¿Es posible una solución no violenta de los conflictos? En un momento de escalada mundial de la violencia, la película “El Primado de Polonia” del cineasta, Michal Kondrat, muestra el ejemplo de resistencia pacífica del cardenal, Stefan Wyszynski, frente a la represión comunista. Consciente de que incluso los fines buenos pueden pervertirse si se recurre a la fuerza, el guía católico polaco defendió con firmeza la libertad y la dignidad humana con los medios de los desarmados: esperanza, paciencia, fraternidad y una fe que enamoró el corazón de una nación al no retroceder ante la prisión ni el sufrimiento. Su lucha, decisiva para convertir a Karol Wojtyla en pastor de la Iglesia Católica, aporta valiosas claves bioéticas.

La carga del pasado que recae en el futuro interpela a incorporar la noción de deuda¹ como recurso esencial y necesidad de relato para preservar lo que debe ser inolvidable, a fin de que no se repitan atrocidades y hechos vergonzosos por los que han pagado con sus vidas millones de seres humanos. Es bien distinto de los abusos de la memoria, la manipulación o la instrumentalización ideológicas. Se trata de la memoria justa y, por ende, ética que es vínculo fundamental con el pasado, de la misma manera que apela a la esperanza como un gozne imprescindible que nos liga al futuro.

Este es el ejercicio, además de ético muy oportuno, que hace el cineasta polaco, Michal Kondrat, en su película El Primado de Polonia, sobre la inspiradora vida del cardenal, Stefan Wyszynski (Slawomir Grzymkowski). El sacerdote católico y teólogo fue una figura clave en la Guerra Fría, tras la II Guerra Mundial, a partir de la Conferencia de Yalta, en la que EEUU y Reino Unido dejaron el control de Polonia en manos del dictador ruso, Iósif Stalin. El secretario general del partido comunista polaco, Władysław  Gomulka (Adam Ferency), a las órdenes de Stalin, lideró durante décadas una dictadura del terror y dominación con micrófonos ocultos, secuestros policiales, miseria, arbitrariedad y acoso a quien hablaba de Dios o no tenía el carnet del partido.

El film arranca con la tortura en una cárcel de Varsovia al obispo, Antonio Baraniak (Jacek Borkowski), estrecho colaborador del cardenal Wyszynski. Este se encuentra a punto de finalizar una condena de tres años de arresto domiciliario, tras el fracaso de las medidas extremas de otras prisiones con las que el gobierno comunista pretendía infructuosamente doblegar su fe y debilitar su creciente popularidad.

La película no se recrea en los episodios violentos, salvo cuando documenta las sanguinarias represiones policiales en Gdansk y Gdynia contra los obreros y campesinos del sindicato Solidaridad, dirigido por Lech Walesa. La Iglesia católica participa activamente en el nacimiento de esta organización de raíces cristianas con la que compartía su lucha tenaz contra el comunismo, así como las reivindicaciones de libertad sindical y mejora de las condiciones sociales de una población hambrienta y pobre.

Los medios de los desarmados

“La suerte del comunismo ha de decidirla la nación, pero si Polonia se vuelve más cristiana se convertirá en una potencia moral y el comunismo fracasará”, confiesa Stefan Wyszynski, volcado en una defensa ejemplar de la libertad y la dignidad porque no deja que sus fines obnubilen los medios para socavar el régimen de Gomulka. El sacerdote encabeza un movimiento de resistencia pacífica basado en extender la educación y el pensamiento crítico, a través de las homilías en las misas y en otras ceremonias litúrgicas. Emplea toda su pericia y sabiduría para impedir que el partido se infiltre en la Iglesia, negociando la autonomía de las publicaciones religiosas, la liberación de los sacerdotes y buscando, al mismo tiempo proteger al pueblo polaco de la represión y de los condicionamientos a la libertad de culto.

El gobierno polaco accede a realizar algunas concesiones, interesado en utilizar la influencia del cardenal en el pueblo para que recomiende el voto en las elecciones. “Necesitamos que colabore con nosotros. Las clases de religión acabarán convirtiendo a los jóvenes en ateos”, bromea el dictador en una de las escenas del film. Pero, la firmeza del dirigente católico acaba por desesperar al partido comunista que intensifica la censura, confisca los sermones y somete a vigilancia constante mediante micrófonos ocultos al cardenal y a sus colaboradores.

