Observatorio de Bioética, UCV

La frontera entre acabar con el dolor o con la vida

Eutanasia / Informes / BIOÉTICA PRESS

La frontera entre acabar con el dolor o con la vida
04 marzo
13:30 2014

Algunos medios belgas han subrayado que la reciente incorporación de la eutanasia infantil a la legislación del país estaba motivada por razones de conveniencia política, pues de ningún modo obedecía a vacíos legales, necesidades sociosanitarias o abrumadoras peticiones populares. En Holanda, que aprobó una ley más restrictiva en esta línea hace doce años, apenas ha habido media docena de casos en este tiempo. Es una de las perversidades de la política contemporánea: la tentación de legislar excepciones suele acabar perjudicando a la mayoría.

No molesta mucho esta tendencia cuando se trata del cultivo hidropónico de las coliflores o del casco obligatorio en los monopatinadores, pero cuando se cierne sobre la vida y muerte de las personas, el esperpento se transforma en tragedia.

Los defensores de la muerte digna empezaron respaldando un puñado de casos dramáticos que en algunos lugares conmovieron sensibilidades sociales y políticas. La despenalización del suicidio asistido por un médico ha ido deslizándose desde el sufrimiento insoportable físico o psíquico por una patología grave e incurable a situaciones más subjetivas y no terminales, con la complicidad de médicos y parientes, y la aquiescencia de jueces y políticos ante casos que claramente contravienen las legislaciones. Llama la atención, por ejemplo, que en Bélgica tras diez años de eutanasia legal y 5.500 casos ninguno haya sido investigado por la policía. Esa permisividad ha hecho que en Holanda una mujer sana de 70 años pidiera hace dos años la eutanasia por haberse quedado ciega: “Estaba obsesionada por la limpieza y no podía soportar no ver las manchas en su ropa”. Que en Bélgica se ayudara a morir a una persona insatisfecha tras varias operaciones de cambio de sexo, y a dos gemelos, de 45 años, sordos y que empezaban a quedarse ciegos por un trastorno progresivo, pero no terminales.

El último ejemplo de esta pérdida de control es el del presidiario belga Frank van den Bleeken, condenado a cadena perpetua por violación y asesinato. Después de 30 años en la cárcel ha pedido la eutanasia, pues “su vida no tiene sentido”; su caso plantea una paradoja legal: que un preso pida para sí mismo la pena de muerte, abolida en Bélgica. La ley belga de eutanasia y otras contemplan la extensión de los cuidados paliativos, pero de 2002 a 2007 sólo se consultó con un médico de paliativos en el 12 por ciento de los casos de eutanasia. Y un estudio sobre los 1.301 suicidios asistidos en Suiza entre 2003 y 2008 indica que el 25 por ciento no tenían enfermedades mortales: sólo “cansancio de vivir”.

El suicidio es un grave problema social y se encuadra en la autonomía humana. El deber de cualquiera, y más de un médico, es intentar evitarlo. La actual deriva legislativa en varios países está invirtiendo ese deber de auxilio en una asistencia letal. Extender los cuidados paliativos, que controlan el dolor físico y el psíquico, es la solución humana; lo otro recuerda mucho a solución final (Editorial.Diario Médico, 24-02-2014).

La frontera entre acabar con el dolor o con la vida
Relevancia

SINOPSIS: Se legisla en Bélgica a favor de la eutanasia de niños, lo que parece más debido a razones políticas, que a motivos médicos o morales, pues no parece muy razonable admitir que los pequeños puedan decidir con fundamento si desean morir.

Temáticas
Compartir

Artículos relacionados

0 comentarios

Escribe un comentario

Su email no será publicado.
Los campos requeridos están marcados *