Retractar un artículo científico esgrimiendo entre otras la razón de que los investigadores colaboran con organizaciones pro-vida supone un sesgo ideológico inadmisible. El posible conflicto de interés puede esgrimirse como causa de rechazo de la investigación si se demuestran los sesgos o inexactitudes que puedan existir tanto en el diseño del estudio como en su ejecución.

Según un estudio de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI), el 85% de las mujeres que abortan prefieren someterse a abortos quirúrgicos en clínicas abortivas y el 15% restante prefiere tomar píldoras abortivas para someterse a abortos farmacológicos.

Sin embargo, según datos del Instituto Nacional de Estadística (I.N.E.)  el aborto químico a base de mifepristona combinada con misoprostol ha experimentado un crecimiento espectacular, pasando de representar el 5,4 % de todos los abortos en 2010 al 25,1 % en 2021, año en el que se registraron 22.603 abortos químicos, 62 cada día.

Ambos tipos de aborto pueden producir complicaciones. En el caso del quirúrgico, pueden presentarse endometriosis, infecciones o perforación del útero, entre otras. En el caso del químico, sepsis y hemorragias graves que requieren, en ocasiones, pasar por quirófano.

Tal como informamos previamente en nuestra web, médicos del Instituto Charlotte Lozier publicaron varios estudios que analizaban los efectos secundarios asociados a la utilización del abortivo químico mifepristona (RU-486), relacionados con la necesidad de  ingresar en el hospital con complicaciones tras un aborto químico. En muchos casos, las mujeres que han tomado mifepristona para terminar con su embarazo no avisan al médico de que se han administrado la píldora abortiva, sino que dicen que han sufrido una pérdida natural, lo que incrementa los riesgos para su salud tras el aborto.

En el artículo “A Post Hoc Exploratory Analysis: Induced Abortion Complications Mistaken for Miscarriage in the Emergency Room are a Risk Factor for Hospitalization”, publicado en 2022 en la revista Health Services Research and Managerial Epidemiology, los autores han realizado un análisis longitudinal durante 17 años de 423.000 abortos provocados y 121.283 visitas a urgencias en los 30 días posteriores a la realización del aborto entre 1999 y 2015.

Uno de los datos que se muestran en el estudio es que más del 60% de los ingresos en urgencias relacionados con la píldora abortiva se trataron erróneamente como abortos espontáneos en 2015. Estos datos advierten del peligro de ocultar al médico que ese aborto ha sido provocado tras tomar píldoras abortivas.

Las pacientes con abortos químicos cuyos abortos se clasifican erróneamente como abortos espontáneos durante una visita a urgencias experimentan posteriormente un promedio de 3,2 ingresos hospitalarios en un plazo de 30 días. Al 86% de las pacientes finalmente se les realiza la extirpación quirúrgica de los productos retenidos de la concepción (RPOC). Los abortos químicos tienen más probabilidades que los abortos quirúrgicos de dar lugar a un ingreso en RPOC (OR 1,80, CL 1,38-2,35),  y los abortos químicos ocultos tienen más probabilidades de dar lugar a un ingreso posterior en RPOC que los abortos sin codificación errónea (OR 2,18, CL 1,65-2,88). Los abortos quirúrgicos mal codificados/ocultos tienen igualmente el doble de probabilidades de resultar en ingreso hospitalario que aquellos sin codificación errónea.

Uno de los autores del estudio, el doctor James Studnicki, afirma que esto se debe a un encubrimiento por parte de la industria del aborto, ya que se anima a las mujeres a ocultar esa información a sus médicos y se recomienda a los médicos abortistas que no informen debidamente de las complicaciones que puede conllevar el uso de la píldora abortiva en la salud de las mujeres. Cuando una mujer que ha abortado farmacológicamente recibe tratamiento como si la pérdida fuera natural, aumentan los riesgos para su salud.

La Dra. Ingrid Skop, ginecóloga que trabaja como directora de asuntos médicos del Instituto Charlotte Lozier, ha declarado que la píldora abortiva daña el sistema inmunológico, lo que significa que las mujeres que experimentan complicaciones tienen un mayor riesgo de infección, incluida una sepsis, así como de hemorragias, que pueden llegar a ser graves.

La editorial retracta los artículos relacionados

La editorial Sage Journals, que publica la Revista Health Services Research and Managerial Epidemiology en la que han sido publicados tanto el mencionado artículo como otros dos previos liderados por el mismo investigador, J. Studnicki, publicados en 2019 y 2021, ha retractado los tres artículos en 2024, a raíz de la reclamación de un lector que denunció la existencia de un conflicto de interés no declarado, relacionado con la colaboración de los investigadores con grupos pro-vida y supuestas inexactitudes en el manejo de las poblaciones de estudio que implicarían una falta de rigor científico que afectaría a la aceptabilidad de las conclusiones del trabajo.

