El prof Vicente Bellver, en su nuevo libro «Derechos al final de la Vida», sostiene que la etapa final de la vida es tan significativa para la persona como todas las demás, siempre que cuente con los cuidados integrales necesarios.

El mundo envejece a la carrera, no solo porque nuestra esperanza de vida se ha disparado a lo largo del último siglo sino porque las pirámides demográficas de casi todos los países han sufrido bruscas inversiones con la caída generalizada de la natalidad. Este contexto social, que se agravará en los próximos años, deja a las personas mayores y altamente dependientes en una situación extraordinariamente difícil. De un lado, precisan muchos y buenos cuidados para tener una muerte en paz. Pero de otro, los recursos necesarios para prestar esos cuidados son completamente insuficientes en la mayor parte de las sociedades.

Existe una preocupante tendencia a ignorar esta realidad. Las dos principales propuestas relacionadas con este problema que son objeto de interés por parte de la opinión pública están, en realidad, muy alejadas del mismo. O bien se propone la eutanasia como una vía de escape satisfactoria cuando nuestra vida parece que pierde valor social. O bien se ofrece la posibilidad futura de disfrutar vidas extralongevas o incluso inmortales que nos evitarían tener que enfrentarnos con la decadencia o la muerte. Desde luego, ninguna de las dos constituye una alternativa seria para afrontar el desafío de los cuidados a nuestros mayores.

Por otro lado, si bien en los últimos años se ha insistido en reconocer los derechos de las personas mayores, se ha incidido sobre todo en garantizarles un envejecimiento saludable. Ese objetivo está muy bien, pero puede hacernos perder de vista esa etapa de decadencia física y cognitiva por la que atraviesan tantas personas mayores, en la que va disminuyendo su capacidad al tiempo que se disparan sus necesidades de cuidados.

El prof. Bellver sostiene en este libro que la etapa final de la vida es tan significativa para la persona como todas las demás, siempre que cuente con los cuidados integrales necesarios. Por ello, entiende que “Las personas mayores dependientes no son una carga. Solo si los cuidamos podemos construir sociedades en las que valga la pena vivir”. Así, frente a las propuestas que pretenden acabar prematuramente con la vida humana mediante la eutanasia voluntaria, o bien convertirnos en seres inmortales, afirma que una sociedad justa es aquella que se construye desde el reconocimiento de la condición finita del ser humano y del deber incondicional de cuidado hacia los mayores altamente dependientes.

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