Observatorio de Bioética, UCV

Estatuto biológico del embrión humano. Desarrollo embrionario. Ataques a la vida humana naciente.

1. Algunas consideraciones sobre las etapas iniciales de la vida humana.
2. ¿Es el embrion preimplantado un conglomerado de celulas o un individuo vivo?
3. Colaboración. Voluntad de vivir.
4. Estatuto biológico del embrión humano
       
5. Retos éticos alrededor de la vida humana naciente. 
6. El termino preembrion en el nuevo proyecto de ley de reproduccion asistida.
7. Colaboración: Por qué firmé el Manifiesto de Madrid.

Algunas consideraciones sobre las etapas iniciales de la vida humana.

En todo el mundo occidental, las situaciones en las que la vida humana, especialmente la vida naciente, esta comprometida son tan frecuentes, que ha hecho que casi las consideremos habituales. Por ello, el debate ético que estas situaciones suscitaban hace unos años parece, en el momento actual, como adormecido, como si esa cotidianeidad de lo execrable hubiera dado carta de legitimidad ética a practicas, que por ir dirigidas expresamente contra la vida humana merecen ser directa y constantemente condenadas. Especialmente ello parece afectar al aborto, que de darse entre nosotros, está favoreciendo un clima social, que si no tiende a admitirlo explícitamente, si al menos a oscurecer su valoración moral, colocándolo en ese desván de cosas reprobables que ya no suscitan la repulsa social que su propia carga ética negativa merecen. Por ello, hay que seguir reflexionando sobre el valor de la vida humana y más especialmente de la vida humana naciente.

En este sentido hay que ser conscientes que existe una amplia campaña para tratar de minimizar el valor de la vida humana en sus etapas más iniciales, fundamentalmente dirigida a limpiar de impedimentos éticos la posible manipulación de esas vidas humanas en sus primeras horas o días. De esta forma al quitarle valor ontológico a esa vida humana que empieza, se permite manipularla sin que de ello se derive ninguna dificultad ética. Un ejemplo. Para tratar de evitar el juicio ético negativo que la utilización de la píldora abortiva merece, la prestigiosa revista medica The New England Journal of Medicine (327; 1088,1992) ironizaba sobre el valor de las vidas humanas que se pierden con la utilización de la RU-486, afirmando: “algunos arguyen, incorrectamente que el embarazo empieza con la fertilización, por lo que si la mifepristona (RU-486), actúa previniendo la implantación del concebido será un fármaco abortivo. El embarazo comienza, sin embargo -se afirma en dicho artículo- cuando la implantación empieza, a los cinco o seis días después de la fertilización y se completa ocho días después. Cuando un óvulo humano es fertilizado in vitro, no se puede decir que la mujer esté embarazada hasta que el embrión se haya implantado definitivamente en el útero de la mujer que lo recibe. Lo mismo se puede afirmar en relación con la fertilización natural. Por lo que, ya que la acción contraceptiva de la mifepristona ocurre antes de la implantación, no se puede decir que sea un fármaco abortivo”. Con esta argumentación salvan todo el bagaje ético negativo que acompaña a la utilización de la píldora RU-486. Realmente es incuestionable la manipulación de la verdad científica realizada por una revista medica de tan notable prestigio, con la única finalidad de tergiversas la realidad ética sobre la utilización de la RU-486.

Solo dos consideraciones. Primera, es verdad que el embarazo empieza cuando la implantación del embrión se consolida, unos catorce días después de la fertilización del óvulo. Pero también es verdad que la vida humana no empieza con el embarazo, la vida humana empieza con la fertilización. El embarazo es una etapa de la vida humana, no determina su inicio. Por tanto, cualquier interrupción de esa vida incipiente es un aborto. Segunda consideración, está aún, si cabe, científicamente menos ajustada a la realidad. La RU-486 no solamente actúa impidiendo la implantación del embrión en la placenta, sino también favoreciendo su desimplantación, es decir interrumpiendo el embarazo una vez que 1a anidación del embrión en el útero se ha producido. Esto está científicamente demostrado. Basta recordar que la píldora es eficaz, hasta 49 días después de la última regla, por lo que su acción abortiva, microabortiva si se quiere, es indudable.

También recientemente se ha publicado una declaración de la presidenta de la Sociedad Española de Contracepción, Francisca Martínez (Interviú 19-25 febrero, 2001, no 1295.Pág. l0), con motivo de la polémica sobre la denominada píldora del día siguiente, afirmando: “estas píldoras no son abortivas. Su mecanismo de acción impide o retrasa la ovulación, e impide la implantación del embrión en el útero, por lo que actuarían antes de que se produjera el embarazo”. Al igual que el artículo anteriormente comentado, la Dra. Martínez equipara inicio de la vida a inicio del embarazo, hipótesis carente de toda base científica. Manifestaciones parecidas a éstas se repiten machaconamente para tratar de minimizar, de hacer olvidar si es posible, que esa vida humana de escasos días, la del embrión preimplantado, es la vida de un ser biológico de nuestra especie y por tanto una vida humana, vida que encierra en si misma toda la dignidad del ser humano adulto y que por tanto debe ser respetada y protegida en cualquier circunstancia.

Otra actitud dirigida a minimizar el valor ontológico de la vida naciente, es el oscurecimiento semántico de la realidad científica sobre esa vida, promoviendo campañas que tratan de introducir una estudiada ambigüedad del lenguaje para definir a esa vida naciente o catalogar acciones que puedan desarrollarse sobre la misma, y que en principio pudieran merecer una valoración ética negativa. El primer paso en ese oscurecimiento semántico se dio en 1987 cuando la Comisión Warnock utilizó el término de preembrión para designar al embrión humano preimplantado. Es éste, un término absolutamente convencional, pues en cuanto a su realidad biológica se refiere, no existe ninguna diferencia entre un embrión de 14 días y otro de 16, es decir dos días antes o después de la implantación. En esta misma línea, también se trata de oscurecer el significado ético del aborto por la vía de la manipulación semántica al denominarlo “interrupción voluntaria del embarazo”, pero recientemente aún se ha querido dar otro paso más, al definirlo como “interrupción médica del embarazo” (BMJ 317; 1452,1998). La palabra médica, parece adjudicar exclusivamente la responsabilidad de terminar con una vida humana al personal sanitario y de paso teñir este acto con una carga de cientifismo, que lo exculpe de cualquier valoración ética o responsabilidad moral para la persona que lo realiza.

Lo mismo está pasando con la clonación. Como tal, esta práctica médica merece un rechazo general, sin embargo, y a la vista de la posibilidad de utilizarla para la obtención de células para trasplantes, se ha introducido una variante de la misma, la “clonación terapéutica”, que a diferencia de la “clonación reproductiva”, que debería seguir siendo reprobada, podría ser éticamente admitida, o al menos convendría empezar a discutir su eticidad. Pero por si acaso esto fuera poco esta clonación terapéutica, podría empezar a denominarse “transferencia genética de células somáticas”, con lo que el fondo científico de lo que significa quedaría todavía más oscurecido y su valoración ética más dificultada.

Pero recientemente, y con motivo de las “Recomendaciones del Grupo de Expertos del Remo Unido sobre la Clonación Terapéutica” al gobierno británico para que permitiera en aquel país la clonación terapéutica realizada en los últimos meses del pasado año, se da un paso más para desdibujar semánticamente la naturaleza del embrión humano.

Así en el punto tercero de este informe, se afirma: “Las personas cuyos óvulos o espermatozoides estén implicados en la creación del embrión destinado a experimentación deberán prestar su consentimiento firmado por escrito, autorizando a que se utilicen los hemocistoblastos con propósito investigador”. Como se comprueba, al embrión preimplantado se le denomina hemocistoblasto, lo que en realidad no es ni más ni menos que el calificativo que un embrión en esas etapas embrionarias iniciales, cuando tiene alrededor de 12 células, merece, pero sin duda para gran parte de la ciudadanía, no es lo mismo actuar sobre un embrión humano que sobre un hemocistoblasto. La actuación sobre aquel puede plantear importantes dilemas éticos, sobre el hemocistoblasto no parece que existe dificultad alguna, por la sencilla razón de que no se sabe bien sobre quien se actúa, y por supuesto se está muy lejos de pensar que se está actuando sobre un ser humano vivo.

¿Y por qué estas campañas orientadas a quitar valor a los primeros días de la vida humana? Por que ello permitiría, entre otras cosas, y sin riesgo ético: a) favorecer la experimentación con embriones, b) utilizar células embrionarias para el cultivo de tejidos, c) impulsar la ”clonación-terapéutica”, d) solucionar el gravísimo problema ético de los miles de embriones humanos congelados, como consecuencia de la fecundación in vitro y posibilitar su utilización experimental, e) favorecer la utilización de medios contraceptivos de acción antiimplantatoria, como especialmente es el dispositivo intrauterino (DIU), f) introducir el uso de la contracepción de emergencia (la píldora del día siguiente) y g) finalmente utilizar la píldora RU-486 tanto para inducir el aborto, o como técnica contraceptiva con fines de control de la natalidad.

Todas estas razones hacen que la lucha contra el embrión humano de pocos días y contra su derecho a la vida sea cada vez mayor, intentando desposeerlo de todo su valor ontológico, de toda la dignidad que como ser de nuestra especie, por derecho propio, le corresponde, posibilitando así manipularlo, cuando no exterminarlo, de acuerdo a intereses, muchas veces adornados de fines humanitarios o científicos, pero siempre muy distantes del propio bien del embrión.

índice

2. ¿Es el embrion preimplantado un conglomerado de celulas o un individuo vivo?

El criterio fundamental para definir la valoración ética de importantes actividades biomédicas, como pueden ser la clonación terapéutica, la selección de sexo, la fecundación in vitro, el uso de la píldora del día de después o del dispositivo intrauterino (DIU), la utilización de embriones congelados, y en general de la experimentación con embriones preimplantados, es conocer cuando se inicia la vida humana. Es decir, si el cigoto, y en general el embrión preimplantado, es un individuo humano o simplemente es un conglomerado de células sin valor, como afirman algunos investigadores y bioéticos que trabajan en este campo. Sobre este tema se ha escrito y debatido ampliamente, sin embargo, las posturas opuestas se mantienen inamovibles. Por ello, cualquier dato biológico nuevo que se publique sobre este asunto merece gran atención, tanto para los que defendemos que la vida empieza con la impregración del óvulo por el espermatozoide y la subsiguiente constitución del cigoto, como para que los que sostienen que empieza con la implantación del embrión en el útero.

En este sentido, unas recientes e interesantes experiencias realizadas por el grupo de Zernicka- Goet’z (Development 128; 3739, 2001), apoyan que el desarrollo de los mamíferos se determina ya en la primera división celular, es decir se define en las primeras horas de vida. Para demostrarlo, los autores, tiñen las dos primeras células del cigoto de una rata, de azul o de rojo. Después comprueban que a partir de una de ellas se va a formar el cuerpo del embrión, teñido de rojo, y de la otra la placenta, teñida de azul. Esto parece demostrar que desde la primera división celular, existe ya una especificidad celular que va a determinar para que va servir cada una de las dos células de ese embrión incipiente, lo que parece incompatible con la afirmación de que el embrión, en sus primeras horas o días, es un conglomerado inespecífico de células. Pero ante este razonamiento, surge una pregunta que, en principio, no parece fácil de resolver. En efecto, si desde la primera división celular está predeterminado que una de sus células vaya a dar lugar al cuerpo del embrión y la otra a la placenta ¿cómo hacer esto compatible, con el hecho biológico, claramente establecido, de que cada una de ellas, tomada aisladamente, pueda dar lugar a un embrión completo, con su placenta incluida, es decir que cada una de ellas sea totipotente?. Esto seguramente oscurecería la validez de las experiencias de Zernicka-Goet’z, que sugieren que la vida del ser humano se inicia con la primera división celular.

También en algunas experiencias realizadas a finales del sigo XIX, se manifestaba parecida contradicción. En efecto, en aquel tiempo, se manejaban las teorías preformista o epigenética para explicar el desarrollo del embrión humano. Los preformistas sostenían que el embríon humano estaba prácticamente conformado como tal desde el principio y los epigenetistas mantenían que, a partir de unas células de carácter muy inespecífico, se iba poco a poco desarrollando el embrión, hasta adquirir las características morfológicas que posteriormente tiene. Pues bien, para defender sus ideas Roux, un preformista, realizó unas experiencias en las que destruía por calor una de las dos primeras células de un embrión tras su primera división celular. Después, pudo comprobar que la célula indemne continuaba dividiéndose, pero no daba lugar a un individuo completo de esa especie, en este caso un anfibio. Esto parecía desmentir el carácter de totipotencialidad de cada una de las dos primeras células del cigoto. Por otra parte Drierch, en 1891, realizaba otra interesantísima experiencia orientadas a la misma finalidad. Con un cabello separó cada una de las dos primeras células de un erizo de mar. En esta ocasión ambas células se pudieron desarrollar hasta formar a un erizo adulto completo. ¿Cómo explicar estos dos resultados, a primera vista contradictorios?

Sin embargo, las más actuales teorías sobre el desarrollo epigenético del embrión, pueden dar luz a esta aparente contradicción. En efecto, hoy día se conoce que para el desarrollo de un nuevo individuo, no solamente se requiere su genoma completo, que como se sabe se encuentra en cada una de sus células, incluido el cigoto, sino que se requiere también una serie de interacciones entre sus células, y entre sus células y el medio en el que están inmersas, que van a dar lugar a una información genética emergente, la denominada información epigenética, necesaria para que el nuevo organismo pueda auto organizarse y desarrollarse hacía su estado embrionario primero y adulto después. En el embrión, incluido el de dos células, este cambio de información intercelular es absolutamente necesario para que cada una de ellas pueda especializarse y dirigir su desarrollo hacía la formación del cuerpo del embrión o la placenta. Por esto, cuando una de las dos primeras células del embrión se separa de la otra, esta interacción celular desaparece y con ello la capacidad de especialización, circunstancia que se recupera cuando esta célula se divide en otras dos. Pero además de la interacción celular anteriormente comentada, el desarrollo epignético del embrión está también regulado por la situación espacial de sus dos primeras células dentro del propio embrión, situación que se establece en la primera división celular, y que a su vez está condicionada por la localización polar de su material genético y por el punto por el que el espermatozoide penetra en el óvulo. Esta primera división celular da lugar a dos células asimétricas, que, como se ha comentado, están específicamente dirigidas a formar el embrión o la placenta.

