debatió otra vez el asunto, siendo de nuevo aprobada la propuesta de Costa Rica, que promovía la prohibición de todo tipo de clonación, por 62 votos contra 22, que consiguió Bélgica y su grupo. Sin embargo, no se tomó ninguna decisión al respecto. Para solventar esta discrepancia, que parecía llevar el tema a una vía muerta, Italia introdujo un nuevo texto que venía a sustituir a los dos anteriores y que proponía “que la Asamblea llamaba solamente a que cada país implantase sus legislaciones nacionales, prohibiendo cualquier intento de crear vidas por medio de la clonación y a promover el respeto a la vida humana en su aplicación para fines científicos”. El 14 de enero de 2005 se volvió a reunir en Nueva York un Grupo de Trabajo propuesto por la Asamblea para debatir la propuesta italiana, pero al no llegar a ningún acuerdo se decidió posponer cualquier decisión hasta la próxima reunión que tendría lugar en el mes febrero. En esa ocasión se votó un nuevo proyecto de declaración que prohibía “toda forma de clonación humana, por cuanto es incompatible con la dignidad y la protección de la vida”. Este texto fue apoyado por 71 votos nacionales contra 35 que lo rechazaban y 43 abstenciones, entre ellas la de España; pero finalmente dada la elevada abstención, no se llegó a ningún acuerdo para que la resolución pudiera ser aplicada.

Costa Rica defendió este texto por “reconocer los aspectos éticos y prácticos de la clonación humana y realzar la vida humana, cuya dignidad debe prevalecer siempre sobre los intereses de la ciencia”.

Nigeria también lo apoyó, al entender que “cualquier forma de clonación -terapéutica o reproductiva- constituye una violación injustificada de la santidad de la vida y la dignidad humana, y que expone a las mujeres -especialmente a las de los países en desarrollo- al riesgo de degradación y explotación”.

Brasil votó en contra, porque “aún falta información científica y debate suficientes para tomar una decisión sobre la clonación terapéutica”. Rusia, en cambio, votó a favor al “considerar que el texto no excluye la investigación”.

Noruega y Canadá también se mostraron en contra de ambos tipos de clonación, pero aun así votaron en contra de la proposición. La primera, como censura al hecho de que el texto no sea vinculante, y la segunda, descontenta porque se haya ampliado el mandato inicial de la ONU, que consistía en analizar si debía prohibirse o no, exclusivamente, la clonación reproductiva.

Alemania, que votó a favor, subrayó que no era un día para alegrarse, pues el parco respaldo obtenido, menos del 50 por ciento de los miembros, revelaba la profunda división que aún persiste y el pobre futuro del texto en la Asamblea General.

A pesar de ello, el pasado 8 de marzo, la Asamblea General de la ONU aprobó la “Declaración de las Naciones Unidas sobre Clonación Humana”, propuesta por los Estados Miembros, dirigida a “prohibir todas las formas de clonación humana, ya que ellas son incompatibles con la dignidad de la vida humana y con su protección”. La Asamblea adoptó el texto propuesto por 84 votos a favor, 34 en contra y 37 abstenciones. La declaración propuesta por la Asamblea el 8 de marzo, es el producto de los estudios del Grupo de Trabajo, promovido por la Asamblea, y que trabajó sobre el borrador propuesto por dicho Grupo, el pasado mes de febrero en Nueva York.

Entre los países más destacados que votaron a favor de esta propuesta se encuentran: Costa Rica, principal promotor de la propuesta, Australia, Austria, Bolivia, Chile, Croacia, Ecuador, El Salvador, Etiopía, Alemania, Guatemala, Honduras, Hungría, Irlanda, Italia, Kenia, Méjico, Marruecos, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Filipinas, Polonia, Portugal, Arabia Saudí, Eslovaquia, Eslovenia, Suiza y Estados Unidos.

Entre los que votaron en contra; Bélgica, que capitaneo el grupo, Brasil, Bulgaria, Canadá, China, Cuba, República Checa, Corea, Dinamarca, Finlandia, Francia, India, Holanda, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza, Reino Unido y España.

Entre las abstenciones: Argentina, Colombia, Egipto, Israel, Rumania, Sudáfrica, Turquía, Ucrania y Uruguay.

En esta declaración, además de prohibirse la clonación humana, también se invita a los países firmantes a que protejan la vida humana en cualquier forma de uso en experiencias biomédicas; a que se prohíban las técnicas de ingeniería genética, que pudieran ser contrarias a la dignidad de la vida humana; a prevenir la explotación de la mujer en las aplicaciones de las ciencias de la vida y a promover legislaciones nacionales en relación con estos temas.

Con independencia de la votación de la Asamblea, algunos países (Méjico, China, India, Bélgica, Reino Unido, Hungría, Corea, Japón, Tailandia, Brasil, Singapur, Polonia, Estados Unidos, Sudáfrica, Canadá. Costa Rica, Francia, Nigeria, Malí, Rusia, Uganda, Holanda, Etiopía, Barbados, Kirgistan, Libia y España) hicieron costar por escrito su explicación de voto, para apoyar los razonamientos de su decisión. Algunos de los textos más significativos fueron, los de Bélgica, que lamentó que no fuera posible llegar a un acuerdo, lo que refleja las amplias divergencias existentes en la Comunidad Internacional sobre este tema. En su opinión esta Declaración, más que acercar las posturas de los distintos Estados, ha servido para separarlas más. En su opinión, es esencial que se prohíba la donación reproductiva, pero se debería permitir la terapéutica.

El Reino Unido votó en contra porque la referencia a la “vida humana” en el texto se podría interpretar como una llamada a la prohibición total de todas las formas de clonación humana. A la vez mostró su total apoyo a la investigación con células madre embrionarias.

Francia lamentó el fallo para conseguir un consenso, y no se mostró partidaria de prohibir todo tipo de clonación.

Para Costa Rica, promotora de esta iniciativa en contra de la clonación humana, manifestó que, la adopción de esta Declaración constituye un momento histórico para promover y garantizar la dignidad humana en cualquier circunstancia, ya que el texto urge a la comunidad científica a que se tenga en cuenta la dignidad y el valor de la vida humana.

El representante de Estados Unidos se felicitó por la adopción de esta Declaración.

Finalmente España, como se sabe en un principio fue favorable a la aprobación de un texto que prohibiera cualquier forma de clonación humana. En la votaciones relacionadas con de la Declaración de la VI Asamblea se abstuvo y ahora se muestra contraria a prohibir la clonación terapéutica. En su explicación de voto, nuestro representante, manifestó que “el termino «vida humana» contenido en el texto es confuso y debería ser reemplazado por el término «ser humano», como se suele utilizar en los textos científicos. Además manifestó que la Declaración no manifiesta las bien conocidas diferencias entre los dos tipos de clonación”. En esencia, indicó que “España se opone a la clonación reproductiva, pero es favorable a la clonación terapéutica. Esta propuesta favorable será ahora enviada para su estudio a nuestro Parlamento Nacional”, en donde no me cabe duda que será aprobada.

