La normalización de la eutanasia y el suicidio asistido en los países donde se legaliza, modifica la percepción moral que de ello tienen los ciudadanos, incrementándose su aceptabilidad y demanda, en lugar de promoverse por parte de los estados la atención paliativa de calidad que se les pueda ofrecer como verdadera manera de dignificar la vida, que no la muerte.

 

El ex primer ministro de los Países Bajos, Van Agt, y su esposa, Eugenie, pusieron fin a su vida a los 93 años “cogidos de la mano” el pasado mes de febrero. Tras 70 años de matrimonio, fallecieron en su casa, tras una decisión unánime de someterse a una eutanasia conjunta.

Para autorizarse la eutanasia colectiva en esta región, es necesario pasar por dos procesos individuales. Los médicos participantes deben de ser independientes entre sí, y el sufrimiento tiene que ser insoportable sin perspectivas de alivio. Otra razón válida para ser aceptado es poseer un deseo de morir donde no haya influencia de terceras personas y prolongado en el tiempo.

Según datos de los Comités Regionales de Revisión de la Eutanasia, en este país el porcentaje de parejas que deciden aplicarse la eutanasia de forma simultánea es pequeño; no obstante, éste va en aumento con el paso de los años. En 2020, 13 parejas solicitaron la “eutanasia doble”, en 2021, 16 parejas, y en 2022, 29 según las últimas cifras oficiales.

Los Países Bajos son considerados “pioneros mundiales” al aceptar la eutanasia y el suicidio asistido desde el año 2002. Un ejemplo de ello fue la legalización, el pasado abril de 2023 de la eutanasia en niños con enfermedades graves de entre 1 y 12 años.

Van Agt, ministro de Justicia entre 1971 y 1977, y primer ministro de tres gabinetes entre los años 1977 y 1982, fue conocido por su afiliación con el partido demócrata cristiano CDA (Democraten 66) hasta 2021. Encabezó un gobierno de coalición haciendo frente a diversos desafíos tanto económicos como sociales y se vio inmerso en asuntos internacionales de importancia, como la crisis de los misiles de la OTAN en Europa y las relaciones con países como Estados Unidos y la Unión Soviética.

Inicialmente identificado como un hombre conservador con raíces en la fe católica, su postura fue cambiando a lo largo de los años. Esto se acentuó tras la hemorragia cerebral que sufrió en 2019. “Ahí fue cuando dijo que la eutanasia era una opción si la vida y el sufrimiento se le hacían insoportables. Su salud se volvió cada vez más frágil y quería centrar su atención a su esposa, sus hijos y sus nietos”, explicó el director de The Rights Forum, Gerard Jonkman. Al mismo tiempo, la salud de su esposa también fue empeorando progresivamente en los últimos años.

Pendiente resbaladiza

La laxitud creciente en los requisitos exigidos para aplicar la eutanasia en los países donde se legaliza es un hecho bien constatado. Las referencias a la necesidad de que se dé un sufrimiento insoportable, que no responde al tratamiento y sin posibilidad de curación, que suelen contener las normas que legalizan la eutanasia, se transforman poco a poco en exigencias banales, como el simple deseo de morir.

La normalización de la eutanasia y el suicidio asistido en los países donde se legaliza, modifica la percepción moral que de ello tienen los ciudadanos, incrementándose su aceptabilidad y demanda, en lugar de promoverse por parte de los estados la atención paliativa de calidad que se les pueda ofrecer como verdadera manera de dignificar la vida, que no la muerte.

El reciente caso de los enfermos de ELA en España, a los que algún facultativo ha recomendado la eutanasia dada la carencia de recursos para ofrecerles una atención de calidad, es un exponente de ello.

Cuidar y acompañar es más caro que matar. Requiere más recursos. La eutanasia y el suicidio asistido ahorran recursos atentando contra los pacientes a los que elimina en lugar de atender como su dignidad requiere.

 

Julio Tudela

Paloma Aznar

Instituto Ciencias de la Vida

Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia

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