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Aspectos médicos y éticos del trasplante de pene

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Aspectos médicos y éticos del trasplante de pene
03 mayo
11:58 2018

Actualmente se estima que se producen en Sudáfrica alrededor de 250 amputaciones de pene secundarias a una circuncisión.

 

La circuncisión es habitual en Sudáfrica. En las últimas décadas se ha podido detectar un aumento de complicaciones secundarias a esta práctica, que incluso han llegado a requerir en alguna ocasión la amputación del pene e incluso a la muerte del paciente.

Actualmente se estima que se producen en Sudáfrica alrededor de 250 amputaciones de pene secundarias a una circuncisión. En 2015 se produjeron 57 muertos durante las sesiones de circuncisión realizadas en verano, y 44 en las de invierno. En la campaña de verano de 2016 ya se han contabilizado 27 muertos (ver AQUÍ).

Gran parte de estos problemas se deben a que en muchas ocasiones la circuncisión se practica en ese país por personas no adecuadamente preparadas.

El 11 de diciembre de 2014 un equipo de cirujanos del Hospital Tygerberg de Sudáfrica, llevaron a cabo el primer trasplante de pene exitoso en el mundo a un joven de 21 años que había sido circuncidado.

Sin embargo, técnicamente el primer trasplante de pene se realizó en Gnangzhou, China, pero dos semanas después del trasplante el paciente presento problemas psicológicos, lo que condujo a la reversión del trasplante, ante la petición del paciente.

Más recientemente, el New York Times propuso la posibilidad de ofrecer trasplantes de pene a veteranos de guerra que habían sufrido lesiones de ese órgano en las guerras de Irak y Afganistan. El 8 de mayo de 2016 se realizó el primero en el hospital General de Massachussets a un paciente con cáncer.

Posteriormente, en abril de 2017 el mismo equipo del hospital Tygerberg de Sudáfrica, llevó a cabo el segundo trasplante de pene en ese país.

Reflexión ética

A pesar de los resultados posiblemente positivos de esta práctica, la misma requiere una reflexión, que habría que tener en cuenta antes de promoverla de forma indiscriminada.

Desde un punto de vista ético, siempre y cuando la técnica médica se considere segura, el juicio habrá que establecerlo en relación al riesgo-beneficio que la intervención conlleva, ya que el sufrimiento físico y psicológico pueden ser objetivos, dado que la misma puede producir dificultades en la erección, incontinencia urinaria, disfunción sexual, o infertilidad, lo que conduce a que muchos varones que han sufrido lesiones de pene puedan sufrir alteraciones postraumáticas, tanto físicas como psíquicas, e incluso tendencia al suicidio. Pero como el trasplante de pene es una práctica no dirigida a salvar una vida, sino a mejorar sus condiciones, la razón ética para justificarla es que realmente las intervenciones mejoren la calidad de vida del paciente.

Un aspecto particular se da en el trasplante de pene en la comunidad transgénero, pues en esta ocasión el procedimiento técnico puede tener más riesgos y ser más complejo que en los casos anteriores, dado que el trasplante debe ser precedido por una reconstrucción uretral externa, reconstrucción del escroto y eliminación de la vagina. Esta circunstancia hace que el riesgo-beneficio de esta intervención deba ser considerado más estrictamente.

También se pueden plantear problemas de distribución de recursos públicos; pero si técnicamente el trasplante de pene resulta efectivo y seguro, no hay duda de que probablemente deberá incorporarse a los servicios médicos que se prestan en los países desarrollados, siempre y cuando se tenga en consideración los aspectos éticos que este trasplante suscita. Por ello, es fundamental contar con el consentimiento informado del paciente, tras hacerle saber los riesgos de la operación, especialmente el posible rechazo inmunológico, y como ya se ha comentado, la necesidad de recibir terapia inmunosupresora de por vida.

En resumen, según los autores del artículo que estamos comentando, el trasplante de pene puede estar éticamente justificado, como un innovador proceder quirúrgico en el contexto de países que técnicamente puedan responder positivamente a los imprevistos técnicos de esta práctica.

 

Justo Aznar

Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia

 

 

*Fotos: Fascinatio y Pixabay

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