Aún admitiendo que el DGP es un avance objetivo desde un punto de vista biotecnológico, no cabe una consideración positiva desde una perspectiva bioética, ya que los embriones son vidas humanas y su aplicación conlleva la selección y el descarte de estas vidas humanas en su fase temprana de desarrollo.

Los genes de los seres vivos son las unidades funcionales de la herencia de las que dependen los caracteres físicos y fisiológicos que conforman el organismo. El Proyecto Genoma Humano permitió secuenciar, es decir leer de extremo a extremo, las bases nucleotídicas del ADN de nuestros cromosomas. Desde 2003, que se culminó el Proyecto Genoma Humano, se conoce la estructura y en gran medida la función de los genes humanos. Nuestro genoma contiene unos 3.175 millones de pares de bases nucleotídicas –los escalones de la molécula del ADN–, que codifican unos 21.000 genes, que son los responsables de la síntesis de las proteínas, a su vez componentes del armazón estructural y funcional de las células. Contiene además otra serie de regiones no codificantes. En realidad, solo el 41,5% del ADN del genoma humano está implicado en una información genética propia de los genes o relacionada con ellos, y por tanto en los rasgos propios de cada individuo.

Es preciso señalar que de cada gen pueden existir diversas variantes o mutaciones, los llamados “alelos”. Cada individuo tiene en su genoma dos alelos recibidos uno de cada parental. Como consecuencia, existe una enorme diversidad de combinaciones alélicas y por tanto de variación entre los individuos de las poblaciones humanas. Algunas variantes alélicas de nuestros genes son responsables de alteraciones fisiológicas o morfológicas y por tanto de enfermedades hereditarias.

Dicho lo anterior, conviene recordar que, en nuestro genoma, como en el resto de las especies superiores, existen dos tipos de genes. En primer lugar, los llamados “genes mayores”, que determinan los caracteres simples o mendelianos de manifestación cualitativa. Cada individuo tiene dos alelos por cada gen –uno materno y otro paterno-, cuya combinación se manifiesta de forma inequívoca respecto al carácter que determinan. En segundo lugar, están los “genes menores” o “poligenes”. Se trata de sistemas de múltiples genes repartidos por el genoma que influyen en un mismo carácter de manifestación cuantitativa. Determinan los llamados caracteres complejos porque suman sus efectos en la manifestación del carácter bajo influencia en grado variable del ambiente.

El Diagnóstico Genético Preimplantatorio (DGP)

Pasados más de veinte años desde la culminación del Proyecto Genoma Humano, una de sus aplicaciones ha sido la de desarrollar métodos de diagnóstico para detectar en el ADN de muestras celulares de una persona, la presencia de alelos relacionados con enfermedades hereditarias. Estos diagnósticos se pueden llevar a cabo en cualquier momento del ciclo biológico de una persona, en fase embrionaria, fetal o adulta, dado que la información genética constituida en el momento de la fecundación se mantiene invariable en el organismo a lo largo de la vida.

El DGP se lleva a cabo en una muestra celular de los embriones procedentes de las técnicas de fecundación in vitro, convencional o ICSI (inyección intracitoplásmica). El análisis requiere la aplicación de un método invasivo, consistente en la realización de una biopsia de una o dos células en los primeros estadios del desarrollo del embrión en el estadio de mórula, cuando tienen entre 4 y 16 células. Tras el diagnóstico realizado en el ADN de estas células, los embriones seleccionados se transfieren al útero, cuando se alcanza el estado de blastocisto. Se utiliza fundamentalmente para evitar la implantación de embriones portadores de genes alterados.

Es de señalar que existen una serie de limitaciones técnicas. En primer lugar, respecto al valor predictivo de los hallazgos resultantes del análisis sobre la combinación alélica de los genes analizados, ya que la información genética detectada puede no ser determinante de las alteraciones o patologías. Existe la posibilidad de que los embriones, en cuyo ADN se descubra alguna alteración, no lleguen a desarrollarla en su futuro, ya que la detección de una modificación estructural no informa sobre el grado de “expresividad” y gravedad que alcanzaría la patología correspondiente, muy dependiente de factores epistáticos e interacciones con otros genes. El problema de la falta de correlacionar estructura y función, o si se prefiere genotipo y fenotipo, añade un grado de incertidumbre a la selección de los embriones. Por otra parte, el análisis de una o dos células no permite descartar los “falsos positivos”, ni los “falsos negativos” debido a fenómenos de “mosaicismo” (algunas de las células del embrión en estado de mórula podrían contener variantes genéticas debidas a mutaciones).

