Se ha presentado como un gran avance médico, cuando en realidad habrá que considerarla como un paso más de la «cultura de la muerte»

Hace 35 años nació Louise Brown, la primera niña probeta del mundo. Pocos días antes del aniversario, a comienzos de este mes, un equipo de Oxford anunciaba en Londres, en el Congreso de la Sociedad Europea de Embriología y Reproducción Humana, el nacimiento de Connor Levy, el primer niño nacido después de un análisis genómico completo.

Bueno, en realidad, el honor de esta primicia corresponde a los chinos, pues en el mismo congreso el equipo de Jian Li, del Instituto de Genómica de Pekín, explicó que ellos habían hecho lo mismo pero once meses antes. El proceso consiste en extraer y analizar de 7 a 12 células de embriones cinco días después de la fecundación in vitro; sólo los genéticamente puros se transfieren al útero. Jian Li añadió que ya llevan 17 niños con esta técnica; Connor «es el primero del hemisferio occidental».

La técnica usada, llamada «Next Generation Sequencing», es el último peldaño de una embriología de laboratorio que desde 1978 ya ha dado lugar a unos cinco millones de niños FIV y que está cada vez más empeñada en la perfección genética, según comenta William Saletan en Slate.

En el año 2002 la revista JAMA informaba del primer niño libre de una predisposición heredada al Alzheimer temprano; fue uno de los 15 embriones analizados, siete de ellos se descartaron por defectuosos, y los otros al congelador. Un año más tarde nació el primer bebé de un embrión hibernado: se descongelaron diez embriones, se analizaron ocho, se transfirieron cinco y sólo uno sobrevivió. Al año siguiente nació un niño cribado previamente para asegurar su integridad, aunque la familia no tenía historial de trastornos genéticos. En 2005 llegó un niño seleccionado para salvarle de una eritroblastosis fetal (incompatibilidad del Rh).

Y en 2009, el primer bebé libre de la mutación BRCA1, que predispone al cáncer de mama; en esa parrilla de salida se produjeron once embriones; seis se desecharon por mutantes BRCA y otros tres por otras anomalías. Y ahora Connor. Sus padres comenzaron con trece embriones: tres pasaron el test, y sólo éste llegó a la meta. Tras la prevención de defectos genéticos y la irrupción de los bebés medicamento, ya se está pidiendo la elección del sexo y pronto se demandarán otras cualidades deseadas. «Es la ruleta rusa de la selección genética de laboratorio», comenta William Saletan. «Gobernamos la elección y el exterminio. Celebramos nuestras victorias. Ocultamos las tragedias y el coste. Duerme bien, Connor. Eres el final feliz de la única historia que hemos decidido contar». Hasta aquí el artículo de José Ramón Zárate, publicado en Diario Médico. 29-VII/ 4-VIII-2013.

Valoración ética de la selección genética embrionaria

A nuestro juicio, un paso más en la selección genética embrionaria. Por el diagnóstico genético preimplantacional se pueden seleccionar embriones, hijos de padres con alguna enfermedad genética o hereditaria, produciendo un número elevado de ellos, analizándolos a partir de una célula, cuando el embrión tiene alrededor de ocho, y eligiendo para ser implantados aquel o aquellos que no padecen la enfermedad paterna. Una técnica objetivamente eugenésica, pues se seleccionan por razones de salud aquellos embriones que se les va a permitir vivir, desechándose el resto.

Ahora se da un paso más en esta práctica eugenésica, pues no se trata de desechar embriones que padecen una enfermedad genética hereditaria, sino de analizar su genoma para ver si padecen cualquier enfermedad o incluso si tienen riesgo de padecerla en la edad adulta, como ha ocurrido con embriones portadores de la mutación de BRCA 1, que puede significar un riesgo de padecer un cáncer de mama en la edad adulta en sus portadores.

Un paso de gran riesgo ético, pues abre la puerta a la selección de embriones casi por cualquier razón. ¡Selección embrionaria universal!

Son muchas las consideraciones éticas que se podrán hacer, pero solo voy a referirme a una. Se van a destruir embriones, vidas humanas, por el riesgo a padecer una enfermedad, el cáncer de pecho que hoy día tiene ya un alto porcentaje de posibilidades de ser adecuadamente tratado. Pero ¿quién nos puede asegurar que dentro de 30 años, que es cuando el riesgo de padecer este tipo de cáncer de ese concreto embrión se puede hacer realidad, esta enfermedad podrá ya ser adecuadamente tratada y ese riesgo habrá desaparecido?

En resumen, una práctica claramente eugenésica, que por algunos se ha revelado como un gran avance médico, cuando en realidad habrá que considerarla como un paso más de la «cultura de la muerte» que imparablemente se abre paso en nuestra sociedad.

  justo aznar Definitiva

Justo Aznar

Director del Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia

Instituto Ciencias de la Vida