It Happened One Night (Sucedió una noche, 1934)1 fue un gran éxito tanto en taquilla como para la crítica. Consiguió ser la primera película en la historia del cine en ganar los premios de las cinco categorías principales de la Academia: película, director (Frank Capra), actor (Clark Gable), actriz (Claudette Colbert), guion (adaptado por Robert Riskin). Para algunos estudiosos es la creadora de las comedias alocadas o screwball comedies. De manera más precisa el filósofo Stanley Cavell la sitúa como el exponente primero del género de las remarriage comedies (comedias de renovación matrimonial)2 un término que agrupa siete de las mejores cintas de los años treinta y cuarenta del siglo XX. A lo largo del filme vemos cómo una jovencita caprichosa —que ha huido de su casa porque su padre, un magnate millonario, se oponía a su alocado matrimonio con un cazafortunas— se va transformando en el viaje en autobús al entrar en relación con un periodista que encarna los valores propios del pueblo americano. Entre ellos surge y se va educando una relación de verdadero matrimonio, basada en el respeto, la igualdad, en ideales no materialistas y en la conversación fluida para decirse mutuamente la verdad. 

 

Significación 

Cuando se comenzó a fraguar el proyecto de It Happened One Night en los estudios de la Columbia nadie podía anticipar el enorme impacto que iba a conseguir tras su estreno. Se basaba en Night Bus, un relato corto de Samuel Hopkins Adams publicado en 1933 por la revista Cosmopolitan3. A pesar de que el texto estaba bien construido, el equipo habitual de Capra lo acogió con reticencias por pensar que podía dar lugar tan sólo a un producto nada espectacular4. A eso se añadía que ni Clark Gable (como Peter Warne, el protagonista masculino) ni Claudette Colbert (como Ellie Andrews, la contrapartida femenina) manifestaron el menor entusiasmo en participar en el rodaje. Tan sólo les movían o bien asuntos contractuales o bien el atractivo del sueldo. Para colmo, Colbert sólo disponía de cuatro semanas libres al efecto, lo que supuso un auténtico reto para el director. Capra consiguió sacarlo adelante con poco trabajo en estudios y mucho en espacios abiertos5, y con algunas austeridades facilitadas por el guion. Es el caso de los vestidos de Claudette Colbert, por ejemplo, se limitaban prácticamente al que llevaba en el viaje en autobús y al vestido de novia. 

¿Por qué el resultado desmintió completamente esos malos presagios? Creemos que hay una respuesta clara: Capra acertó con el mensaje que quería trasladar. Como hemos reflejado en esta sección de Bioética en el cine del Observatorio de Bioética, al director de origen siciliano le preocupa de manera principal dar cuenta en la pantalla de las nuevas relaciones que podían entablarse entre los varones y las mujeres en el primer tercio del siglo XX. Consideraba que se estaba ante sociedades más abiertas y libres de prejuicios a las que se les presentaba al mismo tiempo el desafío de ser más responsables en el mutuo reconocimiento de su propio valor y dignidad. De ese modo iba a aparecer un nuevo modo de hacer creíble el amor en el matrimonio. El realizador encontró una magnífica colaboración en el guionista Robert Riskin, como en 1930 la había tenido con Jo Swerling cuando se encargó de los diálogos para Ladies of Ladies of Leisure (Mujeres ligeras)6. Esta obra se puede considerar una precedente de It Happened One Night en la descripción del mutuo reconocimiento y del respeto entre un hombre y una mujer de extracciones sociales antagónicas. 

Sinopsis de la película 

Lo que amenazaba con simplemente dar lugar a un producto del montón se convierte en una obra maestra gracias al énfasis con el que Capra trabaja el relato original con ayuda de Robert Riskin. Christian Mietus, en su blog de análisis de adaptaciones, acertadamente considera que la película es una “adaptación media” con respecto a Night Bus de Adams. Es decir, que no estamos ni ante una mera trasposición del relato original, ni tampoco ante una adaptación libre que sólo utilice el texto literario como punto de partida. Reconoce que el director “juega con la

libertad y la cercanía, incluso en aspectos tan básicos como los diálogos”. De este modo, reconoce: “Muchas de las escenas que Capra añade a su adaptación intensifican la tensión dramática y logran captar nuestra atención de manera efectiva.”7 

