Es sabido que los grupos antivacunas, aunque no son muy numerosos, son muy activos y en este momento han comenzado a moverse en contra de que se desarrolle una vacuna contra el COVID-19. Normalmente utilizan razones emotivas más que científicas. En un reciente artículo publicado en Nature, que analiza 1300 páginas web y que agregaban 85 millones de seguidores, se constata que los grupos antivacunas tienen menos seguidores que los grupos provacunas, pero son más numerosos.