“Pon amor donde no haya amor y hallarás amor”. Esta es la tesis de “Leonas”, la última película del director español Juan Manuel Cotelo (Madrid, 1966), que se proyecta en las pantallas españolas desde el 15 de mayo. ¿Acaso el amor se puede “poner”? ¿No es el amor un sentimiento que aparece y desaparece a su antojo? ¿No es un ente indomable? “Se acabó el amor”, dicen muchas parejas en la crisis de los cuarenta, tras diez años de casados. “Surgió el amor”, se dicen dos jóvenes adolescentes cuando inician sus primeros escarceos. “Se casaron por amor”, se dice de dos novensanos que han hecho lo que parecía que tenían que hacer. Muchas veces da la sensación de que el amor es un concepto ingobernable, poco domesticable, que campa a sus anchas por donde quiere, y que no en pocas ocasiones lo atribuimos a la magia del momento, a la alineación de planetas y asteroides, o a la misma suerte o destino. “Era el destino”, “Cupido ha lanzado sus flechas”, “el amor es así de caprichoso”.
Todo surgió de una parálisis, de un bloqueo, de un shock
Tras asistir al preestreno de “Leonas”, uno sale de la sala de cine, sabiendo que el amor no es tan arbitrario o rebelde. Porque “Leonas” va de eso, del instinto, pero también de la voluntad. Así se puede deducir una vez escuchas las historias personales de sus creadores: Juan Manuel y Majo.
Resulta que Majo, una chica normal, iba un buen día de camino al trabajo y sintió, en la misma calle, un bloqueo enorme, paralizante. Cuenta que no podía ni caminar, ni dar un solo paso hacia el destino al que iba. Se apoyó en el cristal de un escaparate, se sentó y se puso a llorar. Fue entonces cuando llamó a su marido, se sintió un poco aliviada y, aconsejada, emprendió camino de vuelta a casa.
No es baladí lo que le pasó. Un bloqueo, una circunstancia paralizante, puntual, fue el catalizador, el inicio de algo insospechable. De vuelta a casa, pasó por la céntrica calle Caballeros de Valencia. Y al pasar por la puerta de una pequeña iglesia escondida en un callejón, cayó en la cuenta, caprichos del soplo del Amor, de que era ahí donde acudía a rezar con su abuela cuando era tan solo una niña. Entró y se sentó en un banco. Necesitaba descansar. Y tras una conversación espontánea con un sacerdote, instintivamente se ofreció ayudarle en lo que éste le pedía: ir a visitar a un niño en una habitación de la Fe, Hospital Universitario de Valencia.
Muchos años después Juan Manuel, cineasta reconocido, acude a una entrevista a un programa de televisión. Aguarda su turno tras las cámaras en el mismo plató, y queda absorto escuchando la historia de la invitada que le precede. Cuando se cruzan para intercambiar posición, le dice: “no te vayas. Dame tu número. Necesito hablar contigo”.
Continuando con la historia de Majo, después de su conversación con el sacerdote, accedió y fue al hospital a ver al niño. Se quedó muy sorprendida: ¿un niño solo, enfermo, en el hospital, sin ningún familiar que le acompañe?. De nuevo la parálisis. Pero ya no era el mismo bloqueo de antes. Ahora algo le movía a la acción. A partir de ahí, el resto ya es historia. Hoy en día, la ONG que ella fundó llamada ‘Mamás en acción’ acompaña a miles de niños, en hospitales de todo el país, con miles de voluntarios inscritos.
Después de la entrevista en televisión, Juan Manuel llamó por teléfono a Majo, y tras su conversación, al conocer la historia de esos niños que están solos en los hospitales, también sufrió una especie de bloqueo. ¿Existen voluntarios que dan su tiempo gratis para acompañar y estar simplemente al lado de estos niños enfermos? También este shock le llevó a la acción. Y así, de nuevo, de una parálisis nació un movimiento. Resultado: ha hecho una película memorable, difícil de olvidar, que perdura su recuerdo en el tiempo personal de aquel que la ve.
Espectadores en acción
Cuando en el preestreno de la película ya realizada, en el coloquio posterior, Majo invita a los asistentes que abarrotan la sala, a cerrar los ojos y pensar en ese acontecimiento o situación vital que les paraliza, que les llena de rabia, que les causa un profundo sufrimiento, seguramente lo que está haciendo en ese momento es un gesto profundamente revolucionario: pensar si hay cabida para el cariño en esa situación personal; si hay alguna rendija para que entre el amor, es decir, si hay cabida para la acción.
Además, el visionado de la película no solo trae consigo un memorable recuerdo en el que la ve, sino que se constata también un hecho en el asistente: la acción traspasa la pantalla. Tras la proyección, el espectador también se levanta, nunca mejor dicho, de su butacón, con la sensación de querer convertirse en acción: #espectadoresenacción. Casi casi, es un deber moral, de justicia.
Ante estas parálisis mencionadas y sufridas por los autores creativos de la película, Juan Pablo II da una pequeña clave: señala que el hombre, tiene que ‘enfrentarse consigo mismo; es decir, entrar en relación cognoscitiva con su propio yo’ (Wojtyla, 1982 p.3) antes de iniciar una acción. Nadie está libre, pues, de escapar de este tipo de situaciones paralizantes.