Esta declaración de la ONU, como ya se ha comentado, no es vinculante para los distintos países, pero si tiene una gran peso moral, como corresponde a cualquier declaración de las Naciones Unidas, lo que es muy importante para la defensa de la vida, dado que en esta propuesta se prohíben “todas las formas de clonación de seres humanos, en la medida en que son incompatibles con la dignidad y protección de la vida humana”. Creo que este 8 de marzo es una importante fecha paro todos los que defendemos la vida humana, especialmente la vida de los embriones, sin duda los más débiles entre los débiles.

índice

3.1.5.- Declaraciones personales o institucionales de la Iglesia Católica sobre la clonación

3.1.6.- Aspectos económicos relacionados con la clonación. Patentes.

3.1.7.- Valoración ética y legal sobre la clonación humana o animal. Donación de óvulos.

1. ¿Puede tener alguna justificación clonar seres humanos?

Parece que se ha conseguido la clonación del primer ser humano. En muchas ocasiones me lo han preguntado, ¿cree usted que se clonarán seres humanos?, y siempre, con un cierto pesimismo, no exento de tristeza, he contestado afirmativamente. Creo que sí. Y añadía mi razón. Cuando se une la soberbia de un investigador por ser el primero en algo, con la tentación económica que supone la posibilidad de aprovechar ese algo para obtener ingentes cantidades de dinero, parece casi necesario que ese algo llegue. Lo que ocurre es que aquí ese algo es alguien. Un ser humano, igual que usted o que yo pero más, mucho más diminuto.

No cabe duda que producir tejidos u órganos, para pacientes que los necesitan es algo fantástico. Si además esos tejidos creados son compatibles inmunológicamente con los del paciente, se podría evitar el gran problema del rechazo, por lo que estas prácticas médicas podrían ser ¡serán!, una gran baza terapéutica en los próximos años. La denominada medicina reparadora será una de las principales opciones para curar en este siglo XXI en el que estamos. La gran dificultad ética es el medio utilizado para ello. Esto se puede conseguir clonando un embrión a partir de células somáticas (células maduras muy diferenciadas, como son las de cualquier tejido: hígado, piel, sangre, etc) de un adulto, que indudablemente puede ser un paciente que requiere un trasplante. El procedimiento técnico es por todos conocido. El núcleo de una célula adulta se somete a un proceso de desdiferenciación hasta convertirse prácticamente en una célula similar a las embrionarias. El núcleo de esta célula se transfiere a un ovocito humano, al que previamente se le ha desprovisto del núcleo, y después se estimula para que se inicie el desarrollo de un embrión. Cuando éste se ha dividido en varias células, se puede tomar una de ellas, que después, con adecuados medios de cultivo puede generar células de distintos tejidos: corazón, hígado, piel, tejido nervioso etc, que una vez obtenidos se podrían utilizar para ser transplantados al donante del núcleo utilizado para la clonación. El método es posible; las consecuencias médicas muy positivas; las posibilidades económicas, en este momento impensables. Luego si todo es tan positivo y lo podemos hacer hagámoslo. Indudablemente, la única dificultad para obtener tejidos a partir de él, es que para conseguirlo hay que destruir al embrión donante de las células madre, algo absolutamente reprobable desde un punto de vista ético. También hay otras dificultades médicas, como por ejemplo la tendencia a desarrollar procesos cancerosos o alteraciones en la maduración y crecimiento de estos embriones, pero en este aspecto no tenemos espacio ni siquiera para iniciar una reflexión científica sobre estas anomalías.

Sin embargo, hay una gran ventana de esperanza de cara a la medicina reparadora, y es la que valora la posibilidad de utilizar células madre de tejidos adultos, no de embriones. Recientemente se han descrito diversas experiencias que demuestran la posibilidad de que a partir de células madre puedan obtenerse otras de distintos tejidos. Esto también se ha conseguido a partir de células extraídas de cordón umbilical. En diciembre pasado se publicaron en Science dos trabajos que demostraron que células madre de médula ósea implantadas en animales de experimentación se podían transformar en células nerviosas (Science 1775; 290,2000 y 1779; 290,2000). A partir de estas experiencias, otros trabajos han venido a confirmar esta posibilidad. Por ello, muchos científicos se preguntan hasta que punto merece la pena continuar con estas investigaciones utilizando células embrionarias, cuando para conseguir tejidos y posiblemente órganos, se pueden utilizar células madre de tejidos adultos. En un reciente artículo de Science (292; 438,2001), se presentan argumentos a favor y en contra de utilizar células madre de tejidos adultos, y, aunque el debate desde un punto de vista biomédico permanece abierto, la llave de la ética debería cerrarlo antes incluso de que se iniciara.

Como recientemente afirmaba el profesor Josef Seifert, rector de la Academia Internacional de Filosofía de Liechtensten, “en una sociedad que defiende los animales y las plantas, es primero necesario abogar por la dignidad de la persona humana, que se distingue de los demás seres por ser el único en poseer la dignidad de suyo”. Ya hace más de dos mil años, Aristóteles nos recordaba que un hombre dormido no deja de ser un hombre, y ¿qué otra cosa son, según Seifert, sino hombres dormidos, los embriones humanos? El respeto a esa humanidad naciente y por tanto a esos embriones, que nacidos de clonación, quieren ser utilizados para la medicina reparadora, requiere que se termine con éstas experiencias. Es éste sin duda uno de los mayores retos que a esta sociedad del siglo XXI se le puede plantear

2. Como recientemente afirmaba Cesar Nombela, Presidente del Comité Asesor de Ética del Gobierno(1), “desde la clonación de Dolly, es difícil encontrar otra publicación con mayor impacto mediático por si sola, aunque otras muchas lo merecerían”. Naturalmente se estaba refiriendo al articulo publicado el día 12 de febrero, en la edición electrónica de Science(2), en el que un equipo surcoreano, dirigido por Woo Suk Hwang, comunicaba la obtención de células madre embrionarias a partir de blastocistos humanos (embriones de unos cinco o seis días y de 60 a 100 células) obtenidos por transferencia nuclear somática (clonación). El impacto científico, social y mediático de esta publicación se constata por el elevado número de referencias, más de 9000, que aparecen en internet cuando se realiza una búsqueda al introducir el término Woo Suk Hwang. Y ésto, apenas una semana después de la publicación del artículo de Science. Por este motivo, parece de interés realizar un breve resumen del hecho científico en sí mismo, a la vez que comentar sus posibles implicaciones médicas y éticas.

