Un estudio publicado en Nature recoge los resultados de una investigación de un equipo de científicos liderados por Ritu Thamman de la Universidad Estatal de Pensilvania, que han logrado reducir drásticamente el nivel de colesterol LDL en humanos después de inyectarles un tratamiento experimental de edición genética.

El colesterol unido a proteínas de baja densidad conocido como colesterol LDL (por sus siglas en inglés Low Density Lipoprotein), constituye la fracción aterogénica de esta grasa que puede provocar depósitos en las arterias que desencadenen accidentes de tipo cardiovascular como el infarto de miocardio o cerebral.

La nueva terapia, aplicada en humanos por primera vez, combate esta fracción del colesterol mediante la manipulación del ADN, y ha sido desarrollada por Verve Therapeutics, una empresa de biotecnología radicada en Boston (Massachusetts, EEUU). La inyección de la fórmula genética, bautizada como VERVE-101, desactiva de manera permanente un gen conocido como PCSK9 que, en el hígado controla el nivel de lipoproteína de baja densidad (LDL).

Ahora se sabe que uno de los voluntarios reclutados murió después de participar en el ensayo del que 9 personas más formaron parte. Los 10 voluntarios tenían niveles elevados de colesterol LDL. Estos recibieron una inyección de VERVE-101 para desactivar el mencionado gen. Los sujetos inicialmente vieron reducido su LDL hasta en un 55 % después de 28 días. Antes del experimento, su nivel plasmático era el doble del habitual.

Seis meses después de la inyección, los participantes que recibieron una dosis alta de VERVE 101 todavía gozaban de niveles más bajos de LDL, sin embargo sufrieron ataques de escalofríos, fiebre y dolores de cabeza, síntomas parecidos a los de una gripe, acompañados de un aumento transitorio en los niveles de enzimas hepáticas.

Uno de los participantes murió

Lo más grave es que uno de los 10 pacientes murió de un ataque cardiaco cinco semanas después, mientras que un segundo participante sufrió un ataque cardiaco un día después de la inyección. Según los autores del estudio, no puede asegurarse una correlación entre la administración del tratamiento y los ataques cardíacos, ya que ambos voluntarios padecían una enfermedad del corazón avanzada.

Valoración Bioética

La aplicación de las técnicas de edición genética en clínica, de la mano de las nuevas posibilidades de la tecnología CRISPR-Cas9 constituye un prometedor futuro para la corrección de enfermedades de base genética. Su utilización tanto sobre células adultas como germinales permitiría la supresión, modificación o sustitución de genes responsables de determinadas patologías.

Todavía no es posible su aplicación ni en las células germinales ni en el embrión temprano ante la falta de seguridad y experiencia en este tipo de manipulación que afectaría genéticamente a todas las células del individuo, con las consecuencias que de ello pueden derivarse en el caso de la aparición de efectos indeseables.

Pero su aplicación sobre células somáticas en individuos adultos es ya una realidad, como en el caso que nos ocupa. Los recientes resultados en el caso del tratamiento de una mujer con anemia falciforme así lo demuestran, aunque la técnica no está exenta de riesgos.

Tal como hemos publicado en nuestro Observatorio, tras el desciframiento completo de la secuencia del genoma humano en el año 2022, tal como publicó la revista Science, se incrementaron las posibilidades de intervenir manipulando esta secuencia con fines terapéuticos y otros de aceptabilidad ética más dudosa como la introducción o supresión de determinadas características sobre los individuos. Pero la realidad ha demostrado que el simple conocimiento de la secuencia genómica no es suficiente para profundizar en el modo en que estos genes interaccionan entre sí, de modo que la modificación sobre algunos de ellos provoca efectos no controlados difícilmente previsibles.

La seguridad requerida en la aplicación de estas técnicas en humanos reclama de los investigadores actitudes prudentes que permitan evaluar ponderadamente los riesgos y extender suficientemente la experimentación animal previa para evitar accidentes en su utilización. El uso de alternativas terapéuticas más seguras, si están disponibles, debe constituir la primera opción hasta que las terapias génicas hayan alcanzado niveles de seguridad y eficacia bien contrastados.

 

 

Julio Tudela

Cristina Castillo

Observatorio de Bioética

Instituto Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia