El Holocausto, la persecución y asesinato sistemático, patrocinado por el Estado, de 6 millones de judíos por el régimen nacionalsocialista (nazi) y sus colaboradores, es posiblemente el ejemplo más extremo de crímenes contra la humanidad y genocidio de la historia. Durante su reinado de terror, el régimen nazi cometió innumerables actos de violencia contra judíos, sinti y romaníes, personas con discapacidades o enfermedades psiquiátricas, prisioneros políticos, prisioneros de guerra y otros. Una característica distintiva e inquietante de estas atrocidades es el importante papel que desempeñaron los profesionales de la salud en la formulación, el apoyo y la implementación de políticas inhumanas y a menudo genocidas (The Lancet).

La Shoah, la solución final, el Holocausto, fue la persecución y aniquilamiento sistemático de 6 millones de judíos por el régimen nazi (no olvidemos que tal apelativo remite coloquialmente a la denominación oficial de Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, sospecho que intencionadamente omitido por doquier), y tal vez el ejemplo más extremo y mejor documentado de crímenes contra la humanidad y genocidio de la historia. Si bien, los planes actuales de estudios de las ciencias de la salud raramente abarcan este tema. Motivo por el cual, según criterio de Richard Horton, editor jefe de The Lancet, convocó esta Comisión sobre la Medicina, Nazismo y Holocausto.

Horton ha desempeñado diversas funciones en la Organización Mundial de la Salud (OMS) del cual es un firme defensor y ha participado en diversos grupos de expertos en temas de salud pública de la ONU (Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos). Figura controvertida donde las haya. Lo mismo apoya el cambio climático, que se niega a retirar el desacreditado artículo sobre la vacuna triple vírica de Andrew Wakefield, defiende a Meadow -sobre la base de informes médicos erróneos- en el juicio contra Sally Clark que había sido acusada de dar muerte a sus dos hijos al poco de nacer y por ello condenada a prisión y luego puesta en libertad, se opone a la guerra de Irak y Afganistán, o la respuesta inicial de Horton al brote de COVID-19 que fue cautelosa: el 23 de enero de 2020 comentó que probablemente sería de transmisibilidad moderada y de una patogenicidad relativamente baja y luego se desdijo, o apoyar al pueblo palestino con la “carta abierta en favor del pueblo de Gaza” (2014), para continuar con este artículo -que “oportunamente” se publicó un mes después de las matanzas llevadas a cabo por Hamás en territorio israelí- y que, para el autor de este escrito, pudiera, de algún modo, pretender rehabilitarse ante la población judía, como reza en otro de sus párrafos “es importante incluir el antisemitismo en los debates y el aprendizaje sobre diversidad, equidad e inclusión, sobre todo para combatir el antisemitismo en los campus académicos”.

Si bien exterminios se han dado a lo largo y ancho de la Historia de la humanidad: la hambruna irlandesa, la exclusión o marginación social (de los negros en USA o el apartheid en Sudáfrica), los desastres de las guerras, el terrorismo, las emigraciones forzadas, las violaciones, los asesinatos (entre ellos el suicidio asistido, la eutanasia o el aborto),  los crímenes cometidos por totalitarismos de cualquier signo, desde el socialismo en sus diversas variantes como el partido nazi,  pasando por los asesinatos en masa y deportaciones del régimen estalinista, los Jemeres rojos de Pol Pot en Camboya o la Revolución Cultural maoísta, el genocidio armenio, la Vendée, los bombardeos aliados en los estertores de la II Guerra Mundial o las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki. Lo expuesto sin ánimo de ser exhaustivos.

Pese a lo expuesto, hemos de convenir, y condenar sin paliativos, que durante el período nazi los profesionales de la ciencia, la medicina y la salud pública confluyeron decisivamente para justificar políticas de Estado destinadas al asesinato selectivo de comunidades en razón de su etnia, nacionalidad o convicciones religiosas, amén de personas que fueron consideradas por el Estado “indignas de vivir” (homosexuales, seres humanos con trastornos cognitivos u otras discapacidades). Rudolf Hess, segundo en el mando de Hitler llegó a decir que “el nazismo era Biología aplicada”. Con ello aludía a las teorías eugenésicas, las cuales partían de la premisa de que el progreso de la sociedad exige favorecer la mejora biológica de sus miembros, al mismo tiempo que deshacerse de aquellos considerados “indeseables”.