En primer lugar, nos vamos a referir sucintamente al hecho experimental. Como ampliamente se ha difundido en los medios de comunicación, se trata de una transferencia nuclear somática, similar a la que se llevó a cabo para producir la oveja Dolly. En esencia, este proceso consiste en tomar el núcleo de una célula adulta y transferirlo a un óvulo, al que previamente se le ha extraído su propio núcleo. Después este óvulo, dotado de 46 cromosomas, se activa, generalmente con un estímulo eléctrico, poniendo en marcha así su desarrollo, que podría dar lugar a un embrión, si el proceso biológico no se detiene. Un aspecto importante a tener en cuenta de este proceso, es que el genoma de la célula adulta, donadora del núcleo que se inserta en el óvulo, tiene que ser reprogramado para llegar a un estado de indiferenciación parecido al que tiene el genoma de las células de un embrión de pocos días. Es decir hay que convertir una célula genéticamente diferenciada en una indiferenciada. En efecto, como bien se sabe, cada célula del organismo contiene el genoma completo, con toda la información genética para poder dar lugar en determinadas condiciones a una persona adulta. El que el genoma de una célula adulta de un tejido determinado solo pueda producir células de ese tejido, es por que su ADN está como plegado, no funcionante, para generar células de cualquier otro tejido que no sea el suyo propio, y menos aún un ser vivo completo. Pero todo el ADN integrante del genoma está ahí. Es decir su capacidad potencial para generar cualquiera de los 200 tipos de células de un organismo humano está contenida en el genoma de cada célula adulta. En el proceso de desdiferenciación que la célula adulta debe sufrir antes de ser transferida al óvulo enucleado, su ADN tiene que desplegarse, adquiriendo progresivamente unas capacidades funcionales que le vayan permitiendo producir más de un tipo de células, hasta que se despliega (se activa) completamente, llegando a la situación de ADN pluripotencial, que es capaz de generar cualquiera de las células del organismo. Este núcleo activado, reprogramado, con 46 cromosomas, es el que se transfiere al óvulo al que previamente se le ha extraído su núcleo, para iniciar el proceso de clonación. Así, esta nueva célula, a la que se le han dado diversos nombres, cigoto, nuclóvulo, clonote, contiene todo el material genético procedente de la célula adulta donadora del núcleo, y por tanto, el animal o humano que se forme a partir de ella será clónico del que proporciona la célula adulta donante del núcleo. A la vez, las células madre obtenidas de ese cigoto, podrían ser utilizadas hipotéticamente para tratar tejidos dañados del dador de la célula adulta, sin que hubiera peligro de rechazo inmunológico, pués las células de donante y receptor son genéticamente idénticas. Sin duda, en las experiencias llevadas a cabo por el equipo escocés del Instituto Rosling, que es en donde se creó la oveja Dolly, y por tanto los primeros que consiguieron una reprogramación eficaz del núcleo de una célula adulta de un mamífero, el hecho experimental más destacado fue precisamente encontrar el medio adecuado para que el genoma de la célula adulta donadora del núcleo (en este caso una célula de la ubre de otra oveja) se reprogramara para desdiferenciarse hasta llegar a la situación en que su ADN se encontraría en una célula de un embrión de oveja.

Siguiendo con el proceso de clonación, una vez constituido el cigoto, embrión de una sola célula, éste empieza a dividirse, perdiendo sus células poco a poco su condición de indiferenciadas, para ir adquiriendo paulatinamente el estado diferenciado de las células de un tejido adulto determinado.

Volviendo a las experiencias del equipo surcoreano, el núcleo de la célula adulta donante del genoma del nuevo embrión, se obtuvo de una célula del cumulus oophorus (células somáticas (adultas) que están alrededor de un óvulo en el folículo preovárico y que favorecen su proceso de maduración) de la misma mujer que donó el óvulo. Por tanto, en esta experiencia concreta lo que se realizó fué un proceso de autotransferencia nuclear somática, ya que tanto la donante de la célula adulta suministradora del material genético, como del óvulo, fué la misma mujer. La línea celular obtenida a partir del embrión generado, denominada SCNT-hES-1, estaba formada por células pluripotentes, que seguían reproduciéndose en cultivo indefinidamente. Es decir, tenía las características fundamentales de las células madre embrionarias humanas.

Conviene llamar la atención sobre la escasa eficiencia de la técnica de clonación seguida por el equipo surcoreano, pues para producir una sola línea de células madre, los investigadores surcoreanos tuvieron que utilizar 242 óvulos, obtenidos de 16 mujeres. De ellos, obtuvieron 30 blastocistos (30 embriones humanos), de los que extrajeron 20 masas celulares internas (la masa celular interna es la parte del blastocisto de donde se obtienen las células madre) de las que obtuvieron las células madre, que adecuadamente cultivadas, dieron lugar a una única línea celular, con células en teoría capaces de convertirse en cualquiera de los distintos tipos de células del cuerpo humano. Esto último lo comprobaron transplantado las células madre obtenidas a ratones, y verificando su conversión a células de distintos tejidos. Conviene resaltar aquí la escasa eficacia de la técnica de clonación (29 %), por otro lado similar a la obtenida previamente en experimentación animal, 20 % en cerdos y 25 % en vacuno(3).
Como anteriormente se ha comentado, ya que las células generadas son portadoras del materia genético del donante, podrían ser trasplantadas a éste, sin que sufrieran ningún tipo de rechazo inmunológico. Esta es la gran ventaja que muestran las células obtenidas de un blastocisto producido por transferencia nuclear somática, el que pueden ser transferidas al paciente que ha donado el núcleo de la célula adulta, para regenerar algún tejido orgánico de éste paciente que esté lesionado.

Como ya se sabe, hasta ahora, solo se han clonado siete especies de mamíferos, pero los intentos de clonación de primates, no menos de 70, han fallado reiteradamente, por lo que los autores coreanos atribuyen el éxito de su experiencia a una mejora metodológica, fundamentalmente basada en el uso de óvulos frescos, en la utilización de numerosos y estrictos protocolos experimentales, pero sobre todo al uso de un método propio para extraer los núcleos, tanto de la célula adulta donante del material genético como del óvulo al que se trasplanta dicho material, lo que posiblemente preserva al núcleo extraído de la célula adulta de hipotéticas alteraciones que posteriormente pudieran influir en el desarrollo de los embriones obtenidos. A pesar de todas estas precauciones técnicas, los autores no descartan que entre los embriones generados pudieran desarrollarse anomalías cromosómicas, que teóricamente pudieran ocasionar alteraciones importantes en los embriones generados. Hasta aquí la experiencia técnica.

Pero ¿cuáles han sido los juicios que este experimento científico ha suscitado?

Creo que éstos podrían resumirse en tres: 1) incertidumbres biológicas sobre la naturaleza de la célula obtenida, 2) posibilidad de aplicación clínica de las células madre generadas y 3) valoración ética que estas experiencias merecen.

1. Incertidumbres biológicas.

Dos son las principales incertidumbres biológicas suscitadas por el trabajo experimental de Woo Suk Hwang y colaboradores: a) que la célula resultante del experimento no se hubiera obtenido por una verdadera clonación, sino por partenogénesis y b) que ese ente biológico unicelular producido no fuera un cigoto humano, un ser humano de una sola célula, si no un aglomerado celular, un cuerpo embrioide, ente biológico parecido en su estructura a un embrión, pero que no se desarrollaría como éste si se le cultivara adecuadamente.

