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Los obispos franceses se pronuncian sobre la eutanasia

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Los obispos franceses se pronuncian sobre la eutanasia
11 junio
10:37 2018

Los 118 obispos de Francia firmaron una declaración en marzo de este año con el título “Fin de la vida: ¡sí a la urgencia de la fraternidad!, (ver documento AQUÍ), en la que proponen seis razones éticas para oponerse a la legalización de la eutanasia y al suicidio asistido, según un nuevo proyecto de ley y que a la vez es objeto de un debate público llamado los Estados Generales de la Bioética, que ha sido propiciado por el presidente del gobierno, señor Macron, y que ha movilizado a todo el país (ver AQUÍ).

Los Obispos afirman en dicho documento que si esta ley se aprobara perturbaría profundamente a la sociedad francesa y recuerdan a los ciudadanos y a los parlamentarios que deben aprobarla que dicha ley no favorece una sociedad fraterna donde individual y colectivamente nos cuidemos unos a otros.

A la vez también manifiestan su compasión hacia los hermanos y hermanas que están al final de sus vidas y animan a los profesionales de la salud a que les brinden la posibilidad de que dicho final sea de la mayor calidad posible.

Por otro lado, deploran la dificultad para acceder a los cuidados paliativos en ese país, así como la escasa formación ofrecida a los trabajadores de la salud sobre esta materia, lo que puede contribuir a mantener el sufrimiento de los pacientes en los últimos días. Además, afirman que ésta es la verdadera causa por la que muchos enfermos solicitan, el suicidio asistido y la eutanasia.

Reiteran que lo cuidados paliativos en Francia están escasamente desarrollados y que las posibilidades de aliviar el sufrimiento en todas sus formas no son suficientemente conocidas por los ciudadanos, por lo que hay que luchar contra esta ignorancia.

Cualesquiera que sean nuestras convicciones, el final de la vida es un momento que todos viviremos y una preocupación que compartimos. Todos debemos ser capaces de pensar sosegadamente evitando todo tipo de presiones.

Los obispos franceses siguen afirmando que quieren expresar sobre todo su total compasión por sus hermanos y hermanas en el “final de la vida”, como la iglesia siempre ha hecho.

Razones éticas

Además, de todo ello, reafirman su oposición a la ley de eutanasia y suicidio asistido basándose en las siguientes razones éticas:

1. La ultima ley de atención al paciente al final de la vida y los cuidados paliativos, recientemente aprobada tuvo una indudable repercusión internacional, propiciando una gestión responsable del personal sanitario y la formación de cuidadores especializados para garantizar la mejor atención a los pacientes al final de su vida. Pero su aplicación todavía está en desarrollo por lo que se necesita una adecuada aplicación. Conviene por eso tratar caso por caso, para apoyar lo mejor posible a cada persona vulnerable, lo que requiere tiempo, discreción y delicadeza. Cambiar esta ley, que ha dado muy buenos resultados, mostraría una falta de respeto, no solo al trabajo legislativo ya realizado, sino también al esfuerzo paciente y constante de los cuidadores.

2. Nos preguntamos, ¿cómo podría el Estado, sin contradecirse a sí mismo, promover, incluso supervisar, el suicidio asistido o la eutanasia, mientras desarrolla importantes proyectos para disminuir el índice de suicidios en la sociedad francesa? Sería inscribir en el corazón de nuestra sociedad la transgresión del imperativo civilizador: “No matarás”. “El mensaje enviado sería dramático para todos, y especialmente para las personas con gran fragilidad, a menudo desgarradas por esta pregunta: ¿No soy una carga para mi familia y para la sociedad? Cualesquiera que sean las sutilezas legales buscadas para ocultar los problemas de conciencia, el gesto fratricida se plantearía en nuestra conciencia colectiva como una pregunta reprimida y sin respuesta: ¿Qué hiciste con tu hermano? ”

3. Si el Estado le confiara a la medicina la ejecución de estas solicitudes de suicidio asistido o eutanasia, los profesionales de la medicina serían inducidos, a pesar suyo, a creer que una vida puede no valer la pena de ser vivida, lo que sería contrario al Código de Ética Médica, por lo que es urgente garantizar en la práctica médica un ejercicio de la misma basado en la confianza.

4. Incluso si una cláusula de objeción de conciencia protegiera a los profesionales de la salud, ¿qué pasaría con las personas vulnerables? ¿Cuál sería la coherencia del compromiso médico si, en algunos lugares, los cuidadores actuaran con rapidez para acceder a los deseos de muerte de los pacientes, mientras que en otros tratasen de convencerlos del valor de la vida, incluso en sus difíciles condiciones?

La vulnerabilidad de las personas, jóvenes y mayores, en situaciones de dependencia, al final de la vida, no se soluciona con la muerte, sino con un apoyo solidario, lo que requiere un acompañamiento más atento, nunca un abandono al silencio de la muerte.

5. Los defensores del suicidio asistido y la eutanasia invocan “la elección soberana del paciente, su deseo de controlar su destino”. Afirman que “el ejercicio de este derecho no le quita nada a nadie. Pero, ¿qué es una libertad que, en nombre de una autonomía soberana ilusoria, encierra a la persona vulnerable en la soledad de su decisión? La experiencia muestra que la libertad es siempre una relación a través de la cual se establece un diálogo, para que el cuidado sea benéfico. Nuestras elecciones personales, nos guste o no, tienen una dimensión colectiva. Las heridas del cuerpo individual son heridas del cuerpo social. Si algunas personas toman la decisión desesperada de suicidarse, esta elección no debe imponerse a la sociedad a través de la cooperación legal al gesto suicida.

6. Ante los problemas y las dudas de nuestra sociedad, como recomendó Jürgen Habermas, ofrecemos la historia del “buen samaritano” que se hace cargo del “hombre medio muerto”, lo lleva a una “posada” hospitalaria y practica la solidaridad haciéndose cargo del “gasto” que causa su “cuidado”. A la luz de esta historia, llamamos a nuestros conciudadanos y a nuestros parlamentarios, a un despertar de conciencia para que se pueda seguir construyendo en Francia una sociedad más fraterna, donde nos cuidemos individual y colectivamente. Esta fraternidad inspiró la ambición de nuestro sistema de salud solidario al final de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué haremos con esta ambición? La fraternidad requiere una decisión política y la pedimos con urgencia rechazando esta ley.

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