El texto fluye con meditada ambigüedad, como de soslayo, ante una evidente realidad: que las prácticas eugenésicas son previas a la toma del poder, democráticamente, por Hitler en 1933. A principios del siglo XX, la eugenesia gozó de gran predicamento apoyada en personalidades como Winston Churchill, el presidente Roosevelt o el premio Nobel  L. Pauling  y que sirvieron de fuente de inspiración de las políticas raciales en la Alemania nazi. La esterilización obligatoria de las personas consideradas discapacitadas abarcó con anterioridad países de la anglosfera como el Reino Unido, Australia, Canadá y EEUU, así como Japón o Escandinavia. En 1934, Palestina, bajo mandato británico, no aceptaba inmigrantes judíos con enfermedades mentales. Desde una premisa semejante podemos considerar el experimento Tuskegee, un ensayo clínico con seiscientos aparceros afroamericanos, sin consentimiento informado, llevado a cabo entre 1932 y 1972 por el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos.

Mención aparte merece Margareth Sanger. Esta enfermera, en 1916 abrió la primera clínica de control de la natalidad (puro eufemismo tras el que se esconde el aborto); fundó la American Birth Control League en 1921 que con posterioridad dio paso a Planned Parenthood Federation of America. Llegó a presidir el Panel Internacional de Planificación Familiar (International Planned Parenthood Federation), la mayor ONG abortista del mundo, financiada por las Naciones Unidas, Comisión Europea, gobiernos y fundaciones varias y que se encarga, eufemísticamente, de las políticas demográficas, planificación familiar, salud reproductiva y sexual o empoderamiento de la mujer. Sanger respaldó la decisión Buck v. Bell de 1927, en la que la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó que los estados podían esterilizar por la fuerza a personas consideradas «no aptas» sin su consentimiento, e incluso, sin su conocimiento.

Entre los escritos de Sanger nos limitaremos a entresacar, sin violentar el texto de su contexto, las sentencias más sobresalientes de su pensamiento,

Nos encontramos en una situación en la que nuestras instituciones de beneficencia, nuestros actos de compensación, nuestras pensiones, nuestros hospitales, incluso nuestras infraestructuras básicas, tienden a mantener con vida a los enfermos y a los débiles, a los cuales se les permite que se propaguen y, así, produzcan una raza de degenerados”.

“Nos decantaremos por la política de la esterilización inmediata, para asegurarnos de que la paternidad es algo absolutamente prohibido para los incapaces. El control de la natalidad […] es en verdad el mayor y el más genuino método eugenésico”.

“Los imbéciles están aumentando y multiplicándose, un peso muerto de basura humana, y engendra la clase de seres humanos que nunca deberían haber nacido. Los recursos que deberían ser utilizados para elevar el nivel de nuestra civilización, se utilizan para mantener a aquellos que nunca  debieron haber nacido.  Tenemos  que  eliminar la  maleza humana, segregar a los imbéciles, desajustados y mal ajustados y esterilizar a las razas [negros] genéticamente inferiores”.

Si bien como dice HortonEstos antecedentes dieron un aire de legitimidad a los científicos alemanes, que llevaron los principios del racismo

Juicio a los 20 médicos nazis y tres oficiales, juzgados en Núremberg en 1947 por crímenes contra la humanidad.

médico y la eugenesia al extremo y contribuyeron a la legitimación científica de las políticas virulentamente antisemitas y racistas del régimen nazi”, ello no justifica, de ninguna de las maneras, su proceder. Y prueba de ello es que finalmente fueron juzgados y sentenciados (sin entrar en la levedad de las penas impuestas) en el Juicio Médico de Nuremberg (1946-47) aunque otros siguieron ejerciendo    sin someterse a acciones punitivas. Hoy el nazismo como tal ha desaparecido, si acaso permanece residual en algunas manifestaciones.

