La controversia acerca del abordaje de los casos de disforia de género y las intervenciones de transición de género promovidas desde distintos estamentos, cobra una relevante actualidad tras la aprobación del “Proyecto de Ley Trans” en España, que ha sido evaluado previamente por nuestro Observatorio.

Se han publicado en distintos medios de comunicación dos noticias relevantes y susceptibles de una profunda reflexión acerca de las políticas que se están llevando a cabo por parte de los promotores y defensores de la ley trans, tanto en España como en numerosos países de Europa y América.
Por un lado, el médico psiquiatra Celso Arango, Director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental, y jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente del Hospital Gregorio Marañón, advierte del riesgo que supone empujar a jóvenes confusos hacia una hormonación “irreversible”. El Dr. Arango expone, basándose en su experiencia clínica, la realidad con la que se encuentran los profesionales, que ven como aumentan de forma alarmante  los casos “en los que una persona, por una crisis de personalidad en la adolescencia o por un cuadro de depresión, de autismo, de alto funcionamiento o lo que sea, un día de repente se levanta por la mañana diciendo que es trans, cuando realmente no lo es.”

¿Una moda?

El Dr. Arango establece que entre los que afirman ser trans, la proporción de los que no lo son con respecto a los que sí, es  «de 100 a 1», por lo que no duda en cargar contra el reciente aprobado Proyecto de Ley Trans y advierte del riesgo que supone empujar a jóvenes, que se dejan llevar por lo que califica como «una moda,  hacia este tipo de  tratamientos.

No es esta la primera voz que alerta sobre este grave asunto: desde el Observatorio de Bioética lo venimos haciendo mucho tiempo, exponiendo los dilemas éticos, médicos y psicológicos que conllevan los tratamientos de bloqueo hormonal y transición de género.

Además de las graves consecuencias para las personas que se han sometido a dichos tratamientos, deben añadirse ahora los casos, en número creciente, de arrepentidos que denuncian no haber sido correctamente informados ni tratados durante el proceso, sufriendo sus consecuencias en muchos casos irreversibles.  y posteriormente se han arrepentido.

Paralelamente, otros países están revirtiendo la políticas implementadas hasta ahora en el tratamiento de los casos de disforia de género, adoptando posturas más prudentes que incluyen la necesidad de diagnóstico clínico y seguimiento de todos los casos así como el retraso en el comienzo de las intervenciones de  transición. Se trata de países como Finlandia, Suecia, Reino Unido o Australia, que ahora ponen el freno a la hora de iniciar la hormonación en menores de edad.

En el caso de Suecia que, siendo el país pionero en las leyes trans y el primero en reconocer la disforia de género en el año 1972, resulta llamativo que ahora se niegue a iniciar tratamientos hormonales en menores, estableciendo, por parte del Ministerio de Sanidad, nuevos protocolos que indican que en el caso de los menores sólo se podrá hacer terapia de hormonación tras la preceptiva revisión por parte del Comité de Bioética Nacional, siempre que el menor no haya tenido una problemática previa de salud mental».

Otro de los países que endurece sus leyes exigiendo una autorización judicial para que los menores de entre 16 y 18 años puedan recibir tratamiento hormonal es Reino Unido, además de Finlandia que cambió sus recomendaciones y dio prioridad a la terapia psicológica para tratar casos de disforia de género. Conviene recordar que la terapia psicológica está prohibida en España, extremo del todo incomprensible. Todo ello, conjugado con un cambio en el modelo clínico, pues, desde hace unos años, no se hormona a un menor hasta que un profesional sanitario constata su madurez emocional.

Estos precedentes deberían bastar para tomar las mismas medidas restrictivas en nuestro país, en el que la ‘ley Trans’ elimina el requisito de contar con informes médicos y psicológicos antes de cambiar el género asignado al nacer, con terapias hormonales, bloqueadores de la pubertad y cirugía genital en su caso, y evitar casos tan dramáticos como el de Ame G una de las pocas jóvenes que ha decidido poner rostro en España a la realidad ‘detrans’, que existe y no es un asunto menor. Otros muchos casos de arrepentidos, víctimas de intervenciones prematuras e imprudentes se han sucedido recientemente en todo el mundo.

 

Julio Tudela

Nuria Aznar

Observatorio de Bioética

Instituto Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

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