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Sombras de un aniversario, la fecundación “in vitro”

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Sombras de un aniversario, la fecundación “in vitro”
27 septiembre
11:51 2018

Se publicó en Facebook el pasado 11 de agosto y ha sido una de las fotos virales del verano: un bebé recién nacido rodeado de jeringuillas usadas en los procesos de fecundación in vitro (FIV). Reflejan cuatro años de tratamientos, siete intentos, tres abortos y 1.116 pinchazos, además de 40.000 dólares de gastos. Como han contado numerosos medios, Patricia O’Neill y su pareja Kimberly, de Arizona, en Estados Unidos, pensaron que sería sencillo. Su constancia, y su calvario, quedaron recompensados con el nacimiento de un bebé el pasado 3 de agosto, un chico al que han llamado London.

Este caso, algo extremo, coincidía con el 40 aniversario de Louise Brown, el primer bebé probeta del mundo, nacida el 25 de julio de 1978 en el Oldham General Hospital (Reino Unido). Según los datos aportados el pasado julio en Barcelona durante el congreso de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología, se estima que desde entonces han nacido unos ocho millones de personas en el mundo mediante técnicas de reproducción asistida. Los datos europeos de 2015 registran casi 800.000 ciclos y 157.449 nacimientos. España se mantiene como el país más activo en reproducción asistida de Europa, con un récord de 119.875 ciclos de tratamiento efectuados en 2015. La tasa de embarazo tanto con la inyección intracitoplásmica de espermatozoides (ICSI), como con la FIV, se ha estabilizado en un máximo del 36 por ciento. Y aunque van disminuyendo, los embarazos gemelares alcanzan el 14 por ciento del total.

Como se comentaba en Nature en un artículo conmemorativo del aniversario de Louise Brown, la reproducción asistida no ha dejado de generar controversia en estas cuatro décadas: miles de embriones descartados, elección de sexo, bebés de diseño, tanques repletos de embriones congelados con un futuro incierto, mujeres de 60 años que deciden ser madres, gestaciones subrogadas, investigación con embriones…

La web Stat News se descolgó en julio con otro artículo que se adentraba en el lado oscuro de un negocio con un márketing muy agresivo anunciado con rostros sonrientes de madres esplendorosas. Pamela Mahoney, la autora, recurría a sus intentos frustrados de concebir mediante FIV en los que se gastó 50.000 dólares. Después de recordar la mentalidad eugenésica de Robert G. Edwards, uno de los padres de la FIV -“pronto será un pecado tener niños que lleven la pesada carga de enfermedades genéticas”, escribió-, aludía a los escasos controles de las clínicas de reproducción asistida y a su exageración de las tasas de éxito a fin de competir por una clientela angustiada por sus deseos de ser padres y madres. Actualmente, añadía más adelante refiriéndose a la falta de transparencia de estas técnicas, hay unos 20 medios de cultivo disponibles que se usan para nutrir a los embriones de la FIV. Su composición no es una cuestión trivial, ya que son esenciales para el desarrollo embrionario. Una revisión Cochrane publicada en noviembre de 2015 sobre estos medios de cultivo, concluyó que “ninguno de los estudios analizados informó sobre la salud de la descendencia. La mayoría (22 de 32 estudios) no informó de su fuente de financiación y ninguno describió su metodología con el detalle adecuado”. Muchas parejas decepcionadas tras varios intentos fallidos no quieren luego saber nada de análisis científicos sobre tales métodos, por lo que no es sencillo clarificar los avances y los problemas.

“Las mujeres y sus parejas –ironizaba Mahoney, cofundadora del portal ReproTechTruths.org, destinado a lograr una mayor transparencia en este ámbito- pueden conocer mejor los ingredientes de un menú de comida rápida que los de una clínica de reproducción asistida. En mi experiencia, validada por otros, estas clínicas hacen un penoso trabajo al explicar las opciones. Se necesita una mejor supervisión, garantías más sólidas para los pacientes, incluida una atención más compasiva para quienes afrontan los ciclos de FIV fallidos, y una mayor transparencia sobre los riesgos y las limitaciones de las técnicas de reproducción asistida”.

En la misma línea, Nana Matoba, profesora de Pediatría en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern y neonatóloga del Hospital Infantil de Chicago, escribía en enero pasado en Scientific American, con motivo del nacimiento de una niña procedente de un embrión congelado desde 1992, que “la tecnología de reproducción asistida tiene riesgos de complicaciones relacionadas con el embarazo y defectos de nacimiento, parto prematuro, bajo peso al nacer y restricción del crecimiento

José Ramón Zárate.

Diario Médico, del 3 al 9 de septiembre de 2018

 

*Foto: Facebook

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