Mientras tanto, a día de hoy los herederos de Sanger (léase Planned Parenthood y adláteres) campan por sus respetos y son bendecidos por el Nuevo Orden Mundial. Según Amnistía Internacional se producen unos 73 millones de abortos al año (en EEUU de 300.000 a 400.000, en España cerca de los 100.000). Respecto a la eutanasia/suicidio asistido está aumentando en todos los países en que han sido legalizados según el Observatorio de Bioética (24 abril, 2019) de la UCV.

Tras este exordio y ciñéndonos al artículo de The Lancet, constatamos que trata estos temas no desde una óptica filosófica (soslaya su relativismo moral utilitarista), sino pedagógica, por lo que en su investigación intenta abordar estrategias didácticas desde un enfoque historiográfico. Si bien toma en consideración los riesgos actuales que se ciernen, revela los peligrosos potenciales de la medicina moderna que coexisten con el inmenso poder de la medicina para beneficiar a la humanidad. Para ello toma como modelo el papel de la medicina durante el periodo nazi.

Sin embargo, echamos a faltar una toma de posición decidida, un ejercicio de reflexión moral y de apertura espiritual que permita vincularse con la otredad, porque nadie nos es ajeno. Prueba de ello es lo que refiere en la pag. 38 y el panel 18, temas ambos de vigente actualidad y que transita con una calculada ambigüedad: la eugenesia y la eutanasia.

I. En el primero refiere: “Conceptualmente, la principal diferencia entre la neoeugenesia y la eugenesia del pasado es el énfasis en la salud y la elección individuales sin intervención gubernamental explícita en la primera, frente al énfasis en los intereses de la colectividad impuestos mediante la intervención gubernamental manifiesta o incluso la coerción en la segunda […]. En el debate sobre la neoeugenesia, las referencias a la historia de la participación médica en el nazismo pueden ser útiles …porque las prácticas modernas centradas en el paciente no tienen casi nada en común con las características clave que hicieron que la eugenesia nazi fuera claramente contraria a la ética (es decir, la coacción, la violación de las libertades reproductivas, el control estatal, el antisemitismo manifiesto, el racismo y la denigración explícita de la discapacidad). Es importante reconocer estas diferencias entre el pasado y el presente, incluidas las cuestiones éticas en torno a la financiación estatal y privada de las tecnologías reproductivas, las pruebas prenatales y el aborto en este contexto, así como el derecho a la vida y a la libertad de expresión. La tensión entre el derecho fundamental al aborto como parte de la autodeterminación y la preocupación por la selección de vidas humanas por motivos eugenésicos basada en el cribado prenatal, hace que esta sea una de las cuestiones éticas más controvertidas”. La característica diferencial de la nueva eugenesia, por tanto, consistiría en respetar la libertad reproductiva de cada individuo, en cuanto permite que las personas decidan por si mismas cuales son los rasgos que desean promover y cuales evitar; basada en la libertad reproductiva, circunscrita a un ámbito médico y enfocada como un problema de salud individual, de pareja o, incluso, de familia, lo cual presupone poder recurrir al aborto, ya químico o quirúrgico, la trasferencia y manipulación genética de embriones, la reducción embrionaria, la crioconservación de embriones sobrantes, los diagnósticos preimplantatorios y determinados prenatales, entre otros.