Así, la editorial afirma que en los artículos de 2021 y 2022, que se basan en el mismo conjunto de datos, los dos expertos consultados identificaron problemas fundamentales con el diseño y la metodología del estudio, suposiciones fácticas injustificadas o incorrectas, errores materiales en el análisis de los datos por parte de los autores y presentaciones engañosas de los datos que , en sus opiniones, demuestran una falta de rigor científico e invalidan total o parcialmente las conclusiones de los autores. En el artículo de 2019, que se basa en un conjunto de datos diferente, ambos expertos identificaron suposiciones sin fundamento y presentaciones engañosas de los hallazgos que, también según su opinión, demuestran, igualmente, una falta de rigor científico y hacen que la conclusión de los autores no sea confiable.

Respuesta de los autores

Los autores de los artículos ahora retractados han respondido minuciosamente a cada una de las objeciones ahora presentadas por los revisores, exponiendo, de modo resumido que “los revisores afirman haber «resaltado preocupaciones fundamentales con el diseño del estudio, la metodología, los supuestos sobre los indicadores y análisis de atención médica, de modo que las conclusiones pueden no estar adecuadamente respaldadas por los resultados».

La carta del abogado de Sage (R. Sander, 21 de noviembre de 2023) afirma además que estos “hallazgos sustanciales de los revisores fueron determinantes en la decisión de que la retractación del artículo era necesaria bajo la guía de estándares del Comité de Ética en Publicaciones (COPE)”.

Una revisión objetiva de cada cuestión y las respuestas ofrecidas demuestran claramente que: 1) Ningún hallazgo específico en ninguno de los tres artículos ha sido cuestionado explícitamente, y mucho menos invalidado. 2) No hay evidencia de un error importante, error de cálculo, fabricación o falsificación. 3) No existe incumplimiento de ninguna de las pautas COPE que podrían permitir a Sage retractarse de cualquiera de nuestros artículos publicados. 4) La retractación de cualquiera de estos artículos, y mucho menos de los tres, es manifiestamente injustificada. Las retractaciones propuestas por Sage violan las directrices COPE.

¿Sesgo científico o sesgo ideológico?

La respuesta de los autores a la iniciativa de la editorial de retractar sus artículos parece rebatir los argumentos de los dos revisores que fueron consultados. La acusación de no haber declarado un posible conflicto de interés, dada la colaboración de los investigadores con grupos pro-vida, que los sitúa como críticos con el aborto provocado, no parece bien justificada, dado que la colaboración con el Instituto Charlotte Lozier sí había sido puesta de manifiesto.

No son infrecuentes los obstáculos que determinadas editoriales plantean a los investigadores que muestran resultados críticos con el aborto o la contracepción, dada la extendida tendencia de determinadas sociedades científicas y la propia OMS de promover aquellas publicaciones que tienden a favorecer la extensión tanto del aborto como de la contracepción, tendiendo a dificultar los estudios que pueden llegar a cuestionarlos, como los que ahora nos ocupan.

Los riesgos asociados al uso de la mifepristona

Las evidencias científicas disponibles sobre los riesgos del uso del abortivo mifepristona son objetivas y documentadas desde hace tiempo.

Cuando tras la ingesta de la RU-486 no se consuma el aborto, el feto tiene grandes posibilidades de sufrir graves deformidades, según muestran algunos estudios, que también muestran que tras su administración a la mujer embarazada puede desencadenar  contracciones dolorosas, náuseas, vómitos, diarrea y abundante hemorragia que incluso persiste hasta días después del tratamiento, y que obliga con frecuencia a ingresos hospitalarios analizados en los estudios ahora retractados.

Debido a estas complicaciones, que incluyen algunas muertes, la FDA obligó a que los prospectos de la RU-486 advirtieran del riesgo de infecciones y hemorragias derivadas de su consumo.

Valoración bioética

Retractar un artículo científico esgrimiendo entre otras la razón de que los investigadores colaboran con organizaciones pro-vida supone un sesgo ideológico inadmisible. El posible conflicto de interés puede esgrimirse como causa de rechazo de la investigación si se demuestran los sesgos o inexactitudes que puedan existir tanto en el diseño del estudio como en su ejecución.

Los autores afectados parecen haber argumentado suficientemente la validez de su trabajo y la ausencia de motivos consistentes que justifiquen las retractaciones.

Debe insistirse en la acumulación de evidencias sobre los riesgos asociados al uso del abortivo mifrepristona, sin mencionar el rechazo ético que nos merece cualquier intervención quirúrgica o farmacológica directamente aplicada para terminar con la vida de cualquier ser humano  en toda circunstancia.

Ocultar esta información a las posibles usuarias supone un atentado contra su autonomía, su libertad y su salud. Los efectos secundarios asociados al aborto, también el quirúrgico, son de una entidad suficiente como para ser incluidos sin excepción en la información que debe ser suministrada a las pacientes, y que puede contribuir a reducir su prevalencia.

Julio Tudela

Observatorio de Bioética

Instituto Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

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