Estos nuevos conocimientos sobre el desarrollo epigenético del embrión pueden, sin duda, dar luz a las experiencias anteriormente comentadas, de Roux y Drierch, y a reforzar el incuestionable valor biológico, de las también antes referidas experiencias de Zernicka-Goet’z, que indican de forma fehaciente que ya en la primera división celular, cada una de las dos células tienen una finalidad biológica definida. En efecto, en el embrión de Roux, la célula que le quedaba después de eliminar a una de las dos iniciales, no podía crecer hasta dar lugar a un embrión completo porque le faltaba la interacción celular con la célula destruida, ya que como se ha comentado dicha información es indispensable para el desarrollo epigenético del embrión. Sin embargo, en las experiencias de Drierch, cada una de las dos primeras células, separadas por un cabello, podrían a su vez dividirse en otras dos, que contendrían toda la información genética, y que, al estar dentro de una unidad biológica común, podrían intercambiar la necesaria información, para que, a partir de cada una de ellas, se pudiera desarrollar un embrión completo, con su placenta incluida. En las experiencias de Zernicka-Goet’z, a partir de una de las primeras células se desarrollará el embrión y de la otra la placenta, porque al estar incluidas dentro de la estructura biológica unitaria del cigoto, la interacción celular necesaria para el desarrollo epigenético del embrión estaría asegurada.

Luces nuevas, basadas en experiencias antiguas y recientes, que claramente apoyan la identidad individual de los embriones de los mamíferos desde su primera división celular. Algo muy difícil de hacer compatible con el criterio de conglomerado celular con el que algunos científicos quieren definir a ese embrión incipiente, para quitarle todo el valor ontogénico que ese embrión tiene, y así, sin trabas éticas, poderlo manipular libremente.

índice

3. Colaboración. Voluntad de vivir.

Como era de esperar, el nuevo Gobierno, incluso antes de ser constituido, se ha apresurado a manifestar que en cuanto acceda al poder propondrá un paquete de medidas, de profundo calado ético, que van a afectar de forma importante a la familia, educación y defensa de la vida. A estas últimas queremos referirnos, adelantando, como premisa que debe subyacer en toda nuestra reflexión, que la defensa de la vida humana no se agota en la lucha contra el aborto. La vida se inicia con la fecundación y termina con la muerte natural, y cualquier ataque en cualquiera de sus etapas de desarrollo merece la más enérgica repulsa.Sin embargo, parece que la lucha por la vida se ha centrado en la defensa de la vida intrauterina, y ésto, probablemente por dos razones: primera, porque no siempre la vida en esta etapa es defendida con la energía con que se defiende la vida adulta, y segunda, y más importante, porque el no nacido es el ser humano más indefenso, el más débil, y por tanto el que más ayuda requiere.No cabe ninguna duda, y esto conviene recordarlo permanentemente, que la etapa de la vida de los  seres humanos en que ésta está más atacada, es en el periodo prenatal, y muy especialmente en el que va desde la fecundación hasta la implantación del embrión, es decir en sus primeros días. Así, vemos que el embrión temprano es utilizado como material de experimentación,  estando en el centro de la gran mayoría de las investigaciones biomédicas que se realizan para conocer mejor los mecanismos que regulan su desarrollo, experimentaciones que normalmente requieren su destrucción; es él también de quien se obtienen las tan debatidas células madre embrionarias, lo que, así mismo, implica terminar con la vida del embrión que las dona; igualmente es el que se congela, cuando se considera material biológico excedente de las prácticas de reproducción asistida; también es el que se deshecha cuando, en estas prácticas, se fecundan más óvulos de los necesarios; al igual que  es el que se destruye, en la denominada reducción embrionaria, que se practica cuando se producen embarazos múltiples, como se sabe peligrosos para la madre y los fetos, reducción embrionaria que sencillamente consiste en terminar con la vida de varios de esos fetos para dejar que uno o dos solamente prosigan su andadura vital,  y todo ello realizado para buscar una mayor eficiencia en las técnicas de fecundaciones invitro;  es sobre todo el embrión que se elimina cuando no se permite su implantación, como consecuencia de la utilización de métodos contraceptivos que actúan por un mecanismo abortivo, entre ellos, especialmente el dispositivo intrauterino; y finalmente, también es aquel al que se le interrumpe su vida, por la utilización de la denominada píldora del día después, pues está bien demostrado que ésta  actúa, en la mayoría de las veces, por un mecanismo antiimplantatorio, es decir abortivo.Todas estas circunstancias hacen que cada año se pierdan millones de vidas humanas de pocos días de vida, con la complicidad silenciosa, muchas veces vergonzante, de la gran mayoría de la sociedad. Y son vidas como las nuestras. La única diferencia es que el horror de esta destrucción permanece oculto a los ojos de la sociedad por el velo natural del vientre de sus madres.Si ya Julián Marías afirmaba que el mayor mal del siglo XX  era el aborto, ¿qué podríamos decir, si a los 40 o 50  millones de vidas humanas que se pierden cada año por esta causa, se añaden las decenas de millones destruidas prematuramente por las razones anteriormente comentadas?.

Por tanto, es cada día más necesario recordar a la sociedad, y sobretodo a cada uno de nosotros en particular, el horror que supone este holocausto de vidas humanas, sobre el cual parece como si quisiéramos pasar como sobre ascuas, para que nuestras conciencias no nos llamen la atención sobre lo que significa. En ocasiones da la impresión de que el aborto haya desaparecido de nuestra sociedad. Como si las más de 70.000 vidas humanas destruidas en nuestro país el pasado año por esta causa no hubieran existido nunca; como si la sociedad debiera asentir silenciosa a un hecho que ya se da como normal, y sobre el que no es políticamente correcto hablar, cuando en realidad es la primera causa de muerte en nuestro país (ABC, Alfa y Omega, 22-IV-2004).

índice

4. Estatuto biológico del embrión humano

A.    INTRODUCCIÓN

         Uno de los temas actualmente más debatidos en el área de la bioética es determinar cuando se inicia la vida humana, y sobre todo definir el estatuto biológico del embrión humano, especialmente del embrión de pocos días de vida, es decir, desde la impregnación del óvulo por el espermatozoide hasta su implantación en el útero de su madre.
Pero con independencia de ello, esta necesidad es además debida a que durante las primeras etapas de la vida humana, aproximadamente durante sus primeros 14 días, este joven embrión es objeto de amplias y diversas amenazas, que, en muchos casos llevan a su destrucción,  como pueden ser:

a. La clonación terapéutica, tanto si se utiliza para obtener células madre para ser usadas en la medicina regenerativa y reparadora, como si lo es para  experimentaciones biomédicas.

b. Los procesos de congelación y descongelación a que son sometidos los embriones sobrantes de fecundación in vitro con vista a su posterior utilización experimental.

c. La utilización de fármacos o procedimientos técnicos con finalidad contraceptiva, que actúan por un mecanismo antiimplantatorio, es decir abortivo, especialmente el DIU.

d. La utilización de las denominadas píldoras del día siguiente, que en un elevado porcentaje de casos también actúan por un mecanismo antiimplantatorio.

e. La utilización de la píldora abortiva RU-486.

f. El uso del diagnóstico preimplantacional con la finalidad de seleccionar el sexo de los embriones generados.

g. La utilización de este mismo tipo de diagnóstico molecular para la selección de embriones sanos y su posterior gestación, hijos de padres con enfermedades hereditarias o genéticas.

h. Y, finalmente, para la fabricación de embriones y posteriormente niños, para conseguir tejidos que puedan ser utilizados para tratar a algún hermano del embrión generado, que padezca determinado tipo de enfermedad hereditaria o genética. Es decir para generar niños-medicamento.

Por todo ello, un punto crucial en el debate ético relacionado con la posibilidad de utilizar el embrión humano como material de experimentación para cualquier fin, o de manipularlo con objetivos ajenos a su propio bien, es establecer la naturaleza biológica de ese embrión, pues de la categoría ontológica que se le atribuya dependerá la catalogación ética que su manipulación merezca.

Desde mi punto de vista, aunque sin duda este criterio puede no ser compartido por todos, la realidad antropológica, filosófica y jurídica del embrión, es decir, la base de sus posibles derechos humanos, hay que construirla sobre la realidad biológica de ese ente al que llamamos embrión humano. Consecuentemente, parece fundamental definir el estatuto biológico del embrión de pocos días de vida, para poder realizar ulteriormente cualquier juicio ético sobre su utilización para los fines anteriormente referidos.

En general existen sobre este punto cuatro posturas claramente definidas:

1. La primera, es la de aquellos que consideran que el embrión humano en sus primeros días de vida es un conglomerado celular sin estructuración biológica, es decir, un conglomerado de células sin organizar y por tanto sin valor ontológico alguno. Aunque esta postura parece que debería ser anacrónica, a la luz de los actuales conocimiento biomédicos, no es así, como lo refleja, entre otras muchas cosas, el hecho de que en un texto legal tan reciente (marzo 2005) como el borrador propuesto por el Gobierno español para sustituir a la Ley de Reproducción Asistida 45/2004, que regula en nuestro país todo lo referente a estas prácticas, en el punto 4 de su artículo 1, se refiere que “se entiende por preembrión el embrión in vitro constituido por el grupo de células resultantes de la división progresiva del óvulo desde que es fecundado hasta catorce días más tarde”. Es decir, se admite la tesis que identifica al embrión humano con un conglomerado celular.

2. La segunda, es la de los que opinan que el cigoto humano, obtenido por trasferencia nuclear somática (la denominada clonación terapéutica) es un ente biológico distinto al cigoto obtenido por vía natural, al que incluso le dan un nombre propio y diferente, como puede ser nuclóvulo o clonote, con algún valor ontológico, pero inferior al cigoto obtenido por fusión de los gametos humanos, tanto por vía natural como por técnicas de reproducción asistida.

3. La tercera, es la de los que consideran que el embrión humano, de una sóla célula, polarizada y asimétrica, el cigoto, obtenido natural o artificialmente, es un ser vivo de nuestra especie, portador, por tanto, de la dignidad que todo ser humano intrínsicamente posee.

4. Incluso existe un cuarto grupo, que son aquellos que circunvalan el problema y que ni afirman ni niegan la identidad humana del embrión, simplemente manifiestan que a ellos solamente les incumbe la vertiente científica, y que el discutir el valor ontológico de ese ente biológico que utilizan no afecta a su quehacer científico. ¿Pero puede un científico plantear sus objetivos experimentales sin valorar sus consecuencias éticas? Considerando la investigación científica como un acto humano más, no parece ilógico afirmar, que, como en cualquier otra actividad del hombre, en sus investigaciones, el científico, no puede dejar de tener en cuenta la vertiente ética de su quehacer, por lo que esta faceta debe ineludiblemente incluirse en la elaboración y valoración de sus protocolos experimentales. Un científico nunca puede dejar de responder éticamente  de los actos que lleva a cabo.

Como consecuencia de todo lo anterior, en general, se puede decir, que desde un punto de vista ético, para los que defienden la primer posición, es decir, los que definen al embrión temprano como un conglomerado de células, no habría ninguna dificultad para utilizarlo  como fuente de células madre o como material de experimentación, pues aunque ésto conllevara su destrucción, se estaría destruyendo algo sin valor ontológico alguno, nunca un embrión humano, si acaso un cuerpo embrioide. Para los segundos, también se podría utilizar con fines experimentales, siempre que existiera una razón que pudiera justificar su destrucción. Sin embargo, para los defensores de la tercera postura, entre los que me encuentro, cualquier manipulación de ese ser naciente habría que hacerla teniendo en cuenta su realidad biológica de embrión humano, es decir de ser humano vivo. Por ello, establecer la naturaleza biológica del embrión humano de pocos días, es fundamental, para poder profundizar en el debate ético abierto con motivo de la utilización de esos embriones tempranos para experimentaciones biomédicas y especialmente para la obtención de células madre embrionarias.

Como es natural, se hace imposible profundizar aquí sobre el estatuto biológico del embrión humano. Sólo se pueden dar algunas pinceladas, que es posible que ayuden a clarificar el tema.

En esta exposición, nuestro objetivo es tratar de establecer que el embrión humano de pocos días es un ser vivo de nuestra especie, un individuo humano, y por tanto digno del mayor respecto. Si lo conseguimos se podrá descartar la primera de las hipótesis consideradas, la de los que afirman que el embrión humano es un conglomerado celular no organizado como individuo vivo. Sobre la segunda postura, la que defiende que el embrión de una célula obtenido por transferencia nuclear somática es sustancialmente distinto del cigoto, lo que permitiría utilizarlo en algunas circunstancias, volveremos más adelante. Vamos por tanto a detenernos en valorar si el embrión humano es un ser vivo, de nuestra especie un ser humano individual.

índice

B. IDENTIDAD GENÉTICA DEL EMBRIÓN

Es un argumento tradicional en defensa de la naturaleza humana del embrión de pocos días, afirmar que ya en el genoma del cigoto está contenida toda la información genética necesaria para que ese nuevo ser se desarrolle completamente hasta su condición de ser adulto vivo. Es decir, que en él está determinada su identidad genética. Si nada orgánico externo modifica el contenido genómico de ese individuo biológico naciente, ya que del mundo circundante, como más adelante se comentará, únicamente recibe órdenes que contribuyen a regular su propio desarrollo, es difícil, por no decir imposible, establecer algún salto en su evolución vital que pueda suponer el inicio de una realidad genómica distinta a la anterior. La evolución de ese ser es un proceso biológico continuo que va dando lugar a las distintas realidades fenotípicas de su desarrollo, dentro de la unidad vital que lo identifica como un único ser humano vivo desde la impregnación del óvulo por el espermatozoide hasta su muerte natural.

Sin embargo, identificar la individualidad de ese ser humano naciente únicamente con su genoma, parece un concepto limitado, incluso erróneo. En efecto, cada día existen más argumentos biológicos para admitir que un individuo humano es algo más, seguramente bastante más, que su código genético. En este sentido, cada vez se tiene más información, sobre mecanismos no genéticos que influyen de forma importante en el desarrollo del embrión. Cada vez se da más importancia a los mecanismos “ómicos” y a la certeza de que no todo depende de los mecanismos génicos. A la vez que también se va conociendo que la célula es capaz de detectar mensajes no génicos, que puede convertir en información génica.

En palabras de López Moratalla, “la identificación entre genoma e individuo es un error de concepto biológico: los cromosomas y genes que determinan las características de un individuo dentro de una especie no le hacen ser un individuo; no son más –ni tampoco menos- que lo que determina las características de ese ser y dirige su desarrollo; pero lo que lo constituye en un viviente, en un individuo de esa especie, es el arranque de la emisión de su programa de desarrollo, programa que no está expresado en el genoma, sino que se va expresando paulatinamente, lo que se ha venido en denominar expresión epigenética. Cuando ésto ocurre ha comenzado realmente la vida de un ser humano”.