Con relación al primer punto, en el propio artículo de Science, los autores indican que no se puede descartar con absoluta seguridad que el embrión conseguido no se haya generado por partenogénesis, entendiendo por tal la producción de un blastocisto o estructura biológica similar, por división de un óvulo sin fecundar por un espermatozoide, aunque ciertamente gran parte del trabajo de los investigadores coreanos se ha dedicado a demostrar que ésto no había ocurrido, por lo que, en su opinión, es muy improbable que el cigoto se hubiera obtenido por este mecanismo. Si así fuera, a éste ente biológico unicelular sería más adecuado llamarle clonote.

En este sentido, Rudolf Jaenisch, del Instituto Tecnológico de Massachusett, prestigioso investigador en el campo de la clonación, comenta4 que, como tanto el óvulo como la célula adulta donante del núcleo transferido, provienen de la misma mujer, los investigadores surcoreanos no pueden descartar con absoluta certeza que el embrión clonado se haya obtenido por partenogénesis, y no por trasferencia nuclear somática. De forma parecida se pronuncia Natalia López Moratalla(4), catedrática de Bioquímica de la Universidad de Navarra, quien tampoco descarta la posibilidad de que el embrión generado por los investigadores surcoreanos lo haya sido por partenogénesis y no por clonación. Sin embargo, esta posibilidad, aunque no descartable del todo, parece muy improbable.

La segunda incertidumbre biológica planteada es que como consecuencia del proceso de transferencia nuclear somática no se hubiera producido un verdadero embrión, si no un aglomerado celular, un cuerpo embrioide. También en relación con ello, Jaenisch(3) y López Moratalla(5, 6 ,7), se han mostrado muy críticos con los resultados de las experiencias de los investigadores surcoreanos, llegando a manifestar que el ente biológico conseguido podría no tratarse de un blastocisto o un embrión humano en su fase más temprana, sino de un cuerpo embrioide. En este sentido, la profesora López Moratalla manifiesta(6) que en el experimento surcoreano se habrían obtenido células parecidas a la de la masa celular interna de un embrión de 5 días, pero que ésto no significa en absoluto que sea un embrión, un todo orgánico, un individuo. A su juicio, lo que se ha conseguido es un conjunto celular clónico que simplemente se parece a un blastocisto, aduciendo diversas razones teóricas en defensa de su tesis(7). Según López Moratalla la clonación de un primate hoy por hoy sigue siendo ciencia ficción(6,7).

Sin embargo, el catedrático de genética de la Universidad Autónoma de Madrid, Juan Ramón Lacadena(8), no comparte la opinión de Jaenisch y López Moratalla, sobre la naturaleza del producto biológico obtenido en las experiencias de Woo Suk Hwang, en el sentido de que no fuera un verdadero embrión humano.

Ciertamente, aunque la interpretación de la doctora López Moratalla es muy digna de tener en consideración, no es fácil admitir que, sin experiencias adicionales a las realizadas por el equipo surcoreano, se pueda afirmar, desde un punto de vista teórico, que la línea celular creada por Woo Suk Hwang y sus colaboradores no se haya conseguido a partir de un verdadero blastocisto humano, cuando en el artículo de Science así se califica al ente biológico conseguido y de células embrionarias humanas a las de él derivadas y así es admitido en la gran mayoría de las revistas científicas que comentan el artículo de los autores surcoreanos(3,9,10,11), incluso en el último artículo, publicado en The Lancet(11), se afirma “un blastocisto creado artificialmente, si se implantara en una mujer, podría quizás seguir desarrollándose, pudiendo eventualmente dar una nueva persona, esto sería clonación reproductiva”. Grave error sería el cometido por Science, una de las revistas de mayor prestigio en el área de la investigación básica, si hubiera aceptado para ser publicado un artículo con tan grave inexactitud, avalando que lo que los autores definen como blastocisto humano sea simple conglomerado celular con aspecto de blastocisto. Si ésto fuera así la noticia que ha convulsionado al mundo científico y también al mediático no tendría prácticamente la menor importancia.

De todas formas, habrá que esperar a que nuevas valoraciones sean realizadas para definir con total seguridad la naturaleza del ser biológico obtenido en las experiencias surcoreanas, pues su condición de blastocisto humano o de conglomerado celular con aspecto de blastocisto, es decisorio para establecer el juicio ético que la utilización de las células madre de él obtenidas merece.

2. Posibilidad de aplicación clínica.

La pregunta que de inmediato se suscita ante la clonación de un embrión humano es la posibilidad de aplicación clínica de las células madre que de él se pudieran obtener. En relación con ello, rápidamente se han levantado voces, generalmente en medios de comunicación no especializados, augurando que el trabajo de los investigadores surcoreanos podría abrir nuevas e inmediatas expectativas de curación para graves enfermedades, como pueden ser el Parkinson, diabetes, Alzehimer u otras enfermedades degenerativas o traumáticas. Sin embargo, sobre ésto si que parece existir una opinión unánime entre los científicos, en el sentido de que la aplicación clínica de los resultados obtenidos en las experiencias de Woo Suk Hwang y su equipo, está aún muy distante de poder ser una realidad útil para la curación de aquellas graves enfermedades. En relación con ello, el propio investigador surcoreano, en unas declaraciones al periódico La Nación, de Santiago de Chile(12), al día siguiente de publicarse en la edición electrónica de Science el artículo que comentamos, manifestaba que sus experiencias tardarán “al menos diez años en ser aplicadas clínicamente”, ya que “falta mucha experimentación antes de que ésto pueda ser aplicado en humanos”. Sobre la posibilidad de que con las células obtenidas a partir de los embriones por ellos creados se pudieran obtener tejidos humanos afirma, que “generar tejidos es algo muy complicado y probablemente tardaremos mucho en conseguirlo”.
En este mismo sentido, Donald Kennedy, editor de Science, la revista en que se publicó el trabajo de los investigadores surcoreanos, manifiesta que “el potencial de las células madre embrionarias es enorme, pero los investigaciones deben aún superar numerosos obstáculos. Los resultados del trabajo coreano parecen prometedores, pero es importante recordar que el trasplante de tejidos y células y la terapia génica, son tecnologías emergentes y seguramente habrá que esperar años antes de que las células madre embrionarias puedan emplearse en la medicina trasplantadora”(13). Entre nosotros, César Nombela, afirma que “nada apunta a que estemos cerca de poder realizar tratamientos con células troncales (células madre) embrionarias en clínica humana. Son muchos los problemas de seguridad para el empleo de terapias celulares de este tipo, ya que podrían resultar sobre todo tumorogénicas. No se deben despertar falsas expectativas en los enfermos. También José Cibelli, profesor de biotecnología animal de la Universidad de Michigan y coautor norteamericano del trabajo de Science, manifiesta(3) que “probablemente se necesitarán años para que estas prometedoras investigaciones puedan producir resultados clínicos”.
Otras muchas declaraciones se han producido, la gran mayoría, por no decir todas ellas, poniendo de manifiesto que no se pueden esperar resultados clínicos a corto o medio plazo para curar determinadas e importantes enfermedades de las investigaciones realizadas por el equipo surcoreano.

