La Corte Suprema de Alabama ha equiparado legalmente a los embriones congelados con los niños nacidos, prohibiendo su destrucción y estableciendo serias consecuencias legales si se hace. “Bajo esta ley todos los niños no nacidos son niños, sin excepciones según su estado de desarrollo, lugar físico donde se encuentren u otras características secundarias”, apunta Jay Mitchell, uno de los jueces del tribunal.

Esta sentencia resuelve una demanda interpuesta por tres parejas que perdieron sus embriones congelados en 2020, cuando un paciente, tras introducirse en el lugar donde estaban almacenados los embriones en una clínica de fertilidad, los dejó caer al suelo, destruyéndolos.

La demanda se presentó en virtud de la Ley estatal de “Muerte Injusta de un Menor” y, aunque un tribunal inferior la había desestimado dictaminado que los embriones no son personas, la Corte Suprema de Alabama acabó dando la razón a las parejas demandantes y dictaminó que los embriones congelados tienen la misma consideración que los niños tras el nacimiento. Siete de los nueve jueces del tribunal dieron su respaldo a esa decisión, que va a ser recurrida ante un tribunal de apelación estatal.

La sentencia no prohíbe expresamente la fecundación in vitro (FIV), pero siembra dudas sobre la manipulación y almacenamiento de los embriones en las clínicas reproductivas.

Las técnicas de reproducción asistida, como la FIV o la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI) implican la obtención de más embriones de los que finalmente se transferirán al útero para su gestación. Los embriones sobrantes, tras “descartarse” los de dudosa viabilidad, son criopreservados y almacenados en clínicas, a la espera de ser reclamados por sus padres para nuevos intentos de gestación o, en caso de no serlo, son cedidos a otras parejas o a la investigación, destinándose en este caso una muerte segura. Muchos de ellos, con destino incierto, son conservados indefinidamente.

Varias clínicas de fertilidad de Alabama ya han suspendido los tratamientos por los posibles riesgos penales a los que se enfrentan al congelar los embriones y alegan que la sentencia podría tener consecuencias negativas para los tratamientos de fertilidad tanto en Alabama como en otros estados.

Varias clínicas han decidido seguir extrayendo y congelando ovocitos, pero no están fertilizándolos. Si la congelación de embriones termina siendo una práctica perseguida, se cambiaría de forma radical el proceso de la fecundación in vitro, sustituyendo la criopreservación de embriones por la de ovocitos, que serían descongelados y fertilizados antes de cada transferencia para su gestación.

Tom Parker, el juez que preside el Tribunal Supremo de Alabama piensa que se debería limitar legalmente el número de embriones que se pueden generar e implantar en las mujeres, como ocurre en otros países como Italia, Australia y Nueva Zelanda.

El hospital de la Universidad de Alabama ha anunciado en un comunicado que detiene los tratamientos de reproducción asistida: “Estamos entristecidos por el impacto en los intentos de nuestros pacientes por tener hijos a través de fecundación in vitro, pero debemos evaluar la posibilidad de que nuestros pacientes y médicos sean perseguidos de manera penal o se enfrenten a indemnizaciones económicas por seguir los estándares de estos tratamientos”.

Por una parte, la Asociación Médica del Estado de Alabama ha manifestado que «la trascendencia de esta decisión afecta a todos los habitantes de Alabama y es probable que dé lugar a un menor número de bebés -hijos, nietos, sobrinas, sobrinos y primos-, ya que las opciones de fertilidad se limitan para quienes desean tener una familia».

Por otra parte, Alliance Defending Freedom, un grupo jurídico cristiano ha expuesto que la sentencia de Alabama es una «tremenda victoria para la vida». «No importan las circunstancias, toda vida humana es valiosa desde el momento de la concepción», ha afirmado la portavoz Denise Burke a la BBC. «Estamos agradecidos de que la Corte haya considerado correctamente que la ley de Alabama reconoce esta verdad fundamental».

La cuestión de cuándo un embrión se considera legalmente una persona, es un factor decisivo en muchas restricciones estatales al aborto. Cuando la Corte Suprema de Estados Unidos derogó Roe vs. Wade en 2022 dio la libertad para que cada estado legislara respecto al aborto, tal y como ya publicamos en nuestro Observatorio.

Valoración bioética

La deseable paternidad a la que aspiran muchas personas con problemas de infertilidad no constituye un derecho en sí misma. Debe promoverse mediante la atención médica necesaria, pero no asumiendo las inaceptables consecuencias de la manipulación indiscriminada de embriones humanos, creados para ser destruidos o abandonados en congeladores muchos de ellos.

La naturaleza humana del embrión desde el momento de la fecundación es admitida hoy sin fisuras por la comunidad científica. Los nuevos hallazgos sobre la evolución del embrión humano en sus primeras etapas de desarrollo alejan toda duda sobre la existencia de un individuo de nuestra especie desde el mismo momento de la concepción.

Reclamar el respeto debido a este ser humano, aún en sus etapas iniciales de desarrollo, no debería extrañar a nadie. Lo que resulta extraño es que se apliquen criterios tan alejados en el tratamiento de unos u otros seres humanos atendiendo solo a su grado de madurez. La generalización de los atentados contra la vida humana embrionaria que se producen en la investigación biomédica y en la reproducción asistida parece haber validado, por frecuente, lo que siempre resultará inválido e inaceptable: atentar contra la vida de un ser humano, máxime si trata de su forma más frágil e indefensa.

 

   

Julio Tudela

Ester Bosch

Observatorio de Bioética

Instituto Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

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