En efecto, el DNA es necesario, pero no es suficiente, no es todo, para identificar a un individuo humano. No todo está en el genoma, sino que la información genética crece con la expresión de los genes en él contenidos,  para lo cual es necesario la activación y emisión de su programa específico de desarrollo, programa que se va activando a medida que avanza el ciclo vital de ese individuo y que posibilita que el nuevo ser sea capaz de iniciar la emisión completa y ordenada de los mensajes genéticos necesarios para que su desarrollo se realice de forma ordenada y completa.

Es decir, cada día se va dando más importancia a los factores epigenéticos, que determinan ligeras modificaciones del genoma, pero que no afectan a su secuencia nucleotídica, como pueden ser la metilación de citosinas de su ADN, la remodelación de su cromatina por acetilaciones, metilaciones o fosforilaciones o el denominado “imprinting”, que se refiere a la capacidad de impedir la expresión de algunos genes en los momentos tempranos de la vida embrionaria, especialmente a través de su silenciación selectiva, según procedan del gameto masculino o femenino. Es decir, durante el desarrollo del ser vivo se va produciendo, por interacción del genoma con el medio, la emergencia de una nueva información génica, no expresada directamente en el genoma primigenio. A esta información, es a lo que se denomina información epigenética. Por tanto, cualquier expresión fenotípica de un ser viviente es el resultado del contenido génico de su genoma y de la información epigenética que se va generando a lo largo de su propia evolución, como consecuencia fundamental de la interacción del genoma con su medio ambiente.

El concepto, que liga a la existencia de un genoma individual y único -que por otro lado es sabido que se transmite a cada una de sus células, no menos de 10.000 millones en el individuo adulto- el poder atribuir carácter de ser humano individual al embrión de pocos días, lo que se podría denominar genómica del embrión, actualmente se ha ampliado con nuevos datos experimentales, especialmente referentes a los mecanismos epigenéticos que influyen en el desarrollo embrionario.

índice

C.  OTRAS RAZONES QUE POYAN QUE EL EMBRIÓN HUMANO DE POCOS DÍAS NO PUEDA SER CONSIDERADO COMO UN SIMPLE AGREGADO CELULAR

Entre estas razones cabe destacar, 1) el mejor conocimiento de los mecanismos que regulan la emisión del programa de desarrollo del embrión, 2) todo lo relativo a la denominada información de posición, es decir, la información necesaria para el desarrollo del embrión dependiente de las interrelaciones entre sus propias células y de éstas con el nicho celular que ocupan, 3) el papel que la fusión de las membranas celulares de ambos gametos, masculino y femenino, juega en la puesta en marcha del proceso de desarrollo embrionario y los nuevos conocimientos sobre los mecanismos que determinan la asimetría y polaridad del cigoto, y como esto influye en la asignación de funciones para cada una de sus células, así como de la asimetría espacial de los diversos órganos en el cuerpo del embrión, 4) diversos factores bioquímicos, especialmente los niveles intracelulares y extracelulares de calcio, que pueden ser elementos que influyen en el desarrollo del embrión, 5) la regulación genética de los mecanismos de diferenciación celular, 6) también el control de la función de las telomerasas y 7) la constitución protéica del fenotipo-embrión, lo que hemos venido en denominar proteómica embrionaria.

Vamos a repasar brevemente cada uno de estos procesos biológicos, que en conjunto y desde la armónica secuencia de su actuación, parecen claramente incompatibles con que ese ser embrionario primigenio sea un conglomerado celular y no un ser vivo organizado.

1.  Como ya se ha comentado para que la vida humana se inicie no sólo se requiere la existencia de un genoma humano determinado, sino también que se active un programa de desarrollo, asimismo contenido en el propio genoma, que emita las instrucciones necesarias para que se inicie la vida de ese embrión. En la fecundación sexuada, la activación del programa de desarrollo empieza en una etapa tan temprana de la vida embrionaria, como puede ser el momento en que se inicia la fusión de las membranas de los gametos. Incluso se ha sugerido que se pueda iniciar con la fusión de sus pronúcleos, y que ya es completa en la primera división celular.

Cuando el cigoto se genera por transferencia nuclear somática (clonación terapéutica), para que pueda generarse un embrión es necesario que la información genética contenida en el núcleo de la célula somática que dona su genoma se reprograme, es decir, que la célula se desdiferencie, como si se rejuveneciera, volviendo su genoma a una situación similar a la que tiene el genoma de las células embrionarias. En ese momento, es cuando el núcleo de la célula transferida es capaz de expresar las órdenes necesarias para que se inicie la vida de ese nuevo individuo.

¿Pero cómo se activa el programa de desarrollo?

Es conocido, que inmediatamente tras la fecundación se pone en marcha un proceso de desmetilación de citosinas del ADN, que es el detonante específico para que se inicie la expresión del programa de desarrollo del genoma. En efecto, se sabe hoy día que la metilación de las citosinas de determinados genes favorece la represión de los mismos, es decir, que éstos no puedan expresar su actividad. Por ello, si como consecuencia de un proceso de desmetilación, regulado por determinadas desmetilasas, se activan estos genes, consecuentemente se activa el programa de desarrollo que ellos regulan. Es decir, la metilación y desmetilación de las citosinas condicionan patrones de metilación que son diferentes de un tipo celular a otro y de un momento a otro del proceso vital de un mismo individuo. Este mecanismo, delicadamente regulado, es el primer y fundamental paso para que se inicie el desarrollo de una nueva vida humana.

2. Otro aspecto a considerar en el desarrollo del embrión temprano, que hace que éste no puede ser considerado como un simple agregado celular, son los precisos mecanismos que regulan la multiplicación y diferenciación de sus células, parte de ellos dependientes de las interacciones que se establecen entre las propias células embrionarias y de éstas con las de su nicho celular.

 En efecto, a medida que avanza el desarrollo celular, y desde la primera división del cigoto, se establece un activo intercambio de información entre sus células y entre éstas y su medio ambiente, especialmente representado por el nicho celular en el que cada blastómero (célula de un embrión de menos de 8 a 16 células) está ubicado. Estas órdenes van activando los mecanismos de diferenciación de las propias células embrionarias, mecanismos regulados, entre otras cosas, por la expresión de nuevos genes, que sólo lo hacen en determinados momentos de su evolución y como consecuencia de las interacciones celulares que se están comentando. Es decir, el comportamiento de una célula en lo que respecta fundamentalmente a su evolución biológica, no depende solamente de la información genética contenida en su genoma, sino también de la información intercambiada a través de su propia superficie celular, dependiente, en primera instancia de los propios blastómeros con los que se relaciona, y más adelante del lugar que esa célula ocupa en la unidad biológica que la incluye. A ésto es a lo que se denomina información de posición. Es decir, el desarrollo de un ser vivo no depende solamente de su genoma, sino también de otros mecanismos que regulan la expresión funcional de sus genes, lo que está condicionado por las interacciones entre sus propias células y por la situación espacial de dichas células, por el lugar en donde cada una de ellas esté ubicada. Esta regulación determina donde, cuando y con qué finalidad, tiene que dividirse una célula en función de un desarrollo unitario y armónico.

3. Otro aspecto importante para considerar a ese embrión humano unicelular y a los fenotipos embrionarios subsiguientemente generados, como una unidad vital organizada, es todo lo relacionado con la función que las membranas celulares de los gametos juegan y la estructuración asimétrica de ese primer embrión de dos células, cosa que viene fundamentalmente determinada por la línea de división (plano de polarización del cigoto) que se establece entre el punto en el que el espermatozoide penetra la capa pelúcida del óvulo para fecundarlo y el núcleo polar del propio óvulo. Esta asimetría celular, determinada por el plano de polarización del cigoto, es un factor importante dentro de un proceso organizado que regula la asimetría de las primeras divisiones celulares, lo que va a ser decisivo para la organización del embrión en estructuras celulares con funciones distintas, precisas y bien determinadas. Esta división asimétrica del cigoto, da lugar a dos blastómeros desiguales y con diferente destino en el embrión. El blastómero con el material celular que incluye el punto de entrada del espermatozoide, se divide ecuatorialmente, también de forma asimétrica, antes que el otro blastómero. Estas dos células asimétricas iniciales  del embrión son las que van a dar lugar, primero a su masa granular interna y posteriormente al cuerpo del embrión. Después, se divide el otro blastómero, en este caso simétricamente, dando así lugar al embrión de cuatro células. De estas dos últimas células se genera el trofoblasto y la placenta. Además de la asimetría celular de los primeros cuatro blastómeros, éstos poseen también componentes bioquímicos diferentes en sus respectivas membranas celulares, con funciones específicas y distintas, especialmente relacionadas, en un caso con el desarrollo del cuerpo embrionario, y en el otro con los futuros mecanismos de interacción entre hijo y madre.

Todo lo anteriormente comentado, encaminado a demostrar la organización del embrión humano en sus primeras etapas de vida, ha sido corroborado por unas sencillas y demostrativas experiencias del grupo de Zernicka-Göetz, en las que estos autores comprobaron que, tras marcar las dos primeras células del embrión con distintos colores, una de rojo y otra de azul, a partir de la célula teñida de rojo se formaba la masa granular interna del blastocisto, toda ella de ese mismo color, que, como ya se ha referido, va a dar lugar al cuerpo del embrión y de la otra, la teñida de azul, se formaba la placenta y tejidos que la sustentan, que estaban teñidos de ese mismo color.

Es decir, desde la primera división celular se establece la identidad funcional de las dos primeras células del embrión, teniendo cada una de ellas ya un papel determinado en el desarrollo embrionario. Esto hizo comentar a Helen Pearson, en un reciente artículo publicado en Nature, que la identidad biológica del ser humano se establece a partir del primer día de vida del embrión.

4. Otro aspecto de interés, que también avala la organización del embrión humano en estas primeras etapas de su vida, es que pequeñas variaciones de la concentración y difusión de iones calcio en la zona de la capa pelúcida del ovocito por donde penetra el espermatozoide, parecen jugar un activo papel en los procesos de división y organización de sus primeras células. En efecto, para que el espermatozoide pueda penetrar en el óvulo se requieren fundamentalmente dos cosas, primero que sea activado por una glicoproteína de la zona pelúcida del ovocito, la fertilicina, y segundo, la existencia de señales que determinen el lugar por donde el espermatozoide ha de penetrar en el óvulo, lo que parece condicionado con el aumento de los niveles de calcio iónico en esa zona. Además, parece ser que el incremento de los iones de calcio en el punto de entrada del espermatozoide también contribuye a regular los mecanismos responsables de la primera división celular del cigoto.

Asimismo, la concentración de calcio parece influir en la distribución espacial de las células del embrión. En efecto, recientemente se ha comprobado que la concentración del calcio extracelular influye en la distribución espacial de las células embrionarias, lo que se consigue porque estas células disponen de mecanismos específicos para detectar los niveles de calcio. En el embrión, el que una célula sepa que debe ubicarse a la izquierda o la derecha del cuerpo embrionario depende de que exprese (izquierda) o no (derecha) un gen, el denominado gen nodal, y ésto depende de los niveles de calcio existentes en cada una de estas partes. En este sentido, recientemente se ha demostrado que la concentración de calcio es mayor en la parte izquierda del embrión temprano, lo que condiciona que los órganos generados a partir de las células embrionarias allí ubicadas se sitúen a la izquierda en el futuro cuerpo del embrión.

5. Otro aspecto a considerar, que sin duda va en contra de considerar al embrión temprano como un simple conglomerado celular, es la regulación genética de los mecanismos de diferenciación de sus células, algo que está comenzando a conocerse, pero que apunta hacia un control epigenético específicamente determinado.

En efecto, se sabe que las células del embrión, a medida que progresa la división celular, pierden plasticidad, es decir, van perdiendo la posibilidad de dar origen a tipos celulares distintos. Este mecanismo surge, y en parte está regulado, por la interacción entre las células del propio embrión, interacción que se ejecuta a través de señales moleculares que estas células intercambian entre sí. Algunos de los mecanismos génicos que regulan estos procesos en el embrión de pocos días se van conociendo poco a poco. En este sentido, se sabe que un gen, el Oct-4, existente ya en los primeros blastómeros embrionarios, e incluso en el ovocito, codifica un factor de transcripción, necesario para que cada blastómero mantenga su totipotencia, al frenar los impulsos de diferenciación procedentes de las células de su entorno. En efecto, cada una de las células de un embrión de 3 a 5 días mantiene su capacidad de diferenciarse a células de todo tipo de tejidos debido a que conservan su carácter indiferenciado por la acción del Oct-4; pero a medida que avanza el desarrollo del embrión sus células van perdiendo la actividad del Oct-4 y consecuentemente el mecanismo que tienen para mantenerse indiferenciadas. Cuando llegan a células adultas diferenciadas, la actividad del Oct-4 prácticamente ha desaparecido, por el contrario, cuando estas células diferenciadas se desdiferencian para retornar a su estado embrionario, se recuperan los niveles de Oct-4.

Pero, no solamente es de interés la existencia del Oct-4, sino que también trabajos recientes, demuestran que su misma expresión es asimismo regulada por no menos de diez genes distintos.

Otro gen recientemente descrito, que contribuye a que las células se mantengan indiferenciadas es el Nanog, que influye de forma decisiva en mantener la pluripotencialidad de las células de la masa granular interna del blastocisto.

6. También la enzima telomerasa es un factor fundamental en la regulación del ciclo vital de las células embrionarias. La telomerasa determina que los telómeros (parte terminal de las cadenas de ADN que protege a los cromosomas de su degradación) no se reduzcan de tamaño en cada división celular, lo que prolonga su ciclo vital. El tamaño de los telómeros disminuye con cada división celular, lo que hace que la célula envejezca. Por ello, en las células madre embrionarias y en las células tumorales existen elevados niveles de telomerasa que impiden la reducción de los telómeros, favoreciendo la proliferación indefinida de las células. Es decir, parece que los mecanismos de envejecimiento de estas primeras células embrionarias están finamente regulados, lo que no apoya el que a las mismas se las pueda considerar un aglomerado celular sin estructurar.