3. Valoración ética.

Dos aspectos fundamentales hay que considerar al realizar una valoración ética del trabajo de Science. En primer lugar, la posible repercusión que éstas experiencias pudieran tener para conseguir una clonación reproductiva. No vamos a insistir en que la clonación con finalidad reproductiva es valorada éticamente de forma muy negativa desde cualquier punto de vista que se considere, juicio unánimemente manifestado por todas las instancias científicas, políticas y sociales, por lo que sobre ello no merece la pena insistir. Sin embargo, hay que recordar, que difícilmente se pueda asegurar que todos los avances que hipotéticamente se puedan dar con estas investigaciones no puedan ser, en algún momento, utilizados para clonar seres humanos. Por ello, cualquier paso adelante que se dé en la manipulación de embriones humanos es una puerta que se entreabre para crear individuos humanos clónicos, y por tanto es posible que sea más conveniente dejarla cerrada, al menos desde un punto de vista legal, estableciendo los cauces necesarios para impedir que cualquier investigador desaprensivo pueda llegar al mal puerto de crear clones humanos.

En este sentido, Leon R Kass(14), presidente del Consejo de Bioética de la Administración estadounidense, manifiesta, al comentar la noticia en un periódico neoyorkino, que “la edad de la clonación humana ha llegado aparentemente. Hoy se clonan blastocistos para la investigación, mañana se clonarán blastocistos para engendrar niños”, añadiendo que la única forma de prevenirlo es prohibir la clonación humana.

En segundo lugar, y sin duda, el aspecto más importante de forma inmediata, es valorar éticamente la posible utilización del embrión creado por el equipo surcoreano, o de cualquier otro que se pudiera crear, para la obtención de células madre que pudieran ser utilizadas en la medicina regenerativa y reparadora.

Con respecto a ello, es fundamental determinar, con la mayor seguridad posible, el carácter de embrión humano del blastocisto creado por los investigadores surcoreanos, pues no cabe duda que la valoración ética de su destrucción, paso ineludible para obtener células madre, depende de que a éste ente biológico se le atribuya o no el carácter de ser humano vivo. Si así se considera, no parece que exista ninguna duda de que la obtención de esas células madre, debería éticamente ser valorada muy negativamente, pero si no se trata de un embrión humano, no habría ninguna dificultad para utilizar ese material en cualquier experimentación biomédica que se desee.

En relación con ello, la doctora López Moratalla(5, 6, 7) opina, como antes se ha comentado, que el producto de las investigaciones de los científicos surcoreanos podría no ser un auténtico embrión, si no “un conjunto celular clónico que simplemente se parece a un blastocisto”, es decir, “se habrían obtenidos células parecidas a las de la masa interna de un embrión de 5 días”. Si ésto fuera así, no existiría ninguna dificultad ética para utilizar estos seudoembriones. Sin embargo, esto no parece ser tan evidente. Unos días después, el profesor de Histología de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, Luis Santamaría, mostraba sus discrepancias(15) con la tesis de la profesora López Moratalla. Opina Santamaría, que no solamente el blastocisto tiene categoría de embrión, si no que también lo tiene el embrión en cualquier fase evolutiva anterior, por lo que su manipulación debe merecer el juicio ético que manipular un embrión humano requiere. “primero, afirma, que la introducción de un núcleo diploide (con 46 cromosomas) en un ovocito enucleado es una maniobra equivalente y sustitutiva de la fecundación; de hecho, conduce al mismo resultado, la formación de una célula totipotente. Otra cosa es que las posibilidades de desarrollo embrionario normal a partir de ese cigoto sean muy bajas, por las razones que indica la profesora López Moratalla, pero de hecho no son nulas (ahí está estuvo- Dolly)”. Continúa el doctor Santamaría, “me parece que el valor de la persona humana es tan grande (un fin en si mismo) que no se puede correr ni el más ligero riesgo de que en un experimento de este tipo se pueda generar un embrión humano viable”, y sigue, “como consecuencia de estas experimentaciones se genera un embrión humano (por lo tanto, ya un individuo humano) que se sabe que no va a progresar en su desarrollo”.

Un aspecto importante de esta discusión para realizar cualquier valoración ética, es considerar si la dignidad del ser biológico producido por la transferencia nuclear somática se deriva de la técnica utilizada para producirlo o de que, si se le deja evolucionar, pueda dar lugar a un embrión humano y después a un individuo humano adulto. Ciertamente, desde un punto de vista ético, estimo que el medio utilizado para producir ese ser biológico primigenio unicelular es irrelevante para el juicio ético que pueda merecer su destrucción. Este juicio creo que depende únicamente de que ese ente biológico pueda con posterioridad generar un embrión humano y después un individuo humano adulto vivo. Si se quiere denominar cigoto únicamente al ente biológico conseguido por la fecundación de un óvulo por un espermatozoide y nuclóvulo al conseguido por transferencia nuclear somática, es ésta una distinción semántica, que puede tener carácter esclarecedor para definir el mecanismo que ha producido ese ser unicelular, pero que no aporta ningún dato relevante para enjuiciar el carácter ético de su destrucción, este juicio ético, como repetidamente se ha indicado, solo depende de que ese ser unicelular sea la primera etapa de un individuo humano, que ha de ser destruido para obtener las células madre que posteriormente se podrían aplicar en la medicina regenerativa o reparadora.

BIBLIOGRAFIA

1. Nombela, César. Medicina regenerativa: Clonación e impacto mediático. Diario Médico, 17 de febrero, 2004.

2. Woo Suk Hwang, Young June Ryu, Jong Hyuk Park, Eul Soon Park, Eu Gene Lee, Ja Min Koo, Hyun Yong Chun, Byeong Chun Lee, Sung Keun Kang, Sun Jong Kim, Curie Ahn, Jung Hye Hwang, Ky Young Park, Jose B Cibelli and Shin Yong Moon. Evidence of pluripotent human embryonic stem cell line derived from a cloned blastocyst. Science (Doi: 10-1126/science 1094515) 12 febrero, 2004.

3. Tamkins, Theresa. South Koreans create human stem cell line using nuclear transfer. Lancet 2004; 363: 623.

4. Jaenisch, Rudolf. Declaraciones publicadas en: Diario Medico, 13 de febrero, 2004.

5. López Moratalla, Natalia. No se ha obtenido un clon humano, ni siquiera un embrión humano. La Voz de Galicia, 14 de febrero, 2004.