El DGP es efectivo para la detección de más de un centenar de patologías hereditarias debidas a sistemas mendelianos, simples o monogénicos, como la mayoría de los que producen errores congénitos del metabolismo u otras de fácil detección por PCR, como la atrofia muscular espinal, la fibrosis quística, la hemofilia, la enfermedad de Huntington, el cáncer de mama monogénico (genes BRCA1 y BRCA2), acondroplasia, neurofibromatosis, etc.

Si bien la capacidad del DGP es real para la mayoría de los sistemas llamados mendelianos, determinados por un solo gen, no es igualmente aplicable a casos de enfermedades complejas determinadas por sistemas poligénicos en los que están implicados múltiples genes menores que suman sus efectos. Como ejemplos de este tipo de patologías están afecciones cardiovasculares, diabetes de adulto, asma, obesidad, cáncer, etc. Lo característico de estos sistemas es que en los efectos no solo intervienen los poligenes sino además el ambiente, tanto el fisiológico interno, como factores epigenéticos u otros externos. En este tipo de caracteres los factores ambientales se superponen en mayor o menor intensidad a los propios genes, siendo difícil estimar el grado de “expresividad” del carácter en lo que depende de los genes y del ambiente.

No obstante, en los últimos años se ha avanzado en este tipo de análisis gracias a la aparición de secuenciadores de ADN de nueva generación y a la nueva tecnología de la “secuenciación masiva”, que permite el conocimiento del perfil genético de muestras del ADN individual en menos tiempo y a un coste mucho más reducido que hace unos años. A pesar del ingente tamaño del genoma humano, solo aproximadamente el 2%, unos 48 millones de pares de bases, forman parte de los llamados “exones”. Estas son las regiones de los genes que realmente codifican las proteínas, por lo que el objetivo con fines diagnósticos es habilitar técnicas para estudiar esta parte del genoma. La secuenciación masiva se aplica ya en diagnóstico genético preimplantatorio en embriones y prenatal durante el embarazo, e incluso en pediatría, en niños que aún no han desarrollado una enfermedad genética. Hoy son varios los hospitales pediátricos americanos en los que se están desarrollando actividades de secuenciación del exoma de los niños recién nacidos, como el BabySeq que se practica en el Hospital Pediátrico de Boston en colaboración con otras instituciones.

La secuenciación masiva permite estudiar la parte del genoma humano implicada en muchos caracteres simples y complejos determinados por sistemas mendelianos o poligénicos, lo que amplía el repertorio de las aplicaciones del DGP convencional. Para los sistemas poligénicos en que a los efectos de los genes se suma una influencia ambiental, sigue siendo muy difícil hacer predicciones sobre los efectos fenotípicos, que es a lo que se refiere la predicción del riesgo poligénico a que nos referiremos a continuación.

Aspectos bioéticos sobre la predicción del riesgo poligénico del DGP

Aún admitiendo que el DGP es un avance objetivo desde un punto de vista biotecnológico, no cabe una consideración positiva desde una perspectiva bioética, ya que los embriones son vidas humanas y su aplicación conlleva la selección y el descarte de estas vidas humanas en su fase temprana de desarrollo. Hay que recordar que el desarrollo embrionario y fetal es un proceso continuo desde la fusión de los pronúcleos del espermatozoide y del óvulo hasta el parto y sigue tratándose de la misma persona hasta la muerte. Desde esta perspectiva, cuando se selecciona o se elimina un embrión, se selecciona o elimina una vida humana en su fase inicial de desarrollo.

Por tanto, el DGP, que se lleva a cabo con el fin de seleccionar uno entre un número usualmente alto de embriones producidos por fecundación in vitro de acuerdo con un perfil genético deseado, es un paradigma de la “eugenesia liberal”.

Recientemente el grupo de opinión del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona ha emitido un informe coordinado por las Dras. Gemma Marfany, catedrática de Genética, e Itziar de Lecuona, directora del Observatorio de Bioética y Derecho – Cátedra UNESCO de Bioética de la UB., en el que se analizan las implicaciones bioéticas de la selección de embriones mediante el cálculo del llamado “riesgo poligénico”, basado en la información del análisis del ADN por secuenciación masiva, que permite acceder a la parte más importante del genoma humano.

En este informe, se examina a la luz de la Bioética la utilización de las nuevas tecnologías de secuenciación en el ADN de los embriones y se evalúa el “riesgo poligénico”. Es decir, el cálculo del riesgo de que el ADN de los embriones que se analiza sea potencialmente portador de caracteres complejos no deseados, determinados por sistemas poligénicos implicados en enfermedades complejas. En el informe se critica el valor de estos cálculos, que ofrecen en realidad una estimación de riesgo probabilístico confuso, aunque se pretenda equipararlos a la certeza de los sistemas mendelianos implicados en enfermedades monogénicas. Entre otras razones, en la inmensa mayoría de las características basadas en sistemas poligénicos, se han de esperar pocas diferencias de riesgo poligénico para embriones derivados de la misma pareja, por lo que, según se señala en el informe, la selección no está avalada por un argumento científico sólido.

Con razón en el informe se califica de “eugenesia liberal” la utilización de esta metodología, no solo para la predicción de caracteres negativos sino para la detección en los embriones de factores genéticos determinantes de futuras habilidades cognitivas o intelectuales, o características físicas, o de comportamiento deseables. Se trata de una práctica cada vez más habitual dada la disponibilidad de las técnicas y la tendencia de la sociedad en utilizarla para objetivos de satisfacción personal o un mejoramiento del bienestar.

El problema es que no existe suficiente información o conocimiento sobre qué ni cuantos genes intervienen en los caracteres complejos, determinados por sistemas poligénicos, cuyo grado de manifestación fenotípica conjunta es variable y dependiente de factores ambientales. Tratar de relacionar las variaciones en el ADN observadas para un carácter cuantitativo del que se carece de referencias sobre las secuencias correctas es una pretensión inconsistente. Peor aún es basar los cálculos en referencias ficticias basadas en algoritmos que utilizan datos de biobancos de ADN de población preferentemente blanca y europea. Los sesgos de este tipo de referencias inhabilitan la fiabilidad de los cálculos. Pensar que los genes lo deciden todo, especialmente en caracteres poligénicos es de una gran ingenuidad reduccionista.

Muchas de nuestras acciones como humanos, y sobre todo las que atañen al comportamiento: bondad, agresividad, instinto abusivo, naturaleza depresiva, orientación sexual, etc. no se heredan, sino que se adquieren. Otras, como la capacidad intelectual, la habilidad oral, la destreza para desarrollar una actividad musical o artística, etc. son fruto del esfuerzo, la educación y la voluntad personal para adquirirlas. Es absurdo pensar que se podrá estimar el riesgo o la certeza poligénica en este tipo de caracteres.

Además, con la práctica de la selección de embriones para caracteres favorables, en caso de que fuera posible, se abriría un abanico extraordinario de opciones y posibilidades para un pretendido mejoramiento de los seres humanos y se alimentarían fantasías como el bebé perfecto, la selección por características físicas, la optimización del cuerpo, etc. Todo un espiral de aplicaciones futuras que irían contra la dignidad al convertir a los embriones humanos en objetos que se pueden manipular, elegir o descartar.

Finalmente, volviendo al principio, la utilización del DGP para eliminar embriones defectuosos y seleccionar los tenidos por buenos, es ya de por sí una tecnología eugenésica, independientemente de lo que se pretenda seleccionar, no es éticamente más rechazable seleccionar embriones que garanticen un niño superinteligente que eliminar otros por ser portador de una posible patología. La eugenesia, sea positiva o negativa, o se refiera a sistemas mendelianos o poligénicos, sigue siendo eugenesia.

 

Nicolás Jouve

Catedrático Emérito de Genética de la Universidad de Alcalá

Ex miembro del Comité de Bioética de España

Miembro del Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia

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