7. Como se sabe, las proteínas son los productos últimos de la actividad del genoma humano para su definición fenotípica. Las proteínas son las responsables de todas las funciones biológicas del ser vivo. De ahí su importancia. Pero, por otro lado, también se sabe que hay alrededor de siete veces más proteínas en el ser humano adulto, aproximadamente 200.000, que genes, aproximadamente 30.000, por lo que la definición de la identidad fenotípica de un ser biológico vivo, no puede venir sólo determinada por su genoma, sino también por las proteínas que lo integran y por los sistemas que regulan su producción, producción matizada por modificaciones post-traslacionales, como pueden ser procesos proteolíticos o de oxidación, uniones disulfuro, fosforilaciones, glicosilaciones, etc.

Muchas de estas modificaciones son la consecuencia, tanto de determinantes genéticos, como de las interacciones de su genoma con el medio ambiente. A todos estos procesos reguladores del metabolismo protéico y a lo que significan en la expresión fenotípica funcional de las proteínas, se denomina proteómica, siendo la proteómica como la consecución, modificación y función de todas las proteínas en un sistema biológico.

Pues bien, en ese embrión humano de pocos días, no solamente se contiene toda la información genética ligada a su propio genoma, lo que se podría denominar, como anteriormente se ha apuntado, genómica embrionaria, sino también las capacidades propias que un organismo vivo organizado requiere para desarrollar los programas que le conducirán a su fenotipo definitivo, todo lo cual se podría encuadrar bajo el epígrafe de proteómica embrionaria.

índice

D. EL EMBRIÓN HUMANO NO ES UN CONGLOMERADO CELULAR

Todo lo anterior, claramente sugiere que la compleja organización de ese ser vivo, que es el embrión humano preimplantado, es algo totalmente incompatible con el criterio de que pueda ser un conglomerado de células sin organizar, y por tanto sin ningún valor ontológico. Es decir, que el embrión humano es un ser vivo de nuestra especie parece fuera de toda duda razonable, el asunto ahora es saber que valor se atribuye a dicho embrión.

índice

E. VALOR ONTOLÓGICO DEL EMBRIÓN PREIMPLANTADO

Siguiendo a Herranz, se puede afirmar que el problema para adjudicar una determinada categoría ontológica al embrión, no está en el dato científico, como aquí creo que ha quedado claramente demostrado, está en el rango ético que se le asigne al embrión humano, en la política moral que se le aplique. Según una política de respeto, todo ser humano ha de ser reconocido y tratado como tal, por su dignidad humana intrínseca, que lo hace intangible. Según una política de poder y utilidad, el ser humano tiene la dignidad que otros le conceden y nada más, son los parlamento, los padres, los medios, los investigadores, los filósofos, la sociedad en general, quíenes le conceden o no dignidad y derechos, quienes determinan desde cuando y hasta cuando es sujeto de esa dignidad. En este contexto de dignidad concedida por otros se negocia la dignidad del embrión humano, y se le desprové de ella cuando objetivos científicos, comerciales o incluso de un pretendido humanitarismo lo aconsejan. Sin duda, esta última postura es un reflejo del pragmatismo que domina la bioética europea contemporánea y que no hace sino asumir las corrientes dominantes del modelo americano, el cual no ofrece otra solución ética a los problemas biomédicos que no sea la minimalista y la pragmática, todo ello adobado por un fondo proporcionalista, que considera que los beneficios que se derivan de la investigación con embriones superan al respeto que esos embriones humanos merecen, algo contrario al personalismo que antepone la dignidad del embrión, a cualquier otro bien que   de su manipulación se pudiera conseguir, en consonancia con el imperativo kantiano que afirma que el hombre es un fin absoluto, que nunca puede utilizarse como medio, por muy excelentes que parezcan los fines. Principio que mutatis mutandi puede ser sin duda también aplicado al embrión humano.

índice

F. NATURALEZA DEL EMBRIÓN HUMANO OBTENIDO POR TRANSFERENCIA NUCLEAR SOMÁTICA

Como anteriormente se ha comentado, entre las distintas posturas sobre la naturaleza biológica del embrión humano, está la de aquellos que consideran que el embrión humano obtenido por transferencia nuclear somática (clonación terapéutica) es de naturaleza biológica diferente a la del cigoto obtenido por vía natural, por fusión del óvulo y espermatozoide, incluso lo denominan de forma diferente, como es nuclóvulo o clonote. Esta diferencia biológica la basan fundamentalmente en que el clonote carecería de la información que aporta la fusión de las membranas celulares de óvulo y 5espermatozoide, así como del genoma masculino, información para ellos necesaria para que ese clonote pueda desarrollarse hasta un ser humano adulto sano. Esta teoría estaría avalada por el hecho biológico de que, hasta ahora, no se ha podido conseguir la generación de primates por transferencia nuclear somática. Sin embargo, si que se han conseguido crear otros tipos de mamíferos, como fue en primer lugar la oveja Dolly.

Si esta hipótesis fuera cierta, dado que a partir de un clonote no se podría generar un ser humano adulto vivo, éste, el clonote, podría ser utilizado como fuente de material biológico, especialmente de células madre, para experiencias  biomédicas,  sin   dificultades  éticas   adicionales,  pues   aunque hubiera que destruirlo para obtener el referido material biológico, se estaría destruyen un ente biológico que, a su juicio, no puede llegar a desarrollarse nunca hasta un individuo adulto. Es decir no se estaría hablando de un embrión humano, todo lo más de un cuerpo embrioide.

A esto habría que objetar, que como consecuencia de la única experiencia de transferencia nuclear somática realizada hasta ahora en humanos, la llevada a cabo por un equipo surcoreano, cuyos resultados fueron publicados en febrero de 2004, se admite prácticamente por la gran mayoría de los expertos, que el embrión obtenido se desarrolló hasta la fase de blastocisto. Si hubiera podido seguir desarrollándose hacia un ser adulto es algo que hasta el momento se desconoce, por lo que nos parece aventurado afirmar que los clonotes puedan ser utilizados para experiencias biomédicas sin dificultades éticas, dado que su naturaleza ontológica no viene determinada por el mecanismo utilizado para su generación, transferencia nuclear somática, si no por el organismo adulto que de ese embrión primigenio puede formarse, por la naturaleza de ese individuo, naturaleza que a nuestro juicio es difícil afirmar que no es la de un ser de nuestra especie.

índice

G. ARGUMENTOS CONTRARIOS A QUE EL CIGOTO SEA UN INDIVIDUO HUMANO

Sin embargo, existen argumentos, para algunos, contrarios a la catalogación del cigoto como un individuo humano biológicamente definido. Entre ellos, es el problema de la unicidad e indivisibilidad del cigoto, esencialmente derivada del hecho de su posible gemelación hasta los 14 días de su desarrollo, el que más polémica suscita. Los que ésto defienden argumentan que si el embrión puede dividirse no sería un individuo. En contra de ello se podría afirmar que el embrión, en sus primeros días de vida, es único pero divisible, posteriormente, al avanzar su ciclo vital, se convertiría en un ser, asimismo único, pero indivisible. Habría que aclararles que individualidad e indivisibilidad son conceptos distintos. El que un individuo biológico pueda dividirse no va en contra de su individualidad, como no va en contra de la unicidad de los animales más simples, especialmente los unicelulares, el que puedan dividirse. Esto es especialmente cierto para aquellos animales que se reproducen partenogenéticamente. Creo que ningún experto se atrevería a afirmar que estos animales no son individuos de su especie, antes de dividirse, y que los que emergen de esa división no son individuos distintos de esa misma especie. Resumiendo, el concepto biológico de individuo no implica que no pueda dividirse, sino que en él existe una estructura viviente organizada con las características propias de los individuos de su especie. El concepto de individuo en biología no se refiere tanto a la imposibilidad de división, como a que exista una verdadera organización que dota a ese individuo concreto de la categoría biológica de viviente.

Otros tratan de reducir el valor onto-biológico del cigoto, obviando la polémica sobre su estatuto biológico, pero afirmando que la vida humana empieza con el embarazo, que ésta se inicia con la implantación del embrión en el útero materno y que por tanto cualquier manipulación de ese ser biológico antes de que se inicie el embarazo, es decir, antes de la implantación, es éticamente admisible, pues no se estaría actuando sobre un ser humano en desarrollo, sino sobre lo que ellos denominan preembrión. Los que ésto defienden, se apoyan en que la vida humana empezaría con el embarazo, pues la posibilidad de alimentarse tras su implantación en el útero es necesaria para la viabilidad del embrión. A nuestro juicio, es un error elemental confundir viabilidad con ser vivo. Sin duda, la viabilidad exige la existencia previa de un ser vivo, y después una serie de circunstancias, entre ellas la alimentación, para que su supervivencia sea posible. Pero además, a éstos habría que recordarles que el embrión ya se alimenta de material suministrado por su madre antes de la implantación. En efecto, desde la impregnación del óvulo por el espermatozoide, hasta la implantación, es decir, durante los días que dura el trayecto del cigoto/embrión por la trompa de Falopio, hasta su definitiva acomodación en el útero materno, el nuevo ser se alimenta del material contenido en el citoplasma del propio óvulo, que naturalmente ha sido suministrado por su madre.

La idea de que la vida embrionaria empiece con la implantación, es decir a partir del día 14 posterior a la fecundación, fue propuesta en 1979 por el “Ethics Advisory Board”de los Estados Unidos, fundamentando su posición en que en el día 14 finaliza la implantación del embrión que se habría iniciado entre los días 5º y 6º de la vida embrionaria. Esta teoría fue refrendada en 1984 por la Comisión australiana Waller y sobre todo por la Comisión Warnock, que también en 1984, empieza a utilizar el término preembrión para designar al embrión preimplantado.

índice

H.   CONSIDERACIONES FINALES

Un último aspecto a considerar es que en todo este debate subyace la idea de que existe o puede existir un antagonismo entre el desarrollo de la ciencia y la libertad de investigación y el respeto que la dignidad humana del embrión preimplantado merece. Con relación a ello, la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos de la UNESCO de 1977, que representa en la actualidad el esfuerzo más elocuente de la comunidad internacional para armonizar estos derechos, en su artículo 10, recuerda un principio básico de la ética médica, al afirmar que la libertad científica no es absoluta, sino que ésta siempre debe de estar sujeta al “respeto de los derechos humanos, de las libertades fundamentales y de la dignidad humana de los individuos”, y no parece, después de todo lo anteriormente expuesto, que el embrión humano no deba ser catalogado como un individuo de la especie humana, al menos parece mucho más cerca de ello, que de ser un conglomerado de células sin estructurar.

índice

5. Retos éticos alrededor de la vida humana naciente.

A. INTRODUCCIÓN

Es para mi un gran honor, sin duda inmerecido, dictar  esta Lección Inaugural correspondiente al curso académico 2005-2006 del Pontificio Instituto Juan Pablo II, responsabilidad que solamente he aceptado por mí amor a esta Institución, en la que he impartido clases de bioética desde que en 1994 fue erigida su sede valentina.    

   
Por otro lado, al ser éste un Instituto dedicado a la familia, hace que en ese ambiente me sienta, por lo que mi natural timidez, y el saber lo muy distante que me encuentro de lo que esta Lección Inaugural merece, puedan ser superados por el aire familiar que desearía impregnara todo este acto.

Por otro lado, quiero advertirles que para un científico muchas veces es muy difícil, cuando no imposible, expresar las cosas con la donosura que a las gentes de letras suele acompañar, pero aunque no pueda lograr esto, me sentiré satisfecho si al final de esta charla, a pesar de la aridez de un tema, en gran parte inmerso en complejos mecanismos biológicos, he conseguido transmitirles tres ideas: la primera, que el embrión humano de pocos días es un ser vivo de nuestra especie perfectamente organizado y por tanto digno de todo el respecto que un ser humano merece; la segunda, que en el momento actual son muchos y muy diversos los ataques que este ser humano incipiente esta recibiendo y la tercera, consecuencia inmediata de la anterior, el deber, yo diría que ineludible responsabilidad, que todos tenemos de luchar, cada uno según sus posibilidades, por defender la vida humana, especialmente la vida humana naciente.

Y ello, fundamentalmente, porque las nuevas posibilidades tecnológicas están permitiendo al hombre manipular muchos de los procesos biológicos que regulan su creación y desarrollo, pero fundamentalmente están permitiendo manipular las etapas más iniciales de su propia vida. Se diría que el hombre está alcanzando la posibilidad de manipular al hombre; que algunos hombres aspiran a endiosarse para poder utilizar a  otros, para ejercer sobre ellos un dominio absoluto. Es posible que esté naciendo el hombre-dios, que se quiere alzar sobre el hombre-esclavo por él construido. Sin duda, el hombre, algunos hombres, quieren jugar a dioses, quieren, yo diría, comerse la segunda manzana del paraíso, en este caso la manzana generada por el árbol de su propia soberbia científica.

En palabras del entonces cardenal Ratzinger, ahora Benedicto XVI, en su libro “Dios y el Mundo”, “ahora presenciamos como los seres humanos empiezan a disponer del código genético, a servirse realmente del árbol de la vida y a convertirse a si mismos en dueños de la vida y de la muerte ….”, “el hombre esta traspasando, según el Papa, la última frontera”. Y más concretamente, en relación con la posibilidad de manipular su propio origen, el cardenal Ratzinger comenta, “el ser humano ya no surge del misterio del amor, sino como un producto industrial hecho por otros seres humanos. Con ello queda degradado y privado del verdadero esplendor de su creación. Ignoramos lo que sucederá en un futuro en este ámbito, pero de una cosa estamos convencidos Dios se opondrá al último desafío, a la última autodestrucción impía de la persona. Existen fronteras últimas que no debemos traspasar sin convertirnos personalmente en destructores de la creación”. Por ello, el cardenal Ratzinger sigue afirmando, “es irrefutable que la vida del ser humano tiene que seguir siendo intocable. Así, es preciso poner límites, una vez más, a nuestra actuación, a nuestros conocimientos, a nuestro poder y a nuestras experimentaciones, la persona no es una cosa, sino que refleja la presencia del mismo Dios en el mundo”. “Ignoramos lo que sucederá. A partir de cuándo esto nos condenará a la catástrofe y de que tipo….pero sabemos que hemos de oponernos a semejante usurpación del ser humano, a manipularlo y a disponer de el”.

 No puede ser más explícito el Pontífice sobre los peligros que la posible manipulación de la vida humana, especialmente en su origen, pueden acarrear al hombre.  Por ello, sobre esto, sobre los ataques que la vida humana naciente esta sufriendo, es sobre lo que vamos a reflexionar esta tarde, refiriéndonos a aquellas experiencias biomédicas que están en la base de la más grande manipulación del ser humano que nunca se ha producido.