Capra arranca con una impactante escena. Una joven, Ellie Andrews (Claudette Colbert) huye de su potentado padre, Alexandre Andrew (Walter Connolly) saltando de su yate, donde la tiene encerrada mientras busca anular su matrimonio no consumado con un cazafortunas, King Westley (Jamson Thomas). Ellie consigue huir de sus perseguidores y de los detectives contratados por su padre y montar en un autobús nocturno desde Miami hasta Nueva York. Allí coincide con un periodista impetuoso, Peter Warne (Clark Gable), quien acaba de ser despedido por su jefe,. Él se da pronto cuenta de que ella es una chica de alta posición que desentona como pasajera de un medio tan popular. Y acto seguido descubre que es la hija del millonario que se ha escapado. Se compromete con ella a no descubrirla, si le da la exclusiva de su historia.  

Así pasan cuatro noches juntos. La primera, todavía sin saber quiénes son, porque viajan en asientos contiguos y ella se queda dormida, apoyándose en él. La segunda, cuando el autobús no puede cruzar por un puente inundado y toman habitación en la cabaña de un motel, simulando ser un matrimonio: allí Peter pone una manta sobre una cuerda entre las dos camas para respetar mutuamente su intimidad. La tercera la pasan al aire libre, en un granero, porque han tenido que huir del autobús donde ella corría riesgo de ser descubierta: duermen sobre montones de paja y Peter refrena el deseo de besarla, cuando la tapa con su abrigo para que no pase frío. 

La cuarta, la vuelven a pasar en otro motel cuando apenas están a tres horas de Nueva York, por voluntad de Ellie. Peter vuelve a colocar la manta, pero en su conversación Ellie muestra haberse enamorado de él y acude a su cama para expresarle que quiere ser la mujer de sus sueños. Él no quiere aprovecharse de la situación y le pide que vuelva a su lugar. Pero muestra estar también enamorado de ella y quiere ir a Nueva York antes de que se despierte para vender su reportaje y tener dinero para casarse. 

Cuando los dueños del motel la despiertan y ella se ve abandonada, Ellie decide llamar a su padre, que ya acepta a King, y pedirle que vaya a buscarla para que se celebre la ceremonia del matrimonio. Pero el padre llega a conocer a Peter, se da cuenta de que la quiere de verdad, y favorece que ella huya en el último momento, ya en el altar, para irse con Peter. 

En la última escena, vemos a los dueños de otro motel que son unos recién casados muy singulares, que les han pedido una trompeta de juguete “para derribar las murallas de Jericó”. Con el sonido del instrumento termina la película. 

El respeto del otro 

Stanley Cavell, en la obra que a la que ya hemos aludido8, ve en la manta que Peter ha dispuesto entre las camas un emblema del respeto al otro, tal y como Kant concibe a la hora de presentar la sociedad como una armonía entre personas que son fines en sí mismas9. Lo que hay que subrayar es que Capra plantea ese respeto hacia el  otro en la relación entre mujeres y hombres. 

La noche en la que Peter dispone la cuerda y la manta de ese modo, él ha tenido el atrevimiento de inscribirla a ella en el motel como la Sra. Warne. Ellie ha sufrido horas antes en el autobús las insinuaciones de un personaje libidinoso llamado Oscar Shapeley (Roscoe Karns). Entonces Peter se ha hecho pasar por su esposo para que Shapeley le dejara el asiento junto a ella y se marchara a otro. Pero ahora, Ellie considera que la nueva situación es incomparablemente más ultrajante que aquella. Peter le tendrá que convencer de que no tiene ningún interés lascivo: sólo quiere contar su historia para ganar prestigio como reportero. Y la convence a través de actuar con sentido del pudor y del cuidado, planchándole la ropa, guisando el desayuno. Se reconoce al otro cuando se actúa con respeto hacia él. 

En la noche en el granero, ya hemos señalado que Peter frena el deseo de juntar los labios con los de ella, consciente de que en un medio así Ellie se sentiría todavía más vulnerable, y su libertad estaría muy probablemente disminuida. Ese mismo pudor se manifiesta cuando a la mañana siguiente ella muestra su pierna para conseguir detener un vehículo que los lleve en autostop. Peter considera que no ha sido un modo correcto de actuar por la dimensión de cosificación de su cuerpo que conlleva, y le espeta que si se hubiese mostrado desnuda hubiese parado cuarenta vehículos más. 

