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Igualdad y Género: de la ideología a la realidad

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Igualdad y Género: de la ideología a la realidad
07 enero
12:01 2016
Durante los días 9 al 11 de febrero de 2011 se desarrolló en la Universidad de Navarra el I Congreso Internacional de Ideología de Género. En esos días, se reflexionó, desde el rigor académico, sobre los presupuestos, fundamentos y consecuencias sociales, políticas y jurídicas del pensamiento de género. Se trata, ciertamente, de un tema de grandes consecuencias para la sociedad. Por ello, se consideró necesario el esfuerzo por profundizar, de manera interdisciplinar y rigurosa, en la materia, dejando al margen prejuicios preconcebidos y manipulaciones interesadas.

Para ello, se consideró necesario partir de los datos aportados por las diversas ciencias: la genética, la neurología, la psicología, la antropología, la filosofía, el derecho, etc. y, desde la honestidad académica, integrarlos, a través de un diálogo interdisciplinar. Algunas de las aportaciones del Congreso fueron las  siguientes:

1. La noción de género, desde una perspectiva científica, es una categoría de análisis social que permite estudiar los roles sociales que han desempeñado el varón y la mujer a lo largo de la historia.  Mientras que el sexo es un dato biológico e inmutable, el género representa el factor cultural y cambiante, característico de la persona humana.  Por ello, se trata de una noción útil en la antropología cultural y filosófica, así como en el lenguaje jurídico. (Ver artículo relacionado aquí).

2. El recurso a la categoría del género nos permite distinguir, al menos tres modelos de relación varón-mujer, que han cristalizado a lo largo de la historia: el modelo de la subordinación, el modelo igualitarista y el modelo de la reciprocidad y corresponsabilidad.

El primer modelo, el de la subordinación, se caracteriza por la desigualdad entre varón y mujer. Se entiende que el sexo biológico determina el género, es decir, las funciones o roles que la persona debe desempeñar en la sociedad.  Por ello, este modelo, también denominado patriarcal, cae en un determinismo biologicista.

El segundo modelo, el igualitarista, ha contribuido positivamente a la superación de la discriminación de la mujer a lo largo de la historia. Sin embargo, su característica fundamental es la negación de cualquier diferencia entre varón y mujer.  En sus formulaciones más radicales separa el sexo biológico del género, cayendo en un reduccionismo culturalista.  La persona se entiende, sólo, como un producto cultural. En este contexto se sitúa la denominada “ideología de género”.

El tercer modelo, el de la reciprocidad y corresponsabilidad, intenta hacer compatible la igualdad y la diferencia entre varón y mujer. Por un lado, es evidente su igualdad en dignidad y derechos. Al mismo tiempo, son manifiestas las diferencias a nivel genético, hormonal e incluso psicológico, que les hacen iguales y distintos en todos los niveles físicos y psíquicos, en el modo de ver la realidad y de solucionar los problemas. La experiencia muestra que cuando actúan complementariamente masculinidad y feminidad se consigue una gran fecundidad y riqueza, tanto en la familia como en el ámbito laboral.

3. Algunas consecuencias prácticas del modelo de la corresponsabilidad serían las siguientes:

Tanto en el ámbito público como en el privado, el varón y la mujer deben estar presentes, de una manera equilibrada.  Ello implica, en la actualidad, una mayor presencia de la mujer en la vida pública y del varón en los asuntos familiares y la educación de los hijos.  Para ello se requiere, por parte del Estado, la adopción de políticas más comprometidas con la defensa de la familia y el seguir avanzando en la conciliación trabajo – familia, tanto de las mujeres como de los varones.

Frente a la minusvaloración de la imagen social que hoy en día se extiende sobre la maternidad, y el abandono del ámbito privado, se advierte como imprescindible fomentar la familia, entendida como el hábitat humano básico para un desarrollo equilibrado de la persona.

En definitiva, una profundización antropológica en la dignidad humana y sus consiguientes derechos fundamentales, no puede alcanzarse solo teniendo en cuenta los datos de las ciencias empíricas y humanas. Se precisa una superación de los reduccionismos biologicistas y culturalistas para entender al ser humano desde su radical unidad entre cuerpo y espíritu, naturaleza y cultura, biología y libertad.

Ángela Aparisi Miralles

Catedrática de Filosofía del Derecho, Universidad de Navarra

(Diario de Navarra, 20/02/11) 

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