El Servicio Canario de Salud (SCS) ha sido condenado por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias a pagar 20.737 euros a un hombre transexual de Lanzarote por no querer realizarle una mastectomía bilateral y faloplastia.

El servicio de endocrinología de dicho servicio rechazó las solicitudes de este paciente, llamado Luis Pedro, por diversos motivos. La mastectomía fue denegada debido a que el paciente llevaba menos de un año con tratamiento hormonal; y la faloplastia por la ausencia de un centro sanitario de referencia para enviar a dicho paciente.

Luis Pedro reclamó entonces el reembolso de los gastos médicos relacionados con las intervenciones quirúrgicas y tratamientos de reasignación de género que se realizó en una clínica privada de Barcelona ante la negativa de SCS, así como los costos relacionados con los traslados y alojamiento.

Tras la sentencia dictada en abril de 2022, tanto el demandante como el Servicio Canario de Salud llevaron el caso al Tribunal Superior de Justicia de Canarias, el cual confirmó el pasado octubre de 2023, en todos sus términos, la sentencia dictada en primera instancia determinando lo siguiente:

  • Se reconoce el derecho del demandante a ser reintegrado en el importe de la faloplastia con un total de 20.737,10 euros.

  • Se condena al SCS al pago de dicha cantidad.

  • Se desestiman las pretensiones de la mastectomía bilateral y otros gastos reclamados.

 

La sentencia justifica su decisión con el pretexto de que dichas intervenciones quirúrgicas se encuentran incluidas en la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud, por lo que deberían haber sido proporcionadas derivando al paciente a algún centro de referencia.

No obstante, la reclamación de la mastectomía bilateral fue desestimada debido a que el paciente no demostró que la intervención fuera inaplazable para su salud mental y debido a la justificación por parte del Servicio Canario de Salud por falta de tiempo en tratamiento hormonal.

Un 76.5% de los pacientes sufre complicaciones postquirúrgicas

La faloplastia es un procedimiento quirúrgico que se emplea en pacientes con afecciones congénitas como genitales ambiguos, aphalia (ausencia de pene), epispadias (salida de la uretra en el dorso del pene), traumatismos como quemaduras o explosiones, o en mujeres con disforia de género.

El proceso comprende una serie de intervenciones realizadas en diversas etapas para la construcción del pene mediante el uso de colgajos -como el radial del antebrazo, el anterolateral del muslo o del dorsal ancho- utilizando la piel, arterias, venas y nervios para la reconstrucción; alargar la uretra para poder orinar de pie; formación del glande; creación del escroto; extirpación de la vagina, útero y ovarios; y colocación de implantes eréctiles y testiculares.

A pesar de que las técnicas quirúrgicas han progresado, la falta de uniformidad en la evaluación de los resultados, el impacto psicológico, la selección de pacientes, las complicaciones de las terapias inmunosupresoras o la falta de protocolos estandarizados plantean grandes obstáculos en la toma de decisiones.

Según un estudio publicado en Sexual Medicine Reviews, el 76,5% de 1.700 pacientes sometidos a faloplastia, presentan complicaciones postquirúrgicas, siendo las uretrales -fístula o estenosis uretral- las más frecuentes. Otras complicaciones pueden incluir infección o pérdida fálica parcial por flujo sanguíneo inadecuado, falla y pérdida del colgajo (la muerte del tejido transferido), ruptura de la herida (rupturas a lo largo de las líneas de incisión), sangrado pélvico o dolor, lesión en la vejiga o el recto, falta de sensibilidad, drenaje prolongado (secreción y líquido en el sitio de la herida que requiere apósitos).

Además, el sitio de donación también está en riesgo de complicaciones, incluyendo cicatrización antiestética o decoloración, ruptura de la herida, tejido de granulación (piel roja y llena de bultos en el sitio de la herida), disminución de la movilidad (raro), hematomas, disminución de la sensibilidad y dolor.

Valoración bioética

Los métodos utilizados en los procesos de transición de género, tanto farmacológicos como quirúrgicos presentan numerosas dificultades bioéticas que hemos analizado previamente.

La utilización de fármacos hormonales no autorizados para esta indicación durante periodos prolongados de tiempo conlleva riesgos no suficientemente evaluados y posiblemente irreversibles. De modo análogo las cirugías aplicadas, muy mutilantes y con importantes efectos secundarios y riesgos asociados, están siendo cuestionadas por expertos que, en algunos casos, han dejado de practicar faloplastias, por ejemplo, ante los pobres resultados de esta intervención.

Debe recordarse que los tratamientos farmacológicos y las cirugías aplicadas a las personas con disforia de género en sus procesos de transición no se realizan para corregir disfunción orgánica alguna en los pacientes sino para modificar aspectos anatómicos para asemejarlos a los del sexo percibido, distinto del biológico. Ello implica anular, extirpar, reconstruir, implantar, trasplantar estructuras mediante intervenciones invasivas muy agresivas, acompañadas de riesgos y dudosos resultados en muchos casos.

Ello ha provocado que muchos países hayan dado freno a este tipo de intervenciones, incrementados las exigencias para su autorización o directamente prohibiéndolas en determinadas circunstancias. Precisamente son los que antes comenzaron con ellas los que ahora alarman sobre los injustificados riesgos que conllevan y la necesidad de replantear los posicionamientos terapéuticos relacionados con la transexualidad (ver más).

Finalmente, dedicar enormes recursos a este tipo de intervenciones cuando otras necesidades de asistencia sanitaria más urgente carecen de ellos, parece violar los principios de justicia y solidaridad bioéticos, que persiguen el uso racional y equitativo de los recursos con prioridad para quien más los necesita.

Una atenta vigilancia de las evidencias científicas sobre la idoneidad o no de estas intervenciones constituye un requisito irrenunciable para asegurar que la atención sanitaria contribuye al bien de los destinatarios y no se convierte en intervenciones maleficentes o desproporcionadas.

 

Julio Tudela

Paloma Aznar

Instituto Ciencias de la Vida

Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia

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