6. López Moratalla, Natalia. Entrevista realizada por Antonio Orozco-Delclós. Arvo Net, 18 de febrero, 2004.

7. López Moratalla, Natalia. Declaraciones publicadas en: Diario Médico, 19 de febrero, 2004.

8. Lacadena, Juan Ramón. Declaraciones publicadas en: Dirario Médico, 19 de febrero, 2004.

9. Wilmut, Ian. Human cells from cloned embryos in research and therapy. BMJ 2004; 328: 415-6.

10. Radford, Tim. Korean scientists clone 30 human embryos. BMJ 2004; 328: 421.

11. Editorial. Facts versus ideology in the cloning debate. Lancet 2004; 581: 2004.

12. Hwang, Woo Suk. Entrevista realizada por Valentina Rodríguez. La Nación (Santiago de Chile), 15 de febrero, 2004.

13. Kennedy, Donald. Declaraciones publicadas en: Diario Médico, 13 de febrero, 2004.

14. Kass, Leon. Declaraciones publicadas en: Diario Médico, 13 de febrero, 2004.

15. Santamaría Solís, Luis. Discutida interpretación de la clonación coreana. Diario Médico.

3. Clonación de embriones humanos: investigación y ética.

A las tres semanas de que se anunciara la clonación del primer embrión humano por un equipo de la Universidad Nacional de Corea del Sur, el editor de «Science», la prestigiosa revista en la que se dieron a conocer estas experiencias, publicaba un Editorial (12, marzo, 2004), en el que según él «éste es un momento oportuno para una revisión: pues el intervalo de tres semanas ha sido un buen tiempo de gestación para las reacciones». Indudablemente hay que agradecer su oportuna reflexión, y sobre ella quiero añadir la mía.

El primer aspecto que, a mi juicio, merece ser destacado de la reflexión de Donald Kennedy, el editor de «Science», es que se reafirma en que el producto obtenido, tras inyectar a un óvulo enucleado células somáticas de la mujer donante del óvulo, era un blastocisto, es decir un embrión humano de entre 60 a 100 células, aspecto este decisivo para evaluar éticamente el uso de las células madre obtenidas a partir de él. Ciertamente, en el momento de la publicación del artículo de «Science» se puso en duda por algunos investigadores, tanto nacionales como extranjeros, que el producto de la clonación conseguida fuera un verdadero blastocisto humano, por lo que consecuentemente, si no lo era, sus células podrían utilizarse para investigaciones biomédicas sin limitación ética alguna. Parece que Donald Kennedy se reafirma en que en la clonación del equipo coreano se obtuvo un verdadero blastocisto humano, por lo que su destrucción para obtener las células madre merece la calificación ética atribuible a cualquier acción que termine con una vida humana, aunque sea de pocos días. Es verdad que en el referido editorial se comenta que no se puede descartar totalmente que el blastocisto fuera obtenido por partenogénesis, división asexuada del óvulo femenino, pero ésto, aunque muy improbable, no cambiaría la valoración ética de su destrucción, sea cual fuera el método utilizado para generarlo, si dicho blastocisto fuera viable.

Otro aspecto fundamental a considerar tras la publicación del artículo de «Science», es la falsa esperanza transmitida a diversos colectivos de enfermos sobre la posible aplicación inmediata de estas experiencias para curar, sus dolencias. En relación con ello, en el mismo editorial, se recogen unas palabras de Rudolf Jaenisch, del Instituto Tecnológico de Massachussets, destacado investigador en el área de las células madre, afirmando que la aplicación del trabajo del equipo coreano para ser utilizado en técnicas de trasplante es todavía muy lejana. Es decir, coloca las cosas en su punto, al dejar bien sentado, en contra de lo que se ha escrito y escuchado en nuestro país, y también en otros, que no se puede esperar una inmediata aplicación clínica de estas experiencias, por lo que, a nuestro juicio, manipular los legítimos deseos de curación de estos pacientes para apoyar unas investigaciones, que por el momento solamente pueden tener aplicación en la investigación científica básica, es una gravísima manipulación del dolor de unos enfermos, al margen de su propio bien. Algo éticamente reprobable.

Además, como también se destaca en el editorial de «Science», estas experiencias se han logrado utilizando óvulos y células somáticas, donantes del material genético, de la misma mujer, por lo que no se sabe si la clonación podría lograrse si se utilizaran células donantes de un sujeto distinto al que proporciona el óvulo. Por ello, hasta el momento, y utilizando el método experimental del equipo coreano, el embrión clonado solo podría ser hipotéticamente utilizado para curar a las mujeres, algo verdaderamente limitante; pero además la necesidad de obtener óvulos de la paciente que requiere el trasplante, dificulta, aún más si cabe, su posible aplicación en el ámbito de la medicina regenerativa y reparadora.

Otro aspecto que merece una especial consideración ética es la propuesta realizada en el mismo editorial, por otro destacado investigador, Irving Weissman, de la Universidad de Standfor. Weissman propone que con esta técnica, si se utilizaran células somáticas portadoras de un defecto genético, es decir de un paciente con una enfermedad hereditaria, trasfiriéndolas a un ovocito enucleado, se podrían generar embriones enfermos de los cuáles se podrían obtener células madre, útiles para investigar sobre la enfermedad del paciente donador de las células somáticas. Es decir, defiende la creación de embriones humanos enfermos para ser utilizados como material biológico de investigación. Insistiendo en ello, Weissman apostilla que por esta razón la publicación de las experiencias del equipo coreano es una buena noticia, la mala noticia es que no se pueden llevar a cabo ahora en nuestro país. Es decir, la mala noticia es que la administración norteamericana prohíbe crear embriones enfermos para ser utilizados como cobayas en aras de unas hipotéticas experiencias científicas. Difícilmente puede un científico llegar a más locura ética y una revista, que al parecer apoya la propuesta de Weissman, a mayores desatinos. Todo al servicio de la ciencia elevada al grado de categoría moral máxima. Por ello, otro destacado investigador de la Universidad de Harward, Douglas Melton, el que ha dirigido el equipo que con fondos privados acaba de obtener 17 líneas celulares de embriones humanos disponibles para investigaciones biomédicas, apoyando a Weissman, afirma, también en el mismo Editorial, que «la vida es corta, y yo no quiero desperdiciar el resto de la mía leyendo sobre excitantes avances en mi campo científico, que únicamente pueden llevarse a cabo en otro país».

Creo que cualquier comentario sobre el juicio ético que estas palabras merecen es innecesario.

Ciertamente no es fácil comprender a esta progresía científica, nacional y foránea, que en aras a poder realizar sus propias investigaciones (hay que recordar como Melton se refiere en sus afirmaciones a «sus» investigaciones), no tiene inconveniente alguno en destruir un embrión humano o, incluso algo más grave aún, crear un embrión enfermo para utilizarlo como material biológico, lo que, a mi juicio, como investigador, no tiene la más mínima justificación ética (La Razón, 20-V-2004).

4. ¿Es el producto de la transferencia nuclear somática humana, la denominada clonación terapéutica, un ser humano o es un ente biológico carente de esa condición?

