Alabama ejecutó el jueves 25 de enero de 2024, con un método experimental, asfixia con nitrógeno, a Kenneth Eugene Smith, un preso condenado a muerte por el asesinato de Elizabeth Sennett, cometido a finales de los años ochenta.

La práctica para su ejecución, utilizada por primera vez en este estado, ha sido criticada por activistas contra la pena de muerte y por Naciones Unidas como “inhumana”. Fue un proceso que duró 32 minutos, de los cuales cuatro de ellos los pasó convulsionando a causa del nitrógeno administrado mediante una máscara ajustada a la cara. El reo falleció, tras quedarse sin oxígeno, más de media hora después de iniciarse la ejecución. Según los testigos, no fue una pérdida de conocimiento instantánea ni rápida como habían pronosticado las autoridades estatales. Smith, de 58 años, estuvo consciente varios minutos mientras el gas le invadía los pulmones, según los testigos presenciales.

El fiscal general de Alabama, Steve Marshall, aseguró por su parte, que el método se ha demostrado “eficaz y humano”, pese a las “predicciones funestas” de los activistas y los medios de comunicación. “Se ha hecho justicia”, agregó.

Problemas con la inyección letal

El recurso a la hipoxia por nitrógeno, en este caso, se debe a los problemas que ha venido dando en los últimos años la inyección letal, método que se introdujo en 1982 en Texas y que en estos 42 años se ha empleado para ejecutar a 1.377 condenados. Está considerada la forma de ejecución que más falla. Solo en Alabama se registraron en 2022 tres intentos fracasados por este método, el de Smith entre ellos.

El condenado a muerte, quien antes de la ejecución expresó: “Esta noche Alabama hace que la humanidad dé un paso atrás. Gracias por apoyarme. Os quiero a todos”,  ya había pasado por un proceso parecido en 2022 cuando se intentó acabar con su vida por inyección letal, que no pudo administrársele ante la imposibilidad de canalizar la vía. Tras cuatro horas atado a la camilla, lo devolvieron a su celda.

La ejecución de Smith es la primera realizada de este tipo a nivel nacional, lo que abre la puerta a su futura utilización. Esto ha generado un enorme debate en torno al nivel de crueldad y dolor que puede suponer para el preso.

¿Dónde es legal la pena de muerte?

La pena de muerte está permitida en 58 países de todo el mundo, pero esta práctica es más frecuente en China, Irán, Arabia Saudita, Pakistán y Estados Unidos. Estos países representan el 82% de todas las ejecuciones que se realizan en todo el planeta según Amnistía Internacional.

Actualmente está permitida en 27 estados de EEUU: Alabama, Arizona, Arkansas, California, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Dakota del Sur, Florida, Georgia, Idaho, Indiana, Kansas, Kentucky, Louisiana, Mississippi, Missouri, Montana, Nebraska, Nevada, Ohio, Oklahoma, Oregon, Pensilvania, Tennessee, Texas, Utah y Wyoming.

Los métodos de ejecución más comunes son la inyección letal, la ejecución por fusilamiento, la lapidación y la decapitación. En algunos países, también se utilizan métodos menos comunes, como la silla eléctrica, la cámara de gas o la inyección de aire en el corazón.

Valoración Bioética

El sostenimiento de la pena de muerte y los crueles métodos utilizados para su ejecución, constituyen una flagrante violación del derecho a la vida de todo ser humano, aun cuando sus actos puedan suponer un riesgo para la sociedad. Resulta paradójico que países que han promovido la defensa de los derechos humanos sigan aplicando la pena de muerte.

La crueldad de los métodos utilizados, las largas esperas desde la emisión de la sentencia hasta su ejecución, y los errores que han llevado a aplicar la pena capital a personas inocentes sin posibilidad de restitución, hacen inaceptable el mantenimiento de la pena de muerte en ninguna circunstancia, representando, como afirmó el ahora ejecutado Smith, un retroceso para la humanidad en todo caso.

 

Julio Tudela

Cristina Castillo

Observatorio de Bioética

Instituto Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

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