El proceso de crionizar consiste en mantener a muy bajas temperaturas a personas enfermas que no pueden ser curadas por los medios de que dispone la medicina actual con la esperanza de que la futura medicina  pueda hacer posible devolverlos a la vida y restaurar su salud.  A pesar de que esta práctica parece inalcanzable y sin fundamentación científica, actualmente hay en el mundo alrededor de 250 que han sido crionizados y en Estados Unidos hay alrededor de 1500 personas que han realizado las oportunas gestiones para ser crionizados después de su eventual muerte (J Med Ethics 41; 677-681, 2015).