En oposición a este enfoque podemos aducir:

a) Si la persona humana se determinara en función del cuerpo en el decurso del tiempo, uno sería menos persona en las etapas embrionaria o fetal, en la niñez, en la enfermedad o en la vejez.

b) Los continuos avances de la embriología no dejan lugar a dudas sobre la naturaleza humana del embrión de nuestra especie.

c) En la persona humana a nivel biológico, su singularidad se caracteriza por un genoma particular y privativo distinto del padre y la madre, presente ya en el cigoto humano como refiere Justo Aznar. Y Tudela argumenta que dicho nuevo código genético, único, interactúa con determinadas vías de señalización epigenéticas para constituir desde el momento de la fecundación un nuevo ser distinto de sus progenitores en un proceso de desarrollo continuo, sin saltos y en el que participa un mecanismo altamente especializado que regula la respuesta inmune materno-fetal, garantizando la viabilidad del nasciturus. No es por tanto un apéndice del cuerpo materno, sino que es en él donde habita un ser personal, irreemplazable, insustituible, intrínsecamente singular, irreductible, sin antecedentes ni consecuentes. Pese a ello, es importante significar que la persona humana es única no por su dotación genética, sino que esta individualidad genética es una expresión a nivel biológico de la subsistencia y singularidad antropológica de cada persona humana. “El genoma humano no solo tiene un significado biológico; es portador de una dignidad antropológica que tiene su fundamento en el alma espiritual que lo impregna y vinifica” como refiere Aparisi A. Ello supone de un lado, la dignidad inherente a cada persona; de otro, una igual dignidad de todas las personas.

d) Habermas, pensador fuera de toda sospecha, tiene el convencimiento de que el futuro del hombre estaría amenazado si no asume que la persona humana, en cuanto homo faber, debe limitarse a producir, mientras que solo en Dios reside la dimensión creadora. Porque Dios crea con y por amor solícito la vida de todas sus criaturas y, por ello, poseedoras de bondad y perfección consustancial a su naturaleza, mientras que el hombre pretende manipular modificando la propia realidad del hombre, que reduce a la dimensión de simple objeto. Riesgo que solo podemos conjurar, como refiere U. Ferrer, “admitiendo la inseparabilidad entre la naturaleza humana y su existir personal [terrenal] y, en consecuencia, haciendo derivar la dignidad de la primera de la dignidad de la persona humana”.

e) Podemos educir de lo expuesto que el concebido no nacido no es una persona potencial, sino que es una persona humana en acto con potencialidades todavía no actualizadas. Las cualidades que con el tiempo vaya adquiriendo dependerán del ser que se es, por cuanto el acto precede siempre a la potencia y al desarrollo de esta. Y en este caso, el acto es la persona humana. Habermas se pronuncia, en definitiva, a favor de la consideración de un “derecho a una herencia genética en la que no se haya intervenido artificialmente”.

II. Al igual que al referirse a la eugenesia, tipifica de crimen contra la humanidad la eutanasia practicada en los campos de exterminio nazi, circunstancia que no se da en la práctica de la eutanasia contemporánea. Sin embargo, si bien a priori no emite ningún juicio ético sobre la misma, limitándose a exponer los condicionantes predisponentes, el párrafo final induce a admitir su apuesta por ella en aras de una mal entendida autonomía: “Las leyes, las prácticas y la terminología contemporáneas sobre la eutanasia son  cambiantes  y  difieren  de  un  país  a  otro.

El asesinato de pacientes bajo el régimen nazi, sancionado por el Estado, difiere en aspectos importantes de las personas que buscan asesoramiento y asistencia médica para poner fin a su vida en situaciones en las que no ven otra opción. Del mismo modo, sin embargo, otros podrían cuestionar si el Estado debería negar a las personas mentalmente competentes el derecho a acceder a la asistencia médica para morir en caso de que la soliciten, especialmente porque el control estatal sobre las decisiones sanitarias individuales fue un sello distintivo de la medicina bajo el régimen nazi”.

