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Conclusiones del XII Congreso de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI)

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Conclusiones del XII Congreso de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI)
20 diciembre
11:10 2019

El XII Congreso de Bioética de la  AEBI,  celebrado en Valencia del 25 al 26 de Octubre de 2019 en la Universidad CEU Cardenal  Herrera, reunió  a numerosos expertos  de  distintos ámbitos,  procedentes, en su mayoría, de España, pero también de otros países de Europa e Iberoamérica (ver vídeo AQUÍ).

El tema central del mismo fue la celebración de los 25 años de la Asociación, con el título “25  AÑOS  HACIENDO  BIOÉTICA: investigando,  enseñando  y  promoviendo  la dignidad  humana”.

En él, se analizaron, en  la Conferencia  Plenaria  y  en distintas  Mesas Redondas, diversos temas de bioética, tanto de fundamentación como relacionados con el  inicio  y  final  de  la  vida, así como sobre cómo  afecta  la  cultura  del  deseo  en  el  desarrollo  de  la bioética, la vigencia e idoneidad  del  concepto  de  “dignidad  humana”, la ética en la comunicación de diagnósticos de malformaciones en fetos y neonatos, la relación entre reproducción asistida y dignidad  humana, o  cómo  llevar  a  cabo  la  adecuación  del esfuerzo terapéutico en los últimos días de la vida.

Algunas de las conclusiones alcanzadas

1. “Se puede desear lo imposible pero sólo se puede  elegir lo posible”. (Aristóteles). Plantear la existencia teniendo como uno de sus fines ser cada vez más libre es algo deseable, pero cuando se concibe la libertad humana solo como capacidad de elección de todo aquello que se desea, ésta puede devenir en una incapacidad para el hombre de vincularse con los propios bienes humanos. La utilización de la tecnociencia desde este modo  de  entender  la  libertad, supedita  el  desarrollo de  la  persona a  las  diversas posibilidades que concibe el deseo en el uso de las mismas.

2. La referencia a la dignidad, entendida como valor intrínseco de todo ser humano, invariable y reconocido, no otorgado, es el  fundamento de los derechos humanos y del  bioderecho, y está sólidamente asentada, tanto en las  normas  internacionales  de derechos humanos, como en las constituciones de los Estados de Derecho. En el plano de la valoración ética de las biotecnologías, y de la asistencia sanitaria en general, se tiende a aceptar la pertinencia de invocar el principio de dignidad  humana  como  un principio  sustancialmente  distinto  del  principio  de  autonomía. Se reconoce de  forma general la necesidad de humanizar la asistencia clínica y los cuidados de salud.  Para lograrlo,  el  principio  de  dignidad  de  la  persona  constituye  una  referencia principal. Ni desde  el  punto  de  vista  jurídico,  ético  o  clínico  se  puede  sostener  la  falta  de  vigencia del  concepto  de  dignidad  humana. Ésta  es  un  concepto  nuclear  e  informador  de  la bioética tanto a la hora de curar como en los cuidados de salud. La excelencia del ser humano  conlleva  orientar  cualquier intervención  biosanitaria al  servicio de la  persona siendo su respeto la primera premisa a la hora de intervenir sobre ella.

3. La comunicación real es una condición necesaria de una buena relación clínica entre los profesionales y sus pacientes. Los primeros tienen un papel muy importante en las posteriores decisiones de los pacientes, algo que se hace más patente a la hora de dar un  diagnostico  de  enfermedad  en  el  niño  no nacido.  La  experiencia  actual  indica que existen deficiencias muy importantes en los profesionales sanitarios en este tipo de comunicación, que exigen  programas  de  aprendizaje, tanto  en  la  formación  de  grado como   especializada.  Es   fundamental   comunicar  de forma   personalizada, siendo especialmente importante  la  primera  comunicación  de  una    mala  noticia.  Para transmitirla bien  es necesario considerar la información contenida en esa noticia como un proceso, no como un hecho puntual. Los médicos deben comunicar el diagnóstico a ambos progenitores empleando un lenguaje delicado, afectuoso, y positivo, evitando en todo momento  referirse  al  niño  como  un  síndrome. Hay que comunicar la verdad soportable, adaptada, de forma escalonada, y respetuosa. La información tiene que ser en  principio no directiva, sin cuestionar  la decisión  de  las madres  de tener  a  su  hijo proporcionando  la  información  sobre  las  posibilidades de los niños diagnosticados de forma equilibrada, realista, objetiva y actualizada, y teniendo siempre en cuenta que  todo ser  humano,  independientemente de su condición, edad y estado, tiene  una dignidad  intrínseca  y  unos derechos fundamentales que le son inherentes, entre ellos, el derecho al respeto de su integridad, su vida y su salud. Se debería considerar el no nacido como un paciente al igual que la madre.

4. Las distintas tecnologías “in   vitro” de generación de seres humanos están conformando socialmente diversas ideas sobre la procreación humana que llevan a una cosificación  del  niño  concebido. La contingencia ligada a la mutua  donación  del  acto conyugal salvaguarda, protege y está en consonancia con la dignidad del concebido. Si queremos evitar la creciente  mercantilización  de  la  procreación  humana  es  necesario introducir  alternativas  médicas  que  no  siendo  sustitutivas  del  acto  conyugal  ayuden  a éste  a  alcanzar  la  concepción. Además, esto supondrá una posibilidad para  muchas parejas de concebir  un  hijo  a  través  de  medios  que consideran  lícitos  frente  a  los actuales “in vitro”. Las actuales alternativas basadas en el conocimiento de la biología de  los  esposos  son  respetuosas  de  la  ecología humana,  y no plantean  problemas éticos en relación a la vida del nasciturus como a la naturaleza de la unidad conyugal y familiar.

5. La adecuación, que no límite de  los esfuerzos médicos, es uno de los fines más importantes que tienen que plantearse  los  profesionales sanitarios a la hora de la atención  de  los  pacientes en las últimas  fases  de  su  vida.  Para  ello,  es  necesario conocer la situación clínica y el pronóstico que acontece en esos momentos, manteniendo siempre una actitud de proporcionalidad en los tratamientos, entre el bien que se pretende alcanzar con ellos – mantener el mejor bienestar posible del paciente- del efecto negativo que puedan poseer, sea porque dañan, o porque son muy gravosos para el enfermo o  simplemente fútiles.  Es necesario el autocuidado de los profesionales de la salud  que  atienden  a  las  personas  en  el  final  de  la  vida  y  fomentar  el  apoyo  de profesionales expertos en los momentos que lo precisen. La toma de decisiones hay que realizarla desde una  posición  de  racionalidad y respeto a los  valores  de  las personas que acompañamos. Para ello, es preciso mantener la calma, de modo que las emociones no dificulten el asesoramiento adecuado. Es necesario, junto a la serenidad la  actitud de  escucha.  Así,   se  puede  empatizar con  el  paciente, conocer  sus  deseos, analizar la situación éticamente y realizar la toma de decisiones conjuntamente (ver más AQUÍ).

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