El pasado 21 de marzo se anunció que en el Hospital General de Massachusetts (MGH) se había realizado con éxito el trasplante de un riñón de cerdo a un hombre vivo de 62 años que padece una grave enfermedad renal. La cirugía, que duró 4 horas, fue realizada el 16 de marzo pasado.

Este procedimiento en un receptor vivo supone un hito en el campo de los xenotrasplantes (el trasplante de órganos o tejidos de una especie a otra) como posible solución a la escasez de órganos en todo el mundo.

El MGH es reconocido por ser un centro donde se realizan numerosos trasplantes, tanto de órganos como de tejidos. El doctor que ha liderado la operación ha sido Leonardo Riella, que es el director médico de trasplantes de riñón en ese hospital.

Massachusetts General Hospital; Mass General; MGH; PHOTO ASSIGNMENT. 

Dos son las dificultades principales que presentan los xenotransplantes: por un lado las diferencias genéticas que provocarán severas respuestas de rechazo inmunológico por parte del receptor, y por otro la posibilidad de transmitir agentes infecciosos propios de la especie del donante al receptor, de consecuencias no fácilmente previsibles.

Para evitar estas dificultades en el caso que nos ocupa, el riñón de cerdo ha sido modificado genéticamente con tecnología CRISPR-Cas9 para eliminar genes porcinos responsables de la activación de las respuestas de rechazo inmunológico y añadir otros de origen humano que permitan mejorar su compatibilidad.

Además, los científicos inactivaron retrovirus endógenos porcinos en el cerdo donante para eliminar cualquier riesgo de zoonosis, o infección en humanos de agentes patógenos animales.

Según la Red Unida para Compartir Órganos (UNOS), más de 100.000 personas en Estados Unidos esperan un órgano para trasplante y 17 personas mueren cada día esperándolo.

El paciente receptor del riñón, Richard Slayman, se está recuperando bien de la cirugía y se espera que pronto reciba el alta médica. En 2018 este mismo paciente ya recibió un trasplante de riñón, pero de un donante humano que había fallecido. Ese primer trasplante le fue realizado tras haber vivido con diabetes tipo 2 e hipertensión y haber recibido diálisis durante siete años. Ese primer riñón trasplantado empezó a fallar cinco años después y Slayman tuvo que reanudar la diálisis en mayo de 2023.

Los médicos que realizan trasplantes en el MGH tienen casi 30 años de experiencia en la investigación de xenotrasplantes.

El doctor Riella ha declarado que “setenta años después del primer trasplante de riñón y seis décadas después de la llegada de los medicamentos inmunosupresores, estamos al borde de un avance monumental en materia de trasplantes. Sólo en el MGH hay más de 1.400 pacientes en lista de espera para un trasplante de riñón. Desafortunadamente, algunos de estos pacientes morirán o enfermarán gravemente, no siendo aptos para ser trasplantados debido al largo tiempo de espera en diálisis. Estoy firmemente convencido de que los xenotrasplantes representan una solución prometedora a la crisis de escasez de órganos”.

Anteriormente ya se habían realizado trasplantes de órganos de cerdo a personas, pero en muerte cerebral en el caso de los riñones, y con una grave enfermedad que supuso su muerte al poco tiempo del trasplante, en el caso del corazón.

En el primer caso de trasplante de riñón de cerdo a una mujer en muerte cerebral, realizado el 25  de septiembre de 2021, el riñón funcionó correctamente y con autonomía durante 54 horas.

El primer trasplante de un corazón de cerdo, modificado genéticamente para facilitar la compatibilidad del órgano y reducir la respuesta de rechazo inmune del paciente, se realizó en enero de 2022, sobreviviendo dos meses aquejado de una grave insuficiencia cardiaca.

Valoración bioética

El recurso a órganos o tejidos de especies animales para trasplante en humanos constituye una alternativa a los actuales trasplantes de órganos y tejidos que podría paliar el drama de la escasez de unidades disponibles ante las largas listas de espera de los pacientes que los necesitan.

Las dificultades bioéticas en este proceso se sitúan en el entorno de su seguridad y eficacia. La novedad del caso que nos ocupa, que parece prometedor, estriba en el proceso previo de edición genética del órgano, que puede minimizar la respuesta de rechazo inmunológico.

Pero el silenciamiento o eliminación de numerosos genes junto a la adición de otros de origen humano en el órgano porcino que se va a trasplantar, es un proceso muy complejo cuyas consecuencias son difícilmente previsibles. Las herramientas de edición genética utilizadas pueden introducir modificaciones no deseadas en el genoma, de las que pueden derivarse efectos secundarios potencialmente graves.

El control a medio y largo plazo de las consecuencias de estas intervenciones se revela como un requisito imprescindible para asegurar su aplicabilidad en humanos, sin asumir riesgos no justificados.

Aceptar las nuevas posibilidades terapéuticas relacionadas con la edición genética, requiere, pues, de actitudes prudentes, donde la transparencia en las investigaciones y sus complicaciones permita a la comunidad científica progresar hacia nuevas herramientas clínicas, eficaces y seguras.

 

 

Julio Tudela

Ester Bosch

Observatorio de Bioética

Instituto Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

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