El Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia (UCV) celebró ayer el Congreso Interuniversitario Nuevas Fronteras en Neuroética en el marco de los Cursos de Verano que organiza cada año dicho centro educativo.
El encuentro, coordinado por Julio Tudela, Director del Observatorio de Bioética de la UCV, e inaugurado por el Vicerrector de Investigación, Francisco Javier Arteaga, contó con expertos de diferentes universidades nacionales e internacionales que analizaron los dilemas éticos relacionados con las posibilidades de intervención sobre el cerebro humano que ofrecen la neurociencia y la neurotecnología.
Los ponentes, de un alto nivel científico en su campo, fueron Alberto Carrara, del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, José María Domínguez, de la Universidad de Sevilla, Luca Valera, de la Universidad de Valladolid, Roberto Andorno, de la Universidad de Zúrich, Juan Pedro Núñez, de la Universidad Pontificia Comillas y Patrici Calvo, de la Universidad Jaume I de Castellón. Moderaron las mesas Enrique Burguete, Pilar María Estellés y Gloria Casanova, Miembros del Observatorio de Bioética y profesores de la UCV. Todas las ponencias pueden visualizarse en nuestro canal de YouTube.
Cuatro nuevos derechos humanos
Roberto Andorno, profesor de la Universidad de Zürich, subrayó la necesidad de “crear cuatro nuevos derechos humanos como respuesta a los desafíos de las neurotecnologías”.
Andorno llamó también la atención acerca de la importancia del “consentimiento informado”, del reconocimiento de los datos neuronales “como datos personales sensibles” y de “impedir que las neurotecnologías se usen para influir en la libertad de autodeterminación y de pensamiento”. Así, “el ser humano tiene derecho a su identidad personal, sin que esta sea alterada por terceros a través de neurodispositivos, a no ser que exista un consentimiento informado al respecto”.
“Hemos de prevenirnos ante la neurodiscriminación y ante los sesgos algorítmicos en dispositivos basados en inteligencia artificial, que pueden aumentar el riesgo de que esa nueva discriminación se produzca. De la misma manera, los Estados deben ser cautelosos en cuanto a la autorización de neurotecnologías con fines de potenciamiento de las capacidades cognitivas de personas sanas. Podrían provocar problemas de naturaleza social, al proporcionar una ventaja injusta a las personas neuropotenciadas sobre el resto en el desempeño escolar y universitario, o en el acceso a un puesto de trabajo, por ejemplo”, ha aseverado.
Además de hacer hincapié en la necesidad de promover “el acceso equitativo a los beneficios de las neurotecnologías en el campo de la salud”, Andorno ha exhortado a las personas en puestos de responsabilidad política a “establecer mecanismos de tutela efectiva de los derechos asociados a las neurotecnologías”.
Menos libres, menos autónomos
Durante su intervención sobre neuroaprendizaje moral e inteligencia artificial, Patrici Calvo, profesor de la Universidad Jaume I de Castellón, explicó que “se está viendo un paternalismo algorítmico y están modulando
“Existe toda una cultura, sesgos que discriminan, una tiranía de los algoritmos y un despotismo tecnológico. Son las tecnológicas las que están utilizando el poder de los datos para modificar la voluntad libre, para que hagamos lo que quieren que hagamos. Todos los datos se hallan en centros que los almacenan y que están controlados por una docena de empresas en todo el mundo, una vigilancia masiva de la privacidad. Están introduciéndose en la intimidad”, indicó.
En opinión de Calvo, “la cosificación algorítmica ataca directamente a la dignidad humana. Ya no somos personas, ya no tenemos valor, volvemos a tener un precio. Ahora somos máquinas de flujo constante de datos y metadatos masivos. El valor de la persona se cuantifica según los datos que pueda generar para que se desarrolle la inteligencia artificial: distorsión algorítmica, polarización, opacidad algorítmica, daño algorítmico, aceleración algorítmica, desincronización de las leyes e irresponsabilidad algorítmica parecen ser los valores que más importan”, subrayó.
