Otis nació el pasado 30 de septiembre en un hospital de Essex tras pasar por el útero de sus dos madres, una pareja de lesbianas que han sido las primeras en probar una técnica pionera denominada «maternidad compartida». Actualmente, las clínicas de fertilidad ofrecen a las parejas de mujeres en las que ambas quieren participar activamente en el proceso que una sea la que aporte el óvulo y otra la que ponga el útero. Esta nueva técnica, llevada a cabo por la London Women’s Clinic, va un poco más allá, ya que la mujer que dona el óvulo es también la que lo incuba en su matriz durante las primeras 18 horas tras la fertilización, en lugar de hacerlo en el laboratorio. Pasado ese tiempo, el embrión se transfiere a la otra mujer que lo acogerá en su útero durante nueve meses. Una prueba más de como la producción artificial de niños los cosifica, algo que desde un punto de vista bioético nos parece de difícil justificación (ver más AQUÍ).