Los estudios recientes acumulan evidencias sobre lo contraproducentes que pueden resultar las intervenciones farmacológicas y quirúrgicas de transición de género en pacientes con disforia, reforzando la necesidad de facilitar tratamientos psicológicos o psiquiátricos a los afectados, en contra de lo que establecen muchas de las recientes leyes de transexualidad como la española, que proponen exactamente lo contrario de lo que muestran los estudios más recientes.

 

El abordaje de los casos de disforia o incongruencia de género, en los que el individuo no se identifica con su sexo biológico, ha promovido diversas estrategias de tratamiento, predominando las que recurren a terapias farmacológicas -bloqueo y transición hormonal- y quirúrgicas -mutilación y reconstrucción- que están siendo fuertemente cuestionadas recientemente por la alarmante carencia de evidencias científicas que demuestren su eficacia, por un lado, y por la acumulación de complicaciones y efectos secundarios asociados que empeoran alarmantemente la calidad de vida de las personas en las que se aplican.

Este tipo de intervenciones se han basado mayoritariamente en lo establecido en la recomendación de la World Professional Association for Transgender Health (WPATH), inspirada en el denominado Protocolo Holandés publicado en 1996.

Una de las razones que han impulsado a sus defensores a promover las estrategias que plantea este protocolo es la prevención del suicidio asociado a los casos de disforia, orientando hacia una modificación del aspecto físico de la persona afectada para asimilarlo a su percepción, que resulta incongruente con su sexo biológico.

Muchos artículos basados en estudios con limitaciones relacionadas con lo reducido de las muestras estudiadas o los seguimientos incompletos o no suficientemente prolongados en el tiempo, se esfuerzan en exponer el factor protector que este tipo de intervenciones de transición de género tiene sobre las tasas de suicidio y tendencia suicida.

Hacia un nuevo paradigma

Pero estas conclusiones están siendo puestas en entredicho por cada vez más investigadores y clínicos, que constatan los pobres resultados de la aplicación de estos protocolos para resolver la disforia de género inicial y los problemas psicológicos asociados, que no solo se mantienen en el tiempo sino que empeoran en muchos casos.

La multiplicación de las solicitudes de detransición, es decir afectados que solicitan revertir las intervenciones de transición de género a las que han sido sometidos, es uno de los indicadores, aunque no el único, de que algo no se está haciendo bien.

Como hemos informado previamente, son muchos los países y sociedades científicas que alarman sobre las nefastas consecuencias de la aplicación de estos protocolos, solicitando que sean relegados exclusivamente al ámbito de la investigación o, directamente, prohibidos en adolescentes, solicitando la implementación de tratamientos psicológicos o psiquiátricos que aborden las causas iniciales de la disforia, que obedece con frecuencia a un conjunto de factores o trastornos cuyo diagnóstico y tratamiento resulta imprescindible para que los pacientes afectados puedan superar estos procesos.

Un reciente artículo publicado en la revista Cuadernos de Bioética matiza que la incongruencia de género se da en un cuerpo sano, coherente con el sexo genético y muestra las modificaciones cerebrales que en muchos casos predisponen a una percepción contraria del propio género. Los autores matizan que, sin embargo, se administran tratamientos médicos, a menudo exclusivos, orientados a la afirmación del género percibido, mediante la administración de hormonas cruzadas y en ocasiones con cirugía, cuyo objetivo es adaptar la apariencia fenotípica, el cuerpo, al cerebro, con consecuencias negativas de las que se debería informar exhaustivamente al paciente, o a sus padres o tutores cuando este no tenga la madurez suficiente para comprenderlo.

En su lugar, dada la complejidad de las causas de tipo psíquico-psicológico que suelen estar detrás de la disforia de género, resulta imprescindible implementar un serio diagnóstico y tratamiento psicológicos en lugar de emprender tratamientos de reasignación o afirmación de género.

Disforia de género y suicidio

Recientemente, un nuevo trabajo publicado en la revista BMJ Mental Health, cuestiona la eficacia de las intervenciones de transición de género como método para prevenir la tendencia suicida en las personas afectadas de disforia de género.

El estudio, realizado en Finlandia, incluyó una muestra de más de 2.000 personas, con antecedentes de disforia de género en el periodo comprendido entre los años 1996 y 2019.

El seguimiento de los individuos se prolongó una media de seis años, lo cual supone una gran ventaja frente a otros estudios similares, con periodos de seguimiento más cortos y su discontinuación en muchos de los individuos reclutados, extremos que suponen sesgos importantes en las conclusiones de estos estudios.

Los autores concluyen que “la disforia clínica de género no parece predecir la mortalidad por todas las causas ni por suicidio cuando se tienen en cuenta los antecedentes de tratamiento psiquiátrico”. Es decir, en los casos de disforia en los que no se realizó un abordaje psicoterapéutico o psiquiátrico, sí parece incrementarse la tasa de suicidios.

Lo más importante es que cuando se tuvieron en cuenta las necesidades de tratamiento psiquiátrico, el sexo, el año de nacimiento y las diferencias en los tiempos de seguimiento, la mortalidad por suicidio no difirió estadísticamente de manera significativa respecto al grupo control tanto de los pacientes que se practicaron terapias de reasignación de género como los que no lo hicieron.

Ello implica, según el mencionado estudio, que es el tratamiento psiquiátrico el que puede relacionarse con la prevención de las conductas suicidas en los casos de disforia de género, y que, si se lleva a cabo este abordaje terapéutico, implementar terapias de transición de género de tipo hormonal o quirúrgico no aporta ninguna ventaja en la reducción de los suicidios y sí numerosos inconvenientes asociados a los efectos secundarios y complicaciones asociados a estas terapias, que ya hemos analizado previamente.

Conclusión

En conclusión, los estudios recientes acumulan evidencias sobre lo contraproducentes que pueden resultar las intervenciones farmacológicas y quirúrgicas de transición de género en pacientes con disforia, reforzando la necesidad de facilitar tratamientos psicológicos o psiquiátricos a los afectados, en contra de lo que establecen muchas de las recientes leyes de transexualidad como la española, que proponen exactamente lo contrario de lo que muestran los estudios más recientes.

El abordaje psicológico o psiquiátrico de los casos de disforia de género es el que se muestra eficaz, según este reciente estudio, en la prevención de suicidios relacionados con la disforia, mostrando que las intervenciones de transición de género, farmacológicas o quirúrgicas no se muestran eficaces en la reducción de las tasas de suicidio si se han aplicado previamente las intervenciones psicológicas o psiquiátricas adecuadas. Sin embargo, la administración de tratamientos tanto hormonales, de bloqueo o transición, como quirúrgicos, presenta numerosos efectos secundarios y complicaciones, en muchos casos irreversibles, que contribuyen a empeorar la calidad de vida de estos pacientes, por lo que insistir en este tipo de intervenciones obviando el diagnóstico y la asistencia psicológicos implica proceder en la dirección contraria a la que muestran las más recientes evidencias científico-clínicas.

 

Julio Tudela Cuenca

Observatorio de Bioética

Instituto Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

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