Soluciones concretas a problemas sociales de nuestro tiempo
Entre los participantes en la jornada se encontraba también el biotecnólogo y filósofo Alberto Carrara, profesor del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, que afirmó que la neuroética tiene como fin “comprender las implicaciones de las neurociencias y de las interpretaciones de las mismas ciencias del sistema
Carrara repasó en su intervención en la jornada las aportaciones a la neuroética de la neuropsiquiatra alemana Anneliese Alma Pontius (1921-2018): “El principio de neuroética desarrollado por Pontius según su modelo médico-clínico radicado en la constitución biológica es una herramienta muy valiosa. Viene en nuestra ayuda para reflexionar de manera interdisciplinar y está enraizada en la neurociencia y en sus interpretaciones. Además, puede contribuir eficazmente a aportar soluciones concretas a numerosos problemas sociales de nuestro tiempo”.
En ese sentido, el biotecnólogo italiano señaló como posibles aportaciones “desde las mejoras pseudocognitivas mediante psicofármacos en sujetos sanos hasta las aspiraciones impuestas a los modelos infantiles”.
Estructuras cerebrales implicadas en el comportamiento moral
Jose María Domínguez, Presidente de la Comisión Central de Deontología del Consejo General del Colegio de Médicos de España, médico intensivista y profesor de la Universidad de Sevilla, defendió en su ponencia que la conducta de la persona tiene una base cerebral. A su parecer, la moralidad es uno de los distintivos más
“Tras un daño cerebral sobrevenido grave, son frecuentes los cambios de personalidad y características intelecto-emocionales de la persona. El daño cerebral puede ocurrir como resultado de varios factores, como una lesión cerebral traumática o los accidentes cerebrovasculares o enfermedades neurodegenerativas. Los efectos del daño cerebral pueden ser profundos y de gran alcance, afectando el funcionamiento cognitivo, emocional y social. La evaluación de la responsabilidad moral en personas que han sufrido un daño cerebral relevante supone un campo de especial relevancia en el campo de la ética”, afirmó Domínguez. Por otra parte, el experto reflexionó sobre cómo los cambios en el comportamiento moral pueden también afectar la calidad de vida del individuo, así como sus relaciones con familiares y amigos.
Integridad mental, vulnerabilidad y neuroprotección
Luca Valera, profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Valladolid, recordó como en los últimos años, debido a las recientes posibilidades tecnológicas de manipulación de las actividades cerebrales (neuromodulación) y, con ellas, de la posible alteración de la identidad personal, han surgido diferentes
En su ponencia, que tuvo un enfoque más bioético que jurídico, el Doctor en Bioética aclaró el concepto de integridad mental, explicando la relación que este puede tener con la identidad humana y, por tanto, con el reconocimiento de la necesidad de su protección. “En este sentido, hay que enfocarse también en el derecho a un ambiente sano y seguro”. El experto propuso el concepto de vulnerabilidad como indicador para evaluar ética y bioéticamente las posibles intervenciones en el cerebro humano (así como en el cuerpo humano), con el fin de mejorar las posibilidades cognitivas del propio sujeto humano.
Inteligencia artificial y consciencia
Juan Pedro Núñez, Profesor de la Universidad Pontificia Comillas, abordó durante su intervención, los problemas que a nivel psicológico se vislumbran en torno a lo que se conoce como transhumanismo o post
Además, el psicólogo clínico centró su discurso en torno a las ventajas e inconvenientes que lleva consigo la evolución tecnológica asociada a la interacción con la actividad cerebral. “Las ventajas son muchas pero hará riesgos y costes, muchos de ellos se pueden prever”, explicó.
Otra de las grandes cuestiones que abordó el especialista, es si las máquinas podrán tener algún día consciencia, y cuál será la relevancia de este aspecto, ya que la mayoría de las máquinas inteligentes hoy carecen de consciencia pero realizan funciones inteligentes y operan de una manera en la que parece que la consciencia ya no sea relevante al menos para determinadas funciones.
En opinión de Nuñez, la IA, va a llegar muy lejos, ya que es el área de la ciencia y la tecnología que históricamente más ha evolucionado frente a otras, pero predecir hasta dónde va a llegar no es posible por su velocidad de progreso y porque no hay experiencias previas en este campo.

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