La barrera que supone la manta sólo podrá caer cuando se comparta algo del mundo interior del otro, y el respeto dé lugar a su reconocimiento, y al verdadero amor. En la última noche de viaje que pasan juntos, por inclinación de ella, se produce la comunicación definitiva. 

ELLIE: ¿Te has enamorado alguna vez, Peter? 

PETER: ¿Yo? 

ELLIE: Sí, ¿no has pensado en ello en absoluto? Me da la impresión de que podrías hacer muy feliz a una chica. 

PETER: Claro que he pensado en ello. ¿Y quién no? Si alguna vez llegara a conocer a la chica adecuada, yo… Sí, pero dónde iba a encontrarla, alguien auténtico, alguien lleno de vida. Ya no son así. He sido bastante tonto como para hacer planes. En cierta ocasión vi una isla en el Pacífico. No he podido olvidarla. Me gustaría llevarla allí; pero tendría que ser la clase de chica que se lanzara a las olas conmigo y las disfrutara tanto como yo. Ya sabes, esas noches cuando uno se funde con la luna y el agua y tiene la impresión de ser parte de algo grande y maravilloso. Esos son los únicos lugares donde merece la pena vivir. Donde las estrellas están tan cerca que da la impresión de que bastaría con alargar el brazo para agitarlas. Claro que he pensado en ello. Vaya, si encontrara una chica que estuviera hambrienta de algo así… 

Cavell describe a la perfección lo que desencadena esta apertura de alma por parte de ella. 

Y ahora viene la crisis. Hemos pasado de los primeros planos de Ellie en dos o tres ocasiones durante el monólogo de Peter, y al final la vemos rodear la manta para acercarse a él. Vacila, se agarra al borde de la manta y se la reencuadra en un primer plano más próximo y difuminado, con el campo visual empañado, como si viéramos a través de una neblina de felicidad, o de un trance dichoso. Luego se acerca al lecho de Peter, cae de rodillas, le echa los brazos al cuello, le pide que se la lleve con él y le declara su amor. Él se muestra impasible, paralizado y le dice que más vale que vuelva a la cama. Ellie se disculpa, se retira apresuradamente a su lado de la barrera, se tumba en su cama y solloza… un fundido nos lleva de ella dormida a él con el cigarrillo consumido… Él le pregunta en voz alta: “Eh, mocosa, ¿lo decías en serio? ¿De verdad irías?”… Se levanta y mira por encima de la barrera para descubrir que ella duerme, y se viste a toda prisa y se marcha, según veremos poco después, para venderle el reportaje a su antiguo redactor. 10 

La mutua educación  

Ahora podemos entender que la película de Capra nos va encadenando una serie de noches que alcanzan a representar la mutua educación entre el varón y la mujer. Armonizar la convivencia para que cada persona pueda ser considerada un fin en sí misma necesita alcanzar las zonas más sensibles del propio ser, tal y como podemos reconocer que sucede en la adecuada relación entre el varón y la mujer. Stanley Cavell sigue razonando al respecto. 

Lo que sucedió una noche es que el hombre se llevó a la mujer a su isla. La lleva a través del agua que la cámara de  Capra, por medio de algo como el difuminado, nos muestra tan brillante bajo el cielo nocturno que parece no haber horizonte ni separación entre la tierra y los cielos, de modo que uno tiene la impresión de poder estirar el brazo y agitar las estrellas. Y el lugar al que la lleva es tan aislado como una isla y él lo considera su hogar…  y se funden con la luna y el paisaje, tornándose una parte tan conmovedora de algo tan grande y maravilloso como es capaz de captar una composición pictórica expresionista hecha hasta donde puede alcanzar la cámara cinematográfica.11 

¿Por qué Peter, en un primer momento, se aleja de ella, por qué no es capaz de permitir que la mujer de sus sueños entre en su sueño? Cavell se formula estas preguntas y responde: 

