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Autoridad del poder político y las tradiciones religiosas en el ámbito bioético

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Autoridad del poder político y las tradiciones religiosas en el ámbito bioético
23 octubre
12:31 2017

Un reciente artículo, publicado en la revista The Lancet, devuelve a la actualidad el debate sobre la autoridad del poder político y las tradiciones religiosas en sede bioética. Se trata, por tanto, de una reedición de la irresoluta controversia que enfrenta a dos culturas éticas y jurídicas diferentes: la secular postilustrada (basada en los derechos) y la tradición monoteísta (de corte deontológico).

El artículo ofrece un análisis del tratamiento legislativo de los principales dilemas bioéticos en un estado paradigmático respecto del conflicto reseñado: Israel. En éste, la «mitzvah» (u obligación histórica), tiene una influencia equiparable a la del concepto «derechos» en los países occidentales. Cabe señalar, sin embargo, que pese a sus diferencias ambos términos evocan, con idéntica firmeza, el respeto por la dignidad humana.

La confrontación entre ambas perspectivas tiene importantes consecuencias para la Bioética. Entre ellas, la delimitación del papel de la ciencia en aquellos contextos que la religión considera exclusivos de Dios, como el origen y el final de la vida, y la importancia que se concede al principio de autonomía del paciente, quicio mismo de la ética postsecular (Human rights based).

Tras calificar la sociedad israelí como «multicultural y moderna», pero «empapada en la tradición monoteísta», el artículo describe cómo se alcanzaron consensos satisfactorios respecto de los principales dilemas bioéticos, respetando las tradiciones judía y musulmana y, a la vez, la perspectiva secular de los derechos humanos.

Este consenso fue sencillo en cuestiones como la reproducción asistida por el enfoque pro-natalista de las religiones dominantes, si bien éstas, en ocasiones,  exceden el mandato religioso. Israel es, de hecho, uno de los países más liberales en su enfoque de la fecundación in vitro. También la donación altruista de órganos es un considerada como algo bueno, teniendo preferencia para recibir órganos quienes están registrados como donantes. Esto discrimina a quienes no se han registrado como donantes por motivos religiosos. Otra dificultad añadida radica en el establecimiento del momento de la muerte a efectos de trasplante. Aunque la ley establece que ésta se certifica con la muerte del tronco encefálico, también permite que, por criterios religiosos, las familias soliciten que los pacientes con muerte cerebral sigan recibiendo atención médica hasta su muerte cardíaca. Esto conduce a una situación anómala, pues pacientes a los que se les ha certificado la muerte continúan recibiendo tratamiento en las unidades de cuidados intensivos.

Pero las principales dificultades para el consenso se dieron a propósito del consentimiento para la práctica de autopsias en las Facultades de Medicina, debido a que esta práctica es reprobable para el judaísmo y el islam. También respecto de la juridicidad del aborto, que se estableció, finalmente, de acuerdo con un sistema de indicaciones (embarazo extra-matrimonial, edad inadecuada de la gestante, indicación médica e indicación eugenésica). Respecto de la eutanasia, la ley israelí prohíbe, amparándose en criterios religiosos, el suicidio asistido y la retirada del soporte vital incluso a petición del paciente (ver AQUÍ).

El artículo, de clara inspiración platónica, concluye que los consensos pudieron alcanzarse a través de un diálogo sereno entre los actores más relevantes, evitando la atención del público y de los medios de comunicación. Así, por ejemplo, la legislación sobre el final de la vida se redactó tras el informe de un comité de expertos que se reunió en secreto durante dos años hasta alcanzar una formulación aceptable para todas las partes.

Es cierto que este sistema ha evitado que los desacuerdos impregnen el discurso público. Sin embargo, los autores reconocen la laxitud del Estado Israelí ante la vulneración de las leyes que afectan a cuestiones bioéticas. Por otra parte, el establecimiento de comités de expertos aleja al ciudadano medio de la participación en los asuntos que más le conciernen y convierte la bioética en una suerte de ciencia gobernada por estrategas.

Enrique Burguete

Enrique Burguete

Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir

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