Observatorio de Bioética, UCV

La falsa antropología de la Ideología de Género

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La falsa antropología de la Ideología de Género
29 junio
08:07 2016

La palabra inglesa gender es utilizada por la Ideología de Género para negar el origen natural y biológico de la sexualidad, de tal modo que ésta queda reducida a un mero rol social: ya no naces hombre o mujer, sino que es la sociedad la que te hace hombre o mujer, y, por lo tanto, es lícito que seas tú mismo el que elijas qué quieres ser: sexo masculino, sexo femenino, o un mix de ambos.

Esta ideología se enseña hoy a todos los niños y jóvenes de occidente en escuelas y universidades. Se difunde en todos los medios de comunicación e inspira la legislación recientemente aprobada por la mayor parte de los gobiernos y parlamentos occidentales. Además se censura cualquier crítica que la ponga en duda, así como la realización o publicación de cualquier estudio científico que la refute.

Errores y mentiras

Benedicto XVI, en su discurso a la curia romana del pasado 21 de diciembre de 2012, ha desvelado valientemente la mentira que subyace a la llamada Ideología de Género. Muchos son los sufrimientos a que dan lugar sus errores y mentiras:

1) Rompe los vínculos más profundos (padre y madre, esposo y esposa) y al pretender librarnos del sufrimiento por los otros (padres, esposos, hijos) arroja al ser humano a la más completa soledad, al egoísmo más total, al infierno. En palabras de Benedicto XVI:

“El rechazo de la vinculación humana, que se difunde cada vez más a causa de una errónea comprensión de la libertad y la autorrealización, y también por eludir el soportar pacientemente el sufrimiento, significa que el hombre permanece encerrado en sí mismo y, en última instancia, conserva el propio yo para sí mismo, no lo supera verdaderamente. Pero el hombre sólo logra ser él mismo en la entrega de sí mismo, y sólo abriéndose al otro, a los otros, a los hijos, a la familia; solo dejándose plasmar en el sufrimiento, descubre la amplitud de ser persona humana. Con el rechazo de estos lazos desaparecen también las figuras fundamentales de la existencia humana: el padre, la madre, el hijo; decaen dimensiones esenciales de la experiencia de ser persona humana”.[1]

2) Niega el origen natural de la sexualidad humana. El sexo ya no sería natural, biológico o corporal, sino un mero rol social. Niega el origen carnal de la sexualidad: gender contrario a la carne. Al negar la naturaleza, al negar lo carnal, nos aliena de la realidad, nos engaña con una realidad virtual, social que no existe y que solo genera sufrimiento: aborto, pederastia, promiscuidad sexual, adulterio, divorcio, violencia contra la mujer, etc.

“El gran rabino de Francia, Gilles Berheim, en un tratado cuidadosamente documentado y profundamente conmovedor, ha mostrado que el atentado al que hoy estamos expuestos, a la auténtica forma de la familia, compuesta por padre, madre e hijo, tiene una dimensión aún más profunda. Si hasta ahora habíamos visto como causa de la crisis de la familia un malentendido de la esencia de la libertad humana, ahora se ve claro que aquí está en juego la visión del ser mismo, de lo que significa realmente ser hombres. Cita una afirmación que se ha hecho famosa de Simone de Beauvoir: mujer no se nace, se hace (‘on ne naît pas femme, on le devient’). En estas palabras se expresa la base de lo que hoy se presenta bajo el lema ‘gender’ como una nueva filosofía de la sexualidad. Según esta filosofía, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente, mientras que hasta ahora era la sociedad la que decidía. La falacia profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente. El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que esta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear”.[2]

3) Niega la creación. Según la Ideología de Género no es Dios el que nos ha creado hombre y mujer —“hombre y mujer los creó” (Gén 1,27)—, sino la sociedad humana; es el mismo hombre el que crea hombres y mujeres (hombre y mujer nos creó la sociedad); y, por lo tanto, el sexo es un rol intercambiable que ya no depende de Dios creador, sino de la sociedad, del Estado, o de su autosuficiencia de hombre.

“Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creada por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia misma de la naturaleza humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios la ha dado. Precisamente esta dualidad es la que se impugna. Ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: hombre y mujer los creó (Gén 1,27). No, lo que vale ahora es que no ha sido Él quien los creó varón o mujer, sino que hasta ahora ha sido la sociedad la que lo ha determinado, y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto. Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, ya no existen. El hombre niega su propia naturaleza. Ahora él es sólo espíritu y voluntad”.[3]

4) Y por lo tanto, al negar la realidad niega a Dios: Si negamos la creación, negamos al creador; negando la verdad, negamos a Dios. Y negando “Al que es” (“Yo soy el que soy”: Éx, 3,13), quedamos condenados a no ser, a la muerte óntica (Kierkegaard), la muerte del ser.

“Allí donde la libertad de hacer se convierte en libertad de hacerse por uno mismo, se llega necesariamente a negar al Creador mismo y, con ello, también al hombre como criatura de Dios, como imagen de Dios, queda finalmente degradado en la esencia de su ser”.[4]

Gender contra natura

Parece que vivimos en medio de un mundo virtual donde se nos fuerza a renegar de la naturaleza, hombre y mujer, y se nos trata de imponer el género como resultado del derecho a decidir; según esta ideología no nacemos hombre y mujer, sino que somos nosotros los que decidimos nuestra sexualidad. Y no solo decidimos el bien y el mal (autonomía moral), sino que además decidimos lo que existe y lo que no, como si fuéramos dioses.