Quizás sea precisamente ésta la respuesta. Lo que le sorprende es la realidad de ella. Reconocerla como esta mujer sería reconocer que es “alguien auténtico, alguien lleno de vida”, de carne y hueso, alguien ajeno a su sueño que, por tanto, si ha de figurar en el sueño, tiene que entrar por él; y a su modo de ver eso constituye una amenaza para el sueño y para sí mismo. Para ir en pos de un sueño hay que arriesgarlo. El problema que se le plantea es que tiene que aunar su percepción de la mujer con su imagen de ella. Éste sería precisamente el derrumbamiento de los muros de Jericó.12 

Conclusión 

La Bioética, si quiere renunciar a permanecer abstracta y desencarnada, si está dispuesta a manifestar su rebeldía frente a considerar que la vida y la muerte sean problemas que se deben solucionar de un modo técnico o administrativo… está llamada a girar la mirada hacia las mujeres y los hombres de carne y hueso, y actuar en consecuencia.  

Y así ha de arrancar sus argumentaciones de las preguntas acerca de cómo nos relacionamos, de si estamos dispuestos a mirarnos con respeto, de si queremos implicarnos en una mutua educación. La perseverancia en este modo de cuestionarnos es un legado precioso que recibimos de películas como It Happened One Night, de aquellas que constituyen el personalismo fílmico. Nos permiten anclarnos en lo que de verdad merece la pena. Ya que, como señala Carola Minguet: “Cuando todo parece provisional, incluso la vida nueva empieza a parecer una osadía”13.  

 

Ficha técnica: 

Título original: It Happened One Night (“Sucedió una noche”). 

Año: 1934. 

Duración:  1h. 45 min  

País: Estados Unidos. 

Dirección: Frank Capra. 

 

Gracia Prats-Arolas 

Profesora e investigadora en Filosofía y Cine 

Universidad Católica de Valencia 

  

José Alfredo Peris-Cancio 

Profesor e investigador en Filosofía y Cine 

Miembro del Observatorio de Bioética 

Universidad Católica de Valencia 

 

 

[1] Accesible en castellano, en https://ok.ru/video/7010868333224

[2] Cavell, S. (1981). Pursuits of Happiness. The Hollywood Comedy of Remarriage. Cambridge MA: Harvard University Press. [Cavell, S. (1999). La búsqueda de la felicidad. La comedia de enredo matrimonial en Hollywood. (E. Iriarte, & J. Cerdán, Trads.). Barcelona: Paidós-Ibérica] [3] Adams, S. H. (1933). Night Bus. New York: Dell Publishing Company.

[4] Cfr. Girona, R. (2008). Frank Capra. Cátedra: Madrid. p. 198.

[5] Como ya había ocurrido en Rain or Shine (Pasa el Circo, 1930). Cfr. en esta misma web «¿Qué puede aportar Rain or Shine (Pasa el circo, 1930) de Frank Capra a una bioética verdaderamente personalista?», https://www.observatoriobioetica.org/2025/10/que-puede-aportar-rain-or-shine-pasa-el-circo-1930-de-frank-capra-a-una-bioetica-verdaderamente-personalista/10005806

[6] Cfr. también «El rostro humano como esperanza para la bioética a propósito de Ladies of Leisure (Mujeres ligeras, 1930) de Frank Capra», https://www.observatoriobioetica.org/2025/09/el-rostro-humano-como-esperanza-para-la-bioetica-a-proposito-de-ladies-of-leisure-mujeres-ligeras-1930-de-frank-capra/10004819

[7] Mietus, C. (30 de 09 de 2020). Análisis de adaptaciones: Sucedió una noche (1934) y “Night Bus”. Obtenido de Jet Fuel Review: https://lewislitjournal.wordpress.com/2020/09/30/adaptation-analysis-it-happened-one-night-1934-and-night-bus/

[8] Cfr. Cavell, S. (1981). Pursuits of Happiness, cit., p. 97

[9] Cfr. Kant, I. (2003). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Madrid: Encuentro.

[10] Cavell, S. (1981). Pursuits of Happiness, cit., pp. 97-98

[11] Cavell, S. (1981). Pursuits of Happiness, cit., p. 100.

[12] Cavell, S. (1981). Pursuits of Happiness, cit., pp. 100-101.

[13] Miguet Civera, C. (2026). El silencio de los pupitres. Religión Confidencial

 

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