índice

B. PRINCIPALES ATAQUES A LA VIDA HUMANA NACIENTE

Durante sus primeros 14 días de la vida, el ser humano, ese joven embrión, es objeto de amplias y diversas amenazas, directas o indirectas, entre las que cabe destacar:

1. Todos los ataques a la vida embrionaria secundarios a las técnicas de regulación de la fertilidad humana y de la denominada contracepción de emergencia.

2. La pérdida de embriones humanos que se da a causa de las técnicas de fecundación in vitro.

3. Los procesos de congelación y descongelación a que son sometidos los embriones sobrantes de estas técnicas de procreación asistida, con vista a su posterior utilización experimental.

4. El uso del diagnóstico preimplantacional con diversas finalidades, como pueden ser, la elección de sexo o la selección de embriones sanos con presumibles objetivos médicos, pero siguiendo pautas experimentales difícilmente separables de la más cruda manipulación eugenésica.

5. La denominada clonación terapéutica de embriones humanos, tanto si se utilizan para obtener células madre  o  troncales,  para ser usadas en la medicina  regenerativa y reparadora,  como  si se usan exclusivamente para experimentaciones biomédicas.

6. Y, finalmente, la fabricación de embriones y posteriormente niños, para conseguir tejidos que puedan ser utilizados terapéuticamente, los denominados niños-medicamento.

La valoración moral o ética de todas estas acciones -utilizaremos de forma sinónima  ética y moral, pues ambas tienen el mismo significado etimológico, difiriendo únicamente en la raíz lingüística, griega o latina, de la que proceden-, se funda esencialmente en que en todas ellas se manipula la vida humana, llegando en muchos casos a destruirla, por lo que un aspecto fundamental para poder valorarlas éticamente es determinar cuando se inicia dicha vida, pues de esta premisa biológica depende el juicio ético que merezca la manipulación y destrucción de esos embriones tempranos. Si esos embriones son un ser humano que ya ha iniciado su andadura vital, su destrucción será éticamente inadmisible; sin son un conglomerado de células que no llegan a constituir ninguna realidad biológica organizada, podrían ser manipulados, e incluso destruidos, sin que estas acciones merecieran la más mínima reprobación moral.

índice

C. ESTATUTO BIOLÓGICO DEL EMBRIÓN HUMANO

  Desde mi punto de vista, aunque sin duda este criterio puede no ser compartido por todos, la realidad antropológica, filosófica y jurídica del embrión, es decir, la base de sus posibles derechos humanos, hay que construirla sobre su realidad biológica. Consecuentemente, parece fundamental definir el estatuto biológico de ese embrión de pocos días de vida, saber que entidad onto-biológica se le atribuye para poder realizar cualquier juicio ético posterior sobre las técnicas que lo manipulan o que conllevan su destrucción.

En general existen sobre este punto tres posturas claramente definidas:

La primera, es la de aquellos que consideran que el embrión humano en sus primeros días de vida es un conglomerado celular, sin estructuración biológica, es decir, un conglomerado de células sin organizar y por tanto sin valor ontológico alguno. Aunque esta postura parece que debería ser anacrónica, a la luz de los actuales conocimientos biológicos, no es así, pues es notorio, que algunos investigadores, siguen manifestando que el producto de la división del embrión unicelular es únicamente un conglomerado de células. Pero también apoyan esto determinadas declaraciones institucionales, alguna tan reciente como el borrador propuesto por el actual Gobierno, el pasado marzo, para sustituir a la Ley de Reproducción Asistida 45/2004, que regula en nuestro país todo lo referente a estas prácticas, borrador que en el punto 4 de su artículo 1, refiere que “se entiende por preembrión el embrión in vitro constituido por el grupo de células resultantes de la división progresiva del óvulo desde que es fecundado hasta catorce días más tarde”. Es decir, que nuestro actual Gobierno, admite la tesis que identifica al embrión humano con un conglomerado celular.

La segunda postura, es la de los que consideran que el embrión humano, de una sola célula, el cigoto, obtenido natural o artificialmente, es un ser vivo de nuestra especie, portador, por tanto, de la dignidad que todo ser humano intrínsicamente posee.

Incluso existe una tercera postura, que es la de aquellos expertos que circunvalan el problema y que ni afirman ni niegan la identidad humana del embrión, simplemente manifiestan que a ellos solamente les incumben los aspectos científicos, y que discutir sobre el valor ontológico de ese ente biológico que utilizan para sus experiencias, no afecta a su quehacer científico.

¿Pero puede un científico plantear sus objetivos experimentales sin valorar sus consecuencias éticas? Considerando la investigación científica como un acto humano más, no parece ilógico afirmar, que, como en cualquier otra actividad del hombre, en sus investigaciones, el científico, no puede dejar de tener en cuenta la vertiente ética de su quehacer. Un científico nunca puede dejar de responder éticamente  de los actos que lleva a cabo.

Como consecuencia de todo lo anterior, en general, se puede decir, que desde un punto de vista ético, para los que defienden la primera postura, es decir, para los que sostienen que el embrión temprano es un conglomerado de células sin organizar, no habría ninguna dificultad para utilizarlo  como material de experimentación. Para los defensores de la segunda postura, entre los que me encuentro, cualquier manipulación de ese ser naciente habría que hacerla teniendo en cuenta su realidad biológica de embrión humano, es decir de ser humano vivo.

Por tanto, definir la realidad biológica del embrión humano es un problema ético de fundamental importancia. En este sentido, y en palabras recientes de Roberto Adorno (2004), “la cuestión relativa al estatuto del embrión humano ¿persona? ¿cosa? ¿ente intermedio entre persona y cosa?, es tal vez la más conflictiva en el debate bioético contemporáneo”. Sin embargo, aquí no vamos a debatir el carácter de persona o cosa del embrión humano, aspecto más relacionado con el quehacer filosófico y jurídico, sino la entidad biológica de ese embrión temprano.

índice

1. Identidad genética del embrión

Es un argumento tradicional en defensa de la individualidad  del embrión humano de pocos días afirmar que ya en el genoma del cigoto está contenida toda la información genética necesaria para que ese nuevo ser se desarrolle completamente hasta su condición de ser adulto vivo. Es decir, que en su genoma está determinada su identidad genética, base de su identidad individual. Si nada orgánico externo modifica el contenido genómico de ese individuo biológico naciente, ya que del mundo circundante, únicamente recibe órdenes que contribuyen a regular su propio desarrollo, es difícil, por no decir imposible, identificar  salto alguno en su evolución vital que pueda suponer el inicio de una realidad genómica distinta a la anterior. La evolución de ese ser es un proceso biológico continuo que va dando lugar a las distintas etapas de su desarrollo, dentro de la unidad vital que lo identifica como un único ser humano vivo desde la impregnación del óvulo por el espermatozoide hasta su muerte natural.

índice

2. Mecanismos epigéneticos que regulan el desarrollo embrionario

Sin embargo, hoy día se sabe que identificar únicamente la individualidad de ese ser humano naciente con su genoma, como hasta hace poco tiempo se estaba haciendo, es un concepto limitado, por no decir erróneo. En efecto, cada vez existen más argumentos biológicos para admitir que un individuo humano, y concretamente el embrión humano de pocos días, es algo más, seguramente bastante más, que su código genético. Hoy día se puede afirmar que el ADN del genoma embrionario es necesario, pero no suficiente, no es todo, para identificar a un individuo humano. No todo está en el genoma primigenio, sino que la información genética crece con la expresión de los genes en él contenidos,  para lo cual es necesaria la activación y emisión de su programa específico de desarrollo, programa que se va activando a medida que avanza el ciclo vital de ese individuo, lo que posibilita que el nuevo ser sea capaz de iniciar la emisión completa de los mensajes genéticos necesarios para que su desarrollo se realice de forma ordenada y completa.

Por tanto, durante el desarrollo del ser vivo se va produciendo, por interacción del genoma con el medio, la emergencia de una nueva información génica, no expresada directamente en el  primitivo genoma. A esta información, es a lo que se denomina información epigenética. Consecuentemente, las diferentes etapas de desarrollo de un ser viviente son el resultado del contenido génico de su genoma y de la información epigenética que se va generando a lo largo de su propia evolución, como consecuencia fundamental de la interacción del genoma con su medio ambiente.

Todos estos complejos mecanismos genéticos y epigenéticos que controlan el desarrollo del embrión humano desde que tiene una sola célula, no parecen compatibles con que dicho ente biológico naciente, sea un conglomerado celular, sino que ineludiblemente debe ser, es, un ser vivo de nuestra especie, un ser humano perfectamente organizado.

Pero además de las razones biológicas anteriormente aducidas, existen otras que también avalan que el embrión de pocos días es un ser vivo organizado. Entre ellas, 1) todo lo relativo a la denominada información de posición, es decir,  la información necesaria para el desarrollo del embrión dependiente de las interrelaciones que se establecen entre sus propias células y las del nicho celular que ocupa, 2) el papel que la fusión de las membranas celulares de ambos gametos, masculino y femenino, juega en la puesta en marcha del proceso de desarrollo embrionario y los nuevos conocimientos sobre los mecanismos que determinan la asimetría y polaridad del cigoto, y como esto influye en la asignación de funciones para cada una de sus células, así como de la asimetría espacial de los diversos órganos en el cuerpo del embrión, 3) diversos factores bioquímicos, especialmente los niveles intracelulares y extracelulares de calcio, que tan activo papel juegan en el desarrollo del embrión, especialmente en su estructuración orgánica, 4) la regulación genética de sus mecanismos de diferenciación celular, y 5) la constitución proteica del embrión, lo que hemos venido en denominar proteómica embrionaria.

Indudablemente no podemos profundizar aquí en cada uno de estos procesos biológicos, por lo que únicamente, como ejemplo, nos detendremos en uno de ellos, aunque al considerarlos  todos en conjunto y valorar la armónica secuencia de su actuación, esta sinfonía biológica parece claramente incompatible con que ese ser embrionario primigenio sea un conglomerado celular y no un ser humano vivo.

El aspecto sobre el que queremos detenernos es el que hace referencia a los precisos mecanismos que regulan la multiplicación y diferenciación de sus células desde su etapa de cigoto, dependientes de las interacciones que se establecen entre sus propias células y entre éstas y su medio ambiente.

En efecto, desde la primera división del cigoto,  es decir, desde que el embrión tiene solamente dos células, se establece un activo intercambio de información entre ellas y también entre ellas y su nicho celular, que se va generando a medida que el embrión se va desarrollando. Las órdenes que reciben las células de sus vecinas van activando sus mecanismos de diferenciación, mecanismos regulados, entre otras cosas, por la expresión de nuevos genes, como el oct-4, que se van activando o desactivando a medida que el embrión se desarrolla. Por lo tanto, el comportamiento de cada célula del nuevo embrión, en lo que respecta a su evolución biológica, no depende solamente de la información genética contenida en el genoma concreto de esa célula, sino también de la información intercambiada, a través de su propia superficie celular, primero con las células más próximas a ella y más adelante con las células del nicho celular que cada célula ocupa en la unidad biológica que la incluye. A esto es a lo que se denomina información de posición. Esta información determina cuándo, donde y con qué finalidad, tiene que dividirse cada célula en función de un desarrollo unitario y armónico.

Todo lo anteriormente comentado, encaminado a demostrar la organización del embrión humano en sus primeras etapas de vida, ha sido corroborado por unas sencillas y demostrativas experiencias del grupo de Zernicka-Göetz (Development 128; 3739, 2001), en las que se comprueba que, tras marcar las dos primeras células de un embrión con dos colores diferentes, una de rojo y otra de azul, si el desarrollo embrionario prosigue, a partir de la célula teñida de rojo se desarrollaba el cuerpo del embrión, todo él teñido de rojo y de la otra, la teñida de azul, se formaba la placenta y tejidos que la sustentan, asimismo teñidos de ese color.

Es decir, desde la primera división celular, desde que el embrión humano sólo tiene dos células, se establece la identidad funcional de cada una de ellas, pues cada una va a jugar un papel determinado en el desarrollo embrionario. Esto hizo comentar a Helen Pearson, en un reciente artículo publicado en Nature (418; 14, 2002), que la identidad biológica del ser humano se establece a partir del primer día de vida del embrión.

Sin duda, todo lo anterior, claramente sustenta que la compleja organización de ese ser vivo, que es el embrión humano preimplantado, es algo totalmente incompatible con que pueda ser un conglomerado de células sin organizar, y por tanto sin ningún valor onto-biológico.

índice

3. Argumentos contrarios a la naturaleza individualdel embrión humano de pocos días. 

Sin embargo, existen argumentos, que para algunos parecen contrarios a la catalogación del cigoto como un individuo humano biológicamente definido. Entre ellos, es el problema de la unicidad e indivisibilidad del cigoto, esencialmente derivada del hecho de su posible gemelación hasta los 14 días de desarrollo, el que más polémica suscita. Los que esto defienden argumentan que si el embrión puede dividirse hasta los 14 días de su vida, hasta ese momento no puede ser considerado un ser humano individual. En contra de ello, se puede afirmar que el embrión, en sus primeros días de vida, es único pero divisible, posteriormente, al avanzar su ciclo vital, se convierte en un ser, asimismo único, pero indivisible. Sin duda, individualidad e indivisibilidad son conceptos distintos. El que un individuo biológico pueda dividirse no va en contra de su individualidad,  como  no  va  en contra de la unicidad de los animales más simples, especialmente los unicelulares, el  que  puedan  dividirse. Esto es especialmente cierto para aquellos animales que se reproducen partenogenéticamente. Creo que ningún experto en biología se atrevería a afirmar que estos animales no son individuos de su especie antes de dividirse y que los que emergen de esa división, no siguen siendo individuos de esa misma especie. El concepto de individuo no viene definido porque no pueda dividirse, sino porque tenga una verdadera organización que le dote de la categoría biológica de ser viviente.

Otros tratan de reducir el valor onto-biológico del embrión preimplantado afirmando que la vida humana empieza con el embarazo, y que éste se inicia con la implantación del embrión en el útero materno. Por tanto, cualquier manipulación de ese ser biológico antes de  iniciarse el embarazo, es decir, antes de la implantación, no podría ser catalogada como éticamente incorrecta, pues no se estaría actuando sobre un ser humano en desarrollo, sino sobre lo que ellos denominan preembrión, algo parecido a ese conglomerado celular sin organizar que estamos comentando. Los que defienden, que la vida humana empieza con el embarazo, se basan en que para que el embrión sea viable necesita alimentarse y esto, según ellos, solo ocurre tras su implantación en el útero. Sin duda, la viabilidad del embrión exige su alimentación, pero a éstos habría que recordarles que el embrión ya se alimenta del material suministrado por su madre mucho antes de la implantación. En efecto, desde la impregnación del óvulo por el espermatozoide, hasta la implantación, es decir, durante los días que dura el trayecto del cigoto/embrión por la trompa de Falopio, hasta su definitiva implantación en el útero materno, el nuevo ser se alimenta del material contenido en el citoplasma del propio óvulo, que naturalmente ha sido suministrado por su madre.

