Los humanos somos poderosos e inteligentes, pero también más ignorantes de lo que creemos, por lo que frecuentemente somos incapaces de reconocer nuestras propias limitaciones y exagerar nuestras capacidades. Reflexionando sobre ello S. Bird (ver AQUÍ) comenta que la motivación más elemental de los seres vivos es la supervivencia. Para los humanos es esencial no solamente procrear sino pasar la información que es necesaria para sobrevivir. De alguna forma, dicha información puede estar incluida en nuestro genoma, pero para los humanos también se aprende a través de la educación. En el trabajo que se está comentando, se reflexiona sobre el valor de la educación teológica, tanto en su propio contexto técnico como en sus implicaciones éticas y en cómo puede influir en el desarrollo y supervivencia de la especie humana.