0abbe16d-a5c6-494a-8827-33f911dfe7bcEsta ideología no admite discusión alguna, pues todo aquel que trate de refutarla por medio de la razón, de la lógica o de la ciencia es acusado inmediatamente de “intolerante”, con el riesgo de ser llevado a los tribunales, y con muchas posibilidades de ser condenado por “fomentar el odio” (homofobia, etc.) sin derecho a exponer sus razones. La Ideología de Género se impone por lo que se ha llamado “logofobia”: extendiendo el miedo a razonar y argumentar serenamente. Solo de esta manera puede imponerse una ideología contraria a la naturaleza, porque “lo humano es lo masculino y lo femenino”.[5]

La ideología de género al ser antinatural es totalmente corrosiva de la ecología humana. Si las políticas antinatalistas destruyen la vida humana antes de nacer por medio del aborto, la ideología de género destruye el medio natural para el normal desarrollo de esta vida humana después de nacer: la familia. La ideología de género con la imposición desde el poder y los medios de comunicación del matrimonio homosexual, la promiscuidad sexual, el divorcio exprés, la introducción de la lucha de clases dentro del matrimonio, pretende la desaparición de la familia natural, formada por un hombre y una mujer unidos en matrimonio para siempre, por amor, abiertos al nacimiento de sus hijos a la vida.

La Ideología de Género rehúye de toda discusión razonada. Ni la ideología de género, ni el relativismo laicista anticristiano aceptan participar en un diálogo filosófico o racional con aquellos que no aceptan la cultura oficial. Hasta tal punto, que el filósofo Spaemann pueda decir que “en Europa hay graves limitaciones a la libertad de opinión. No se dice: lo que sostienes es falso. Se dice: ¡Esto no lo puedes apoyar! No se pregunta si es cierto o no, sino si es políticamente correcto o no. Y lo que es políticamente correcto lo decide quien tiene el poder”.[6]

Gender e ingeniería humana

Desde esta “antropología atea” que es la Ideología de Género, desde la “perspectiva de un hombre privado de su alma, y por tanto de una relación personal con el Creador, lo que es técnicamente posible se convierte en moralmente lícito, todo experimento resulta aceptable, toda política demográfica consentida, toda manipulación legitimada”.[7] Desde esta perspectiva se comprende la reciente legislación que, como una plaga, se extiende por el mundo actual totalmente contraria a la razón, a la naturaleza y a la vida: aborto, divorcio, matrimonio homosexual, experimentación con embriones humanos, etc., y que desde poderosos organismos financieros globales se imponen a los gobiernos.[8]

Familia cristiana y libertad

Es difícil ir contracorriente, sobre todo cuando cada vez más Estados, más gobiernos y más medios de comunicación adoptan la Ideología de Género como cultura oficial. Hasta tal punto, que en muchos organismos internacionales se niega la libertad de conciencia de los cristianos y la objeción de conciencia en nombre de la misma tolerancia. Cuando es precisamente el cristianismo el que nos hace libres (“la verdad os hará libres”: Jn 8,32), y es la misma caridad la que nos mueve a ser libres para anunciar la verdad.[9]

“Benditos los que luchan por la familia cristiana, porque son los que verdaderamente luchan por la vida y la libertad. La salvación de Europa viene por la defensa de la familia cristiana” (Kiko Argüello).

“En la lucha por la familia está en juego el hombre mismo. Y se hace evidente que, cuando se niega a Dios, se disuelve también la dignidad del hombre. Quien defiende a Dios, defiende al hombre”.[10]

A nosotros nos corresponde, pues, manifestar al mundo la belleza de la familia y del matrimonio cristiano, fruto de la Evangelización.

Javier Alba

Publicado 8:03 pm, 15 mayo, 2013 Por BuenaNueva

[1] Adriano Pessina, Director del Centro Ateneo de Bioética (Università Cattolica del Sacro Cuore), en L’Obsservatore Romano, en español, 20-1-2013.

[2] Nota sobre la libertad y la autonomía institucional de la Iglesia católica ante el Consejo de Europa con ocasión de los casos 2330/09 y 56030/07 del Tribunal europeo de derechos humanos: cfr. L’Obsservatore Romano, en español, 20-1-2013.

[3] Robert Spaemann en entrevista al Corriere della Sera, ver Alfa y Omega 17-1-2013.

[4] Benedicto XVI. Discurso a la plenaria de Cor Unum, Vaticano 19-1-2013.

[5] Marguerite A. Peeters, Marion-ética. Los expertos de la ONU imponen su ley, Rialp 2011.

[6] Robert Spaemann, o. cit.

[7] Benedicto XVI, o. cit.

[8] Marguerite A. Peeters, o. cit.

[9] Nota sobre la libertad y la autonomía institucional de la Iglesia católica ante el Consejo de Europa con ocasión de los casos 2330/09 y 56030/07 del Tribunal europeo de derechos humanos: cfr. L’Obsservatore Romano, en español, 20-1-2013.

[10] Benedicto XVI, Discurso a la Curia romana el 21-12-2012.

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