La idea de que la vida embrionaria empieza con el embarazo y éste con la implantación del embrión, fue propuesta en 1979 por el “Ethics Advisory Board”de los Estados Unidos, fundamentando su posición en que en el día 14 finaliza la implantación del embrión, que ya se habría iniciado entre los días 5º y 6º de la vida embrionaria. Esta teoría fue refrendada en 1984 por la Comisión australiana Waller y sobre todo por la Comisión Warnock, presidida por la baronesa del mismo nombre, que también en 1984, fue la que propuso el término preembrión para designar al embrión preimplantado. Todo ello, sin duda, encaminado a legitimar éticamente todas las acciones que se pudieran llevar a cabo sobre ese embrión de pocos días, acciones que más adelante se valorarán pormenorizadamente.

índice

4. Valor ontológico del embrión preimplantado

Es decir, que el embrión humano de pocos días es un ser vivo de nuestra especie, perfectamente organizado, parece fuera de toda duda biológica razonable, el asunto ahora es saber que valor antropológico, jurídico y ontológico se atribuye a dicho embrión.

Siguiendo a Herranz, se puede afirmar que el problema para adjudicar una determinada categoría ontológica al embrión humano, no está en el dato científico, como creo que claramente hemos demostrado, sino en el rango ético que se le asigne al embrión humano, en la política moral que se le aplique. Según una política de respeto, todo ser humano ha de ser reconocido y tratado como tal, por su dignidad humana intrínseca, que lo hace intangible. Según una política de poder y utilidad, el ser humano tiene la dignidad que otros le conceden y nada más, son los parlamentos, los padres, los medios de comunicación, los investigadores, los filósofos, la sociedad en general, quiénes le conceden o no dignidad y derechos, quienes determinan desde cuando y hasta cuando es sujeto de esa dignidad. En este contexto de dignidad concedida por otros se negocia la dignidad del embrión humano, y se le desprovee de ella cuando objetivos científicos, comerciales o incluso de un pretendido humanitarismo lo aconsejan. Sin duda, esta última postura es un reflejo del pragmatismo que domina la bioética europea contemporánea y que no hace sino asumir las corrientes dominantes del modelo americano, el cual no ofrece otra solución ética a los problemas biomédicos que no sea la minimalista y la pragmática, todo ello adobado por un fondo proporcionalista, que considera que los beneficios que se derivan de la investigación con embriones superan al respeto que esos embriones humanos merecen, algo contrario al personalismo que aquí defendemos, y que antepone la dignidad del embrión, a cualquier otro bien que   de su manipulación se pudiera conseguir, algo en consonancia con el conocido imperativo kantiano que afirma que el hombre es un fin absoluto, que nunca puede utilizarse como medio, por muy excelentes que parezcan los fines. Principio que mutatis mutandi puede ser sin duda también aplicado al embrión humano.

índice

D. PRINCIPALES SITUACIONES ACTUALES EN LAS QUE EL EMBRIÓN HUMANO PREIMPLANTADO ESTA SIENDO ATACADO 

Por tanto, si hemos llegado al convencimiento de que el embrión humano de pocos días, el embrión preimplantado, es un ser vivo de nuestra especie, cualquier circunstancia que implique terminar con su vida merecerá el calificativo ético que merezca el terminar con la vida de un ser humano.

Por ello, en esta tercera parte de nuestra Lección, vamos a repasar brevemente, el tiempo así lo impone, algunas de las circunstancias en las que en la práctica biomédica esta vida humana embrionaria incipiente puede estar atacada, bien por que sea manipulada o destruida.

índice

1. Regulación de la fertilidad humana

En primer lugar vamos a considerar brevemente las técnicas de regulación de la fertilidad humana.

Se lee en el libro del Génesis: “Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios los creó, y los creó macho y hembra; y los bendijo Dios, diciéndoles procrear y multiplicaros y henchid la tierra”. Existe por tanto un mandato divino a la procreación, que tiene la especial característica de estar vinculado a la institución matrimonial, pues no en vano se recuerda en el libro sagrado: “Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”.

Pero pueden existir circunstancias en la vida de la pareja en las que este mandato de amor deba ser regulado por la razón, en las que sea aconsejable espaciar el número de hijos por un tiempo determinado o incluso indefinido. A esto es a lo que se denomina regulación de la fertilidad humana.

¿Pero que métodos existen para regular la fertilidad humana? De forma general se puede decir que existen dos grandes grupos: los artificiales y los naturales. Los artificiales son aquellos que introducen alguna manipulación en previsión del acto sexual,  durante el mismo o incluso después de éste, con la finalidad de hacerlo infértil. Los naturales son aquellos otros que, sin manipular el acto sexual o el proceso reproductor, aprovechan los períodos infértiles de la mujer para tener durante ellos las relaciones sexuales.

No podemos entrar aquí en la valoración moral de los métodos artificiales de regulación de la fertilidad humana, solamente referiré, por su claridad, el punto 14 de la encíclica de Pablo VI “Humanae Vitae” en donde se afirma: “Hay que excluir, como el Magisterio de la Iglesia a declarado muchas veces, la esterilización directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer; queda además excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal o en su realización o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio hacer imposible la procreación”.

No puede quedar mejor explicitada la catalogación moral negativa que para el Magisterio de la Iglesia merece la contracepción por medios artificiales.

Sin embargo, a esta valoración negativa global hay que añadir una segunda razón de rechazo, si cabe de mayor entidad ética, y es que algunos de los medios que se utilizan para la regulación artificial de la fecundación se basan en mecanismos que actúan terminando con una vida humana, la del embrión recién creado, dado que actúan impidiendo que éste se pueda implantar en el útero de su madre. Son por tanto métodos antiimplantatorios y en consecuencia abortivos.

Dos son los métodos que pueden añadir a su negativo efecto contraceptivo su acción antiimplantatoria: la píldora anticonceptiva y el dispositivo intrauterino o DIU.

Con respecto a la píldora anticonceptiva se puede afirmar, sin temor a emitir un juicio médicamente erróneo, que la mayoría de las veces actúa por un mecanismo anticonceptivo, por lo que no se puede decir que en estas ocasiones esta píldora sea abortiva. Solamente en un pequeño porcentaje de veces, y por actuar por mecanismos distintos a su acción anovulatoria, puede impedir la implantación del embrión ya generado. Es decir, creo que  se podría afirmar que una mujer que decida utilizar la píldora anticonceptiva como método de regulación de la fertilidad, en la mayoría de las veces estará evitando los embarazos por un mecanismo anticonceptivo, es decir no abortivo, pero en alguna ocasión a lo largo de su vida sexual activa, no  podrá excluir que haya podido impedir algún embarazo por un mecanismo antiimplantatorio y por tanto abortivo, y creo que las usuarias de la píldora tienen derecho a conocer esto.

El dispositivo intrauterino, por lo contrario, en una porcentaje importante de las veces actúa por un mecanismo antiimplantatorio. Solo quiero añadir un comentario adicional. En los últimos años la venta de dispositivos intrauterinos ha sobrepasado los 100 millones de ejemplares anuales. Esto quiere decir que por su uso, suponiendo que al menos haya otras tantas mujeres que lo utilicen de forma habitual, se estará impidiendo que se implanten al año más de 100 millones de embriones, que será el número de seres humanos eliminados por causa de este pequeño instrumento contraceptivo. No hay hoy día ninguna otra causa por la que se estén perdiendo en el mundo tantas vidas humanas. Creo que es este un motivo suficiente para hacernos reflexionar sobre el uso del DIU y sobre la inmensa inmoralidad que supone su masiva utilización.

índice

2. Contracepción de emergencia

Siguiendo con nuestra andadura, en este caso dificultosa andadura, sobre los ataques que los embriones humanos de pocos días sufren, vamos a detenernos brevemente en otro capítulo con importante repercusiones sociales, cual es la contracepción de emergencia.

Por  contracepción de emergencia se entiende la utilización de drogas o mecanismos diversos para evitar un embarazo después de una relación sexual esporádica. Normalmente se práctica utilizando una píldora, la denomina píldora del día siguiente, compuesta por 750 ?g de un progestágeno, el levonogestrel, administrado  en dos dosis, la primera antes de transcurridas 72 horas después de la relación sexual, y la segunda a las 12 horas de la primera.

No podemos entrar aquí en los importantes problemas médicos, legales o sociológicos que la contracepción de emergencia suscita, solo nos referiremos, y muy brevemente,  a  dos  de  ellos:   su  mecanismo  de acción  y  si su uso ha sido capaz de reducir el número de embarazos no deseados, especialmente de adolescentes, y consecuentemente el de abortos en estas mismas mujeres.

Si la píldora del día siguiente actuara por un mecanismo antiimplantatorio, y por tanto abortivo, estaríamos ante una circunstancia más en la     que el embrión humano de pocos días esta siendo brutalmente agredido. Por tanto, es fundamental para catalogar moralmente el uso de esta píldora definir su mecanismo de acción.

Abundante  es la bibliografía científica sobre esta materia, pero en aras a una insoslayable necesidad de brevedad, me voy a referir únicamente a dos recientes revisiones, sin duda, entre las mas rigurosas y amplias.

En la primera de ellas, publicada en la prestigiosa revista Contraception (63; 111, 2001), refiriéndose al método de Yuzpe, una técnica concreta para practicar la contracepción de emergencia, se concluye que solamente en un 27% de las veces actúa por un mecanismo anovulatorio y que en un 36% se detectan modificaciones de la matriz que dificultan la implantación del embrión; es decir que en este último caso estaría actuando por un mecanismo antiimplantatorio. En la segunda revisión, publicada en Annals of Pharmacotherapy (36; 465, 2002), revisión que incluye todos los artículos publicados en lengua inglesa sobre esta materia entre 1966 y 2001, se concluye que  “el método de Yuzpe, aunque algunas veces inhibe la ovulación, también actúa reduciendo la probabilidad de implantación, debido a sus efectos adversos sobre el endometrio, por lo que existe la evidencia de un efecto post-fertilización, con independencia de que la píldora sea utilizada antes de la ovulación, durante la ovulación o después de ella”.

De todo lo anterior, se puede razonablemente concluir que la píldora del día de después puede actuar por ambos mecanismos, anovulatorio y antiimplantatorio, pero que el efecto antiimplantatorio es predominante, con independencia de que el fármaco se tome antes o después de la ovulación. Por ello, se diga lo que se diga, quien lo diga, como lo diga y en el medio que lo diga, si con la píldora del día siguiente se termina en un amplio porcentaje de veces con una vida humana, debido a su acción antiimplantatoria, se esta cometiendo un aborto, y esto es lo que debe fundamentalmente valorarse al juzgar éticamente su uso.

El segundo aspecto que queríamos evaluar es si, como consecuencia de la utilización de esta píldora, se ha reducido o no el número de embarazos de adolescentes y consecuentemente el número de abortos. También con respecto a ello son muchos los datos sociológicos existentes, pero solamente nos referiremos  a una reciente y amplia revisión publicada en el Bristish Medical Journal (324; 1426, 2002), que recoge todo lo publicado en la literatura médica en lengua inglesa desde 1970 a 2000. En ella se pone de manifiesto que, a pesar de las diversas campañas realizadas para reducir el número de embarazos de adolescentes, no se ha conseguido este objetivo. Concretamente en España, según datos del Ministerio de Sanidad y Consumo (ABC, 7-VII-2004), el número de embarazos de adolescentes se ha mantenido estable desde 1990 a 2001, aunque en los últimos cinco años, precisamente aquellos en los que se han intensificado las campañas favorables al uso de la contracepción de emergencia, se ha producido un incremento constante del número de embarazos entre las adolescentes (5940 embarazos en 1997 y 7333 en 2001). Para abundar más en los desafortunados resultados de esta política, baste añadir que el número de abortos en adolescentes, en ese mismo periodo de tiempo, aumentó un 99,2% (1522 en 1990 y 3504 en 2001).

índice

3. Técnicas de reproducción asistida

Continuando con este deambular, en el que como de puntillas estamos repasando algunas de las circunstancias en las que la vida humana naciente puede estar comprometida, vamos a referirnos muy brevemente, como no puede ser de otra forma, a las técnicas de reproducción asistida.

Al valorar éticamente la reproducción asistida hay que considerar varios aspectos, pero sin duda los de mayor calado moral son los que se refieren al hecho de que al utilizar estas técnicas la vida humana se inicia fuera de la relación de amor de los esposos, esencia del acto conyugal; y la segunda es el elevado número de vidas humanas, en este caso embriones preimplantados, que se pierden como consecuencia directa de su uso.

Sobre la primera cuestión no podemos detenernos por falta de tiempo, pero no queremos dejar de referir una reciente declaración de la Academia Pontificia para la Vida, emitida en marzo de 2004, que estimo suficientemente explicita como para poder realizar un juicio moral sobre el caso. Manifiesta la referida Academia: “Solamente el reciproco don esponsal de un varón y una mujer, expresado y realizado en el acto conyugal, en el respeto a la unidad inseparable de sus significados unitivo y procreador, representa el contexto digno para el surgir de una nueva vida humana”. Creo que poco más se puede añadir a esta  declaración para entender que cualquier técnica que tenga por objeto iniciar la vida humana en el frío ambiente técnico de un laboratorio, y por tanto fuera de esa donación de amor entre un hombre y una mujer, debe ser moralmente reprobada.

