Observatorio de Bioética, UCV

Transexualidad: Autorizan a un niño de cuatro años a cambiar de nombre

Transexualidad / Opinión

Transexualidad: Autorizan a un niño de cuatro años a cambiar de nombre
08 febrero
13:04 2016

Recientemente se ha difundido en los medios de comunicación social la noticia del cambio de nombre en el DNI de un niño de 4 años de edad, de masculino a femenino, porque, según sus padres, este pequeño desde los 3 años ya tenía muy clara su identidad sexual.

No es nuestra intención juzgar a los padres, ya que opinamos que ningún padre busca el mal o el sufrimiento de un hijo conscientemente, más bien todo lo contrario, pero sí que les preguntaría a aquellos que apoyan, y es más, que aplauden iniciativas de este tipo,  si se han parado a pensar el daño que esta decisión podría provocar en el menor, y quien le dará las explicaciones oportunas a ese pequeño si, dentro de unos años, termina siendo un error lo que el menor se cuestionó desde la ignorancia propia de esa edad.

El niño ante la transexualidad

¿Alguien se ha parado a pensar qué respuestas le darán al niño si la naturaleza le dio genitales masculinos porque es un niño y no una niña? ¿Cómo le explicarán que si se enamora de una niña es algo normal, porque genéticamente siempre fue un niño y no porque tenga tendencias homosexuales? ¿Cómo le ayudarán si siente rechazo hacia la identidad sexual que sus padres le asignaron porque realmente no es la que la naturaleza le dio? ¿Quién se hará responsable de los sufrimientos que el pequeño pueda sentir cuando perciba que el mundo que se ha creado a su alrededor (muñecas, vestidos, peinados, conversaciones….) es un mundo falso, que no se corresponde con el real? ¿Quién reparará el daño que le pueda causar el no haber guardado celosamente su intimidad y como consecuencia de ello un país entero haya conocido y opinado sobre sus problemas de identidad sexual?

Qué difícil es a veces reparar el mal que uno, consciente o inconscientemente puede llegar a provocar.

Esta noticia nos  hace pensar que no podemos tomar decisiones tan a la ligera, sin pensar las consecuencias que estas puedan conllevar. Parece que vivimos en una sociedad donde todo vale, pero nos parece que nuestra libertad como padres, termina donde empieza la del otro, en este caso la de nuestros hijos. Nos parece razonable pensar que un niño de 4 años no puede hacer uso de su libertad hasta el extremo que en este caso se ha hecho, pues implica que un niño de esa edad no tiene discernimiento para asumir responsabilidades que pueden condicionar todo su futuro.

Nuria Aznar

Observatorio de Bioética
Universidad Católica de Valencia

 

 

*Fotografía: Noticias de Alava
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