El infanticidio, que es lo que ahora quiere legalizarse en Michigan, no es más grave que el aborto libre de embriones o fetos actualmente vigente en muchos estados, como el nuestro. Pero terminar con la vida de un niño en su alumbramiento por un método cruel pone de manifiesto lo abominable que resulta la práctica de cualquier aborto, de cualquier eutanasia o de cualquier asesinato.

Gretchen Whitmer (Bridge file photo).

La gobernadora demócrata de Michigan, Gretchen Whitmer, ha firmado una serie de proyectos de ley entre los que se incluye la posibilidad de abortar hasta el mismo momento del parto aunque el bebé sea viable. De la misma manera, autoriza a los centros abortivos a ocultar información a las mujeres sobre los riesgos y complicaciones que conlleva esta atrocidad. Esta decisión es sorprendente cuando el requisito de informar a la mujer antes de acabar con la vida de su hijo, había sido ya apoyado por el 72% de los votantes de Michigan.

La noticia ha sido recogida por el medio de comunicación LifeNews, que afirma que Whitmer permitirá, incluso cuando el bebé pueda sobrevivir al parto, los abortos de nacimiento parcial, que consiste en aplastar el cráneo del bebe cuando su madre lo ha alumbrado parcialmente, aspirando posteriormente su cerebro. Este método de aborto tardío supone una muerte atroz para el niño y una experiencia traumática para la madre que plantea riesgos para la salud», afirma la Directora de Asuntos Estatales de SBA Pro-Life America, Sue Liebel, que ha subrayado que “la gobernadora Whitmer acaba de firmar algunas de las medidas menos compasivas de la historia del estado”.

Aborto en EEUU

Fue en 2022, cuando en una decisión histórica, la Corte Suprema de Estados Unidos anuló el caso Roe contra Wade, considerando que ya no existía el derecho constitucional federal a la interrupción voluntaria del embarazo. A partir de ese momento, el derecho al aborto lo determinan los estados, a menos que el Congreso actúe.

Como indica uno de los informes que publicamos en nuestro Observatorio hace unos meses, el acceso al aborto en Estados Unidos ha cambiado drásticamente durante el último año.

De los 50 estados que integran el país, 14 prohíben totalmente el aborto, según Abortion Finder, un directorio de servicios de salud sexual y reproductiva en Estados Unidos.

Otros 12 imponen restricciones en un rango que abarca desde la semana 6 hasta la 26 de gestación, así como limitaciones en el acceso a los servicios de aborto. En ocho de ellos, la prohibición absoluta o severa permanece bloqueada por decisiones de jueces federales.

En cinco estados se aplican restricciones leves, mientras que en 20 estados, más Puerto Rico y Washington DC, el aborto es legal en etapas avanzadas de la gestación o sin límite en las semanas de embarazo.

*Grafico del estado del aborto en el mundo: The New York Times.

 

Valoración bioética

La pretendida justificación de intervenir para provocar la muerte de un ser humano en determinadas circunstancias, como ha ocurrido con el aborto y la eutanasia, da paso a una pendiente resbaladiza que pone de manifiesto que las restricciones iniciales para estas prácticas son progresivamente ignoradas extendiéndolas a prácticamente cualquier circunstancia, como en el caso que nos ocupa.

Ya no es necesario que el bebé esté enfermo, o su madre corra algún riesgo, o que un enfermo pida la eutanasia, o, ni tan siquiera, que esté enfermo.

Legitimar el homicidio supone degradar al ser humano al que se mata y al verdugo que lo extermina. Y esta degradación se produce en cualquier circunstancia, con enfermedad o sin ella, porque atentar contra la vida humana no admite justificación alguna, y menos que se haga por un médico cuya función es, precisamente, tratar de conservarla o contribuir a mejorarla o aliviar el sufrimiento.

El infanticidio, que es lo que ahora quiere legalizarse en Michigan, no es más grave que el aborto libre de embriones o fetos actualmente vigente en muchos estados, como el nuestro. Pero terminar con la vida de un niño en su alumbramiento por un método cruel pone de manifiesto lo abominable que resulta la práctica de cualquier aborto, de cualquier eutanasia o de cualquier asesinato.

Los que ahora defienden el derecho al aborto o la eutanasia, algún día lo harán con el derecho al infanticidio o a la eliminación de los que sufren o representan cargas para el estado por su dependencia.

Matar seguirá siendo en todo caso inaceptable, reprobable, cruel e inhumano. Pero pretender que existe un derecho para hacerlo es perverso.

Defender la vida es defender la humanidad y la civilización. Destruirla nunca será un derecho, sino su abolición.

 

 

Julio Tudela

Cristina Castillo

Observatorio de Bioética

Instituto Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia