Tras recibir la consulta de una paciente que, tras ingerir una dosis de contraceptivo postcoital, se ha arrepentido de hacerlo por la posibilidad de que actúe por un mecanismo antiimplantatorio, provocando por tanto la muerte del embrión temprano, procedemos a plantear una reflexión sobre esta posibilidad.

Antecedentes

Aunque desde instancias oficiales como la OMS o la FIGO se sostiene, como consta en el prospecto de los contraceptivos postcoitales, la imposibilidad de estos fármacos para interferir en la implantación del embrión temprano, justificando su eficacia como contraceptivos en la mera capacidad de inhibir o retrasar la ovulación, muchos estudios discrepan con este posicionamiento, poniendo de manifiesto que la eficacia de estos fármacos se debe mayoritariamente a su capacidad de interferir en el proceso implantatorio provocando la muerte del embrión temprano.

La extensión de la contracepción postcoital plantea nuevos dilemas como el que nos ocupa en este análisis: ante la posibilidad de que la mujer que ha ingerido la píldora se arrepienta, ¿es posible intervenir para evitar el posible efecto antiimplantatorio y, por ende, la muerte del embrión?

Mecanismo de acción de los contraceptivos postcoitales

Los dos fármacos más utilizados en contracepción postcoital son el levonorgestrel y el ulipristal. Su mecanismo de acción ha sido analizado en nuestro Observatorio en informes previos.

El primero es una molécula con efectos análogos a la progesterona, pero más potente que ésta. Muestra su capacidad de inhibir la ovulación si se administra 5 o 4 días antes de que ésta se produzca o de interferir en la implantación cuando se ingiere en uno de los tres días previos a la ovulación, careciendo de eficacia si se administra después.

El segundo, ulipristal acetato, es un inhibidor selectivo de los receptores de progesterona, y actúa impidiendo su contribución a la progresión del embarazo, pero, como en el caso anterior, puede actuar inhibiendo la ovulación si se administra 5 ó 4 días antes de que se produzca. Administrado desde el tercer día previo a la ovulación y en los días posteriores a ésta, y esto lo diferencia del levonorgestrel, actúa interfiriendo en el proceso implantatorio. Esta capacidad de seguir actuando como contraceptivo si se administra tras la ovulación, hace que su uso esté autorizado durante 5 días tras una relación sexual desprotegida, a diferencia del levonorgestrel, cuya eficacia se reduce a un intervalo de 3 días.

Debe matizarse que ambos fármacos carecen de eficacia contraceptiva si son administrados antes del quinto día previo a la ovulación.

Abortivos químicos: mifepristona

La mifepristona, también conocida como RU-486, es un fármaco autorizado para la práctica de abortos químicos en muchos países. Se utiliza sola o, preferentemente, combinada con misoprostol, prostaglandina que incrementa su eficacia como abortivo. Las moléculas de mifepristona y ulipristal poseen estructuras químicas muy parecidas, compartiendo un mecanismo de acción semejante, basado en su capacidad para bloquear los receptores de progesterona, hormona crucial para el sostenimiento del embarazo.

Han sido publicados previamente muchos estudios que analizan la posibilidad de revertir el efecto abortivo de la mifepristona en los casos en que la mujer que lo ha ingerido se arrepienta y decida proseguir con su embarazo.

Tal como hemos publicado previamente, existe información científica suficiente que avala esta posibilidad, mediante la administración de altas dosis de progesterona y solo en los casos en los que no se ha administrado junto al misoprostol y durante las 7 primeras semanas de embarazo.

Reversión de los efectos de los contraceptivos postcoitales

La experiencia acumulada en el caso del abortivo mifepristona permite preguntarse si sería posible hacer lo mismo en el caso de las mujeres que se arrepienten de haberse administrado un contraceptivo postcoital.

La peculiaridad de los mecanismos de acción de los contraceptivos postcoitales complica dilucidar si esto sería posible.

No existen evidencias científicas de la posibilidad de revertir los efectos del levonorgestrel administrado en contracepción de emergencia. Su muy limitado periodo de efectividad, 5 días previos a la ovulación, deja pocas opciones para una reversión de sus efectos.

Pero en el caso del ulipristal, podría plantearse una posibilidad de reversión, que pasamos a explicar.

Esta molécula presenta similitudes químicas con la mifepristona comentada más arriba, y pertenece a la misma familia de fármacos conocida como “moduladores selectivos de los receptores de progesterona”. Su mecanismo de acción consiste en bloquear dichos receptores dificultando la acción de la progesterona, tanto en la fase pre, como post ovulatoria. A diferencia de la mifepristona, resulta controvertido si el ulipristal puede o no interferir en el desarrollo de un embrión ya implantado, pero sí parece demostrada su capacidad para interferir en el desarrollo y maduración endometrial que se traduce en interferir en la progresión del embarazo.

La administración de progesterona en dosis altas ha permitido revertir el efecto abortivo de la mifepristona en muchos casos, lo que nos hace preguntarnos si lo haría también en el caso del ulipristal cuando haya sido administrado en los tres días previos a la ovulación o después de que ésta se haya producido, periodo en el que el fármaco muestra su potencial antiimplantatorio. Si la administración es previa, quinto o cuarto día previos a la ovulación, el mecanismo de acción del ulipristal es, como se ha explicado ya, anovulatorio.

Conclusión

El desarrollo de estudios clínicos que analicen la progresión de los embarazos en dos grupos de mujeres tras la administración de ulipristal en contracepción postcoital, a las que se haya facilitado progesterona en altas dosis en uno de ellos, o placebo en el otro, puede evidenciar la capacidad de la progesterona administrada por vía oral o intramuscular para evitar el efecto antiimplantatorio y, por tanto, letal para el embrión. del acetato de ulipristal.

Facilitar información rigurosa y suficiente a las mujeres que, tras adoptar la decisión de abortar, han cambiado de opinión, constituye un requisito ineludible para el respeto a su capacidad de elección libre, basada en las evidencias disponibles, en el ejercicio de su autonomía, máxime, como en este caso, si de ello se deriva permitir que el nuevo individuo, su hijo, prosiga con su vida.

Julio Tudela

Director del Instituto de Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

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