La cuestión plantea un importante problema ético, ya que en el primer caso la clonación terapéutica debería ser totalmente rechazada y en el segundo, no tendría objeción ética importante, por lo que el producto resultante podría ser utilizado para experiencias biomédicas sin ninguna cortapisa moral. Incluso parece que no sería pertinente la condena tan explícita que la clonación terapéutica ha merecido por parte de la Conferencia Episcopal Española, al considerar que con ella se atenta directamente contra la dignidad del ser humano y sobre todo, porque si se utiliza el producto de la clonación para experimentaciones biomédicas éstas conllevan la destrucción de una vida humana, la del embrión generado, algo éticamente inadmisible.

Al profundizar sobre la pregunta en cuestión, en primer lugar hay que definir el estatuto biológico del ente así creado y en segundo reflexionar sobre su estatuto antropológico

A nuestro juicio, la primera cuestión es éticamente importante, pues existen opiniones dispares, también en nuestro país, sobre el estatuto biológico del producto de la clonación terapéutica. Unos expertos, entre los que nos encontramos, estiman que es potencialmente un embrión humano, con todo lo que ello significa, pero otros, afirman que el producto de la clonación es un ente biológico carente de esa condición humana.

Dada esta disparidad de criterios, para abordar la primera cuestión, el estatuto biológico, nos ha parecido útil referimos a un interesante artículo publicado en la prestigiosa revista Human Reproduction (22; 905-911, 2007), en el que un grupo de expertos de diversas universidades y centros médicos australianos abordan conjuntamente este tema. De esta forma, nos parece que el juicio emitido tendrá la objetividad de la que probablemente adolecería si únicamente expusiéramos nuestra opinión.

Antes de seguir adelante vamos a referimos a la definición de embrión humano que los autores proponen: un embrión humano es una entidad biológica que surge: 1) cuando se ha completado la primera división mitótica tras la fertilización de un ovocito humano por esperma humano, o 2) cualquier otro proceso que promueva el desarrollo organizado de una entidad biológica que posee un genoma nuclear humano o un genoma nuclear humano alterado, que tiene la potencialidad de desarrollarse hasta el estadio evolutivo en el que aparece la cresta primitiva.

En ambos casos se considera embrión cuando no han transcurrido 8 semanas desde la primera división mitótica.

Establecida esta definición los autores realizan un magnífico resumen de 19 técnicas distintas que en principio pueden dar lugar a la producción de un ente biológico que puede ser considerando como un embrión humano.

En dicha tabla se analizan las distintas etapas del desarrollo de un embrión humano y se valora en que medida cada una de las técnicas evaluadas las cumplen o no, llegando al final a concluir qué técnicas podrían generar un embrión humano.

A nuestro juicio, la condición fundamental, con independencia del medio utilizado para producir la entidad biológica en cuestión, para considerar que el producto obtenido de una técnica en concreto debe ser considerado como un embrión humano, es que el producto obtenido tenga posibilidad de desarrollarse hasta un feto y sobre todo que pueda producir un nacido humano vivo, cuando se implanta en el útero de una mujer. Antes de seguir adelante conviene señalar que hasta el momento no se ha constatado fehacientemente que se haya podido clonar un ser humano

Como los propios autores señalan, diversos “modelos animales han demostrado que los blastocistos producidos por transferencia nuclear somática tienen potencialidad para implantarse y desarrollarse hasta un nacido vivo. Por ello, parece razonable asumir que los blastocistos humanos obtenidos por transferencia nuclear somática tiene también la potencialidad de desarrollarse hasta producir un individuo humano viable si se les transfiere a un medio ambiental adecuado”.

No vamos a referimos aquí a cada una de las 19 técnicas analizadas, pero si a una de ellas, por ser la más frecuentemente utilizada. Nos estamos refiriendo a la técnica no 2, la transferencia nuclear somática, pues esta es precisamente la cuestionada en la consulta realizada.

La transferencia nuclear somática no utiliza para producir un embrión gametos masculino o femenino. Por tanto, tampoco hay fertilización y singamia (unión de los núcleos masculino y femenino, para producir el núcleo de la célula hija). Pero a partir de aquí, sí que va cumpliendo todos los pasos que un embrión humano da después de la singamia, ya que se produce la división celular que lleva a los estadios evolutivos de mórula y blastocisto, tiene la potencialidad biológica necesaria para implantarse en el útero, si se le transfiere, y sobre todo tiene la potencialidad para desarrollarse hasta producir un feto o un nacido vivo.

Es decir, a nuestro juicio, el producto de la clonación terapéutica humana, tiene la posibilidad de generar un nacido humano vivo si se dan las circunstancias adicionales necesarias para que complete su desarrollo, por lo que biológicamente, nos parece que hay que considerarlo como un ser humano, lo que, con independencia, de la consideración antropológica que ese potencial ser humano generado merezca, hace que el producto biológico resultante de la transferencia nuclear somática, por ser poseedor de un estatuto biológico humano, requiera todo el respeto que a un ser humano se le debe, bien sea un embrión preimplantado, un embrión implantado, un feto o un recién nacido vivo.

Aspectos antropológicos de la cuestión

Algunos planteamientos como el del Tribunal Supremo del Reino Unido, consideran que los ovocitos obtenidos por transferencia nuclear no son seres humanos y que por lo tanto no merecían el respeto absoluto que toda vida humana merece; sino que serían más bien un conjunto de células en desarrollo, un proyecto de vida sencillamente, pero no una vida en sí misma. Esta sentencia formulada por el Juez Crone, se basa en que “a su juicio” la unión entre componentes celulares no gaméticos no genera un ser nuevo (en este caso humano). Se trataría simplemente de un conjunto de células pero no de una nueva vida. La referida decisión judicial fue muy llamativa, creando lo que se llamó “paraíso para la clonación humana” al que se apresuraron a acudir los partidarios de la misma, y fue inmediatamente recurrida por el Gobierno que se puso en marcha para promulgar una Normativa anulatoria. La consulta plantea esta misma cuestión, pero es necesario ir más allá de la promulgación de una sentencia para resolverla.
Parece que no hay acuerdo entre los expertos en investigación biomédica acerca de si un óvulo enucleado al que se transfiere un núcleo de otra célula es un ser humano. La discusión es compleja, pues hay diferentes técnicas que dan lugar a resultados distintos. Sin embargo, no creo que la respuesta esté relacionada con los aspectos más técnicos de la cuestión, sino precisamente con los más básicos, los comunes a todos los casos. Nos preguntamos si determinada entidad celular es o no una vida humana. Veamos por tanto si es vida y si es humana.
En primer lugar, hay que decir que el ovocito obtenido por transferencia nuclear está vivo. Al menos se han conseguido resultados positivos en experimentos en los que ese conjunto de células se activa mediante diferentes recursos y una vez activado se comporta como cualquier otro embrión humano, viviendo al menos durante un breve espacio de tiempo, durante el cual se desarrolla y se estructura conforme a una pauta propia, suya, “interna” si queremos llamarla así. En otras palabras: hay vida, puesto que hay crecimiento conforme a un programa genético. Hay tres criterios que establecen la individualidad de un ser vivo: la existencia de una materia propia, diferente de la de otro individuo; la unidad de las diferentes partes de esa materia formando un organismo; y la continuidad espacio temporal de ese organismo. En el caso que nos ocupa, se cumplen los tres criterios: en primer lugar, hay una materia propia, un óvulo enucleado al que se ha transferido el núcleo de otra célula; en segundo lugar, ese individuo está ya dotado de una unidad que es precisamente la que posibilita la vida, ya que no es una amalgama de células, sino un conjunto de células organizado desde sí mismo y en desarrollo; y, en tercer lugar, se da una continuidad del individuo en una sucesión temporal, lo que nos permite señalarle como el mismo individuo que era en estadios anteriores del proceso.