Sin embargo, dichas decisiones no son sino expresión de la libertad “negativa” en palabras de Danilo Castellano, que no tiene más regla, más norma y fin que ella misma. Sin asumir que esa misma libertad individual permite, como bien explica Espinoza al definir el Estado “ético”que “solo el poder político puede ser fuente de la vida moral. Los que tienen el poder soberano son guardianes e intérpretes del derecho civil y únicamente ellos tienen derecho a decidir lo que es justo y que lo que es injusto, lo que es conforme o no” y concluye “en orden a mantener el derecho de la mejor manera posible y asegurar la estabilidad del Estado, conviene dejar a cada uno libre de pensar lo que quiera y decir lo que piense”. La libertad de pensamiento y de conciencia constituye por tanto el medio más seguro para que el Estado se afirme como fuente única de moralidad. La ética es un producto del Estado y, por tanto, la ley positiva es la fuente de la moral y de la justicia. La legalidad constituye, así mismo, el criterio supremo y lo que el Estado establece es lo moral y justo únicamente porque ha sido establecido por él. Y tales leyes ya no estarán al servicio de la verdad y el bien sino al servicio de los que tienen el poder coercitivo para imponer su voluntad. En último extremo, tal doctrina representa la aniquilación de la ética y su reducción a mera expresión de un poder que pretende legitimarse a sí y ello sirve tanto para los regímenes totalitarios como para los regidos por la democracia moderna (si bien lo enmascaran sibilinamente). Y este es, a mi juicio, la falacia que presenta este escrito: el olvido, cuando no la negación, de la Ley Natural. Porque la democracia, como fundamento del gobierno, es la pretensión de que el número determina el bien y la verdad. Es un error metafísico, político y teológico. Como forma de gobierno, pese a pretender gobernar las mayorías, gobiernan unas élites a través de minorías ocultas que en realidad conducen a la criptocracia entre las que figuran la tecnocracia y fundamentalmente la sinarquía -las altas finanzas, organismos supranacionales- poderes fácticos que a través de la apariencia de democracias de masas detentan el poder mundial en nombre de una gobernanza global. Tómese como ejemplo la ONU con sus Conferencias- El Cairo, Pekin-, la OMS o la vigente Agenda 2030, de la que podemos destacar sus objetivos 3.7 y 5.6. Como loa The Lancet Planetary Health – una revista del grupo- “La adopción universal de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)” es “Un resultado ambicioso”.

De lo expuesto podemos argüir:

a) El imperativo del respeto a la vida, que es el bien supremo de la persona humana, la conditio sine qua non del despliegue de todas sus potencialidades, es el primero de sus derechos fundamentales. Por su estructura antropológica, posee un valor absoluto y una dignidad incondicional que ha de ser respetada siempre, más allá de circunstancias sociales y capacidades físicas, psicológicas o espirituales: su dignidad no disminuye ni se pierde nunca.

b) No hay vidas indignas de ser vividas, sino condiciones indignas cuando no se les dispensa la atención sanitaria requerida (cuidados paliativos y la sedación paliativa o en la agonía), cariño y consuelo espiritual.

c) La eutanasia es especialmente grave (toda muerte es prematura), pues se trata de causar la muerte a quien está enfermo física o psíquicamente o cuya vida parece que no es digna de ser vivida. Aunque los motivos pueden ser diversos, y a veces bien intencionados, suponen siempre una pérdida del sentido de la dignidad personal, del valor del propio proyecto vital, siempre abierto a crecer. Violentar la vida con la eutanasia es consecuencia de la pérdida del sentido de la vida, pues el fin de esta no es la muerte, sino la vida. No se vive para morir, sino para vivir más.

En conclusión, podemos afirmar que el desarrollo tecnocientífico por sí solo no puede prevenir ni justificar las transgresiones éticas. Se han descuidado, cuando no olvidado, los principios en los que se fundamenta la dignidad de la persona humana cualquiera sea su madurez, capacidad operativa y relacional.

Pese a ello, siempre se vislumbra un atisbo de esperanza. Más allá de los peligros que le conciernen, la persona humana es permanente y confiada búsqueda. Como refiere Frankl: “Nosotros hemos tenido la oportunidad de conocer al hombre mejor quizá que ninguna otra generación ¿Qué es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme, musitando una oración”.

Decantémonos por el segundo porque como decía Sócrates “es peor cometer una injusticia que padecerla”.

 

Salvadór Marí

Ex alumno Master Universitario en Bioética

Colaborador del Observatorio de Bioética

 

 

REFERENCIAS

 

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