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El trasplante de útero plantea evidentes problemas éticos

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El trasplante de útero plantea evidentes problemas éticos
25 enero
13:23 2021

El trasplante de útero presenta importantes problemas éticos tanto desde la perspectiva de la mujer receptora, como de la donante e incluso también del futuro bebé.

Aspectos médicos

El primer trasplante de útero se realizó en Arabia Saudí en el año 2000. Hasta 2011 no se practicó el segundo, en este caso en Turquía. El primer trasplante en Europa se llevó a cabo en Suecia en 2014. Hasta el momento actual se han practicado en el mundo 70 trasplantes de útero y han nacido 14 niños.

En 2013, Mats Brännström, de la universidad de Goteburgo, fue autorizado a realizar nueve trasplantes de útero de donantes vivos, que se llevaron a cabo en la primavera de 2013. En cinco de ellos las donantes eran madres de las receptoras y en las cuatro restantes eran familia o amigas. Dos de los trasplantes fracasaron, y el 14 de octubre de 2014, según se publica en The Lancet, nació el primer niño de uno de los úteros trasplantados, tras un embarazo complicado, un varón prematuro, con un peso de 1775 gramos. En este caso concreto la receptora del útero era una mujer de 35 años que sufría el síndrome de Rokitanski, (una carencia congénita de útero, que se da en 1 de cada 5000 mujeres). El útero fue donado por una mujer de 65 años que ya había tenido dos embarazos previos.

Hasta 2017, todos los trasplantes se habían realizado a partir de donantes vivas. El primer trasplante de útero de una mujer fallecida se llevó a cabo en Estados Unidos en ese mismo año.

El 5 de octubre de 2020 se realizó en España el primer trasplante de útero de donante viva, en el hospital Clinic de Barcelona. Desde un punto de vista médico, el trasplante de útero es una operación compleja, por lo que en este caso se requirieron 12 horas para la extracción del útero de la donante y 4 para su implantación en la paciente, siendo un hecho destacado que el equipo quirúrgico estaba formado por 20 personas.

Desde un punto de vista técnico, se considera que el trasplante es exitoso cuando el útero trasplantado es funcionante, lo que se comprueba porque la mujer menstrua y sobre todo si queda embarazada. Como es lógico, para la deseada maternidad hay que recurrir a la fecundación in vitro. En este caso concreto, a la mujer que iba a recibir el útero se le habían extraído previamente 11 embriones que fueron fecundados, de los que se les implantó uno.

Otro problema médico objetivo, es que este tipo de trasplantes requieren el uso de inmunosupresores de por vida, por lo que se recomienda la extracción el útero trasplantado una vez que se ha conseguido el primer hijo. En el caso concreto de Barcelona, al parecer, de acuerdo con la receptora, la extracción del útero podría llevarse a cabo después de que la mujer tuviera su segundo hijo, cosa que aún no ha ocurrido.

Problemas éticos

Con independencia de los aspectos médicos comentados, el trasplante de útero plantea evidentes problemas éticos. Como señala Federico de Montalvo, miembro del Comité Bioético de la Unesco y presidente del Comité Bioético de España, “el trasplante de útero presenta importantes problemas éticos tanto desde la perspectiva de la mujer receptora, como de la donante e incluso también del futuro bebé”.

Desde un punto de vista general, el primer aspecto a considerar es que esta práctica conlleva una cosificación de la mujer, tanto de la receptora como de la donante, lo que éticamente parece inaceptable.

Por otro lado, en relación con la mujer receptora, y también de su pareja, puede ser una manifestación de egoísmo personal, que se antepone a cualquier otra consideración, al querer ser padres a toda costa, pues para conseguirlo se pone en riesgo la salud física de las dos mujeres, la donante y la receptora.

También, desde un punto de vista médico, es difícil de admitir este tipo de trasplantes, pues el útero no es un órgano vital, como pueden ser el corazón, el hígado o el riñón, por lo que parece controvertido someter a ambas mujeres a una operación quirúrgica que, como hemos referido, conlleva riesgos, que pueden ser graves, tanto para la donante como para la receptora.

Por otro lado, este tipo de intervenciones puede suponer un menoscabo de la integridad física de la donante, sin que suponga ninguna mejora para su salud, lo que, sin duda, éticamente parece difícil de admitir.

Finalmente, y desde un punto de vista general, esta práctica puede promover la posibilidad de transacciones comerciales de úteros. Es decir, se puede convertir en un negocio, lo que sin duda podría favorecer el que mujeres con un elevado nivel económico pudieran comprar úteros a mujeres pobres, que utilizarían ese recurso para mejorar su calidad de vida, lo que sin duda puede ser una evidente injusticia social.

Por último, nos parece, que también se abriría la posibilidad de utilizar este tipo de trasplantes para mujeres transgénero e incluso para hombres, lo que sin duda añadiría nuevas dificultades éticas a las ya anteriormente comentadas.

Consecuentemente, somos de la opinión que el trasplante de útero es una práctica quirúrgica que debe ser considerada con mucha cautela, por tener evidentes connotaciones bioéticas negativas, que hacen que su consideración médica pueda ser muy problemática.

Justo Aznar

Observatorio de Bioética

Instituto de Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

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