Es más, como ya decía Aristóteles, para los vivientes vivir es ser. Es decir: es un ser vivo precisamente porque es de una determinada manera: es desarrollándose a sí mismo en un proceso al que llamamos vida. Ese proceso es la autorrealización que se da en todo ser vivo, el hacerse desde sí mismo, que comienza con la constitución del propio cuerpo. En este sentido, el embrión producido por una transferencia nuclear es desde luego un individuo, ya que el proceso de constitución del propio cuerpo es precisamente el que se inicia con el desarrollo embrionario y que llevará a constituir un cuerpo humano.
Hay que tener en cuenta aquí que estamos hablando de posibilidades aún no conseguidas, ya que ningún embrión procedente de transferencia, nuclear ha sobrevivido más allá de los primeros días de desarrollo, ya que ha muerto o ha sido destruido antes de ser implantado en un útero. Algunos autores sostienen que este embrión es inviable precisamente por no proceder de fecundación, es decir, al no darse la fecundación el embrión no tiene los recursos normales para llegar a constituirse en individuo y por eso muere. De esto deducen que este tipo de embriones no serían propiamente vidas humanas, aunque podrían llegar a constituirse como tales. Me parece bastante claro el error que hay que señalar en esta argumentación desde un punto de vista antropológico, puesto que vivir es un proceso de autorrealización de un ser que se constituye como tal en ese proceso, sin solución de continuidad. Si en algún momento este embrión puede llegar a ser humano es porque lo era desde el origen, ya que la continuidad espacio temporal nos permite señalarle como uno y el mismo ser en las distintas fases del proceso. Admitir que pueda llegar a ser una vida humana sin serlo desde el inicio (por ejemplo, en el momento en que llegara a ser implantable en el útero) sería romper esa continuidad temporal: estaríamos hablando de dos seres distintos, siendo el segundo resultado de una transformación del primero. Pero en el estudio del desarrollo embrionario no hay ningún cambio que nos permita hablar de semejante transformación, sino que se ve claramente que el embrión se desarrolla en un proceso continuo, que es el crecimiento.

Si es un individuo vivo, equiparable a cualquier otro embrión en su comportamiento, no puede ser de otra especie que la humana. Hay que reconocer que la duda se plantea con razón, pues las posibilidades técnicas actuales nos permiten producir un embrión de un modo radicalmente distinto al natural al hombre. No se trata del fruto de la reproducción sexual que se da en la unión de dos miembros de distinto sexo de la especie humana. El individuo fruto de la transferencia somática es producido (no generado) sin fusión sexual. Sin embargo, una vez producido no puede ser otra cosa que humano y de hecho se comporta como tal, como los otros embriones humanos en la misma fase de su desarrollo. Si se me permite la comparación, penosa pero ilustrativa, es el mismo problema que Mary Shelley plantea en su Frankenstein’. si pudiéramos producir un Frankenstein ¿sería un ser humano? De hecho, es muy posible que en el plano psicológico un ser humano clonado tuviera problemas muy parecidos a los del conocido monstruo de la ficción, pero esa es otra cuestión. En el caso de un ovocito producto de la transferencia nuclear tampoco hay “fecundación” en el sentido habitual de la palabra, sin embargo el proceso vital se inicia y se desarrolla igualmente, dando lugar a un individuo que podría ser implantado en el útero y llegar a nacer (aunque de momento esto no se haya conseguido). El criterio para establecer su humanidad no es su origen ni su capacidad de supervivencia, ni el desarrollo de sus capacidades humanas, sino el hecho al que apunta la ciencia de que no hay solución de continuidad en el proceso de constitución de ese individuo como tal: si se le facilita el entorno adecuado y el alimento necesario, llegará a desarrollarse como un ser humano, pues este es el patrimonio genético que posee y que rige su desarrollo. Hablamos por tanto de distintas fases de desarrollo de un mismo ser vivo. Se trata del mismo ser vivo antes y después de su implantación en un útero, antes y después del nacimiento, en su infancia y a la hora de su muerte.

De hecho, si no fuera un ser humano vivo, no serviría para los fines con los que se produce, ya que la obtención de células madre embrionarias a partir de estos embriones sólo es útil terapéuticamente si de ellas se pueden obtener tejidos humanos. Es otra forma de plantear la continuidad: si ahora puedo obtener tejidos humanos es porque antes era también humano. Se producen ya mamíferos mediante estas técnicas de transferencia nuclear con bastante éxito. Y cuando se realiza esta “clonación” en ovejas no nos planteamos la duda de si son o no ovejas. Sabemos que por transferencia nuclear obtendremos animales de la misma especie que la célula que aporta en patrimonio genético, y por eso precisamente la realizamos: para obtener ese animal. ¿Por qué no habría de ocurrir lo mismo en el caso de los seres humano?
La cuestión planteada admite otra comparación ilustrativa: la donación de órganos. El médico debe asegurarse de la muerte del donante antes de llevar a cabo dicha donación. Obviamente, el donante es un ser humano y sería implanteable disponer de alguno de sus órganos mientras aún vive, aunque sea sin posibilidad humana de recuperación, o en coma. El criterio no es la posibilidad de supervivencia del donante, ni su capacidad de recuperación, cuanto menos el ejercicio actual de sus capacidades humanas. Mientras vive es merecedor de todo el respeto y la dignidad que es debido a toda vida humana, y por tanto a su integridad. Más aún: actuaría mal un médico que procediera a la donación de órganos sin tener certeza de la muerte del donante, con la más mínima duda sobre ella. Del mismo modo, los criterios de individualidad, unidad y continuidad espacio temporal plantean cuando menos una duda razonable acerca de la humanidad del embrión procedente de transferencia nuclear. Sólo con esa duda razonable, ya sería inmoral proceder a su desintegración para la obtención de células madre. Puesto que, si es una vida humana como parece que lo es, sería hacer de un ser humano en los primeros estadios de su desarrollo un donante en vida, un donante al que hay que destruir para lograr la donación, involuntaria y no informada por supuesto en este caso.
Visto de este modo, la posible clonación por transferencia nuclear, tanto con fines reproductivos como terapéuticos, plantea serios problemas éticos, ya que se trata de la producción de un ser humano con fines útiles y/o beneficiosos para otros seres humanos. (Justo Aznar y Encarna Llamas. Observatorio de Bioética. Universidad Católica de Valencia).

ir al principio