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Carta del Papa Francisco a la Academia Pontificia para la Vida

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Carta del Papa Francisco a la Academia Pontificia para la Vida
06 febrero
12:51 2019

El documento consta de 13 puntos, cuyo eje central, a nuestro juicio, es animar a la Iglesia a redescubrir el “Humanismo de la vida”

 

Con motivo del veinticinco aniversario de la Fundación de la Pontificia Academia para la Vida por San Juan Pablo II, el Papa Francisco ha enviado una extensa carta (Humana communitas) a su presidente, Monseñor Vincenzo Paglia, en la que especifica los principales objetivos que el Pontífice propone para la Academia.

El documento consta de 13 puntos, cuyo eje central, a nuestro juicio, es animar a la Iglesia a redescubrir el “Humanismo de la vida”, afirmando, en una frase llena de fuerza que “la comunidad humana ha sido el sueño de Dios desde antes de la creación del mundo”, y que, “en el Hijo unigénito se revela la hermosura de Dios”. Por todo ello, el Papa propone a la Academia restaurar la evidencia de esta pasión de Dios por la criatura humana y su mundo” y “relanzar vigorosamente el humanismo de la vida por la criatura humana, de la que debe emerger el compromiso para comprender, promover y defender la vida de todo ser humano”. Propuesta no solamente válida para la Academia y sus miembros, sino para todo el pueblo de Dios, pues todos debemos estar inmersos en este compromiso para la defensa de la vida humana a la que el Papa nos insta.

Seguidamente Francisco se dirige más directamente a la propia Academia, al recordar que ésta ha recibido “un renovado impulso con el nuevo Estatuto”, aprobado el 18 de octubre de 2016, cuyo objetivo fundamental es hacer que la reflexión sobre la vida humana “tenga cada vez más en cuenta el contexto contemporáneo, en el que el retorno creciente de la innovación tecnológica  y científica y la globalización, multiplican, por una parte, la interacción entre las diferentes culturas , religiones y conocimientos y, por otra, entre las múltiples dimensiones de la familia humana y de la casa común en la que habita para articular una síntesis antropológica que esté a la altura de este desafío de la época”.

Es decir, en este tiempo de tan inusitados avances tecnológicos, el Papa nos anima a establecer un activo dialogo entre Ciencia y Fe, a la luz del humanismo cristiano, aunque reconoce que “esta pasión por lo humano, por toda la humanidad, encuentra en este momento de la historia serias dificultades”, pero que esto no debe impedir que “la rehabilitación de la criatura de Dios en la feliz esperanza de su destino tiene que llegar a ser la pasión dominante de nuestro anuncio”, por supuesto, todo ello tendente a crear “una nueva perspectiva ética universal , atenta a los temas de la creación y de la vida humana” éste es a juicio del Papa “el objetivo que debemos perseguir a nivel cultural”. Aunque sigue Francisco afirmando que “somos conscientes de que tenemos dificultades para reabrir este horizonte humanitario, incluso dentro de la Iglesia”. Sin duda, gran parte de los objetivos expuestos podrían sintetizarse en palabras del Papa, en “relanzar una nieva visón de un humanismo fraterno y solidario de las personas y de los pueblos”.

Amar y respetar la vida humana

También el Papa nos anima a respetar la vida humana, afirmando que “somos plenamente conscientes de que el umbral del respeto fundamental de la vida humana está siendo transgredido hoy en día de manera brutal, no solo por el comportamiento individual, sino también por los efectos de las opciones y de los acuerdos estructurales. La organización de las ganancias económicas y el ritmo de desarrollo de las tecnologías ofrecen posibilidades nuevas para condicionar la investigación biomédica, la orientación educativa, la selección de necesidades y la calidad humana de los vínculos. La posibilidad de orientar el desarrollo económico y el progreso científico hacia la alianza del hombre y de la mujer, para el cuidado de la humanidad que nos es común, y hacia la dignidad de la persona humana, se basa ciertamente en un amor por la creación que la fe nos ayuda a profundizar e iluminar. La perspectiva de la bioética global, con su amplia visión y su atención a las repercusiones del medio ambiente en la vida y la salud, constituye una notable oportunidad para profundizar la nueva alianza del Evangelio y de la creación.”

Finalmente, y ya refiriéndose más específicamente a la misión de la Pontificia Academia, Francisco anima a establecer un dialogo activo con las diferentes culturas, manifestando que “ser miembros del único género humano exige un enfoque global, y nos pide a todos que abordemos las cuestiones que surgen en el diálogo entre las diferentes culturas y sociedades, que están cada vez más estrechamente relacionadas en el mundo de hoy. Ojalá la Academia para la Vida sea un lugar lleno de valentía de esta interacción y este diálogo al servicio del bien de todos. No tengan miedo de elaborar argumentos y lenguajes que puedan ser utilizados en un diálogo intercultural e interreligioso, así como interdisciplinar”.

No cabe duda que los nuevos avances tecnológicos están abriendo campos que plantean numerosos interrogantes éticos, por ello el Papa nos anima a ahondar en este terreno al afirmar que “otro frente en el que hay que profundizar la reflexión es en el de las nuevas tecnologías hoy definidas como “emergentes y convergentes”. Se trata de las tecnologías de la información y de la comunicación, las biotecnologías, las nanotecnologías y la robótica. Hoy es posible intervenir con mucha profundidad en la materia viva utilizando los resultados obtenidos por la física, la genética y la neurociencia, así como por la capacidad de cálculo de máquinas cada vez más potentes. También el cuerpo humano es susceptible de intervenciones tales que pueden modificar no solo sus funciones y prestaciones, sino también sus modos de relación, a nivel personal y social, exponiéndolo cada vez más a la lógica del mercado. Ante todo, es necesario comprender los cambios profundos que se anuncian en estas nuevas fronteras, con el fin de identificar cómo orientarlas hacia el servicio de la persona humana, respetando y promoviendo su dignidad intrínseca”.

Para concluir, Francisco afirma que “debemos reconocer que la fraternidad sigue siendo la promesa incumplida de la modernidad “y que “la fuerza de la fraternidad, que la adoración a Dios en espíritu y en verdad genera entre los humanos, es la nueva frontera del cristianismo”.

Justo Aznar

Observatorio de Bioetica

Instituto de Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

 

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