Y aquí entra la conciencia de cada uno. Ratzinger (2005 p.44) dice: ‘la conciencia es la norma suprema que el hombre ha de seguir incluso contra la autoridad’. La conciencia fue la propulsora de Majo para meterse en un buen lío. Su conciencia le dijo: este niño no puede estar solo. Asimismo, la conciencia fue el motor también de Juan Manuel. Su conciencia le dijo: “¿Y si el amor cura? ¿Y si lo investigo, lo pruebo científicamente y lo doy a conocer a través de una película, por todas las salas del país?”
Porque de esto va la película. No va de ideas o conceptos amorosos etéreos. Va de una eficacia, de un hecho tangible. El amor puede curar psíquica y físicamente. No es solo un contenido intelectual o intencional constituido en la conciencia, sino que en toda acción hay una consecuencia. ¿Cuál es? Lo que la ciencia constata: que el niño enfermo que se siente acompañado, que se siente querido, que se siente garantizado, mejora efectivamente. Lo dicen los análisis de cualquier revisión médica, lo dice la ciencia, y así lo muestra el documental. La acción ‘revela a la persona en cuanto que es sujeto eficaz’ (Wojtyla, 1982 p.23).
La acción revela a la persona
Y en todo esto, ¿qué pintan las leonas del título? La imagen del cartel publicitario de la leona protegiendo a su cachorro (humano) nos ayuda a comprender la importancia de la presencia incesante de una madre. No solo por la fiereza que infligen a cada depredador que se acerque a sus crías, sino por el comportamiento cooperativo que tienen junto con otras leonas de la manada para apartar entre todas a sus cachorros de cualquier amenaza. Y así son las leonas de la película: miles de voluntarias que actúan unidas, coordinadas, emocionadas. Leonas que están siempre dispuestas a la acción. Gratis. Eric Fromm ya lo advirtió (Fromm, 2003 p.39): ‘en el acto mismo de dar, experimento mi fuerza, mi riqueza, mi poder (…) Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad’. Así lo saben las leonas. Es bonita la anécdota (que no lo es) de que, sin ir más lejos, Majo llegó tarde al preestreno porque tenía turno de hospital con una de las niñas necesitadas.
Pero, ¿tan importante es lo que están haciendo estos voluntarios de la acción? ¿No existen ya mecanismos e instituciones públicas que hagan lo que ellos hacen? Sí pero no. Hay personas, hay instituciones, pero falta algo. Hay opciones, pero no se conocen. Hay 50.000 niños solos en España, pero nadie lo sabe. Hay voluntarios que desean donarse, pero no encuentran lugar donde apuntarse. Las personas necesitamos pasar a la acción. ‘La gran fuerza moral del verdadero amor reside precisamente en ese deseo de la felicidad, del verdadero bien para otra persona’. (Wojtyla, 1969 p.151)
Ver ‘Leonas’ de Juan Manuel Cotelo es una experiencia de cine plenamente personalista. Porque “cuando el film pone en el centro a la persona, de una forma donde la esperanza por vivir se ve reforzada” (Peris-Cancio, 2023), entendemos la importancia de este tipo de cine en la sociedad. Ese personalismo fílmico surge de la misma experiencia fílmica. Es decir, tan sencillo como que, cuando uno constata que al salir de la sala tras ver la película, el alma se llena y obtiene alguna clave para vivir con esperanza la propia vida, sabe que está ante una película que es diferente al resto de las de la cartelera. Es esencial.
Uno desea ponerse en acción. Porque como dice Juan Pablo II, ‘la acción revela a la persona, y miramos a la persona a través de su acción’ (Wojtyla, 1982 p.12). Somos lo que hacemos. La sabiduría popular ya nos lo recuerda sobradamente: que las obras son amores y no buenas razones y que de buenas intenciones está el infierno lleno.
Como dice la película, no estaría de más que a partir de ahora, miráramos con ojos de búho, escucháramos con orejas de elefante, y habláramos con boca de ratón. En definitiva, estemos alerta a cualquier situación que requiera de nuestra acción. Seamos espectadores en acción.
Larga vida a “Leonas, la película”
Una película que humaniza el cuidado
FILMOGRAFÍA
Cotelo, J.M. (2026) Leonas
ficha técnica
título: LEONAS, el instinto más salvaje
duración: 94 minutos
Año de producción: 2025
Productora: Infinito Más Uno
Guión y dirección: Juan Manuel Cotelo
Producción ejecutiva: Simona Puskas
Fotografía y montaje: Carlos Peñaranda – Agustín Martínez
VFX: Pau Rodilla
Música: Kike Soriano, Juan Manuel Cotelo.
Protagonistas: Majo Gimeno, Yanirha López, Amparo Arona, Pablo Tárrega, PIlar Comenche, Marta Gil, Emilio Monteagudo, Pilar Herreros, Mariola Penadés, Borja García, Manuel Palomar, Raquel Orero.
Distribución España: A Contracorriente Films
Distribución Internacional: Infinito Más Uno
Carlos Aguillo
Actor y Director de Cine
Investigador de Filosofía y Cine
Escuela de Doctorado de la UCAV y de la UCV
Bibliografía
Wojtyla, K. (1969). Amor y responsabilidad. Razón y fe.
Wojtyla, K. (1982). Persona y acción. BAC.
Fromm, E. (2003). El arte de amar. Paidós Contextos
Ratzinger, J (2005) Verdad, valores, poder. Rialp
Peris-Cancio, J. A., & Oliver-del Olmo, E. (2023). Una propuesta para la lectura filosófica del cine de Aki Kaurismäki: “El personalismo fílmico de la perdedora (perdedor) que expresa su dignidad con el amor y la amistad”. AYLLU-SIAF, Vol. 5, No. 1, Enero-Junio .