Stefan Wyszynski fundamenta su resistencia pacífica en lo que el filósofo, Gabriel Marcel denomina “los medios de los desarmados”: la esperanza como virtud activa en tiempos de desánimo, la paciencia creadora y la fraternidad. Al final de su ensayo Homo Viator, Marcel ofrece una definición de esperanza que se aproxima a lo que podemos ver en el film. “La esperanza es esencialmente la disponibilidad de un alma, íntimamente comprometida en una experiencia de comunión². Simone Weil también alude a la manera enigmática en la que la vida humana, privada de fuerzas y recursos, puede abrirse paso, al encontrar en la fraternidad modos de compasión y gratitud capaces de amortiguar la experiencia de desgarramiento. De acuerdo con el pensamiento weiliano, la fraternidad libera al yo egoísta de sus ataduras para situarlo en un ámbito de dependencia con el otro, requisito esencial para conservar la humanidad.

El movimiento fraternal comienza en la comunidad familiar de Wyszynski, formada por sacerdotes y un equipo de mujeres con coraje — secretarias, mecanógrafas, religiosas y profesoras­— que fotocopian de forma clandestina los sermones del cardenal para repartirlos entre la población y sortean con gran creatividad los intentos de control del gobierno. Ese espíritu que va ganando adeptos se visualiza en la misa multitudinaria para celebrar el milenio del bautismo Polonia. El acto desafía la prohibición del régimen totalitario comunista. Miles de ciudadanos prefieren reunirse a orar en el santuario de Jasna Gora que secundar la contraprogramación del gobierno con un desfile de tanques y soldados. “La venganza es un recurso de los necios. Al mal se le vence con el bien y la verdad”, es una frase con la que el sacerdote evita que el odio y la tentación de responder a la violencia con más violencia contamine a sus seguidores.

Aunque la trama de la película se centra en la vida de Wyszynski, también ofrece testimonio de los primeros pasos de Karol Wojtyla hasta su elección como Papa, con el nombre de Juan Pablo II. “No habría ningún Papa polaco si no fuera por tu fe, que no retrocedió ante la prisión y el sufrimiento”. De esta forma Wojtyla reconocía en una de sus primeras intervenciones el importante legado de su mentor. Éste encarga personalmente al joven sacerdote la búsqueda de apoyos entre el catolicismo y los gobiernos democráticos europeos para derrotar al comunismo en Polonia. El apoyo de Wojtyla al sindicato Solidaridad resulta primordial en la caída de la dictadura de Gomulka.

Valoración bioética

La paz es un asunto central de la bioética, puesto que uno de sus cometidos, como ética de la vida, es la supervivencia de la humanidad y ésta solo se garantiza mediante la defensa de la paz, la dignidad humana, la justicia social y la igualdad de las personas. La cultura armamentística, como afirma el filósofo y jurista valenciano, Jesús Ballesteros, se apoya en la errónea teoría de la disuasión: “si quieres paz, prepárate para la guerra”. Pero, fines buenos como la defensa de derechos humanos fundamentales, incluso pueden pervertirse cuando se recurre a la violencia como medio³. El film de Kondrat pone en valor la resistencia pacífica para promover el cambio social, defender los derechos humanos y desafiar los totalitarismos. La teoría de Hannah Arendt sobre estas formas de gobierno basadas en el terror y la dominación conserva intacta su actualidad 4. La película responde con una rotunda afirmación al interrogante planteado por Walter Benjamin: ¿es posible una solución no violenta de los conflictos? En las relaciones personales abundan ejemplos de que los acuerdos surgen donde la cultura de la paz y del amor al prójimo se pone a disposición como un medio puro de entendimiento.5

Igual de importante es el esfuerzo del cineasta por mostrar dónde reside el poder del ejemplo personal de Stefan Wyszynski. El pensamiento de Javier Gomá aporta importantes pistas al subrayar que hasta el acto más pequeño formula a la comunidad un proyecto transido de trascendencia y significado6. La vida ejemplar del cardenal de Polonia nos invita a promover una cultura de la paz en tiempos de violencia, intolerancia y polarización, pero también todos, sin excepción, estamos capacitados para superar la vulgaridad existencial, viviendo de acuerdo con valores y virtudes como la esperanza, la paciencia y la fraternidad que nos elevan sobre el fatalismo y son esenciales en la erradicación del odio y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.

 

Ficha técnica

Título original: Prorok

Director: Michal Kondrat

Año: 2024

País: Polonia

Duración: 140 min.

Amparo Aygües

Master Universitario en Bioética por la Universidad Católica de Valencia

Miembro del Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia

 

 

[1] Ricoeur, P. (1999). La lectura del tiempo pasado: memoria y olvido. Arrecife.

[2] Marcel, G. (2005). Homo Viator. Prolegómenos a una metafísica de la esperanza. Sígueme.

[3] Ballesteros, J. (2006). Repensar la paz. Eiunsa.

[4] Arendt, H. (2006). Los orígenes del totalitarismo. Alianza.

[5] Benjamin, W. (1995). Para una crítica de la violencia. Leviatán.

[6] Gomá, J. (2023). Universal concreto Método, ontología, pragmática y poética de la ejemplaridad. Taurus.

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