Sin embargo, el aspecto éticamente más negativo es el que hace referencia al número de embriones que se pueden perder por causa directa de la fecundación in vitro. Sobre ello, solamente daré unas cifras de algunas de las últimas referidas en la literatura especializada. Según el cuarto resumen anual sobre reproducción asistida publicado en la prestigiosa revista Human Reproduction (19; 490, 2004), realizado a partir de datos obtenidos de 22 países europeos y 569 clínicas dedicadas a estas prácticas, que incluye 279.277 ciclos de estimulación ovárica, de ellos 126.961 utilizando la fecundación in vitro y 99.976 usando la inyección intracitoplasmática de espermatozoides, el porcentaje de embarazos conseguidos por embrión generado y transferido fue del 24,7%, con la fecundación in vitro y del 28,4%, cuando se utilizó la inyección intracitoplasmática de espermatozoides. Estos datos indican que, a pesar de los grandes avances técnicos realizados en esta área de la medicina, el porcentaje de éxitos, es decir de embarazos conseguidos y niños nacidos, sigue siendo bajo, ya que oscila alrededor del 25%. Visto desde el lado opuesto, el número de fracasos por tratamiento iniciado, es aproximadamente del 75 %, lo cual llana y simplemente quiere decir que el 75 % de los embriones generados por estás técnicas se perdieron en el camino de su manipulación técnica, sin que pudieran llegar a implantarse, ni mucho menos a convertirse en un nacido vivo.

Otro problema de indudable importancia  ética relacionado con la fecundación in vitro y sobre el cual, con independencia de su gravedad, no tenemos más remedio que pasar sin apenas profundizar en él, es el de los embarazos múltiples secundarios a estas prácticas. Y es este problema, desde un punto de vista ético, tan importante, porque, aparte de los riesgos médicos que estos embarazos múltiples conllevan para madre e hijo, muchos de los problemas inherentes a dichos embarazos se solucionan con la denominada reducción de embriones, que no es ni más ni menos que terminar dentro del vientre materno con los embriones que el clínico correspondiente considere sobrantes, para así reducir los riesgos de ese  embarazo. No sé si existe alguna práctica médica equiparable a ésta en bajeza moral, pues en ella se persigue al embrión, cuya vida transcurre placidamente  en el vientre de su madre, hasta encontrarlo, puncionarlo y darle muerte. Pues a pesar de ello, dicha técnica sigue usándose,  sin grandes prejuicios éticos, en un número no pequeño de clínicas de reproducción asistida.

Finalmente, un último problema secundario al uso no reglado de la fecundación in vitro, es el almacenamiento de embriones congelados. En este momento, solamente en una institución clínica de nuestra Comunidad, existen alrededor de 30.000 embriones congelados. En España más de 200.000; 400.000 en Estados Unidos y más de un millón y medio en todo el mundo. Prácticamente todos ellos destinados a ser destruidos o a ser utilizados como material de experimentación. Pero ¿qué hacer con estos embriones? Cuatro son los destinos que se les pueden dar: a) que sean adoptados por sus padres biológicos, b) que sean adoptados por otra pareja o persona distinta c) que sean utilizados para investigaciones biomédicas, lo que conlleva su ineludible destrucción o d) que puedan seguir congelados hasta dejarlos morir en paz. Sin duda, desde un punto de vista ético, las dos primeras soluciones son las más adecuadas, la primera la idónea y la segunda también correcta. La cuarta es tolerable, si no se pueden utilizar las dos primeras, y la tercera éticamente inadmisible.

Sin embargo, al enjuiciar éticamente, las dos primeras soluciones, que cuantitativamente son muy limitadas para dar salida al gran número de embriones congelados actualmente existentes, un aspecto a valorar es evitar que la adopción de esos embriones congelados se pueda convertir en una práctica eugenésica, si solo se implantaran los embriones más idóneos, algo moralmente difícil de defender.

Para resolver el problema de que se almacenen embriones que haya que congelar, la única solución aceptable es evitar que se fecunden más ovocitos de los que se vayan a implantar. Esto es lo que se pretendía conseguir con la ley de Reproducción Asistida aprobada por el Parlamento el pasado 23 de  noviembre de 2003, que venía a sustituir a la del mismo nombre de 1988; pero esta ley va a ser sustituida por otra, cuyo borrador fue presentado públicamente por la ministra de sanidad, Elena Salgado, el pasado 8 de febrero, por la que se permite fecundar e implantar el número de ovocitos que se desee. Consecuentemente, la generación de embriones excedentarios será ineludible y por tanto se perpetuará la existencia de bancos de embriones congelados.

índice

4. Clonación de embriones humanos

En los últimos años ha surgido una nueva posibilidad, con motivo de los espectaculares avances en la investigación experimental de la vida humana naciente y de su desarrollo inmediato, de manipular al embrión preimplantado, me estoy refiriendo a la clonación de embriones humanos para ser utilizados en experimentaciones biomédicas. De este apasionante campo, que tan amplias repercusiones científicas, sociales y éticas tiene, solo nos referiremos al número de los embriones que actualmente se pierden debido a la escasa eficiencia de la técnica. En efecto, en la primera clonación humana conseguida por transferencia nuclear somática, técnica sobre la que ahora no podemos detenernos, según consta en la publicación científica que recoge dichas experiencias (Science 2004; DOI: 10112/Science 1094515), se utilizaron 242 óvulos, obtenidos de 16 mujeres, de los que se consiguió un único embrión clonado.  Es decir, que para obtener un solo embrión se perdieron en el camino experimental 241. En la segunda experiencia, la publicada el 19 de mayo de 2005, por el mismo equipo surcoreano (Science 2005; DOI: 10.1126/Science 1112286), se mejoró la eficiencia de la técnica, pero, aún así, se necesitaron fecundar 17 óvulos, como media, para conseguir cada uno de los 11 embriones que en esta ocasión se generaron. Es decir, que, al menos en el momento actual, son muchas las vidas que se pierden para generar un solo embrión, por clonación experimental, embrión que a la vez también será destruido, pues para ese fin fue creado. No es necesario hacer hincapié en la inmoralidad de unas técnicas, que en sus métodos y en sus fines tienen como principal consecuencia la destrucción de vidas humanas inocentes.

No hay ninguna duda que la visión que les he transmitido sobre los ataques que la vida humana está recibiendo en sus etapas más iniciales puede ser un tanto oscura, sin embargo, esta oscuridad ética no puede ser motivo para sumirnos en un desesperanzado desánimo, sino únicamente para constatar una realidad que nos estimula a seguir luchando, como desde este Instituto Pontificio Juan Pablo II permanentemente se está haciendo, en defensa de la vida humana, especialmente de la vida del embrión de pocos días, el más débil de los débiles entre los seres humanos.

índice

E. COMENTARIOS FINALES

Para terminar, querría referirme, aunque sea muy sucintamente, a un debate que con frecuencia se plantea y que no es otro que aquel que quiere establecer un radical antagonismo entre la no posibilidad de poder manipular y sobre todo destruir al embrión humano preimplantado y el desarrollo de la ciencia. Con frecuencia se arguye que la actividad científica, se puede ver constreñida  por el juicio ético que la acompaña, por lo que se defiende que la ciencia debe hacerse al margen de la ética, algo que de ninguna manera nosotros podemos compartir, a la vez que algo difícilmente sostenible y en absoluto compatible con la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos de la UNESCO de 1977, que en su artículo 10, recuerda un principio básico de la ética médica, “que la libertad científica no es absoluta, sino que siempre debe estar sujeta al respeto de los derechos humanos, de las libertades fundamentales y de la dignidad humana de los individuos”.

Pero este debate aún va más allá, cuando se afirma que la Iglesia o los científicos que viven, o intentan vivir su vida, de cara a la trascendencia, frecuentemente plantean un antagonismo entre la libertad de investigación, base del desarrollo científico y las ideas religiosas que defienden. Nada más lejos de la realidad. Para abundar en la inexistencia de este hipotético antagonismo me remito, como hice al principio de esta Lección, a unas palabras del cardenal Ratzinger, también tomadas del libro “Dios y el Mundo”, en las que el hoy Papa Benedicto XVI, afirmaba: “no se trata de frenar la libertad de la investigación o las posibilidades de la técnica, sino de defender la libertad de Dios y la dignidad de la persona humana, que es lo que está en juego. Quien haya adquirido esta convicción, sobre todo por la fe, tiene la obligación de responsabilizarse de que esta frontera sea percibida y reconocida como infranqueable”, y prosigue el cardenal, haciendo suya una frase del libro de la Sabiduría, “Dios nos ha entregado el mundo a nuestra disputa”, por lo que “el conocimiento científico es por así decirlo, la aventura que El nos ha confiado, a nosotros”, a lo que yo añado, que difícilmente puede existir una aventura más apasionante para un científico que tratar de dejar la tierra, por nuestro quehacer investigador, inseparablemente unido a nuestra responsabilidad ética, un poco más bella y al mundo un poco mejor.

* Texto correspondiente a la Lección Inaugural de apertura del curso 2005-2006 del Pontifico Instituto Juan Pablo II, en su sede de Valencia, impartida en la Universidad Católica “San Vicente Mártir”, de esa misma ciudad.

índice

6. El termino preembrion en el nuevo proyecto de ley de reproduccion asistida.

El nuevo proyecto de ley de Reproducción Asistida que el ejecutivo está preparando, y que con toda probabilidad será presentado al Pleno del Congreso para su discusión última a mediados de este mismo mes de febrero, además de presentar dificultades éticas indudables, de las cuales no es la menor que va a proponer el que se pueda generar un número no determinado de embriones, por lo que, si no se implantan todos, habrá que congelar algunos, de forma tal que el primer objetivo de la ley 45/2003 de 21 de noviembre de ese año, que no era otro que tratar de resolver el grave problema del número, cada día mayor, de embriones humanos congelados, quedará incumplido.

Pues bien, aquí y ahora vamos a referirnos a otro aspecto del susodicho proyecto de ley que creo tiene también importancia. Me estoy refiriendo al uso del término preembrión.

El término preembrión se empezó a utilizar en 1986 (1-3), apoyándose en el criterio, arbitrariamente propuesto en 1984 por la Comisión Warnock (4), que establecía que los embriones humanos podían ser manipulables hasta los 14 días después de la impregnación del óvulo por el espermatozoide, aunque dicha Comisión admitía, en ese mismo documento, que la vida del embrión humano comienza precisamente con la fecundación.

Sin duda, en general, la utilización de este término, no tiene otra finalidad que desproveer al embrión temprano de su característica biológica fundamental de ser humano vivo, dado que así se abre la posibilidad de manipularlo sin ninguna responsabilidad ética.

Pues bien, la utilización de este término no es solamente una manipulación semántica dirigida a conseguir el objetivo anteriormente comentado, sino también un grave equívoco biológico. No hay ninguna razón científica que justifique el denominar al embrión humano preimplantado como preembrión. El embrión preimplantado es un embrión con todas las características biológicas que identifican a estos diminutos seres humanos. Para la gran mayoría de los expertos el preembrión, biológicamente hablando, no existe, por ello, el término que lo identifica como tal es cada vez menos utilizado en la literatura médica, por lo que sorprende, aún más si cabe, el interés de nuestros legisladores y de la Comisión Nacional de Reproducción Asistida que los asesora, por utilizarlo.

En relación con ello, he revisado, aunque sea de forma somera, cual es el uso que la ciencia actual hace del término preembrión, y, sin gran sorpresa por mi parte, aunque sí puede serlo para nuestros legisladores, he podido comprobar que es un término apenas utilizado. Ya en una revisión sobre el uso del término preembrión publicada en 1997 (5), en la que los autores utilizaron el Medline como fuente de datos a evaluar, pudieron comprobar que entre los años 1991 y 1996, el término preembrión/es, solamente aparece 83 veces en la literatura científica, por 28.434 el término embrión/es. Algo parecido se constata en otra revisión de Ferrer y Pastor (6), que revisa este mismo tema, aunque con mayor amplitud. Estos autores comprueban que, utilizando también como fuente de datos el Medline, entre 1991 y 1997, la palabra preembrión aparece en el título de artículos científicos 55 veces (13 en 1991; 10 en 1992; 9 en 1993; 8 en 1994, 6 en 1995; 7 en 1996 y 2 en 1997). Cuando se evalúa la utilización del término preembrión/es, no solamente en el título, sino también en los Resúmenes y en las palabras clave, se comprueba que aparece 150 veces, en  estos mismos 7 años. Por el contrario el término embrión/es aparece 36.301. Es decir, es evidente el uso minoritario que del término preembrión se hace en la literatura médica.

Pero analizando ésta desde 1997 hasta la fecha y utilizando en este caso, como fuente de información el PubMed, se puede comprobar que, en los últimos diez años, el término preembrión es utilizado en el título de trabajos científicos, 3 veces en el año 2005, 1 en 2004, 2 en 2003, 2 en 2002 y 1 en 2001, y en total, en los últimos 10 años, solamente es usado 17 veces (7-23). Algo claramente demostrativo de la falta de interés científico que este término suscita actualmente.

Profundizando un poco más en estos últimos datos, de los 17 trabajos publicados en los que en su título se utiliza la palabra preembrión,  sólo 11 veces (8, 9, 11-14, 17, 18, 20-23) lo ha sido en revistas científicas. Pero además, de ellos, uno está publicado en una revista de difusión local (14), y los otros 3 son revisiones (8, 9, 13). Por tanto, solamente son 7 los artículos originales publicados en estos 10 últimos años en revistas de difusión internacional (11, 12, 17, 18, 20-23) en los que en el título se utiliza el término preembrión. Es decir, no llega a uno por año: 3 en 2005, 1 en 2004, 1 en 2003, 1 en 2002, y 2 en 1998, y ninguno en 2001, 2000 y 1997. Pero si además, se tiene en cuenta que 3 de los 8 trabajos referidos (18, 19, 23) son del mismo grupo, se puede afirmar que, en realidad, solamente 6 grupos científicos han utilizado la palabra preembrión en el título de un trabajo experimental durante los últimos 10 años.

Adicionalmente a ello, de los 8 trabajos originales en cuyo título aparece la palabra preembrión, no hay ninguno que haya sido publicado en revistas científicas de primerísima calidad (yo incluiría las que tienen un factor de impacto mayor de 15), ni de primera calidad (factor de impacto entre 10 y 14), ni de calidad contrastada (factor de impacto entre 5 y 9). Sólo 6 (11, 18, 20-23) han sido publicados en revistas de calidad media (factor de impacto entre 3 y 3,5) y los otros 2 (12, 17) lo han sido en revistas de menor rango científico (factor de impacto menor de 1).

Los datos anteriores, sin duda, avalan nuestra tesis de que la palabra preembrión es una palabra que está prácticamente fuera del contexto científico actual, y que su utilización, en la mayoría de los casos, como por supuesto ocurre en el proyecto de ley que estamos comentado, tiene una connotación política más que científica, y todo ello con la finalidad de desproveer al embrión de su categoría ontológica de ser humano vivo, para así poder manipularlo sin mayor responsabilidad ética.

Finalmente, en un orden de cosas más general, me parece lógico que nuestros actuales gobernantes, intenten desproveer al embrión temprano de su carácter de ser humano, pero de ahí a que para conseguirlo se empecinen en utilizar términos pretendidamente científicos que actualmente están en claro desuso, en beneficio de su propia ideología, me parece un intento de manipulación semántica absolutamente inaceptable.

índice

Bibliografía

  1. Leach P. Human in vitro fertilisation: an explanatory note prepared by Dr. Penelope Leach, in The First Report of de voluntary licencing autority for human in vitro fertilisation and embryology, Londres: The Medical Research Council , Annex 3: 39-40, 1980.
  2. American Fertility Society. Ethical consideration of the new reproductive technology. Fertil Steril 46 suppl: 1s-94s, 1986.
  3. McLaren A, Book G, O’Connor M. Human Embryo research; Yes or No? Tehe CIBA foundation, Londres: 5-23, 1986.
  4. Committee of inquirí into human fertilisation and embryology. Warnock Report, Londres: Department of Health and Social Security, 1984.
  5. Velayos JL, Moreno J, García J, Martín V, Alonso J. El comienzo de la vida humana y su tratamiento en el Medline. Cuadernos de Bioética 8: 1119-1121, 1997.
  6. Ferrer M, Pastor LM. Génesis y uso del término “pre-embrión” en la literatura científica actual. Persona y Bioética 2: 1-27, 1998.
  7. Kischer CW. The big lie in human embryology: the case of the preembryo. Linacre A 64: 53-61, 1997.
  8. Eisenberg VH, Schenker JG. The ethical, legal and religious aspects of preembryo research. Eur J Obstet Reprod Biol 75: 11-24, 1997.
  9. Eisenberg VH, Schenker JG. Preembryo research: medical aspects and ethical considerations. Obstet Gynecol Surv 52: 565-574, 1997.
  10. Katz DA. My egg, your sperm, whose preembryo? A proposal for deciding which party receives custody of frozen preembryos. Va J Soc Policy Law 5: 623-674, 1998.
  11. Barmat LI, Liu HCh, Spandorfer SD, Xu K, Veeck L, Damario MA and Rosenwaks Z. Human preembryo development on autologous endometrial coculture versus conventional medium. Fertil Steril 70: 1109-1113, 1998.
  12. Palmstierna M, Murkes D, Csemiczky G, Andersson O, Wramsby H. Zona pellucida thickness variation and occurrence of visible mononucleated blastomers in preembryos are associated with a high pregnancy rate in IVF treatment. J Assist Reprod Genet 15: 70-75, 1998.
  13. Pellegrino ED. The pre-embryo: an illusory category of convenience. Pediatr Rev 20: e32-34, 1999.
  14. Kably A, Barron J, Tapia RC and Krivitsky SK. Effect of blood concentrations of preovulatory estradiol on the quality of eggs and pre-embryos in patients treated with fertilization in vitro. Ginecol Obstet Mex 68: 435-441, 2000.
  15. No authors. Family law- contract- Supreme Court of New Jersey holds that preembryo disposition agreements are not binding when one party later objects. –J.B. v. M.B., No. A-9-00, 2001 WL 909294 (N.J. Aug. 14, 2001). Harv Law Rev 115:701-708, 2001.
  16. Warburg AY. Solomonic decisions in frozen preembryo disposition: unscrambling the halakhic conundrum. Tradition 36: 31-44, 2002.
  17. Weischselbaum A, Paltieli Y, Philosoph R, Rivnay B, Coleman R, Seibel MM, Bar-Ami S. Improved development of very-poor-quality human preembryos by coculture with human fallopian ampullary cells. J Assist Reprod Genet 19: 7-13, 2002.
  18. Ziebe S, Lundin K, Loft A, Bergh C, Nyboe Andersen A, Selleskog U, Nielsen D, Grondahl C, Kim H, Arce JC for the CEMAS II and III Study Group. FISH analysis for chromosomes 13, 16, 18, 21, 22, X and Y in all blastomeres of IVF pre-embryos from 144 randomly selected donated human oocytes and impact on pre-embryo morphology. Human Reprod 18: 2575-2581, 2003.
  19. Dillon LM.  Conundrums with penumbras: the right to privacy encompasses non-gamete providers who create preembryos with the intent to become parents. Wash Law Rev 78: 625-651, 2003.
  20. Bergh C, Loft A, Lundin K, Ziebe S, Nilsson L, Wikland M, Gröndahl CH and Arce JC for the CEMAS II Study Group. Chromosomal abnormality rate in human pre-embryos derived from in vitro fertilization cycles cultured in the presence of Follicular-Fluid Meiosis activating Sterol (FF-MAS). Human Reprod 19: 2109-2117, 2004.
  21. Saldeen P and Sundström P. Nuclear status of four-cell preembryos predicts implatation potential in vitro fertilization treatment cycles. Fertil Steril 84: 584-589, 2005.
  22. Payne JF, Raburn DJ, Couchman GM, Price TM, Jamison MG and Walmer DK. Relationship between pre-embryo pronuclear morphology (zygote score) and standard day 2 or 3 embryo morphology with regard to assisted reproductive technique outcomes. Fertil Steril 84: 900-909, 2005.
  23. Loft A, Ziebe S, Erb K, Rasmussen PE, Agerholm I, Hauge B, Bungum M, Bungum L, Grondahl C and Lyby K. Impact of follicular-fluid meiosis-activating sterol in an albumin-based formulation on the incidence of human pre-embryos with chromosome abnormalities. Fertil Steril 84 (Suppl 2): 1269-1276, 2005.

índice

7. Colaboración: Por qué firmé el Manifiesto de Madrid.

El pasado día 17 de marzo se presentó en Madrid el primeramente denominado “Manifiesto de los 300” y posteriormente “Manifiesto de Madrid”, al superar los firmantes ampliamente este número, pues según sus promotores son más de un millar los científicos que avalan dicho escrito. En él se deja bien establecido que la vida humana  empieza con la fecundación del óvulo por el espermatozoide y se dan algunas razones científicas de esta afirmación, que por la naturaleza del documento no pueden explicitarse más ampliamente. Todo ello, en vivo contraste con las declaraciones de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, que recientemente afirmaba que determinar cuando se inicia la vida humana es una “cuestión de ideología” y no de ciencia.

Pues bien, como firmante de dicho Manifiesto, voy a exponer algunas de las razones que me indujeron a hacerlo, y para ello voy a enumerar diez de ellas que creo son de suficiente entidad biológica, como para afirmar que el producto de la fecundación, el cigoto, y la entidad biológica, que surge tras la primera división celular, no es un conglomerado celular, sino un ser vivo de nuestra especie, es decir de la especie humana. He aquí mi decálogo biológico:

1. El cigoto, y concretamente el embrión de pocos días, posee identidad genética propia, pues en su  genoma está contenida toda la información necesaria para que el nuevo ser se desarrolle completamente hasta su condición de ser adulto vivo. Es decir, en él el genoma está determinando su identidad genética, base de su identidad individual. La evolución posterior del embrión es un proceso biológico continuo que va dando lugar a las distintas realidades fenotípicas, pero siempre dentro de una unidad vital que lo identifica como un ser humano, genéticamente distinto a todos los demás.

Sin embargo, identificar la individualidad del ser humano con su genoma parece un concepto limitado e incluso erróneo. Cada día existen más argumentos biológicos para admitir que un individuo humano es algo más, seguramente bastante más, que su código genético. Cada vez se tiene más información sobre mecanismos no genéticos que influyen en el desarrollo del embrión. El ADN del genoma humano es necesario pero no suficiente para identificar a un individuo humano.

2. Un concepto biológico cada día más consolidado es que no toda la información genética está expresada en su genoma primigenio, sino que dicha información crece con la expresión de los genes en él contenidos, es decir, con la activación de su programa específico de desarrollo, lo que va produciéndose fundamentalmente debido a la interacción del genoma con su medio ambiente. A esto se le denomina activación epigenética. Dicha activación determina ligeras modificaciones en el genoma, como pueden ser: metilación de las citosinas del ADN, remodelación de su cromatina por acetilaciones, metilaciones y fosforilaciones, pero siempre sin modificar su secuencia nucleotídica.

3. Pero sin duda, el inicio de la vida puede identificarse con la activación de su programa de desarrollo, que en la fecundación sexuada comienza con la fusión de las membranas de los gametos. Incluso se ha sugerido que puede iniciarse con la fusión de los pronúcleos  y completarse tras la primera división celular. La activación del programa de desarrollo va especialmente dirigida a la desmetilación  de citosinas del ADN por acción de desmetilasas específicas.

4. Otro hecho biológico determinante del inicio de la vida del ser humano es la fusión de las membranas de los gametos, que origina la estructura asimétrica del embrión de dos células y que viene determinada por la línea de polarización del cigoto que se establece entre el punto por el que el espermatozoide penetra en la capa pelúcida del ovocito y su pronucleo. Esta división asimétrica da lugar a dos blastomeros desiguales cada uno de ellos con funciones bien precisas en el subsiguiente desarrollo embrionario.

5. Pero el espermatozoide no penetra en la membrana del ovocito por un lugar escogido al azar, sino que lo hace por un sitio concreto determinado por la activación de una glicoproteina, la fertilicina, lo cual viene regulado por la elevación de la concentración de iones calcio en esa zona concreta de la membrana pelúcida. Esta elevación de los iones calcio activa una quinasa, dependiente de la proteína quinasa II y una fosfatasa, la calcineurina, que posteriormente también participa en el desarrollo embrionario. La elevación de los niveles de calcio también influirá en la distribución espacial de las células del embrión.

6. Otra razón biológica que avala que el producto resultante de la primera y subsiguientes divisiones del cigoto no es un conglomerado celular, sino un ser biológico vivo de la especie humana, es todo lo referente a la denominada información de posición. Esta hace referencia a determinados mecanismos que regulan la diferenciación de las células del embrión temprano dependiente de las interacciones que se establecen entre las propias células y entre cada una de ellas con su nicho celular, interacciones que promueve  la expresión de nuevos genes. Cada vez se van conociendo más algunos de los factores implicados en esta interacción celular. Entre ellos, los morfógenos, moléculas que favorecen la expresión de genes silentes ubicados en las células vecinas.

7. Pero no solamente existen mecanismos bioquímicos que regulen la evolución de ese embrión temprano, sino también genéticos. En efecto, es sabido que las células del embrión a medida que progresa su evolución biológica pierden plasticidad, es decir, van perdiendo la capacidad de generar tipos  celulares distintos. Pues bien, este proceso está genéticamente regulado. Son varios los genes que participan en este proceso, pero fundamentalmente son tres el Oct-4, el Sox 2 y el Nanog, aunque recientemente se ha sugerido que probablemente sea este último el que juegue un papel más determinante.

8. Un mecanismo biológico a nuestro juicio sumamente interesante, que refleja que el embrión temprano es un ser vivo organizado, es el diálogo bioquímico que se establece entre él y su madre, especialmente orientado a controlar que aquel se ponga en contacto con el endometrio uterino de la madre en el momento adecuado. En este diálogo molecular se han identificado distintos mensajeros. Así,  por parte del embrión están la gonadotropina coriónica humana, prolactina, interleuquina-1, prostaglandina-2, diversas leptinas y el factor activador de las plaquetas, entre otros. Por parte de la madre, el factor transformador del crecimiento β, la metaloproteinasa 7, el factor liberador de corticotrofina,  la calcitonina y también diversas leptinas. Todo ello expresión de un dinámico diálogo bioquímico que se establece entre el embrión y su madre.

9. El mecanismo que regula la tolerancia materna a la implantación de su hijo. Un hecho biológico, que en lo que alcanza mi conocimiento es único en la biología del ser humano, es la regulación de la respuesta inmune de la placenta para que la implantación del embrión en su madre sea tolerada, todo ello fundamentalmente dependiente de mecanismos que permiten que los aloantígenos codificados por genes paternos sean tolerados por la madre. Recientemente se va progresando en el conocimiento de los mecanismos que regulan la inmunotolerancia materna a las células del trofoblasto fetal, entre ellas que  la función de las células T sea deprimida para facilitar la tolerancia inmunológica entre el embrión  y su madre. Pero últimamente se ha determinado que la galectina-1, una glicoproteína, tiene un papel fundamental en la regulación de la inmunotolerancia entre el embrión y su madre.

10. Finalmente conviene señalar que la identidad fenotípica  del embrión no viene solamente determinada por su genoma, sino también por las proteínas que éste codifica y por los sistemas que regulan  su producción, como son determinados procesos proteolíticos,  o de oxidación, activación de  uniones disulfuro, fosforilaciones, glicosilaciones, ect, actividades todas que difícilmente se podrían desarrollar si el embrión temprano no fuese un ser biológico perfectamente organizado que posee todos los mecanismos y capacidades para desarrollar los programas que lo conducirán a su fenotipo definitivo.

Este decálogo biológico es el que avala el por qué firmé el Manifiesto de Madrid, pero aún se puede añadir una última razón, que hace referencia a las investigaciones del grupo de Zernicka-Goetz, que demuestran como desde la primera división celular, cada uno de los dos blastómeros generados tienen una función definida, ya que uno de ellos dará lugar a la masa granulosa interna del blastocisto, de la cual surgirá el cuerpo del embrión y otro al trofoblasto. Aunque no se conocen completamente las razones últimas de esta especificación de las funciones de cada una de los dos blastómeros, el propio grupo de Zernicka-Goetz ha demostrado que existen mecanismos epigenéticos que contribuyen a determinar la actividad específica de cada uno de ellos, al comprobar que los que poseen niveles elevados de metilación de la histona H3 presente en los residuos arginina, son los precursores de la masa granulosa interna. Estos hallazgos indujeron a Helen Pearson a afirmar, en un artículo publicado en Nature en 2002, que nuestro destino biológico estaba determinado desde el primer día de nuestra vida, algo que es absolutamente incompatible con que ese ser biológico que inicia su andadura vital con la fecundación no sea un ser vivo de nuestra especie.

Creo que el decálogo biológico anteriormente expuesto es suficientemente demostrativo como para poder afirmar que el ser biológico emergente tras la unión del óvulo con el espermatozoide es un ser vivo de nuestra especie, que consecuentemente merecerá todo el respeto que la dignidad de cualquier ser humano requiere (Justo Aznar. Diario Médico, 2-IV-2009).

 ir al principio

Visite Nuestro Canal de YouTube

Máster Universitario de Bioética

Suscríbete a Nuestras Newsletters





Selecciona lista(s):

Bioética Press




Contacta con Nosotros:

Videos

Visite Nuestra Web en Inglés